Chequia

Festival Janáček Brno 2020 (1): Osud

Robert Ferrer Llueca
viernes, 2 de octubre de 2020
Philip Sheffield © 2020 by Festival Janáček Brno Philip Sheffield © 2020 by Festival Janáček Brno
Brno, lunes, 28 de septiembre de 2020. Teatro Janáček. Leoš Janáček: Osud (Destino), ópera en tres actos. Libreto de Fedora Bartošová. Estreno: Brno, 25 de octubre de 1958. Nueva producción del Teatro Nacional de Brno. Dirección escénica: Robert Carsen. Escenografía: Radu Boruzescu. Vestuario: Annemarie Woods. Iluminación: Robert Carsen y Peter van Praet. Coreografía: Lorena Randi. Philip Sheffield (Starý Živný), Enrico Casari (Mladý Živný), Alžběta Poláčková (Míla Válková), Natascha Petrinsky (Matka Míly), Peter Račko (Dr. Suda), Jan Šťáva (Lhotský), Lukáš Bařák (Konečný / Verva), Daniela Straková-Šedrlová (Slečna Stuhlá), Petr Hrůša (Doubek dítě), Michael Robotka, Petr Štych (Doubek), Michael Robotka (Poeta / Student), Andrea Široká (1. dáma / Slečna Pacovská), Tereza Kyzlinková (2. dáma / Paní majorová), Jitka Zerhauová (Stará Slovenka), Jana Hrochová (Paní radová), Hana Kopřivová (Mladá vdova), Pavel Valenta (Inženýr), Marta Reichelová (Součková), Jarmila Balážová (Kosinská), Ondřej Koplík (Hrázda), Martin Novotný (Sklepník). Coro infantil de Brno. Directora del coro infantil: Valeria Maťašová. Coro y Orquesta del Teatro Nacional de Brno. Director del coro: Pavel Koňárek. Dirección musical: Marko Ivanović.
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El pasado lunes se inauguró la 7ª edición del Festival Janáček Brno 2020 con una nueva producción de la ópera Osud (Destino) de Leoš Janáček, quizás una de las grandes obras escénicas menos conocidas del compositor moravo.

Compuesta entre los años 1903 y 1905 sobre un libreto de Fedora Bartošová, cuenta de manera casi autobiográfica las vivencias del compositor Živný junto a su amante Míla en el balneario de Luhačovice, precisamente mediante la composición de una ópera sobre el mismo asunto.

El público brunense estaba expectante ante el trabajo del director de escena canadiense Robert Carsen en su primer acercamiento a este título janáčekiano, respaldado por un equipo internacional y con un Teatro Nacional de Brno rendido completamente a sus encantos escénicos. La colaboración entre todos los miembros del equipo artístico y técnico para sacar adelante una producción de nivel internacional fue máxima y se notó.

La concepción escénica de Robert Carsen para Destino fue precisa y dinámica en todo momento, sin espacio para banalidades o movimientos escénicos ambigüos. Con una escenografía de Radu Boruzescu bastante funcional pero totalmente adecuada al libreto, dominada por el piano del compositor en el fondo y prácticamente la misma para los tres actos de la ópera (muy perspicaz ese movimiento en zoom hacia adelante para situar la escena familiar del segundo acto), aparecen elementos básicos polivalentes como unas sillas que llenan todo el espacio escénico.

Éstas sirven para poder plantear varios de los movimientos escénicos y sobre todo para crear la idea del teatro dentro del teatro que Carsen pretende resaltar aquí. El diseño de iluminación, realizado conjuntamente por el propio Robert Carsen y su colaborador habitual Peter van Praet, fue de una sensibilidad apasionante. La coreografía de Lorena Randi para los números corales y de conjunto fue muy vistosa, también gracias al vestuario diseñado por Annemarie Woods, totalmente adecuado a la época en que se desarrolla la historia.

En cuanto a los solistas, brilló por encima de todos la soprano Alžběta Poláčková (Míla Válková), con una dicción en checo perfecta, totalmente comprensible durante el canto y poseedora de una voz realmente bonita. No así la de Philip Sheffield (Starý Živný), cantante británico ya algo maduro y con una voz casi más cercana al musical que a la ópera. Aunque dramáticamente estuvo genial, su voz impotente y su checo a la inglesa provocaron un continuo deseo de que apareciera en escena el otro Živný, interpretado por Enrico Casari (Mladý Živný). El tenor italiano cantó con solvencia sus respectivos pasajes, mostrando una voz potente ya desde el primer acto y sin temer para nada los exigentes agudos presentes en este rol.

Como ya se habrá podido suponer, para el personaje principal del compositor Živný –que nos recuerda evidentemente al propio Janáček–, Robert Carsen optó por disponer a dos cantantes distintos como el viejo y el joven Živný. Idea escénica absolutamente aceptable, pero cuidando el contar con unos cantantes que estén totalmente a la altura también en lo vocal. Esa dualidad estuvo también presente en Doubek, el hijo de ambos protagonistas fruto de esa relación extramatrimonial, que igualmente apareció mediante no dos, sino tres intérpretes distintos: el niño Petr Hrůša (Doubek dítě) con su voz tierna y dulce, y la alternancia del tenor Michael Robotka y el actor Petr Štych en el papel del Doubek adolescente. Finalmente, Natascha Petrinsky (Matka Míly) actuó brillantemente, pero cantó con voz algo descontrolada y forzadamente este personaje de la madre de Míla, precedente sin duda de las posteriores Kostelnička (Jenůfa) y Kabanicha (Káťa Kabanová).

De entre los comprimarios, el más flojo fue sin duda Peter Račko (Dr. Suda), mientras que Jan Šťáva (Lhotský) estuvo completamente a la altura como ya nos tiene acostumbrados. Pero la gran sorpresa de la velada fue Lukáš Bařák (Konečný / Verva), con una excelente y rotunda voz de barítono que llenó en todo momento el escenario, lo que en general casi ninguno de los cantantes comprimarios antes mencionados llegó a conseguir (tampoco la acústica del Teatro Janáček de Brno es la mejor, pero en el caso de este cantante a nivel internacional no causó ningún problema). La voz punzante y severidad actoral de Daniela Straková-Šedrlová (Slečna Stuhlá) fueron ideales para el personaje de la maestra en el primer acto. Y entre los personajes secundarios, aunque solo se mostraron a través de breves intervenciones dentro del conjunto, quisiera destacar por sus interesantes voces a Jana Hrochová (Paní radová), Pavel Valenta (Inženýr) y Jarmila Balážová (Kosinská).

Mención aparte merece el Coro del Teatro Nacional de Brno. Tanto escénica como musicalmente, todos sus miembros actuaron y cantaron con una devoción absoluta a esta música que les es tan cercana, con extraordinarios números de conjunto dedicados por Janáček tanto al coro femenino (escena de las maestras con la señorita Stuhlá en el primer acto) como al masculino (escena de los educandos con Hrázda en el tercer acto), que resultaron realmente brillantes. También el coro infantil de Brno puso su granito de arena sumándose al coro general en una de las escenas del primer acto.

La Orquesta del Teatro Nacional de Brno acompañó acertadamente a los solistas, si bien el balance no estuvo demasiado bien especialmente durante el primer acto. Algunas de las breves intervenciones de los personajes secundarios apenas llegaron a oírse, lo que en gran parte fue debido a la poco sensible batuta de Marko Ivanović. Su discutible y poco precisa dirección musical se mostró insuficiente especialmente en momentos puramente orquestales como la obertura o el inicio del segundo acto, de los que se pueden sacar muchos más detalles sinfónicos. Definitivamente, Ivanović no es un director janáčekiano. En este sentido, seguimos estando en crisis desde hace ya diez años, cuando nos abandonó el gran especialista Sir Charles Mackerras. Pero bueno, esos fueron otros tiempos y lo que importa es que la música de Leoš Janáček sigue sonando y cosechando éxitos en todo el mundo. En definitiva, buen pistoletazo de salida para este tan esperado Festival Janáček Brno 2020 envuelto en mascarillas y con mucho por ofrecer durante los próximos días.

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