Alemania

Luz propia

Esteban Hernández
viernes, 13 de diciembre de 2019
Jonas Kaufmann y Marlis Petersen © 2019 by Wilfried Hösl Jonas Kaufmann y Marlis Petersen © 2019 by Wilfried Hösl
Múnich, viernes, 6 de diciembre de 2019. Bayerische Staatsoper. Korngold: Die tote Stadt. Dir. escena: Simon Stone / Maria-Magdalena Kwaschik. Escenografía: Ralph Myers. Vestuario: Mel Page. Dramaturgia: Lukas Leipfinger. Elenco. Jonas Kaufmann (Paul), Marlis Petersen (Marietta/Mariens), Andrzej Filońvzyk (Frank/Fritz), Jeniffer Johnston (Brigitta), Mirjam Mesak (Juliette), Corinna Scheurle (Lucienne), Dean Power (Albert) B. Dir. musical: Kirill Petrenko
0,0002668

En una semana nublada en casi todo el mundo operístico por la prima della Scala (en breve reseñada por mi colega Jorge Binaghi) es seguramente complicado hacerse con una antorcha que ilumine más allá de las reseñas scaligere.

Es sin embargo bien sabido que casi todo aquello que toca la mano del nuevo director titular de los Berliner (hace pocos telediarios de esta casa muniquesa), Kirill Petrenko, es capaz de brillar con luz propia, más allá incluso de lo que acontezca en escena.

Poner la música de Korngold en manos de Petrenko es además como quitarle la pátina que otrora la crítica le haya podido otorgar, denostada en la mayoría de los casos precisamente por carecer de una batuta que extrajese la poética que envuelve un romanticismo tardío pero no caduco, ni estrambótico y en cualquier caso, una genialidad para los 23 años con los que para este particular caso contaba el joven compositor checo. Es Petrenko sin duda quien enciende el primer foco de la noche, apoyado por una orquesta complaciente y orgullosa de mostrar la huella que ha dejado el director austro-ruso.

Se agradece también la apuesta del idolatrado Kaufmann por este título, exigente por su extensión y profundidad, llevando a hombros un personaje que se aleja bastante del Jonas que se empeña en continuar promocionando su discográfica. Kaufmann esconde con asiduidad su brillantez canora, un acto deliberado que acentúa el tormento de su personaje y potencia la capacidad dramática de un tenor que también puede colgar el Ausverkauft sin tener que recurrir a fotos de hace casi dos lustros y algún que otro kilo. Su Paul es el sufrimiento en persona, sea por la pérdida de su mujer, sea por que ella se afana en no dejar que su mente se libre del vivo recuerdo. El culto hacia la esposa arrebatada por un tumor se plasma en un altar repleto de objetos y fotografías al que se accede desde la habitación marital de su apartamento.

Tal y como la cabeza de Paul se descompone ante su recuerdo, el apartamento también sufre de una metamorfosis continua, hábilmente resuelta por Ralph Myers esta una producción, adquirida por la Staatsoper tras el éxito de su estreno en Basilea hace ahora tres años. Por ese apartamento de Brujas circulará Marietta (Marlis Petersen), sus amigos y las recurrentes visiones de la fallecida, Mariens, afectada por la alopecia resultante de una quimio y multiplicada en aras de la confusión y el continuo tormento del atormentado viudo. El mechón de pelo que Paul aun atesora en su altar muta en esta versión en una completa peluca, la que en su día Mariens portó para ocultar los efectos secundarios de aquel tratamiento que para poco sirvió.

El joven Simon Stone, con la ayuda en la dirección de Maria Magdalena Kwaschik, convierte también en cierto modo el recuerdo de la fallecida en la remembranza de una historia en la que se atisba que no solo el final no fue feliz. La llegada de Marietta es la que hace que todo se descomponga, y ahí es donde empieza la señalada ruptura arquitectónica del apartamento. En la cabeza del director de escena basilense el mundo de Paul ya está roto antes de que ésta aparezca, procurando una nítida reflexión acerca de la muerte y la capacidad (nula en este caso) del ser humano a la hora de asimilarla, mostrándolo al público a través de un estado de confusión continua entre el (mal) sueño y la realidad.

Excelentes también las prestaciones de Marlis Petersen, si bien la necesidad de que desempeñe el doble papel de amante y fallecida limita la fuerza dramática de ambos personajes. El resto del reparto, a un nivel suficiente como mantener la calidad tanto sonora como dramática de la función.

Korngold volvió a encontrar el espacio perdido en Múnich, 65 años después de su última aparición, y eso es sin duda un motivo para festejar, pero esta producción reivindica no solo su figura, sino que justifica su ulterior presencia al mostrarse hasta la fecha como la producción con más méritos de la temporada.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.