Alemania

Los periplos imaginarios de Víkingur Ólafsson

Juan Carlos Tellechea
lunes, 26 de octubre de 2020
Víkingur Ólafsson © 2020 by Sven Lorenz Víkingur Ólafsson © 2020 by Sven Lorenz
Mühlheim an der Ruhr, lunes, 28 de septiembre de 2020. Gran sala auditorio de la Stadthalle de Mühlheim an der Ruhr. Víkingur Ólafsson, piano. Claude Debussy, Preludio de la cantata La Damoiselle élue (arreglada por el compositor), Jardins sous la pluie (de Estampes); Serenade for the doll y The Snow is dancing (de Children's Corner); Des Pas sur la neige, La fille aux cheveux de lin (de Préludes Livre 1); Ondine (de Préludes Livre 2). Jean-Philppe Rameau, Suite en re (de Deuxième Livre des pièces de clavecin), Le Rappel des oiseaux, Rigaudon I – Rigaudon II et Double, Musette en rondeau.Tendrement, Tambourin, La Villageoise, Gigue en Rondeau I – Gigue en Rondeau II; Suite en re (de Premier Livre de pièces de clavecin), Les tendres plaintes - Rondeau, Les Tourbillons – Rondeau, L'Entretien des Muses, La Joyeuse – Rondeau, Les Cyclopes – Rondeau; Entrée pour les Muses, les Zéphyres, les Saisons, les Heures et les Arts (de la ópera Les Boréades (arreglos de Víkingur Ólafsson); Suite en sol (de Premier Livre des pièces de clavecin), La Poule, L'enharmonique, Menuets I & II, Les Sauvages, L'Egyptienne. Klavier-Festival Ruhr 2020. 25% del aforo, forzosamente reducido por las medidas sanitarias de higiene y prevención contra la pandemia del coronavirus.
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Del país insular de los géiseres nos llega este volcán: Víkingur Ólafsson, aclamado esta tarde en el Klavier-Festival Ruhr 2020 . Ólafsson ha reunido al compositor del barroco Jean-Phlippe Rameau y al del impresionismo, Claude Debussy, para contrastarlos en la gran sala auditorio de la Stadthalle de Mühlheim an der Ruhr, con una de las mejores acústicas de Alemania.

Sus expresivas interpretaciones en el Steinway D, dispuesto sobre el amplio escenario, orquestan sonidos maravillosos y transmiten un sinnúmero de diversas texturas a los oyentes. Ólafsson, (casi) siempre de buen humor, es un mago en eso de crear coloridas tonalidades, una revelación ante el teclado que, además, no rehuye hablar (en alemán) frente al público al término del recital de hora y media de duración, sin pausa, para agradecerles sus ovaciones y exclamaciones de aprobación, y para dejar en los bises Brouillards (de Préludes Livre II) de Debussy, y un más que estremecedor Ave Maria, de un compatriota suyo, Sigvaldi Kaldalóns.

El director general del festival, profesor Franz Xaver Ohnesorg abrió la velada -totalmente vendida, con una reducción al 25% del aforo por las medidas sanitarias y de prevención contra el coronavirus- y anunció de entrada que Ólafsson prefería que los espectadores aplaudieran al final, y no entre cada una de las nueve piezas previstas, para permitirle una máxima concentración. Y así fue.

Los temas forman parte del repertorio grabado por el pianista recientemente para el sello Deutsche Grammophon. Espectacular y brillante es su ejecución del Preludio de la cantata La Damoiselle élue, de Debussy, arreglada por el mismo compositor. Al instante advierte uno que Ólafsson ama esta literatura pianística; es meticuloso, claro, explora los sonidos con suma complacencia, las frases largas se extienden con elegancia y belleza, busca inspiración cada vez que inclina su torso exageradamente para acercar la mirada a pocos centímetros del teclado. En Debussy se encuentran todos los giros, todas las articulaciones y dinámicas concebibles para el piano.

La digitación es perfecta, su toque muy fluído, especialmente en la Suite en mi del Deuxieme Livre des pièces de clavecin, de Rameau, a la que se lanza sin un hacer alto para respirar. La yuxtaposición de estos dos universos musicales contrastantes se oye perfeccta. Las texturas de Rameau se complementan y singularizan con las de Debussy.

La minuciosidad de las articulaciones es impresionante. Le Rappel des oiseaux suena juguetón. Ólafsson se permite brevísimas cesuras en Rigaudon I – Rigaudon II et Double. Los ornamentos están bien ejecutados. Estas miniaturas introspectivas intrigan e inspiran la imaginación con sus divergencias de textura, color, tempo, atmósferas y estados de ánimo.

Ólafsson es un intelectual de mente lúcida y disfruta enormemente del carácter de esta música, aportándole autoridad y espontaneidad. Captura la naturaleza pastoral y reflexiva de Musette en rondeau. Tendrement, y el vigor de Tambourin, con sus aceleraciones y desaceleraciones. Pero siempre con su extraordinaria precisión.

La Villageoise, ingeniosa y encantadora se oye realmente muy alegre, antes de que el solista suba y baje el volumen en Gigue en Rondeau I – Gigue en Rondeau II, mientras fascina a la platea con una lluvia persistente de pulsaciones acalambrantes, como las de un telegrafista en sus clásicas épocas. El solista mamó literalmente la música de su madre que es profesora de piano, antes de profundizar su formación en la Juilliard School con Jerome Lowenthal y Robert McDonald. Más tarde sería alumno de Ann Schein.

Ólafsson revela una frescura centrada en la narrativa en las tres piezas de Debussy que vendrían a continuación, Jardins sous la pluie (de Estampes) que fantasea algún Oriente imaginario, Serenade for the doll y The Snow is dancing (ambas de Children's Corner). Los aspectos distintivos del estilo de Debussy son muy apreciables, pero interpretados con una vitalidad que crea una imagen sorprendente en la mente del espectador.

Tres Préludes de Debussy, Des Pas sur la neige y La fille aux cheveux de lin (ambos de Préludes Livre 1, de una alquimia muy personal ) y Ondine (del Prélude Livre 2), se intercalan con la Suite en re del Premier Livre des pièces de clavecin de Rameau (Les tendres plaintes – Rondeau, Les Tourbillons – Rondeau, y L'Entretien des Muses.

En Entrée pour les Muses, les Zéphyres, les Saisons, les Heures et les Arts (de la ópera Les Boréades) de Rameau, la belleza de las largas líneas melódicas, junto con su antífona, fluyen sin esfuerzo. Olafsson continúa este enfoque en la Fille aux cheveaux de lin y en Ondine, entregándoles ternura y espontaneidad. Para algunos, se trata más de impresiones visuales encerradas en cualquier marco, antes que de preludios. A los poderes mágicos de Ondine, el solista le agrega su irresistible energía musical en la imaginería que va creando con sus dedos en esta dramática ejecución.

Lo que distingue a Ólafsson de muchos otros pianistas es no solo su formidable técnica, sino su arte y visión para crear sus propios periplos imaginarios. Tiene un sonido peculiar que aporta una diafanidad refrescante a los melifluos sonidos de Debussy, tan llenos de misteriosas imágenes. La música fluye y fluye de un tema a otro sin solución de continuidad; extrae las notas como de una fuente surgente inagotable, borboteante. En Debussy se encuentran todos los giros, todas las articulaciones y dinámicas concebibles para el piano.

Una secuencia muy atractiva de las piezas de teclado más populares de Rameau, la Suite en sol (de Premier Livre des pièces de clavecin), nos lleva al final del concierto y de este peregrinaje: La Poule que picotea por doquier en el gallinero, L'enharmonique que nos invita a continuar por más horas sus prodigiosas interpretaciones, Menuets I et II, en las que no queda nada por investigar, Les Sauvages que no desemboca ni en caos ni en anarquías, y L'Egyptienne, exótica, misteriosa, rayana en la improvisación, constituyen un homenaje a este compsitor del barroco francés sin sentimentalismos ni clichés, pero con una sensación de melancolía que lo envuelve todo, mientras el silencio cae lentamente en la sala como el rocío en este otoño.

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