Italia

El fantástico laboratorio de Don Gaetano

Jorge Binaghi
miércoles, 4 de diciembre de 2019
Micheli, L’ange de Nisida  © 2019 by Gianfranco Rota Micheli, L’ange de Nisida © 2019 by Gianfranco Rota
Bérgamo, jueves, 21 de noviembre de 2019. Teatro Donizetti. L’ange de Nisida (Bergamo, versión escénica, 13 de noviembre de 2019; en concierto Londres, Covent Garden, 18 de julio de 2018). Libreto de A. Royer y G. Vaëz, y música de G. Donizetti. Puesta en escena: Francesco Micheli. Escenografía: Angelo Sala. Vestuario: Margherita Baldoni. Luces: Alessandro Andreoli. Intérpretes: Florian Sempey (Don Fernand d’Aragon), Roberto Lorenzi (Don Gaspar), Konu Kim (Leone de Casaldi), Lidia Fridman (Sylvia de Linares, condesa), y Federico Benetti (El monje). Coro (preparado por Fabio Tartari) y Orquesta del Teatro. Dirección: Jean-Luc Tingaud
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Sin duda  la mayor atracción de esta edición del Festival Donizetti fue, aparte de la exhumación de su obra de juventud sobre el zar Pedro de Rusia (mejor conocida en su variante alemana, Zar und Zimmermann de Lortzing, y que por razones de agenda no pude ver), fue esta primera vez en escena de una obra perdida que ha sido reconstruida por Candida Mantica en un formidable trabajo (al parecer la versión que se estrenó en Londres y grabó Opera Rara no son exactamente iguales), y de la que lo que único se sabía fue que parte del material fue a parar a la posterior y conocida Favorite.

Lo realmente extraño es que, salvo los momentos centrales del bajo y la cabaletta de la salida del rey (transformada en final del acto segundo con otro texto y ritmo), las arias más conocidas de la ópera que sí llegó a puerto no están aquí y sólo se puede decir que el cuarto acto -salvo la gran aria de Leone- es casi igual al de la obra posterior. Por otro lado esta pareciera ser, pese al final terrible, una ópera semiseria ya que cuenta con un personaje bufo de importancia, don Gaspar, que aquí es bajobarítono y canta un aria que, más adelante y oportunamente abreviada, será el célebre ‘Un fuoco insolito’ de Don Pasquale. También se oyen por ahí ecos de L’elisir d’amore y hasta de Maria Stuarda y quizá se podría seguir.

Lo que ofrece la obra -muy o demasiado larga- es que permite asistir a la transformación de los tres principales en verdaderos personajes, además de la reducción de Don Gaspar a un segundo tenor de poca intervención, con lo que la obra vira definitivamente a lo trágico y romántico con un aire de ‘modernidad’ que le falta a este ancestro. No cito ninguna de las arias en particular porque ninguna es memorable, aunque sean de buena factura.  

Fue buena idea hacerla en el Teatro de la ciudad nueva (o ‘baja’) que estará listo para la próxima edición, pero eso le permitió al director del Festival, Micheli, utilizar el patio de butacas como escenario, mientras el público se ubicaba en palcos y escenario, con sólo la orquesta dispuesta en su lugar habitual, y tuvo ideas originales, algunas mejores que otras (no estoy persuadido de que convertir al rey en un boss mafioso que hace bromas con sus vasallos y/o esbirros sea una cosa muy oportuna, pero sí lo fueron el final del tercer acto en el que los cortesanos se despojan -los rompen, son de cartón- de sus trajes y los principales siguen el ejemplo para quedar todos ‘desnudados’ (simbólicamente, claro) sin sus máscaras, o el cuarto acto entero. La entrada de Sylvia antes de su aria parece más apropiada para Lady Macbeth, pero causa su efecto. Y la figura de Don Gaspar, la más peligrosa y difícil, sale airosa, gracias al buen canto y actuación del joven bajobarítono (a mí me sonó más a barítono) Lorenzi.  

La dirección musical de Tingaud resultó mejor que lo que me pareció en Florencia en Fernand Cortez aunque hubo momentos que pasaron más desapercibidos que otros y la orquesta estuvo bien pero sin mucho brillo (la falta de obertura se hizo notar). 

Del trío protagónico el más parejo y maduro fue Sempey, quien cantó con buena voz y entusiasmo, buen estilo y una actuación que siguió las indicaciones de la puesta en escena. Konu Kim recibió los más encendidos aplausos por su interpretación de un protagonista desaforado y puro impulso con unos buenos agudos y color apreciable. Fridman es extremadamente joven, pero cantó bien, con musicalidad y estilo. Si la parte es para una soprano ella sonaba más a ‘Falcon’ o a mezzo con un color muy oscuro, homogéneo pero monocorde. Benetti estuvo correcto en general pero para el famoso anatema le faltó no sólo volumen sino autoridad escénica. El coro cumplió muy bien, cambiando con rapidez de vestidos y de lugar (tan pronto cantaba en la sala como en los pisos altos).

El numeroso público aplaudió con fuerza y apreció el gran esfuerzo realizados por todos (algunos terminaron llevándose como recuerdo los trozos rotos de los trajes de cartón y papel que habían quedado en el suelo de la sala a final del espectáculo).

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