Alemania

El baile de la vida

Juan Carlos Tellechea
jueves, 12 de diciembre de 2019
Camille Andriot en Lamentation © 2019 by Gert Weigelt Camille Andriot en Lamentation © 2019 by Gert Weigelt
Düsseldorf, sábado, 23 de noviembre de 2019. Deutsche Oper am Rhein Düsseldorf/Duisburg. Forgotten Land de Jiří Kylián, Lamentation y Steps in the Street de Martha Graham y Cellokonzert (Estreno mundial) de Martin Schläpfer. Ballett am Rhein. Ballettabend b.41. Orquesta Düsseldorfer Symphoniker. Director Axel Kober. 100% del aforo.
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El célebre coreógrafo suizo Martin Schläpfer comenzó a despedirse del Ballett am Rhein con un último estreno, Cellokonzert, con música de Dmitri Shostakóvich, aclamado por el público y la crítica en la Ópera de Düsseldorf.

Schläpfer, quien pasará a dirigir el Wiener Staatsballett de la capital austríaca a partir del otoño de 2020, reunió a toda su compañía en esta velada de ballet b.41 para homenajearla durante más de 30 minutos con esta danza en la que se luce el elenco entero. No emanaron nuevos impulsos aqui, pero sí fue elaborada una melancólica síntesis de la era que está a punto de terminar, evolucionando entre el amor, la muerte, la guerra y la paz.

El director principal de la orquesta Düsseldorfer Symphoniker, Axel Kober, condujo con gran precisión y equilibrio a este colectivo siguiendo y coordinando paso a paso los movimientos sincrónicos y asíncronicos de los bailarines. ¡Fue una de esas maravillosas tardes en la Ópera de Düsseldorf!

Dicho sea esto al margen, el lunes 2 de diciembre Schläpfer fue galardonado en su cantón natal con el Großer St. Galler Kulturpreis 2019, otorgado por la St. Gallische Kulturstiftung. El programa del acto reunió música y cantos tradicionales de Suiza, así como dos de sus más celebrados ballets: Ramifications, con música de György Ligeti y un pas seule de la excelente bailarina solista Marlúcia do Amaral (Premio Faust 2019 otorgado por la Asociación de Teatros del Ámbito de Habla Alemana por su sobresaliente interpretación de El lago de los cisnes, con coreografía de Martin Schläpfer); y Tänze, con 15 valses arreglados para violín y guitarra de las 36 danzas originales opus 9 D 365 de Franz Schubert, con la participación de los destacados bailarines Yuko Kato y Marcos Menha.

Digamos también de paso que el nuevo director del Ballett am Rhein será a partir de la temporada 2020/2021 el coreógrafo argentino, nacionalizado alemán, Demis Volpi, quien está preparando ya la renovación de la compañía (probablemente unas 15 nuevas adquisiciones) y ha convocado audiciones de bailarines (diversidad sexual y de género) profesionales para el 2 de febrero de 2020.

Cellokonzert*

Pero, volviendo a esta velada de ballet b.41, muchos ballets han sido interpretados a lo largo de la historia de la danza al son de conciertos para violonchelo y es ahora Schläpfer quien se atreve con el Concierto en sol menor n 2 op 120 de Shostakóvich, menos virtuoso que soñador, pleno de lamentos y poderosos pasajes de percusión.

Este violonchelo (magnífico Nikolaus Trieb) toca profundamente el alma, pero cuando el bombo interrumpe con violencia la introspección de sus plañideras cuerdas el espectador siente de inmediato la necesidad de preservarlo de alguna manera con esas melancólicas quejas.

La nostalgia y el donaire son los polos entre los que se mueve la atmósfera de este ballet. La primera escena muestra ya esta ambivalencia, cuando Yuko Kato se inclina hacia adelante y recuesta tiernamente su cabeza sobre el pecho de Calogero Failla. Tal vez sea el final de una querella de enamorados, tal vez la búsqueda de protección, tal vez un instante de agotamiento. Pero en todo caso estamos ante una tensión muy peculiar más allá del patetismo y de toda nitidez inequívoca; hay algo así como una vaga actitud irónica inherente a ese momento tan especial.

El elenco se distribuye primero en parejas, después por géneros. Al final del primer movimiento (Largo) todos se dirigen al fondo del escenario en una nebulosa que parece asimismo un gesto de despedida. Previamente, las bailarinas y los bailarines habían curvado sus torsos y emitido en conjunto una sonora exhalación…¡haaaaahhhhhh! ...que contribuyó sin duda, a transmitir esa inefable emoción a la platea.

El segundo movimiento (Allegretto) es algo más conciso, con su serie de bellos pas seule y pas de deux en los que destacan, entre otros, los extraordinarios solistas Marcos Menha y Chidozie Nzerem, quienes pese a sus diversos caracteres y estilos marcaron de forma notable esta época bajo Schläpfer que lamentablemente está llegando aquí a su fin.

Muy fugazmente...para mi gusto demasiado brevemente...la brasileña Marlúcia do Amaral se desplaza con una agilidad asombrosa, como una muñeca de cuerda, insuflando sobre las tablas ese aire mágico que le hace olvidar a uno todo lo que ocurre a su alrededor. Son minutos de una virtuosa coreografía de gran energía y vitalidad, fuerte y vigorosa que convierten a Cellokonzert en una obra magistral.

La mano del maestro helvético se nota por doquier. Esparce sus nuevas ideas como un buen sembrador. No economiza medios a la hora de utilizar los métodos más ingeniosos a su alcance; un inesperado movimiento de brazos cuyo curso se detiene súbitamente; un instantáneo dibujo rítmico marcado bruscamente con los pies. Schläpfer maltrata de nuevo a las zapatillas de punta, golpeándolas fuertemente contra el piso en esa relación de amor-odio que siempre mantuvo con ellas.

El coreógrafo no cuenta una gran historia, sino muchas y muy pequeñas. No es un ballet argumental el que nos presenta, pero ninguno de sus compases se queda sin contarnos sus peculiares anécdotas, con el humor irónico que lo caracteriza; comenzando por la semipenumbra (iluminación Thomas Drek), desde un costado del proscenio, acentuando los pasos ante unos decorados (Marcus Spyros) que no distraen demasiado la atención del espectador, pero parecen aludir a los preparativos de la mudanza.

Al final, en el tercer movimiento (Allegretto) del Concierto para violonchelo y orquesta de Shostakóvich (que grabara, entre otros, el legendario Mstislav Rostropóvich con la Orquesta Filarmónica de Moscú/David Oistrakh y con la Orquesta Sinfónica de la Unión Soviética/ Evgeny Svetlanov desde finales de la década de 1960), la coreografía de Schläpfer vuelve a retomar el tema del inminente cambio radical que experimenta efectivamente esta compañía: una parte del conjunto permance unida, otra se dirige hacia la parte posterior del escenario, algunos deambulan por el brillante haz de luz de los reflectores, otros más echan una mirada desde las sombras con saudade, con morriña hacia todo lo que ha quedado atrás. En fin, es la normalidad de una recompaginación de la vida artística.

Forgotten Land*

En sus antológicas veladas de ballet, Schläpfer colecciona selectas piezas de coreógrafos a los que admira, haciéndonos repasar la historia del género. Esta vez fueron, por orden de aparición, Jiří Kylián y Martha Graham. Él con Forgotten Land (1981) y la música de Sinfonia da Requiem opus 20 (1940) de Benjamin Britten. Ella con Lamentation (1930), para bailarina solista, con la Pieza para piano opus 3 número 2 de Zoltán Kodály, y Steps in the Street (1936), para 10 bailarinas, con la música de New Dance opus 18 b de Wallingford Riegger y claras referencias políticas. Martha Graham rechazó, por una parte, de forma terminante aquel año realizar una coreografía para los Juegos Olímpicos de Berlín, corrían los tiempos de la Alemania gobernada por el régimen genocida nazi de Adolf Hitler; y, por otra parte, reaccionaba así al estallido de la Guerra Civil en España.

Bien podrían haber sido obras de George Balanchine o de Hans van Manen, dos referencias importantes para Schläpfer, las que hubieran integrado el programa. Pero esta vez se decidió por Kylián (visto por última vez en Düsseldorf con Sinfonía de los Salmos, en la velada b.10, con música de Ígor Stravinski). Forgotten Land se relaciona con Graham en el sentido de que la música de Britten es contemporánea y próxima a su forma de pensar (fundamentalmente pacifista).

El coreógrafo checo se siente subyugado por el compositor y su partitura. La escenografía (John Macfarlane) nos sitúa con bastante realismo (iluminación Kees Tjebbes) en la costa oriental británica ante el Mar del Norte y sus frecuentes cambios en las condiciones atmósfericas. Otro punto de partida es un cuadro de Edvard Munch, La danza de la vida (1899/1900), que muestra una pareja danzando en la playa; la mujer en tres estadios de su vida.

En la coreografía de Kylián son retomados los vestidos representados en el óleo y todo enmarcado por los temas de la fugacidad y de la infinidad, a los que se agrega el miedo más que subliminal a la guerra oculto en la música de Britten.

Kylián traduce frecuentemente y hasta en los más refinados detalles la música a términos de movimientos dancísticos. Un crescendo se corresponde con una elevación o con largos saltos de mucho efecto en una coreografía claramente estructurada que termina por agotarse un poco, con tanta belleza, en su mundo de imágenes.

Lamentation*

Después vino el homenaje a la gran Martha Graham. Cellokonzert viene a ser una especie de compendio final de Lamentation y de Steps in the City, puntos de partida en el lenguaje de Schläpfer. Son obras señeras que marcan la pauta en la historia de la danza.

Es impresionante la figura de Virginia Segarra Vidal en Lamentation, apoyada sobre un banco, envuelta en un elástico tejido jersey, como en un capullo o en un sudario; las piernas dobladas y abiertas en forma escultural evocando a la Pietá de Miguel Ángel o a una mater dolorosa (el título se refiere al Libro de las Lamentaciones, atribuído a Jeremías, del Antiguo Testamento y del Tanaj, por la destrucción de Jerusalén, tras haber caído en manos de Nabuconodosor II en el 587 aC).

La bailarina emprende un intento de liberación del envolvente atuendo. Naturalmente, esta coreografía de pocos minutos es hoy una pieza de museo; bailada en posición sedente tuvo que haber sido algo así como una afrenta en 1930; pero aunque ahora carece de la radicalidad de aquel entonces, sigue imponiendo sobremanera a la platea.

Steps in the Street*

También Steps in the Street, de 10 minutos con música del estadounidense Riegger, comienza con una figura que no danza; la mano izquierda toma el hombro derecho, el brazo derecho se ubica por debajo del vientre. También aquí hay un elemento escultural y las bailarinas forman constantemente un cerrado círculo defensivo. Algunos saltos con las piernas extendidas y los pies en posición angular resultan muy bonitos y graciosos, pero en general la coreografía no yerra en su severidad y austeridad.

Por último Wun Sze Chan lucha sola en medio de la férrea formación de las demás, en un sobrecogedor símbolo de resistencia: son mujeres en pie de guerra, muchas han quedado viudas, y claman con brazos y puños en posición heroica. Aplausos, ovaciones, frenéticos gritos de aprobación de toda índole, con varias aperturas y cierres de telón pusieron final memorable a esta velada b.41 del Ballett am Rhein.

Notas

"Cellokonzert", coreografía de Martin Schläpfer, con música de Dmitri Shostakóvich (Concierto para violonchelo y orquesta número 2 en sol menor opus 126), estreno mundial 23 de noviembre de 2019 por el Ballett am Rhein en la Opernhaus Düsseldorf de la Deutsche Oper am Rhein. Escenografía Marcus Spyros Bertermann. Vestuario Hélène Vergnes. Iluminación Thomas Diek. Maestro de ballet Callum Hastie. Violonchelo Nikolaus Trieb. Intérpretes: Marlúcia do Amaral, Camille Andriot, Rashaen Arts, Brice Asnar, Doris Becker, Orazio di Bella, Yoav Bosidan, Vivian de Britto Schiller, Rubén Cabaleiro Campo, Wun Sze Chan, Edward Cooper, Feline van Dijken, Sonia Dvořák, Calogero Failla, Michael Foster, Eleanor Freeman, Philip Handschin, Vincent Hoffman, Alexandra Inculet, Yuko Kato, So-Yeon Kim, Aleksandra Liashenko, Sinthia Liz, Sonny Locsin, Norma Magalhães, Pedro Maricato, Marcos Menha, Asuka Morgenstern, Tomoaki Nakanome, Chidozie Nzerem, Kristián Pokorný, Boris Randzio, Virginia Segarra Vidal, Marié Shimada, Alexandre Simões, Daniel Smith, Gloria Todeschini, Masha Tolstunova, Tessa Vanheusden, Daniel Vizcayo, Eric White.

"Forgotten Land", coreografía de Jiří Kylián y música de Benjamin Britten (Sinfonia da Requiem opus 20), estrenada el 12 de abril de 1981 por el Stuttgarter Ballett en el Staatstheater Stuttgart. Escenografía y vestuario John F. Macfarlane. Iluminación Kees Tjebbes, según diseño de Hans Joachim Haas. Dirección técnica Kylián Productions Kees Tjebbes. Dirección de ejecución escenográfica Marc van Helden. Preparación Cora Bos-Kroese & Elke Schepers. Maestro de ballet Uwe Schröter. Intérpretes: Pareja en negro Feline van Dijken y Rashaen Arts.. Pareja en gris Alexandra Inculet y Philip Handschin. Pareja en beige Tessa Vanheusden y Alexandre Simões. Pareja en rojo Alexandra Liashenko y Orazio di Bella. Pareja en fucsia Sonia Dvořák y Brice Asnar. Pareja en blanco Wun Sze Chan y Marcos Menha.

"Lamentation", coreografía, escenografía y vestuario de Martha Graham, con música de Zoltán Kodály (Pieza para piano opus 3 número 2), estrenada por Martha Graham el 8 de enero de 1930 en el Maxine Elliott's Theatre de Nueva York. Iluminación Beverly Emmons. Preparación Elizabeth Auclair. Maestra de ballet Antoinette Laurent. Piano Eduardo Boechat. Intérprete, Camille Andriot.

"Steps in the Street", coreografía, escenografía y vestuario de Martha Graham, con música de Wallingford Riegger (New Dance opus 18 b), estrenada por la Matha Graham Dance Company el 20 de diciembre de 1936 en el Guild Theatre de Nueva York. Iluminación Beverly Emmons. Preparación Elizabeth Auclair. Maestra de ballet Antoinette Laurent. Intérpretes, Wun Sze Chan, Vivian de Britto Schiller, Feline van Dijken, Sonia Dvořák, Eleanor Freeman, Alexandra Inculet, Aleksandra Liashenko, Marié Shimada, Gloria Todeschini y Masha Tolstunova.

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