250 aniversario de Ludwig van Beethoven

Ludwig van Beethoven, der Gehörte und der Gehörlose

Juan Carlos Tellechea
miércoles, 16 de diciembre de 2020
Beethoven, der Gehörte und der Gehörlose © 2020 by Herder Verlag Beethoven, der Gehörte und der Gehörlose © 2020 by Herder Verlag
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La sordera de Ludwig van Beethoven, los efectos sobre su situación psicosocial y los tratamientos que aplicaría la medicina actual para curar o mitigar su dolencia fueron objeto de un simposio científico celebrado en Bonn con motivo de las celebraciones por el 250º aniversario del nacimiento del genial compositor alemán.

Si bien no se conoce el diagnóstico exacto de su discapacidad auditiva, Beethoven probablemente podría seguir oyendo con ayuda de los modernos avances médicos de hoy, afirma el profesor Dr. Bernhard Richter , director del Instituto de Medicina especializada en enfermedades, lesiones y distonías que padecen los músicos, de la Clínica Universitaria de Friburgo. Richter es otorrinolaringólogo y especialista en foniatría, así como en audiología infantil, además de cantante, músico y pedagogo en este campo artístico.

En el simposio, titulado Ludwig van Beethoven, der Gehörte und der Gehörlose (Ludwig van Beethoven, el oído y el sordo) * , y realizado en cooperación con la Clínica Universitaria de Bonn participaron facultativos y musicólogos que examinaron de forma especial el impacto de la sordera de Beethoven sobre su psique y sobre su situación social. Entre otras cuestiones, se analizaron asimismo las posibles causas de su pérdida de audición y las terapias que podría aplicar la medicina moderna para curar su enfermedad.

El encuentro tuvo lugar los días 16 y 17 de octubre en la sala auditorio del Centro de Biomedicina (BMZ) de la Clínica Universitaria de Bonn en el edificio número 13 del campus de la colina de Venusberg que domina parte de la ciudad. Rápidamente se evidenció en el simposio que Beethoven y la investigación médica estaban y están más estrechamente relacionados de lo que uno se hubiera podido imaginar en un principio. El compositor no solo fue un revolucionario en temas musicales y sociales, sino que, como paciente crónico, atendido permanentemente por los galenos, también estaba muy interesado en el progreso médico,

La editorial Herder, de Friburgo, acaba de publicar un libro, titulado Ludwig van Beethoven, der Gehörte und der Gehörlose ,con las ponencias presentadas en el simposio y sus resultados, al cuidado del profesor Dr. Bernhard Richter, el profesor Dr. Wolfgang Holzgreve, director y presidente del directorio de la Clínica Universitaria de Bonn, y la profesora Dra. Claudia Spahn, especialista en medicina psicoterapéutica y directora del referido Instituto de Medicina especializada en las dolencias que afectan a los Músicos de la Universidad de Friburgo.

Beethoven padecía de una sordera casi total en los últimos años de su vida, pero a pesar de ello pudo componer algunas de sus obras más importantes, incluida la celebérrima Novena Sinfonía, con su no menos famosa Oda a la Alegría, y la Missa Solemnis. Las trágicas condiciones en las que escribió esas magistrales composiciones explican asimismo, en parte, la admiración universal por el compositor nacido en Bonn.

Hoy con los nuevos desarrollos tecnológicos aplicados a la medicina, Beethoven podría ser operado, se le podría introducir tal vez un implante coclear interior o exterior al cráneo o, según los casos, se le podrían prescribir audífonos o audífonos electrónicos que definitivamente podrían haber mejorado su capacidad para conversar e intercambiar con los demás. En sus postreros años, el compositor oía tan mal que desde 1818 se comunicaba por escrito con ayuda de cuadernos. Sus interlocutores escribían allí sus comentarios y Beethoven los leía antes de responderles.

Beethoven también utilizaba trompetas de oído que funcionaban bajo el principio de capturar y luego amplificar los sonidos. Estos grandes dispositivos se exhiben en la Beethovenhaus de Bonn, la casa natal del compositor. Por supuesto, estos adminículos eran solo útiles para quienes padecían una sordera leve, pero de poco o nulo provecho para quienes sufrían de una disminución moderada o alta de ese sentido corporal. Además, como eran demasiado llamativos, mucha gente se avergonzaba de su uso. De ahí que se fabricaran, ya avanzado el siglo XIX, con diseños y formas que estéticamente los hacían parecer un adorno de la vestimenta, como si fuesen una joya, un colgante o incluso una flor en el sombrero del usuario.

Los diagnósticos diferenciales que se discuten en relación con la sordera de Beethoven podrían ser perfectamente aclarados con los procedimientos audiológicos y radiológicos (tomografías computerizadas), y si fuera necesario también serológicos, disponibles en estos momentos. Hoy se puede diferenciar nítidamente si se trata de una pérdida auditiva neurosensorial o conductiva. Con el diagnóstico audiológico y radiológico sería perfectamente posible además investigar qué perturbación causó los síntomas de Beethoven, afirman los facultativos.
En sus cartas y testimonios de su propia pluma, Ludwig van Beethoven formulaba interesantes referencias anamnésicas a su siempre creciente pérdida de la audición. A lo largo de los años se quejaba de la disminución masiva de la capacidad auditiva que comenzó con una pérdida inicial de las frecuencias altas, lo que le hizo más difícil percibir ciertos instrumentos y voces de cantantes, agregan.
También percibía un atormentante zumbido en los oídos, la creciente disminución de su comprensión del habla y síntomas como la hiperacusia; un umbral de malestar más bajo le causaría psicológicamente tanto daño que incluso llegó a considerar el suicidio, señalan los médicos entre algunas de sus consideraciones más importantes.
Hoy en día entendemos la desesperanza de estos tratamientos no específicos que aplicaron médicos bien intencionados, subrayan. El trastorno auditivo de Beethoven podría ser tratado en la actualidad de una manera mucho más específica. Además en su época las pruebas para medir la pérdida de audición eran muy limitadas.
El conocimiento de la fisiología auditiva era todavía muy rudimentario. Si bien el fenómeno de la audición por conducción ósea ya había sido descrito por Girolamo Cardano en 1550 y desde los trabajos de Hieronymus Capavecci (fallecido en 1589) se diferenciaba entre la conducción ósea y la aérea de la audición para una posible aplicación clínica, estos conocimientos no se utilizaban rutinariamente para la clasificación diagnóstica de los trastornos auditivos.
Por otra parte, no había todavía instrumentos adecuados disponibles para realizar pruebas de audición de forma estandarizada. Pese a que se utilizaba el diapasón, desarrollado en 1711 por el trompetista y laudista John Shore , su uso, así como el de otros audífonos se utilizó en los diagnósticos clínicos en el curso del siglo XIX, pero después de la muerte de Beethoven, apuntan.

El compositor padecía además varias otras enfermedades, afirma el profesor Dr. Richter. Todo el mundo siempre piensa en la pérdida de la audición. Pero sufría mucho de problemas estomacales, cólicos abdominales, ictericia y cirrosis, así como jaquecas, y era tratado constantemente por médicos, subraya el otorrinolaringólogo y director del instituto de Friburgo.

Esos problemas del sistema digestivo los había tenido toda su vida, así que pasaba en cama durante semanas para recuperarse. Fue más debido a todos estos trastornos que a su sordera que no pudo componer con más frecuencia, añade Richter. Los problemas de audición le fueron tratados en aquel entonces con gotas a base de aceite de almendras o algodones de rábano picante o determinadas variedades de té o baños tibios con agua del Danubio, entre otras substancias naturales.

Estoy (...) casi siempre enfermo, se quejaba Beethoven en una oportunidad. Todas esas dolencias son hoy curables o es posible mitigarlas con medicamentos, acota Richter, quien evoca asimismo que el compositor había tenido contínuamente grandes miedos y que varias veces había hablado de acabar con su vida. Su sordera repercutía en problemas psicológicos.

El encuentro se ocupó también del capítulo dedicado a las mujeres en la biografía de Beethoven. Se sabe mucho sobre los numerosos intentos del compositor, finalmente en vano, por encontrar una esposa, señala Richter. Beethoven, quien pasó la mayor parte de su vida en Viena, sentía que debía pertenecer a la nobleza y estaba constantemente enamorado de sus alumnas de piano.

Paradójicamente, el aislamiento social es el fenómeno que actualmente nos conecta con Beethoven, desencadenado para él por su sordera, y para nosotros por la pandemia del coronavirus, con el confinamiento, las dificultades en la comunicación personal y las restricciones en los viajes.

Tengo que poder divertirme todavía, escribía Beethoven una vez en una carta. Si no fuera por mi sordera, habría viajado por medio mundo durante largo tiempo, agregaba. Tampoco él podría viajar más en nuestros tiempos de sindemia ni ejercer su profesión de pianista ni de director de orquesta; solo podría trabajar desde su casa.

Conoció lo que son las enfermedades graves por las experiencias observadas a su alrededor, apunta el médico al describir los años del joven Beethoven en Bonn. Su madre, probablemente, murió de tuberculosis y el padre se alcoholizó al límite , tras el fallecimiento de su mujer. Por esa razón, y con menos de 20 años de edad, Ludwig van Beethoven se convirtió por decisión judicial en jefe de familia y tuvo que hacerse cargo de sus hermanos menores.

Uno de sus confidentes más cercanos en Viena, con quien Beethoven estaba frecuentemente en contacto, fue el doctor Franz Wegeler, cuyo descendiente directo Felix Wegeler, junto con el director de la Casa de Beethoven, Malte Boecker, presentaron también sendas contribuciones al simposio.

El simposio se celebró bajo las más estrictas medidas de higiene y prevención dictadas por las autoridades sanitarias para prevenir y combatir el COVID-19: con el uso de mascarillas, manteniendo las distancias entre los participantes y limitando su número; una experiencia que no llegó a conocer Beethoven en esta amplitud e intensidad.

Realmente no puede ser una mera coincidencia que estemos celebrando el 250º aniversario de Beethoven en el año de la pandemia. Debido a que Beethoven era un precursor del distanciamiento social, lo experimentó de primera mano y encontró las formas y los medios para enfrentarlo de manera constructiva, señala Boecker al abordar otro punto importante: pese a todas las enfermedades y al aislamiento social, Beethoven siempre perseveró, continuó y creó obras inmortales en ese proceso. Eso inspira valor, especialmente en tiempos como estos, y demuestra que Beethoven también puede servir como modelo a seguir en este sentido.
Notas

Bernhard Richter / Wolfgang Holzgreve / Claudia Spahn (Hg.), «Ludwig van Beethoven: der Gehörte und der Gehörlose Eine medizinischmusikalisch-historische Zeitreise», Freiburg: Herder, 2020, 240 Seiten.

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