250 aniversario de Ludwig van Beethoven

Beethoven, der Schöpfer und sein Universum (I)

Juan Carlos Tellechea
miércoles, 6 de mayo de 2020
Der Schöpfer und sein Universum © 2020 by Pantheon Der Schöpfer und sein Universum © 2020 by Pantheon
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El renombrado musicólogo Martin Geck, quien fuera catedrático emérito de la Universidad de Dortmund, nos ha legado una excelente y pormenorizada obra sobre Ludwig van Beethoven antes de fallecer, lamentablemente, el pasado 22 de noviembre en Bochum (Cuenca del Ruhr) a la edad de 83 años. No tuve el privilegio de conocerlo personalmente, pero recuerdo haberlo visto la década pasada en conciertos ofrecidos en diferentes ciudades de esta región. Beethoven. Der Schöpfer und sein Universum (Beethoven. El creador y su universo) se titula su postrera exégesis de casi 510 páginas publicada por la célebre editorial Pantheon / Siedler / Randomhouse de Múnich.

El libro de Geck es fascinante, algo así como una gran fuga beethoveniana, la suma del pensamiento de toda su vida sobre la música y en la música. No sigue en absoluto un orden cronológico estricto. Anteriormente ya nos había entregado con la misma sobresaliente calidad los resultados de sus investigaciones sobre las figuras de Johann Sebastina Bach y Dieterich Buxtehude, Wolfgang Amadé Mozart, Robert Schumann, Felix Mendelssohn Bartholdy, Richard Wagner, así como sobre Matthias Claudius y además un volumen sobre las canciones de Martín Lutero.

La obra de Beethoven es tan compleja como descomunal, pero el Dr. Geck ha hecho posible lo que parecía imposible. En su lectura se aprecian los finos hilos intelectuales con los que enlaza con amor y esmero, asi como con las herramientas más importantes del conocimiento cada uno de los 12 capítulos (más un epílogo) del contenido; el primero titulado Titanismo, de la mano de Napoleón Bonaparte, Wilhelm Furtwängler, Lydia Goehr; el segundo (Firmeza) con Johann Sebastian, Aldous Huxley y Glenn Gould; el tercero (Naturaleza) con Jean-Jacques Rousseau, Leonard Bernstein y Tintoretto.

En el cuarto capítulo (Locuras en torno a la Heroica) vamos con el príncipe Franz Joseph Maximilian von Lobkowitz (uno de sus principales mecenas), Wolfgang Robert Griepenkerl y Hans von Bülow; el quinto (Crisis existenciales, fidelidad a Dios y religiosidad del arte) con Johann Michael Sailer, Karl van Beethoven (su sobrino) y la inalcanzable Amante inmortal (todavía un enigma para los investigadores); el sexto (Fantástico) con William Shakespeare, Robert Schumann y Jean Paul; el séptimo (Trascendencia) con Friedrich Hölderlin, Caspar David Friedrich y Paul Nizon; el octavo (Estructura y contenido), el más largo y mejor acabado, con Georg Wilhelm Friedrich Hegel, Theodor W. Adorno y Paul Bekker.

El noveno apartado (Utopías) nos une con Richard Wagner, Thomas Mann y Hanns Eisler; el décimo (Componer a la sombra de Beethoven) con Franz Schubert, Felix Mendelssohn Bartholdy y Franz Liszt; el undécimo (Virtuosismo al piano bajo el signo de Beethoven) con Clara Schumann, Artur Schnabel y Elly Ney; el duodécimo (Beethoven en France) con Romain Rolland, Igor Stravinsky y Gilles Deleuze, y por fin el epílogo, irónicamente con y sin Johann Wolfgang von Goethe (tras su desencuentro con Beethoven  el 19 de julio de 1812 y algunos días subsiguientes, en el balneario bohemio de Teplice), en una comparación artístico-crítica entre los dos gigantes del romanticismo alemán.

Geck da excelentes muestras del seguro manejo de su propia lectura que se inspira en un vasto campo pasado por alto por muchos otros biógrafos. En el capítulo ocho (Estructura y contenido), brillantemente compuesto como expresamos más arriba, el autor envía al desesperado, pero naturalmente devoto Beethoven del testamento de Heiligenstadt, a caminar con Rousseau, pero también se encuentra con Karl Heinz Bohrer y su categoría de conmoción perceptiva, el impulsivo genotexto  Julia Kristeva (1974), que abarca todos los procesos semióticos (impulsos, sus disposiciones, la impronta que dejan en el cuerpo y el sistema ecológico y social que rodea al organismo [… ]), pero también la aparición de lo simbólico (la apariencia del objeto y el sujeto, la constitución del significado [… ]),  y que forma la base del lenguaje (comunicativo) que (Kristeva) utiliza con el término fenotexto; desde allí pasa por Roland Barthes, Pierre Boulez, Adorno; de regreso a Rousseau y después a Hans Werner Henze.

Cualquiera que haya encontrado algo exagerados los términos creador y universo del subtítulo, podría temer quizás al mirar el índice una refracción en las partes accidentalmente pequeñas, pero se equivocaría. Para Geck, Napoleón, Hegel, Gould y Deleuze son, sobre todo, grandes trampolines para sus propias líneas de pensamiento, muy libres. Los cambios de tempo al comienzo de la Sonata para piano número 17 opus 31/2 (La tempestad), hacen que el autor piense en un bebé recién nacido que abre sus ojitos después del sueño y comienza a patalear. No es necesario ver exactamente así las imágenes que despierta la obra; como tampoco otros compositores del género lo verían así.

La asociación se entiende a sí misma como una invitación a percibir la gestualidad del lenguaje corporal de  esta música que el análisis casi siempre  pasa por alto. El enojo y la violencia en Beethoven, cuando nos agitan y nos sacuden, eluden una visión penetrativa de las evoluciones armónicas y de los períodos musicales contabilizados. Geck ubica a la Grosse Fuge para cuarteto de cuerdas opus 133 de Beethoven -que a los contemporáneos les pareció como hablar en chino y a la posteridad como Nueva Música en el momento equivocado- en la tensión entre el orden del arte contrapuntístico más elevado, basado en Bach, y un furor en la expresión de una subjetividad desconocida hasta entones – un grito único.

Pero nada de soltar nombres sin ton ni son (nunca mejor dicho), porque sí no más; todo está expuesto como si se tratara de un caminante atento a su entorno. Así es como de paso se puede aprender lo más esencial sobre la música de Beethoven y un apéndice con notas, bibliografía, obras, así como un índice de personas abren el universo desde este lado, el del lector.  Rousseau sería testigo del cambio que experimentaría Beethoven, al pasar de ser un idealista hasta convertirse en un realista que ya no tiene que forzar en el arte lo que no quiere encajar en la vida.

Con algo de melancolía,  señala Geck, un erudito de la literatura como Bohrer puede reconocer las categorías de lo discontinuo, lo extático y lo contingente como centrales para la modernidad, mientras que la estética musical [...] pone su énfasis imperturbablemente en la coherencia, la lógica y la consecuente severidad del proceso, perdiendo así ocasionalmente el punto crucial.

Es probable que Geck no se haya hecho popular, en su momento, entre los musicólogos y sus agremiaciones.  Pero con su mente clara les ha llevado ventaja. Para el autor, Beethoven es el pensador en tonalidades musicales por antonomasia; es su pensador y el libro que nos ha entregado, y que va ya por la tercera edición, una obra referencial para conmemorar en este accidentado 2020 (por la pandemia del coronavirus) el 250º aniversario del nacimiento del genio de Bonn.

Notas

Martin Geck, "Beethoven. Der Schöpfer und sein Universum", Munchen: Pantheon, 2020. ISBN

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