Italia

Un Donizetti tan desigual como interesante

Jorge Binaghi
miércoles, 2 de diciembre de 2020
Gaetano Donizetti © Dominio público Gaetano Donizetti © Dominio público
Bérgamo, sábado, 21 de noviembre de 2020. Teatro Donizetti. Belisario (4 de febrero de 1836, La Fenice, Venecia), libreto de S. Cammarano sobre la adaptación (L. Marchionni) de Belisarius de E. von Schenk, y música de G. Donizetti. Versión en forma de concierto (streaming). Intérpretes: Roberto Frontali (Belisario), Carmela Remigio (Antonina), Celso Albelo (Alamiro/Alessi), Annalisa Stroppa (Irene), Simon Lim (Giustiniano), Klodjan Kacani (Eutropio), y otros. Coro y Orquesta de la Donizetti Opera (maestro de coro: Fabio Tartari). Dirección de orquesta: Riccardo Frizza
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Si uno se fija en las fechas, menos de un año pasó entre el estreno de Marin Faliero (la obra que abrió este Festival sin público y aquí comentada) y este Belisario , segundo de los títulos aunque sin el elemento escénico (a juzgar por los resultados del anterior, menos mal). En el medio, nada menos que Lucia . Así que a limpiarse la boquita antes de mirar al prolífico Gaetano por encima del hombro. Estos tres títulos en año a ver quién los escribe y mejor –si no es tal vez Rossini, o, claro está, el inalcanzable Wolfgang A…

De modo que decir ‘desigual’ no es decir ‘malo’. Al contrario este título merecería mayor difusión (yo lo había visto hasta ahora sólo una vez en condiciones más bien modestas en Buenos Aires, y seguramente es la primera y última vez que escribo una reseña mientras no quiero saber aún los tres títulos clásicos y algunas reinas Tudor que me quedan y en qué condiciones). Si uno se toma el trabajo de volver sobre el fundamental libro de Ashbrook sobre el autor encontrará una frase de éste en la que, reconociendo la superioridad de Lucia, defiende su Belisario. Ashbrook achaca en parte a la relativa inexperiencia de Cammarano  (pese a que había ya escrito el fantástico libreto de Lucia) y al antipático personaje de Antonina  las debilidades de la obra. Puede ser. Pero lo que sucede, desde mi punto de vista, es la lucha que se instala entre lo nuevo y lo convencional (y a veces trivial).

Si se toma la obertura creo que lo tenemos claro: el primer y más breve movimiento es fantástico; luego viene lo de siempre (y ‘lo de siempre’ no es de lo más inspirado). Entre las partes ‘íntimas’ o ‘privadas’ de la obra y las ‘públicas’ (coros, marchas, la figura de Giustiniano y los comprimarios) las primeras prevalecen con fuerza. La figura del protagonista (sin aria, pero con dúos y frases poderosas), general victorioso y traicionado, pero sobre todo padre torturado hacen una figura predecesora de, sobre todo, el Boccanegra verdiano (y mido mis palabras); pasa casi lo mismo (aunque tiene un aria no demasiado maravillosa al comenzar la obra) con la hija ‘oficial’, Irene, una mezzo visto que la primadonna era la Ungher (no pienso explicar quién era). Ya se va viendo de qué mimbres hay que disponer sin haber hablado de la difícil parte del tenor. Hay que decir que la obra no ha tenido demasiada suerte en tiempos recientes, a excepción del protagonista de Giuseppe Taddei en la última parte de su inmensa carrera.

Aquí tuvimos dos reemplazos: Domingo iba a debutar en el Festival  y en el papel, pero su salud se lo impidió; Davinia Rodríguez (que ya tuvo que cancelar a último momento la Lady de Macbeth en Parma) anuló también. Sinceramente creo que hubo una gran suerte en los sustitutos, en mi opinión mucho más adecuados que los previstos en un principio. Frontali es un muy buen cantante y en estos momentos esta parte le viene como anillo al dedo como demostró todo el tiempo (un agudo velado o forzado en algún momento del principio es perfectamente comprensible). El también debutaba en el Festival y se lo vio perfectamente cómodo y dominando la parte (es cierto que con partitura, pero se reconoce enseguida cuando el artista está seguro).

 Remigio es una profesional sólida y trabajadora aunque a mí no me resulte ‘carismática’ ni su voz me parezca privilegiada (y la frase que precede a su primer aria –‘immenso è il mio dolore’- manifestó los previsibles límites en el grave aunque no sea la de Amneris). Cantó bien, con algunos agudos tirantes, y en ciertos momentos no pudo evitar el típico gesto de solfeo, pero todo lo que hizo fue muy digno.

Albelo cantó muy bien salvo una atonía en el cantabile de su aria del segundo acto aunque se recuperó en la espléndida cabaletta (esa que Verdi criticaba por la palabra ‘sterminatrice’ ya que conoció la obra cantada por su futura mujer, la Strepponi, en la misma temporada que estrenaba su Nabucco en Milán, y que Donizetti reconocía que la ponía mucho más en aprieto que su partitura). Pero su mejor momento estuvo en el gran dúo del primer acto con el barítono.

Stroppa siempre me ha parecido una excelente cantante, pero tampoco ella al principio (justo en el aria) estuvo en su mejor día aunque se recuperó para el gran dúo con Belisario (el mejor momento de la obra sin duda) del segundo, y en el resto mostró su categoría.

Lim estuvo correcto aunque tropezó con algún agudo, y de los comprimarios, buenos en general, destacó netamente Kacani a quien sería interesante oír en un papel más largo (aquí tiene una intervención bastante destacada pero sólo en el primer acto, donde también cantó, con menos responsabilidades pero igual rendimiento que en el Faliero, Anaïs Mejías como la confidente de Irene, Eudora).

Los artistas cantaron en el patio de butacas, pero sin estructuras tubulares como en Faliero, y hay que reconocerle a Frizza la capacidad de concertación en una posición incómoda. La orquesta y el coro estuvieron tan adecuados como el día anterior, aunque la labor del segundo me pareció mejor en esta ocasión.

De nuevo el final silencioso dejó una sensación de tristeza.

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