España - Andalucía

Juicio y sentimiento

Pedro Coco
martes, 28 de enero de 2020
Ann Hallenberg © 2020 by Guillermo Mendo Ann Hallenberg © 2020 by Guillermo Mendo
Sevilla, domingo, 19 de enero de 2020. Teatro de la Maestranza. Donne Disprezzate. Ann Hallenberg (mezzosoprano). Orquesta Barroca de Sevilla. Andoni Mercero (concertino-director). Arias, conciertos y sonatas de George F. Handel, Pietro Torri, Giuseppe Maria Orlandini y Antonio Vivaldi.
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Si bien son cada vez menos frecuentes en el Teatro de la Maestranza los anteriormente tan celebrados recitales de cantantes con orquesta, gracias a la colaboración con la Orquesta Barroca de Sevilla o la programación del Femás en el caso de la Sala Joaquín Turina, podemos disfrutar en el sur de las voces más punteras del panorama barroco desde hace unos años, y, vista la respuesta del público, cada vez se convierte en una opción menos arriesgada para los programadores. El siguiente paso podría ser que recalaran aquí más a menudo las orquestas en gira con propuestas de ópera barroca en versión de concierto, ya que suelen presentarse en Madrid o Barcelona casi exclusivamente.

El programa que Ann Hallenbeg -sustituta de lujo a la vez que de última hora para la anteriormente propuesta (y tocaya) Anna Bonitatibus- es heredero de uno muy similar que la mezzosoprano sueca presentó en Basilea, en la Martinskirsche, en junio del pasado año junto a La Cetra Barockorchester Basel y a las órdenes en esa ocasión de Andrea Marcon. El mayor interés, además del de disfrutar de las geniales interpretaciones, radicaba entonces en la recuperación de dos arias, una de la Partenope de Domencio Sarro, y otra de la Griselda de Pietro Torri. La primera, que cerraba el concierto, fue en este caso sustituida por una espléndida “Where shall I fly” del Hercules de Handel, que Hallenberg supo llevar a su terreno y con la que mostró un registro grave bien cimentado y un fraseo variado y teatral; la segunda, arrebatadora pieza de gran belleza, si se interpretó, y le dio la oportunidad de desplegar sus encantos en las frases de largo aliento, que no supusieron un problema para su sólida técnica. Sin duda, todo un ejemplo de sensibilidad y buen gusto para ornamentar.

Por su parte, con soltura en el canto más ágil y la coloratura imaginativa, supo levantar los ánimos del público tras una perfecta recreación de la “Non sempre invendicata” que canta Adelaide en la ópera homónima de Orlandini y que poco difería de la impoluta grabación que de esta pieza realizó hace poco para sello Pentatone. No menos estratosférica fue “Alma oppressa”, de La fida ninfa vivaldiana, que contó con unas variaciones y arcos de fiato de todo respeto. La elegancia y musicalidad de esta cantante quedó además patente en las famosas “Sposa son disprezzata”, en “Vieni o figlio” o en la propina, marca de la casa: “Lascia ch’io pianga”; si bien el del siglo XVIII no es su único repertorio, sí que le dedica buena parte de su agenda, y eso se nota en el dominio del estilo, la elección de los números y la organización de estos en sus programas.

Por su parte, el acompañamiento musical de la Orquesta Barroca de Sevilla fue también excelente. Muy atento en general en las interpretaciones de la solista y con un sonido brillante, especialmente tras el intermedio, fruto de una total compenetración en las piezas instrumentales de Handel y Vivaldi.

 

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