Discos

Dulces desórdenes

Paco Yáñez
lunes, 18 de noviembre de 2019
Harrison Birtwistle: Responses. Sweet Disorder; Gawain's Journey. Pierre-Laurent Aimard, piano. Symphonieorchester des Bayerischen Rundfunks. Stefan Asbury, director. Larissa Kowal-Wolk, Jörg Moser y Wulf Weinmann, productores. Klemens Kamp y Winfried Meßmer, ingenieros de sonido. Un SACD DDD de 56:23 minutos de duración grabado en la Herkulessaal der Residenz, Múnich (Alemania), los días 17 de febrero de 2012 y 24 de octubre de 2014. NEOS 11729. Distribuidor en España: Sémele Proyectos Musicales.
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En una de mis últimas visitas en el año 2014 a la Casa da Música de Oporto, había dado cuenta a nuestros lectores del estreno en Portugal de una partitura encargada conjuntamente por la propia Casa da Música, la London Philharmonic, la Boston Symphony Orchestra y Musica Viva des Bayerischen Rundfunks, festival muniqués cuya serie discográfica en el sello NEOS nos ofrece ahora la primera grabación mundial de dicha página. Nos referimos a Responses. Sweet Disorder (2013-14), concierto para piano y orquesta del compositor británico Harrison Birtwistle (Accrington, 1934), presente él mismo aquel 1 de noviembre de 2014 en la Sala Suggia portuense para escuchar cómo Pierre-Laurent Aimard descubría al público luso una partitura recién salida del horno, pues por el propio Aimard había sido estrenada ocho días antes, el 24 de octubre de 2014, en la Herkulessaal der Residenz de Múnich: precisamente, el registro que hoy reseñamos en una estupenda edición en SACD.

Lo primero que nos llama la atención es que se haya acortado el nombre del concierto, pues en 2014 se nos presentaba como Responses: Sweet Disorder and the Carefully Careless, siguiendo el libro de ensayos del arquitecto Robert Maxwell. En su día, escribí sobre esta partitura que en ella Birtwistle retomaba la composición para piano y orquesta, que ya había abordado en 1992, con Antiphonies, planteándose veintidós años más tarde como cuestión esencial la relación entre el piano y la orquesta, que describe como una formulación de preguntas por parte del solista al resto de los músicos: intérpretes que generan toda una serie de desordenadas respuestas profusamente superpuestas en uno de los típicos constructos polifónicos del británico (de ahí, el título de la pieza). Ello se agudiza por el hecho de que rehúye Birtwistle la escritura contrapuntística en Responses, lo que genera la gran pluralidad e independencia entre sí de los materiales, así como la mayor libertad de cada interlocutor en este diálogo pianístico-orquestal, en línea con la profusa riqueza y abigarramiento de sus páginas de madurez.

Nace Responses. Sweet Disorder desde las dos arpas de la orquesta, seguidas de una poderosa y variada percusión, para dar entrada inmediatamente al piano solista, que trasciende su voz hacia las maderas, entre las que encontramos islas con personalidad propia, como la de un oboe plenamente lírico. Es este lirismo uno de los elementos más destacados (diría que hasta novedosos) con respecto a lo que asociamos con la música del inglés; un lirismo que está en constante pugna con lo que sí es el más puro Birtwistle: ese compositor de complejos mecanismos y potente polirrítmica, de estructuras recurrentes y contrapuestas («arquetipo del hombre inglés, que construye sus obras casi como si estuviera montando un mecano», como lo definió James Dillon en la entrevista que con el escocés mantuvimos en 2007). Ese mecano de gran complejidad asoma a los pocos compases, en las intrincadas relaciones orquestales trazadas por Birtwistle, que fragmenta temática y rítmicamente los atriles con ritmos incisivos muy punteados y aristados; por momentos, evocadores de una de sus mejores partituras al respecto: la furibunda Earth Dances (1985-86). Así pues, toda una serie de 'contrarritmos' sincopados se producen ya desde el arranque (escúchese la relación percusión-trompeta; o los grandes contrastes entre el tempo rápido de las masas de percusión y metal en comparación con las maderas asociadas al piano, que retoman ese lirismo antes señalado, ralentizando sus fraseos, más melódicos y serenos). No quiere ello decir que desaparezca algo tan típicamente birtwistleliano como el humor, que podemos escuchar en ciertos diálogos del piano con los trombones con sordina, en los que asoma ese lado más ácido y socarrón del inglés. Junto con ese humor tan explícito, escuchamos improntas del jazz que tienden los primeros puentes sonoros con la otra orilla del Atlántico; aunque no serán los del jazz los únicos...

...y es que la enorme complejidad de una orquesta así fragmentada en múltiples organismos dialogantes genera momentos de paisajes netamente ivesianos, a pesar de que buena parte del concierto consista en esa pugna entre el lirismo y un mecanismo que pretende cortar las derivas hacia un hedonismo sonoro que tanto prolifera en otros compositores donde el anhelo de belleza expresiva carece de estructura. Desde un punto de vista tímbrico, no presenta Responses mayores audacias, siendo, línea por línea, su sonoridad algo convencional; si bien la complejidad resultante lo es, por tanto, al entretejer secciones, contraponiendo constantemente planos y produciendo sonoridades de síntesis, como esa bella aura metálica que queda flotando sobre la orquesta antes del único solo del piano: cadencia virtuosa a la que responde la orquesta con unos temas graves cargados de misterio, muy atmosféricos, que poco a poco van dando lugar al frenesí rítmico, a una amalgama de planos, más que al propio ejercicio canónico del contrapunto.

Así pues, una partitura típicamente birtwistleliana, que nos deja un buen sabor de boca por su calidad y por reencontrarnos con esas acusadas señas de identidad que nunca dejamos de valorar en su autor. La versión que ahora escuchamos en SACD es realmente estupenda, con un Pierre-Laurent Aimard que borda la página, como lo hizo en Portugal: pleno de virtuosismo y volumen sonoro, secundado y respondido (siguiendo la lógica conceptual del concierto) por una Symphonieorchester des Bayerischen Rundfunks claramente superior a la Orquestra Sinfónica de Oporto en definición, calidad técnica, energía y musicalidad. Precisamente, quien al frente de la orquesta bávara está en este estreno absoluto, Stefan Asbury, fuera director del Remix Ensemble portuense en su día: una dirección que había sido alabada entonces por su transparencia, precisión e inculcación al Remix de una ejecución límpida en lo técnico que aún conserva dicha agrupación, hoy de la mano de Peter Rundel. Pues bien, tales virtudes se perciben con plenitud en la versión del estreno de Responses que ahora reseñamos; incidiendo, de forma especial, en los ecos de las músicas urbanas, del jazz y de las sonoridades netamente anglosajonas, puestas en perspectiva en una polifonía orquestal arrebatadora. Interpretación, por tanto, de muchos quilates.

La segunda obra del SACD nos conduce de vuelta al siglo XX, con Gawain's Journey (1991), partitura orquestal derivada de la tercera ópera de Harrison Birtwistle, Gawain (1990-91). Es la nuestra una visita a la pasada centuria que, en todo caso, tiene un ojo puesto en la Edad Media, de donde proviene el poema anónimo Sir Gawain and the Green Knight, en el que se basa la ópera del británico. En su (digamos) suite orquestal, las voces se convierten en frases de vientos y metales, acompañadas de una nueva polifonía de lo más abigarrada y rica en capas superpuestas, remedando de forma muy naturalista sonidos como el trote de los caballos (en la percusión), además de introducir instrumentos que reverberan lo popular y la antigüedad, como el címbalo; todo ello, con un poderío orquestal de tronío, para dar fe de la pujanza de unas rememoraciones artúricas que Birtwistle convierte en tierra de titanes. Las referencias a la Edad Media hacen que, asimismo, se proceda a contrapuntos modales dentro de la orquesta que confieren a Gawain's Journey un sonido muy particular entre lo arcaico y lo moderno, como las verdaderas justas que vivimos entre las voces solistas, con presencias poco habituales en roles protagonistas, como la del bombardino o la del fiscorno: parte de esa transmutación instrumental de los testosterónicos protagonistas de la ópera (aunque no falten pasajes de más recogida y espiritual contemplación).

Tal y como Paul Griffiths señala en sus notas, el minucioso estudio llevado a cabo por Harrison Birtwistle de la música wagneriana en torno al ciclo artúrico, hace que Gawain's Journey también comparta con el compositor teutón un uso dramatúrgico del leitmotiv asociado a diferentes personajes, con sus pares instrumentales, lo que introduce elementos recurrentes en la partitura poco frecuentes en Birtwistle con esta intención tan teatral (en lo que a su escritura puramente orquestal se refiere). Fanfarrias, trotes de corceles, llamadas en la distancia, duelos y espadazos se diseminan por los casi 27 minutos de la partitura, haciéndola altamente descriptiva, así como muy visual. A ello contribuye el que aquí volvamos a escuchar a una orquesta tan poderosa como la Symphonieorchester des Bayerischen Rundfunks: una de las formaciones sinfónicas con más músculo de Europa, como demuestran en una lectura a todas luces referencial. De Gawain's Journey contábamos con una muy buena versión, la registrada en 1993 por la Philharmonia Orchestra londinense bajo la dirección del experto birtwistleliano Elgar Howarth (NMC D088). Era aquella una lectura totalmente transparente, con un punto más de frialdad, así como algo más clásica a lo largo de sus 24:37 minutos de duración. La dirigida por Stefan Asbury en Musica Viva es una interpretación más furibunda en sus gestas y lances, en los que alcanza unas cotas de violencia superior; así como más pausada (de ahí, la mayor duración) en las fases de descanso antes de los duelos. En conjunto, así pues, dos versiones muy recomendables, si bien me quedo, por su modernidad y feroz teatralidad, con la lectura que ahora nos presenta NEOS.

También ayuda la excelente toma de sonido, magnífica, tanto para Responses. Sweet Disorder como para Gawain's Journey, con una brillante espacialización realizada por Ingo Schmidt-Lucas en los estudios Cybele para la capa SACD: de un realismo portentoso. La edición es la ya habitual de NEOS para la serie Musica Viva, que alcanza aquí su vigesimonoveno volumen, con escuetas biografías de compositor e intérpretes, así como con el ya mencionado ensayo a cargo de Paul Griffths, no especialmente amplio, pero sustantivo. Un nuevo disco, por tanto, de esos que nos parecen necesarios, pues éste no hace sino ampliar la fonografía -con la primera grabación mundial de Responses. Sweet Disorder- de uno de los principales compositores británicos de nuestro tiempo.

Este disco ha sido enviado para su recensión por NEOS.

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