Obituario

En recuerdo de Carlos Feller

Jorge Binaghi
viernes, 22 de noviembre de 2019
Carlos Feller © 2019 by Oper Köln Carlos Feller © 2019 by Oper Köln
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Me enteré en Buenos Aires, por la autora de la presente nota, del fallecimiento de Carlos Feller, que había merecido alguna breve mención en al menos un periódico local, pero que para muchos apasionados por la lírica había quedado, si en algo, en eso. El Teatro Colón, como suele ocurrir con cada vez mayor frecuencia (el otro caso fue el de Tota de Igarzábal, mi primera Amneris en absoluto y en el Colón en 1958), lo ignoró totalmente. Feller fue un cantante que tuvo a su cargo muchas funciones en el Colón e hizo una carrera internacional en Alemania principalmente, donde residía, pero volvía con gusto cada vez que podía y lo invitaban. Lo vi por primera vez en 1964 como el Bartolo de Le nozze di Figaro dirigida por Kertesz y con un reparto que incluía a De los Ángeles, Berry, Ludwig y Holm; su mayor papel fue el protagonista, sir Morosus, de La mujer silenciosa de Strauss (estrenada en 1961, se repuso en 1968 dirigida por Leitner y Feller tuvo que hacerse cargo de la parte por cancelación de un colega alemán; lo acompañaban Hermann Prey, Holm y Pütz). La última vez que lo vi fue como uno de los característicos de La viuda alegre dirigida por Rudel con Von Stade, Allen y Groves en 2001. Creo de estricta justicia publicar esta evocación. 

En recuerdo de Carlos Feller por Susana Débora Neuhaus (Buenos Aires, octubre de 2019)

Cuando tenia nueve años asistí por primera vez a la ópera en el Teatro Colón de Buenos Aires. En el escenario, en el fantástico bosque de Sueño de una noche de verano, de Benjamín Britten, brillaba Carlos Feller, gran cantante y notable actor, que falleció el 21 de diciembre de 2018 en Kempten am Ällgau, Alemania, donde había pasado los últimos meses.

Carlos Felberbaum había nacido el 30 de julio de 1922 en Zloczow, pequeña ciudad de Ucrania, entonces bajo dominio polaco. Vivió allí sus primeros ocho años, disfrutando de una numerosa familia que lo rodeó de afecto y le proporcionó una educación poco autoritaria,  dando lugar a una infancia memorable en la que ya despuntaba su gusto por la actuación y el canto en las fiestas escolares. Le complacía recordar “el suave, casi melodioso sonido de los caballos y los trineos en las calles del pueblo”.

Esos años dorados concluyeron abruptamente con una dolorosa despedida. En diciembre de 1930, partió con su madre y su hermana con destino a América del Sur. En Montevideo lo esperaban su padre y un nuevo mundo que constituyó su hogar por varios años y que lo confrontó con un nuevo idioma, el castellano, que llegaría a ser “prácticamente mi lengua materna”. La decisión de sus padres de abandonar Europa salvó a la familia del Holocausto que se aproximaba y que terminó con la vida de quienes quedaron en el pueblo polaco.

Fue en el Teatro Sodre de Montevideo donde, con diez años, asistió a su primera ópera, Rigoletto, que después representaba frente al espejo. Allí también despuntó su pasión por el fútbol, que lo acompañó en los camerinos de todos los teatros en los que trabajó. En el Sodre fue también su audición con Erich Kleiber, entrevista que constituyó su pasaporte al Teatro Colón de Buenos Aires, donde tuvo su primer contrato a los 20 años.

Se formó en la Escuela Superior de Arte del Teatro Colón bajo la guía de la soprano Editha Fleischer. Allí “aprendió a caminar un escenario” en sus palabras. Debutó en 1942 con el papel del médico en Pelléas et Mélisande, de Claude Debussy, dando comienzo a su carrera de bajo, que lo llevó a constituirse por muchos años, en un referente del repertorio buffo de Mozart, Rossini, Donizetti y Cimarosa, destacándose no sólo como excelente músico y cantante, sino como eximio comediante.

Siempre recordó con gran afecto a sus colegas argentinos con los que fundaron la Ópera de Cámara de Buenos Aires, que en 1958 representó a la Argentina en la Exposición Mundial de Bruselas, con gran éxito de público y crítica. Entre otros: Angel Mattiello, Myrtha Garbarini, Victor De Narké, Noemí Souza, Nino Falzetti, Nilda Hoffmann, Waldo Sciamarella, Héctor Panizza, Miguel Guilen, Martín Eisler. La gira abarcó también Londres y Manchester, donde Feller se destacó en Maestro di Capella, de Cimarosa y La serva padrona, de Pergolesi, obras en las que sobresalió su cálida voz y el fino y sutil sentido del humor con el que representaba esos roles.

Ese debut en Europa lo llevó a distintas audiciones, que resultaron en contratos, primero en Mainz, luego en Frankfurt y más tarde en Kiel, mudanzas que implicaron el aprendizaje de una nueva lengua. En esa época en Alemania se cantaba sólo en alemán.

Impulsado por Erich Kleiber y apoyado por Karl Böhm comenzó a centrarse en los roles importantes del repertorio alemán, particularmente Mozart. Solía decir que debía su carrera al genial músico de Salzburgo. Se destacó en los grandes personajes de la ópera bufa: Don Alfonso, Leporello, Don Bartolo (de Rossini y de Mozart), Don Pasquale, y tantos otros.

En 1968, terminado su contrato en Kiel, tras cinco fructíferos y gratos años, pensaba volver al añorado Buenos Aires, pero un giro inesperado del destino lo condujo a la Ópera de Köln. Con el espíritu innovador de los 60,  la Ópera de Köln decidió llevar adelante una función especial de Cosi fan tutte en el idioma original, el italiano, “una lengua que baila”, como decía Feller. Esa caracterización de Don Alfonso fue el puntapié inicial de un nuevo contrato, con el que Köln “lo adoptó”, como le gustaba contar.

A partir de 1975 fue protagonista central de la preciada época del director Michael Hampe. Feller se destacó en el ciclo Mozart, dirigido por el genial Jean Pierre Ponnelle en los roles de Leporello, Bartolo y Don Alfonso. Participó en muchas otras producciones con compañeros inolvidables como Lucia Popp, Margaret Price, Robert Ilosfalvy, Hermann Winkler, Zoltan Kelemen, David Kuebler y otros. Con el barítono Claudio Nikolai o el director de orquesta Georg Fischer, mantuvo una estrecha amistad hasta el final.

A partir de entonces Buenos Aires pudo escucharlo en contadas ocasiones. Afincado en Köln, pero con una vida errante, se presentó en los principales centros musicales: Ginebra, Bruselas, Paris, Toulouse, Berlín, Munich, Venecia, Copenhagen, Amsterdam, Estocolmo, Londres. En 1988 fue su aclamado debut en el Metropolitan de Nueva York, con el Don Alfonso de Cosi fan tutte, con Kiri Te Kanawa como Fiordiligi. 

En 1992 cantó Don Alfonso una vez más en el Teatro Colón. Fue una producción dirigida por Sergio Renán. En 1948, había cantado el mismo papel dirigido por Erich Kleiber. Sus colegas de aquel elenco se habían retirado hacía tiempo. Carlos Feller cumplió su rol con su acostumbrada eficacia y genuino señorío, aplaudido por público, crítica y colegas que celebraron el savoir-faire del maestro. Se despidió del Colón en 2001 con una recordada Viuda alegre, de Franz Lehar, dirigida por Julius Rudel, encabezando un reparto excepcional que integraron Frederika von Stade y Thomas Allen. 

Tras su retiro, después de más de 60 años sobre el escenario, siguió con atención la actividad operística del mundo. Participó del homenaje a Claudio Nicolai, a quien lo unió una larga amistad, y en el de Matti Salminen. En 2009, en el Portrait que organizó la Ópera de Köln, pudo recordar con Miguel Guilen las experiencias compartidas en Buenos Aires en la década del 40-50. 

A lo largo de su vida, participó de distintos festivales europeos: Salzburgo, Glyndebourne, París, Estocolmo. Cantó también en los principales teatros de América del Sur, China, Irán, Israel. Actuó bajo la dirección de diferentes regisseurs como Martín Eisler, Jean Pierre Ponnelle, Willie Decker, Neugebauer, o Sergio Renán.

Grandes directores supieron explotar su talento musical y su versatilidad actoral: James Levine, Daniel Barenboim, Michael Hampe, Georg Fischer, Kertesz, Herbert von Karajan, Erch Kleiber, Bruno Bartoletti, John Pritchard, Julius Rudel, Jeffrey Tate, Mauricio Kagel. Realizó grabaciones, dejando una valiosa discografía y videografía.

Feller sostenía que en el teatro siempre es la primera vez. Hay algo de debut en cada repetición. Su presencia escénica denotaba su vasta experiencia, a la vez que permitía apreciar la frescura de la innovación en cada performance

En diciembre de 2018 concluyó su derrotero por el mundo de la ópera al que enriqueció con sus interpretaciones, y que acompañó las vicisitudes del siglo XX. Siempre recordaremos su especial sentido del humor y el estilo sutil, elegante, original con que nos deleitó durante tanto tiempo. Su trato cálido y afectuoso arriba y abajo del escenario, con todos los que lo trataron mantendrá su recuerdo en quienes tuvimos el privilegio de conocerlo y escucharlo.

¡Hasta siempre Maestro! 

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