España - Andalucía

Madurez y clase

Pedro Coco
viernes, 15 de noviembre de 2019
Piotr Beczala © 2019 by Guillermo Mendo Piotr Beczala © 2019 by Guillermo Mendo
Sevilla, sábado, 26 de octubre de 2019. Teatro de la Maestranza. Piotr Beczała (tenor), Sarah Tysman (piano). Canciones y arias de Karłowicz, Dvořak, Puccini, Verdi, Tosti, Massenet, Bizet, etc.
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El ciclo de recitales líricos de la nueva temporada del Teatro de la Maestranza se abría con una de las estrellas más populares de la ópera actual, que desde hace tres lustros se pasea con mayor o menor frecuencia por los escenarios más prestigiosos y que se encuentra de gira por nuestro país, con citas a lo largo y lo ancho de la península. Si bien es cierto que su asiduidad en los escenarios españoles asumiendo roles operísticos es más bien escasa, como ocurre con otras primeras figuras, su nombre es lo suficientemente popular entre los aficionados como para haber podido atraer a un mayor numero de público al coliseo sevillano, especialmente porque el programa era atractivo y variado y se trataba de fin de semana. Sea como fuere, su prestación fue de altura, demostrando por qué tiene hoy pocos rivales en su profesión.

La organización del programa resultaba un tanto sorprendente sobre el papel, pues la primera parte comenzaba con una aislada “Mattinata” de Leoncavallo que poco tenía que ver con las canciones que la seguían, una selección de obras de Karłowicz ideales para su instrumento bien temperado de bello timbre.

Con gran honestidad propuso posteriormente una selección de las canciones Op. 55 de Dvořak, comenzando por la más popular, “Canciones que me enseñó mi madre”; de ella supo sacar toda la melancolía con un magistral uso de los reguladores y un fraseo abandonado. Lo mismo podríamos decir de la canción hindú de Sadko, que tanto sopranos como tenores interpretan en concierto frecuentemente y con cuyas inflexiones nos recordó la inmortal grabación que Miguel Fleta realizó hace ya casi 100 años. El repertorio eslavo es muy afín a sus mimbres, por lo que debería ser un campo al que aproximarse más.

Para finalizar la primera parte, y como bisagra con la segunda, las dos arias de Cavaradossi, un rol que acaba de asumir y que probablemente pulirá en futuras asunciones: más convincente como ilusionado amante en “Recondita armonía” que como resignado en “E lucevan le stelle”.

Con un impetuoso y lleno de luz “Di tu se fedele” de Un ballo in maschera, título que le resulta ideal en este momento de su carrera, daba paso a un repertorio de cámara italiano donde, de nuevo, se mostró exultante, aunque menos que en el último bloque, dedicado a la ópera francesa. Desde Des Grieux, con un sueño más extrovertido de lo habitual, hasta el arrebatado Werther, la voz corrió sin fisuras por el teatro, y la implicación con los personajes caló en el público, que tras el aria de Don José ––intimista y con gran control del fiato–– le dedicó la más larga ovación de la velada.

A su lado, siempre atenta, conocedora del repertorio y muy musical, la pianista Sarah Tysman, que imprimió a cada bloque la justa dosis de teatro con un variado fraseo y mucha precisión.

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