Artes visuales y exposiciones

No hay puntada sin hilo

Juan Carlos Tellechea
domingo, 8 de marzo de 2020
Mit Stich und Faden © 2020 by Museo August Macke Mit Stich und Faden © 2020 by Museo August Macke
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Puntualmente para el Día Internacional de la Mujer, el preciado Museo August Macke de Bonn ha abierto una muy interesante muestra sobre el expresionismo alemán plasmado en el bordado artístico con fines estético-decorativos y de uso en la vida diaria.

La exposición, que se extiende desde el 6 de marzo al 7 de junio y se titula Mit Stich und Faden (Con puntada e hilo), reúne numerosos trabajos de bordado basados en los diseños de August Macke que realizaran su esposa, Elisabeth, su suegra, Sophie Gerhardt, y la abuela de Elisabeth, Katharina Koehler.

La presentación, comisariada por la destacada historiadora de arte Dra. Ina Ewers-Schultz, quien coedita asimismo el catálogo de 150 páginas de la exhibición, examina por primera vez el fenómeno del bordado dentro del arte expresionista, precursor de la vanguardia de comienzos del siglo XX. El expresionismo rompió las fronteras entre los géneros, evoca la directora del Museo August Macke, la historiadora de arte Dra. Klara Drenker-Nagels en el prefacio de dicha publicación. Como parte de su enfoque artístico total para la permeabilización del arte y la vida, las y los artistas expresionistas crearon también utensilios de uso diario y realizaron actividades en el área de las artes aplicadas, agrega. 

Expresionistas como August Macke del grupo Der Blaue Reiter o Ernst Ludwig Kirchner, del colectivo Die Brücke, diseñaron esos bordados para transferir su pintura a la vida cotidiana, verbigracia a los aposentos y salas de las viviendas de la época. Los bordados seleccionados variaban según el uso final al que estaban destinados. 

Los objetos de aquella época elegidos aquí son confrontados con posiciones significativas de artistas contemporáneos que se han dedicado a este medio especial en su labor creativa. Las obras expresionistas de Vasili Kandinsky, Ernst Ludwig Kirchner, Fifi Kreutzer, August Macke, Franz Marc, Gabriele Münter, Christian Rohlfs y Marta Worringer, se dan la mano en estos meses con las de Robert Abts, Walter Bruno Brix, Jochen Flinzer, Angelika Frommherz, Sylvie Hauptvogel, Claudia Kallscheuer, Gisoo Kim, Alexandra Knie, Suscha Korte, Bea Meyer, Vanessa Oppenhoff, Barbara Wrede y Andrea Ziegler.

El arte y el diario vivir se combinaban en las telas y los adminículos bordados, y rompían de forma revolucionaria los límites entre el arte libre y el aplicado. Christian Rohlfs, Fifi Kreutzer y Marta Worringer diseñaron cuadros con motivos bordados para colgar de las paredes como pinturas al óleo, pero ejecutados con agujas e hilos de bellísimos colores. Lo de reproducir las tonalidades exactas era una tarea muy difícil. Aún cuando Macke, Marc o Kirchner anotaban exactamente las denominaciones de los colores o los fijaban a través de dibujos o acuarelas a color, no era fácil encontrar los matices correctos en los hilos de bordar. De ahí que las bordadoras se decidieran a menudo por conceptos cromáticos que se diferenciaban netamente de los originales, señala la conservadora Ewers-Schultz. 

Hay algo en esta antigua tecnología que fascina a los artistas de hoy, a pesar de que demanda mucho tiempo de labor o tal vez por eso mismo o por sus efectos psicoterapéuticos. Ya no se trata de cruzar fronteras. Más bien, el bordado se entiende hoy como un medio de expresión decididamente artístico, en el que la tradición y el presente se tocan de una manera especial.

Con puntadas e hilos, se pueden crear pequeñas obras de arte o instalaciones completas para habitaciones. El manejo del material es tan amplio como el espectro del contenido. Los enfoques biográficos, sociopolíticos y conceptuales se implementan de maneras diferentes. Los efectos ópticos, hápticos o táctiles desempeñan un papel sobresaliente, con el largo hilo que se extiende desde la obra de arte hasta cada uno de los más íntimos ambientes de un hogar.

Se prueban nuevos soportes para esas imágenes y la perforación se percibe también como un acto potencialmente agresivo. A veces se crean dos obras de arte en un único y simultáneo proceso de trabajo, si ambos lados de la imagen se conciben como independientes y su diseño es planificado desde un comienzo.

August Macke integró el grupo Der Blaue Reiter, fundado por Franz Marc y Vasili Kandinsky en 1911 en Sindelsdorf (Alta Baviera), y desde la primera de las legendarias exposiciones del movimiento en Múnich expuso obras junto a Henri Rousseau, Albert Bloch, David y Vladimir Burliuk, Heinrich Campendonk, Robert Delaunay, Elisabeth Epstein, Eugen von Kahler, Gabriele Münter, Jean-Bloé Niestlé y Arnold Schönberg, quien también pintaba, además de Marc y Kandinsky. Otros artistas cercanos al grupo fueron Marianne von Werefkin y Alexei von Jawlensky.

Varios músicos se adherirían asimismo a Der Blaue Reiter, ente ellos Alban Berg y Anton Webern, además de Schönberg. En la segunda muestra del Blaue Reiter en 1912 se integrarían otros artistas modernos, como Hans Arp, Georges Braque, André Derain, Paul Klee, Alfred Kubin, Kasimir Malévich y Pablo Picasso, así como miembros del grupo Die Brücke, fundado en Dresde en 1905 por cuatro estudiantes de arquitectura, Ernst Ludwig Kirchner, Fritz Bleyl, Erich Heckel y Karl Schmidt-Rottluff, a los que sumarían más tarde Max Pechstein, Otto Mueller y Cuno Amiet, así como, por corto tiempo Emil Nolde y Kees van Dongen.

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