Artes visuales y exposiciones

200 Aniversario de Friedrich Engels

Juan Carlos Tellechea
lunes, 28 de diciembre de 2020
Vision und Schrecken der Moderne © 2020 by Von der Heydt-Museum Vision und Schrecken der Moderne © 2020 by Von der Heydt-Museum
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Friedrich Engels ya lo profetizaba en 1839 en sus cartas desde Wuppertal: la rápida industrialización generaría tanto allí como en otros lugares una veloz proletarización y pronto la ciudad y su entorno se convertirían en la Manchester alemana.

Con motivo de conmemorarse el bicentenario del nacimiento de Engels, el Museo von der Heydt de Wuppertal realiza en estos meses, desde el 17 de noviembre pasado al 28 de febrero de 2021 una muy interesante y vasta exposición titulada Vision und Schrecken der Moderne. Industrie und künstlerischer Aufbruch (Visión y horrores de la modernidad. La industria y el despertar artístico) que puede ser visitada vía internet durante estos días de confinamiento obligatorio por la pandemia del coronavirus.

Karl Marx y Engels habían analizado críticamente el sistema económico del capitalismo que surgió como resultado de la revolución industrial. La exposición, comisariada por las doctoras en historia del arte Antje Birthälmer (concepto general), Beate Eickhof y Anna Storm se interroga sobre cómo los aspectos culturales y sociales se reflejan en las artes visuales desde el siglo XIX hasta la actualidad. El catálogo de la muestra, publicado por el Museo von der Heydt, reúne trabajos de Birthälmer, Eickhof, Storm y Herfried Münkler, también historiadora de arte*.

Friedrich Engels nació en Barmen (hoy un distrito de Wuppertal), en el valle del río Wupper en 1820, en el centro de la industria textil del siglo XIX en esta parte de Alemania. Punto de partida del auge del desarrollo industrial con su dinámica mundial, la pintura de retratos, por ejemplo del artista Heinrich Christoph Kolbe, florecía aquí y reflejaba la nueva confianza en sí misma de la burguesía.

Carl Wilhelm Hübner. «Las tejedores silesios, 1844. © 2020 by Kunstpalast Düsseldorf.Carl Wilhelm Hübner. «Las tejedores silesios, 1844. © 2020 by Kunstpalast Düsseldorf.

Al mismo tiempo, alrededor de 1850, artistas de la Escuela de Pintura de Düsseldorf, entre ellos Carl Wilhelm Hübner y Johann Peter Hasenclever, tematizaban las difíciles condiciones de vida de los trabajadores. La exposición presenta asimismo la obra Die schlesischen Weber (1844) (Los tejedores silesios) que conoció Engels y la describió en sus escritos.

Bajo la influencia del naturalismo, artistas como Hans Baluschek en pintura, Max Klinger y Käthe Kollwitz en gráfica, Constantin Meunier y Bernhard Hoetger en escultura lidiaban intensamente con la difícil situación del proletariado desde la década de 1880. Con una alianza ominosa entre industria y militarismo, la Primera Guerra Mundial (1914 – 1918) marcó un punto de inflexión histórico.

La revolución industrial

Pronto se mostraría en el arte la heroicidad del trabajo y del trabajador, como es el caso del escultuor Meunier, quien se concentraba en la representación de los trabajadores, especialmente los mineros (e incluso las mineras, porque también trabajaban mujeres) en los yacimientos de la Valonia, en Bélgica. Ese camino de la representación realista del duro trabajo corporal fue seguido en el ámbito del arte germano-francés por el escultor Hoetger.

Heinrich Kley, «La fundición de acero» 1914. © 2020 by Landesmuseum für Industiekultur, Dortmund.Heinrich Kley, «La fundición de acero» 1914. © 2020 by Landesmuseum für Industiekultur, Dortmund.

Mineros y herreros estaban en el centro de la heroicidad del trabajo en un monumental cuadro histórico de Ludwig Dettmann, titulado Die Arbeit (1894) (El trabajo). La fascinación, pero al mismo tiempo la incertidumbre en vista de las nuevas máquinas que revolucionaban el mundo laboral, fueron tratadas por Heinrich Kley en su arte, como en la vista de la Gussstahlwerks bei Krupp (1906) (La planta de fundición de acero de Krupp), también llamada Kruppschen Teufel (El diablo de Krupp), que muestra las ciclópeas dimensiones de las fuerzas industriales.

Mientras un cuadro de Marianne von Werefkin muestra una Fundición de hierro en Oberstdorf (1912) (Eisengießerei in Oberstdorf), un lienzo de Max Beckmann hace otro tanto con la oscura imagen del medio ambiente marcado por la industria en Blick auf den Bahnhof Gesundbrunnen (1914) (Vista de la estación ferroviaria de Gesundbrunnen).

El paisaje industrial

Conrad Felixmüller, «Altos hornos, Plantas de Klöckner en la localidad de Haspe, de noche», 1927. © 2020 by VG Bild-Kunst, Bonn.Conrad Felixmüller, «Altos hornos, Plantas de Klöckner en la localidad de Haspe, de noche», 1927. © 2020 by VG Bild-Kunst, Bonn.

En la tensa situación de la postguerra, pintores como Conrad Felixmüller, George Grosz, Otto Dix y los progresistas de Colonia en torno a Heinrich Hoerle y Franz Wilhelm Seiwert se volcaron hacia iniciativas políticas de izquierda. El entorno medioambiental transformado y alienado completamente por la minería y la industria pesada se convierte en el tema de Felixmüller, cuyo óleo Hochöfen, Klöckner-Werke, Haspe, nachts (1927) (Altos hornos, Plantas de Klöckner en la localidad de Haspe, de noche) se ocupa del paisaje industrial moderno como fenómeno pictórico-atmosférico fascinante.

Carl Grossberg, «El caldero bronceado», 1933. © 2020 by Museo von der Heydt de Wuppertal.Carl Grossberg, «El caldero bronceado», 1933. © 2020 by Museo von der Heydt de Wuppertal.

Al mismo tiempo, artistas de la Nueva Objetividad, como Carl Grossberg, Max Beckmann o Franz Radziwill, quedaban impresionados por los fenómenos de este nuevo paisaje industrial, por la técnica y sus máquinas, así como por el dinamismo de la gran ciudad. En su imagen de Wilhelmshaven (1928) Radziwill elevaba la Nueva Objetividad a los niveles del Realismo mágico. Grossberg creó en la década de 1930 numerosos cuadros sobre la industria y su maquinaria que debían constituir un ciclo pictórico en Alemania, finalmente inconcluso.

El proletariado

Otro apartado de la exposición está dedicado a la consagración de los artistas al tema del proletariado, desde la década de 1880 hasta la de 1930, desde la crisis económica que llevó a la bancarrota a muchas familias ricas de la era guillermina hasta el ascenso de Adolf Hitler al poder (1933). Las relaciones de los artistas con el proletariado se transforman en este lapso, pasando desde la observación al compromiso social y a la radicalización política.

No solo las máquinas hicieron posible el desarrollo industrial, sino la explotación de la fuerza laboral; el pueblo trabajador a cuyas espaldas se llevó adelante la industrialización que condujo al gran progreso civilizatorio. Dentro del sistema social y económico capitalista el proletariado es la clase más desfavorecida que sufre masivamente la necesidad y la miseria.

Georg Scholz, «Agricultores industriales», 1920. © 2020 by Museo von der Heydt de Wuppertal.Georg Scholz, «Agricultores industriales», 1920. © 2020 by Museo von der Heydt de Wuppertal.

Con Max Klinger y Käthe Kollwitz, siguiendo planteamientos anteriores del siglo XIX, comenzaría un nuevo capítulo del giro hacia el tema del proletariado en el arte alemán; en los años 1880/1890, bajo la influencia del simbolismo y el naturalismo, desarrollararían una pronunciada conciencia de la realidad y de la miseria del proletariado.

Desde el realismo al expresionismo

Esto fue acompañado por un nuevo entendimiento estético en contraste con la ideología prevaleciente del emperador Guillermo II. Bajo la influencia del naturalismo francés, también de la literatura de Émile Zola, y del arte del Impresionismo, las tendencias hacia una representación fiel de la realidad encontraron su camino en el arte alemán. Pero tales imágenes de miseria social, contrarias a los ideales del arte académico "oficial", eran descalificadas por el emperador Guillermo II como "arte de la cuneta".

Así quedó claro que ya no se trataba solo de cuestiones estéticas, sino que había un conflicto ideológico más profundo entre la reivindicación de poder asociada al arte oficial y la comprensión de los valores, así como el significado del arte al lado de la vanguardia. Una mirada directa a los problemas sociales de la era del declive del período guillermino, tras la caída de la bolsa de valores la proporciona el ciclo de obras gráficas de Max Klinger titulado Dramas.

Como si lo hiciera bajo una lupa, Klinger estudiaba minuciosamente las tensas condiciones sociales que prevalecían en Berlín e incorporó sus impresiones en una serie de aguafuertes impresos en 1883. Con el trasfondo de los acontecimientos reales, Klinger ilumina las difíciles condiciones de vida de la clase social baja y, al hacerlo, caracteriza en particular también la lamentable situación de la mujer.

Crítica social y revolución

También se ocupa en el ciclo de las tensiones revolucionarias y los disturbios de la época. Los grabados de Klinger fueron seguidos por los de Käthe Kollwitz, quien - después de su matrimonio en 1891, viviendo en un barrio obrero de Berlín - se enfrentó directamente a la difícil situación del proletariado.

En sus grabados creados desde 1891, abordó específicamente la difícil situación del proletariado; inicialmente en representaciones de influencia simbólica, como la hoja “Aus vielen Wunden blutest Du, o Volk" (1896) (Tu sangras de muchas heridas, o pueblo), sacada del "Weberzyklus" (Ciclo de la rebelión de los tejedores) , o "Aufruhr" (1899) (Levantamiento), en la que retomó temas históricos con trasfondo revolucionario y los interpretó de manera moderna en referencia a la aguda miseria de su época.

Käthe Kollwitz, «Mujer trabajadora con pañoleta azul», 1903. © 2020 by Museo von der Heydt de Wuppertal.Käthe Kollwitz, «Mujer trabajadora con pañoleta azul», 1903. © 2020 by Museo von der Heydt de Wuppertal.

Un punto culminante de la obra gráfica de Käthe Kollwitz es su ciclo de grabados Bauernkrieg (1903 – 1908) (Guerra de los campesinos alemanes), en el que retomó un tema histórico que ya había atraído la atención en los círculos del Vormärz del siglo XIX.

En su relato del violento levantamiento de los campesinos contra la opresión y la anarquía, refiriéndose a la Guerra de los Campesinos de 1524/1525, Käthe Kollwitz abordó de nuevo los urgentes problemas del proletariado en su época.

Además de las representaciones de inspiración literaria e histórica, creó hojas sueltas como el retrato concebido de manera realista de una Mujer trabajadora con pañoleta azul (1903), en el que se concentró con simpatía en un destino individual.

Expresionismo

Junto a Käthe Kollwitz, Heinrich Zille y Hans Baluschek se encontraban entre los realistas de Berlín que proporcionaban una visión auténtica y directa de las condiciones de vida de la clase más modesta alrededor de 1900. En sus fotografías, Zille ha captado lugares y situaciones típicas de Berlín del mundo proletario, motivos que en realidad eran "indignos para un cuadro"; fotografías que también permitían (y permiten) extraer conclusiones sobre las cambiantes condiciones como resultado del acelerado desarrollo de la producción industrial.

Es su mirada directa e implacable la que le ha dado la reputación de ser un satírico del "Milljöh" (del francés milieu, medio, ámbito y condición social). Entre los representantes del arte realista y socialmente comprometido se encuentra Hans Baluschek, considerado un pintor que interpreta los lados sombríos de la metrópoli industrializada de Berlín. Baluschek asumió la dura realidad de la vida de la población trabajadora, especialmente de las mujeres trabajadoras, esto es, las proletarias.

Hans Baluschek, «Trabajadoras», 1900. © 2020 by Stiftung Stadtmuseum, Berlin.Hans Baluschek, «Trabajadoras», 1900. © 2020 by Stiftung Stadtmuseum, Berlin.

Su pintura de gran formato Arbeiterinnen (1900) (Trabajadoras) muestra la monotonía y la carga de la vida cotidiana de las trabajadoras de las fábricas, mientras que su acuarela "Zechenarbeiterinnen auf einer Hängebrücke" (1913) (Trabajadoras de las minas en un puente colgante) representa el ambiente hostil del paisaje industrial.

Conrad Felixmüller y Christoph Voll se encuentran entre los representantes de la segunda generación del expresionismo que surgió en Dresde durante y después de la Primera Guerra Mundial. Mientras que el arte de Felixmüller trata de la agitación revolucionaria y de la salida de esa Gran Guerra a la Revolución de Noviembre y los disturbios en el período de posguerra, Voll se ocupa del procesamiento del sufrimiento personal que al mismo tiempo refleja las experiencias colectivas de la época guillermina.

La fotografía

Peter Keetmann, «Llantas, fábrica Volkswagen, Wolfsburg», 1953. © 2020 by F. C. Gundlach.Peter Keetmann, «Llantas, fábrica Volkswagen, Wolfsburg», 1953. © 2020 by F. C. Gundlach.

Un capítulo aparte de la exposición es la exploración de la fotografía y la arquitectura industrial: desde su descubrimiento como objeto digno de ilustración en la década de 1920 por Eugen Batz o Albert Renger-Patzsch, cuya obra fotográfica expresa el espíritu de una nueva era, el desarrollo conduce a la documentación artística de la época. 

Por ejemplo en la denominada “Fotografía subjetiva” de Peter Keetmann en la década de 1950 o en el decenio de 1970 con Heinrich Heidersberger.

Maarten Vanden Eynde, «Planeta de plástico», 2014. © 2020 by Philipe De Gobert.Maarten Vanden Eynde, «Planeta de plástico», 2014. © 2020 by Philipe De Gobert.

La exposición termina abiertamente y da un salto en el tiempo: a posiciones del arte contemporáneo, entre otras de Andreas Siekmann, Thomas Locher, Maike Freess y Maarten Vanden Eynde. Debido a que la industrialización y sus consecuencias son actualmente objeto de fuertes críticas: los artistas denuncian la globalización y la destrucción del medio ambiente, el materialismo y la militarización y muestran la pérdida de control sobre los desarrollos técnicos. El diagnóstico histórico de Friedrich Engels se confirma hoy: la visión de una modernidad mejor solo puede emerger cuando se reconocen los horrores de la sociedad capitalista.

Notas

Roland Mönig & Antje Birthälmer, «Vision und Schrecken der Moderne. Industrie und künstlerischer Aufbruch», Wuppertal: Von der Heydt-Museum, 2020, 189 Seiten. ISBN 978-3892021056

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