España - Valencia

Beczała canta

Rafael Díaz Gómez
lunes, 28 de octubre de 2019
Piotr Beczala © TPG Piotr Beczala © TPG
Valencia, domingo, 20 de octubre de 2019. Palau de les Arts. Sala Principal. R. Leoncavallo: Mattinata. M. Karłowicz: Zawód; Rdzawe liscie; Najpiekniejsze piosnki; Pamietan ciche. A. Dvořák:  Canciones gitanas, Op. 55: I. Cuando mi vieja madre me enseñó a cantar; II. ¡Templad las cuerdas!; III. En amplio, ancho y airoso vestido de lino; VII. Si las alas del halcón pueden cernerse sobre las cumbres del Tatra. N. Rimski-Kórsakov: “Canción hindú” de Sadkó. S. Rajmáninov: Un sueño, Op. 8, nº 5; No me cantes más, Op. 4, nº 4; Aguas primaverales, Op. 14, nº 11. F. P. Tosti: L’ultima canzone; Chi sei tu che mi parli; Ideale. E. de Curtis: Torna a Surriento. C. A. Bixio: Mamma son tanto felice. G. Verdi: “Di’ tu se fedele…” de Un ballo in maschera. J. Massenet: “En fermant les yeux” de Manon. G. Bizet: “La fleur que tu m’avais jetée” de Carmen. J. Massenet: “Pourquoi me réveiller” de Werther. Sarah Tysman, piano. Piotr Beczała, tenor.
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Corporeidad serena, segura desenvoltura física, consciencia del espacio y cadencia flexible, no importa que firme. Antes de abrir la boca, Piotr Beczała transmite sobre el escenario un tipo inefable de honestidad, de naturalidad, uno no sabe si innata o duramente trabajada. Y lo mismo ocurre cuando canta. Todo bajo control con la mínima tensión aparente. Profesionalidad y disfrute. Y viceversa. El sonido nace sólida, profundamente cimentado en un orgánico pilar. La administración del aire se desenvuelve sin apresuramientos ni demoras. El color es noble, carnal, sin fisuras, rico en armónicos que no se derrochan. Los resonadores están tan bien gobernados y tan bien distribuidos que a veces parecen ajenos al cantante, y eso a pesar de las llamativas muecas de la mandíbula que siempre buscan la conformación más adecuada de la vibración. La extensión resulta amplia y homogénea como pocas. Las regulaciones dinámicas, precisas, más que un alarde son una necesidad. La voz después de ser recogida se proyecta con una expansiva nitidez, ya en caudal afilado, ya en ancha corriente. El fraseo es elegante, la dicción, al menos la que yo puedo valorar, acertada, y el decir, comunicativo. 

El programa, variado en idiomas (cinco) y estilos, comparte al menos el nexo de la cronología, pues salvo la canción de Bixio y la primera de las de Tosti recoge repertorio de la segunda mitad del siglo XIX. Es precisamente en las canciones italianas donde, por buscar un pero, quizás se eche en falta un poco más de arrojo o un punto de despreocupación o de descaro (el que le sobra al público cuando, ya desinhibido, le da por aplaudir con el canto aún extendiéndose por una sala que admite, pese al riesgo que esto entraña, más personas). Sin embargo, el equilibrio, la intención, la delicadeza acariciadora (¡bellísima la media voz cuando aparece!), la expansión pasional, son seña de identidad en la parte eslava de la velada. De todas formas el culmen aún se alcanza con un antológico “Di’ tu se fedele…” de Un ballo in maschera y las arias de ópera francesa que cierran la sesión (luego aún se ofrecerán dos propinas, Moniuszko y Verdi), aunque se ha de consignar que “Ah! fuyez, douce image”, de Manon, que es la que figura en el programa, se sustituye por una exquisita “En fermant les yeux” de la misma obra. Y cuando llega el final de la sesión, la voz, que sigue fresca, borda un “Pourquoi me réveiller” maduro y sabio, bien secundado por el acompañamiento pianístico de Sarah Tysman, siempre atinado a lo largo de toda la tarde.

Y así queda abierto el primer ciclo de lied de Les Arts. A Beczała le seguirán, hasta marzo, Urmana, Jaroussky, Keenlyside y Arteta. Si se mantiene este nivel, aún compensa adquirir el abono.

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