Discos

Estratosférica Hallenberg, sobrehumano Farinelli

Raúl González Arévalo
miércoles, 20 de noviembre de 2019
The Farinelli Manuscript. Arias de Carlo Broschi (“Son qual nave ch’agitata”), Gaetano Latilla (“Vuoi per sempre abbandonarmi”), Niccolò Conforto (“Ogni dì più molesto… Non sperar, non lusingarti”), Geminiano Giacomelli (“Quell’usignolo”, “Invan ti chiamo, invan ti cerco… Al dolor che vo’ sfogando”), Giovanni Battista Mele (“Io sperai del porto in seno”). Ann Hallenberg (mezzosoprano). Stile Galante. Stefano Aresi. Un CD de 72 minutos de duración. Grabado en Diemen (Países Bajos) del 9 al 12 de abril de 2019. GLOSSA GCD 923521.
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Carlo Broschi, Farinelli, es el mito barroco que colma el imaginario colectivo sobre la edad de oro de los castrados desde el estreno en 1994 de la película de Gérard Corbiau. Para los amantes de la ópera la banda sonora a cargo de Christophe Rousset y sus Talents Lyriques se convirtió en un descubrimiento cuyo conocimiento era prácticamente obligatorio (Audivis Valois 1994). La tecnología fusionó las voces del contratenor Derek Lee Ragin y de la soprano Ewa Malas Godlewska para abarcar un registro de tres octavas y el resultado, a pesar de lo artificial, sin duda fue más atractivo que otros intentos previos, de menor impacto y difusión, como las grabaciones del contratenor griego Aris Christofellis (Homage à Farinelli. Sérénade nocturne pour le Roi d’Espagne, EMI 1987-1988; Farinelli et son temps, EMI 1994).

Con el nuevo milenio llegó la grabación mejor históricamente informada de René Jacobs y Vivica Genaux (Harmonia Mundi, 2001), que desató otra ola de furor. Desde entonces, contratenores (Jarousski, Farinelli, Porpora Arias, Erato 2013; Hansen, Rivals. Arias for Farinelli & Co., Deutsche Harmonia Mundi 2013; Fagioli, Porpora Arias, Naïve 2014) y mezzosopranos (Bartoli, Sacrificium, Decca 2009) se han alternado en la competición por coronarse herederos del mítico castrado, aunque pocos se han confrontado con un papel suyo en el escenario porque pocos son los títulos que se han recuperado, con honrosas excepciones como el Artaserse de Hasse con el argentino como estrella absoluta.

Todo esta oferta discográfica y la ausencia de biografías serias han tejido un panorama confuso en torno a la figura histórica y musical de Farinelli, empantanada además por leyendas oscurantistas como el mito del recital privado de cada noche para Felipe V, supuestamente con las mismas arias, porque con su música era el único capaz de sacar al primer Borbón español de su melancolía. En definitiva, cada vez resultaba más complicado distinguir el personaje real del mito construido por intereses contemporáneos, incluyendo la apropiación por parte de los contratenores del repertorio de los castrados, que en vida siempre eran sustituidos por mujeres. Pero ese es otro tema.

Para poner un poco de orden y descubrir la verdadera personalidad, vital y artística, de Carlo Broschi, surgió el proyecto Farinelli’s Paths, dirigido por el musicólogo y director Stefano Aresi. El resultado que emerge cuando se eliminan todos los postizos musicales e historiográficos es mucho más fresco e interesante, como resumen las interesantísimas notas que firma él mismo y adelantaba en la entrevista que mantuvimos a la mañana siguiente de acabar la grabación en abril, publicada en agosto pasado. Un ejercicio incluso más brillante que el proyecto precedente dedicado a Luigi Marchesi (Glossa 2015).

Sin extravagancias vocales determinadas por las limitaciones técnicas de otros cantantes, ni la obligación de satisfacer la retrato circense que se ha impuesto en el imaginario colectivo (para muestra, el DVD del álbum Sacrificium de la Bartoli y la portada horrenda de su próximo álbum, Farinelli), el disco que ahora publica Glossa se convierte en el retrato vocal más fiel y cercano a la realidad de toda la discografía. Un documento que trasciende el mero soporte físico para convertirse por sí mismo en una obra de arte y un ejercicio intelectual sin precedentes. Y, por supuesto, una grabación de conocimiento obligatorio para todo aquel que desee profundizar en Farinelli y su repertorio.

El punto de partida del estudio desarrollado, en torno al que gira la grabación, es el Manuscrito de Farinelli que el cantante envió a Viena como muestra de su arte a petición de la emperatriz María Teresa. Una diferencia fundamental en el programa es que, frente a las demás grabaciones, que suelen centrarse en las arias compuestas específicamente para él, en esta ocasión el napolitano escogió seis arias de las cuáles solo había estrenado la mitad. Junto con otras –no se sabe cuáles eran exactamente– integraban el repertorio de piezas que cantaba ante los reyes de España (no siempre el mismo, falsedad que tiene su origen en el errado Charles Burney). En concreto, se trata de las tres primeras de la colección, que no se presentan en ese orden en el disco: “Quell’usignolo”, “Al dolor che vo’ sfogando” y “Son qual nave”. Las dos primeras son de Giacomelli (atribuible la segunda), mientras que las notas aclaran que la tercera, tradicionalmente atribuida al hermano de Farinelli, el compositor Riccardo Broschi, en realidad era obra de Giovanni Antonio Giay. Sin embargo, en esta ocasión se presenta como una reescritura única y original, probablemente de mano del propio intérprete, que respecto a la versión habitualmente interpretada, de siete minutos y medio de duración, se alarga casi hasta el doble.

Las otras tres piezas, de Latilla, Conforto y Mele, se destinaron a otros intérpretes y fueron compuestas para representaciones musicales en la Corte de Madrid, que organizaba el propio Farinelli. De una parte ofrecen una ventana poco transitada al repertorio que cantó en la capital española, pero lo cierto es que desde el punto de vista musical resultan indudablemente inferiores a otras arias que le destinaron compositores como Porpora, Hasse, Veracini y Broschi. En consecuencia, el motivo de su inclusión sigue siendo un misterio porque el objetivo del manuscrito era dejar una imagen idealizada de su arte y sus capacidades, y no podía ignorar la menor valía musical de las arias.

En 2007 el sopranista Angelo Manzotti grabó cuatro de las seis arias (no abordó ni “Vuoi per sempre abbandonarmi” ni “Al dolor che vo’ sfogando”) para Concerto Records. Más allá del respeto por el esfuerzo y la primicia fonográfica, cualquier comparación con lo contenido en el disco de Glossa sería un insulto para cantante, director y conjunto instrumental. Y además, el italiano no canta ni remotamente todas las notas de las arias, como se puede comprobar con una mera escucha. Tampoco lo hace el australiano David Hansen en su grabación de “Son qual nave”. En consecuencia, el presente recital constituye una primicia mundial por partida doble: en cuanto que es el primero que ha grabado íntegro el programa contenido en el manuscrito, con seis arias y dos recitativos; y porque Hallenberg canta todas y cada una de las notas contenidas en él.

No es un asunto menor el de la integralidad: hay que tener presente que “Son qual nave” y “Quell’usignolo” contienen variaciones de puño y letra del intérprete, de una dificultad inhumana, por el número de notas añadidas y por la longitud de las frases, cantadas de un solo fiato, toda una proeza técnica. Aunque no todo es despliegue: hay ocasiones en las que Farinelli quita por completo la coloratura, buscando efectos muy precisos que tienen detrás un sentido intelectual concreto. Toda una revelación. En otra vuelta de tuerca, la aproximación estilística presenta particularidades como el modo de abordar los ataques (ese “cercar della nota” del que hablan las fuentes). Por último, en una última muestra del cuidado con el que se ha preparado todo, la plantilla orquestal reproduce el número y los instrumentos recogidos en la documentación preservada en el Archivo Histórico Nacional, de modo que aunque la sonoridad pueda sorprender por colocación y técnica (las trompas se cantan con la campana girada hacia arriba) está ajustada a lo que reflejan las fuentes, algo que tampoco se había hecho nunca.

Naturalmente, como el propio Aresi reconoce en sus ilustrativas y magníficas notas, nada habría sido posible sin una intérprete capaz. Hallenberg ya había abordado el repertorio de Farinelli previamente con Cristophe Rousset (Aparté 2011) y además, fruto de una gira, también grabó completo el Farnaspe del Adriano in Siria de Veracini con Fabio Biondi (Fra Bernardo 2014). En esta ocasión se supera a sí misma, alcanzando un nivel estratosférico. El extraordinario magisterio técnico se revela en cada nota que canta, por la homogeneidad de que dota a los registros –muy bien abordado y saldado el grave, que suena integrado y no separado del resto–, el terciopelo y la consistencia del centro y la brillantez de los agudos. Y, naturalmente, en la maravillosa capacidad para la coloratura, dotada de un sentido dramático completamente alejado de los fuegos artificiales vacíos, no digamos ya del recurso a efectos de dudoso gusto y ninguna justificación estilística. El modo en que colorea las palabras, la fuerza o la delicadeza que es capaz de insuflarles, incluyendo los recitativos –tan importantes para la expresividad barroca– la convierten en la intérprete soñada para este repertorio, de modo que solo se puede concluir que, a día de hoy, nadie ha sabido recrear mejor que ella la voz de Farinelli, en un retrato honesto y respetuoso al servicio de su música. Si “Son qual nave” es una maravilla, la joya del programa es “Quell’usignolo”, un dechado de delicadeza y poesía que evoca el canto de los pájaros.

A su lado, una vez más, Stile Galante está perfecto en su calidad de coprotagonista. La compenetración entre los pocos instrumentistas y con la cantante es absoluta, tan admirable como el mecanismo de un reloj suizo. Emerge un sonido transparente, delicado, elegante y teatral, en un despliegue de virtuosismo continuo, individual y colectivo en el que Stefano Aresi, flexible, vivaz, actúa como perfecto maestro de ceremonias. Como resultado tenemos un disco que es mucho más que un disco, para revivir el legado de un cantante que fue mucho más que un cantante.

 

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