España - Cataluña

‘The Best of Mitridate’

Jorge Binaghi
lunes, 7 de diciembre de 2020
Fuchs y Minkowski  © 2020 by A. Bofill Fuchs y Minkowski © 2020 by A. Bofill
Barcelona, miércoles, 2 de diciembre de 2020. Gran Teatre del Liceu. Mitridatere re di Ponto (Milán, 26 de diciembre de 1770). Libreto de Vittorio Amedeo Cigna-Santi y música de W. A. Mozart. Intérpretes: Michael Spyres (Mitridate), Julie Fuchs (Aspasia), Elsa Dreisig (Sifare), Paul-Antoine Benos-Dijan (Farnace), y Adriana Bignani (Arbate). Versión de concierto. Les Musiciens du Louvre. Director: Mark Minkowski
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Aunque hablando en su maravilloso francés, Minkowski, que también hizo de narrador de la trama, muy extrovertido, usó esa frase en inglés para justificar que esta versión fuera en realidad un florilegio de los números principales (alguno no tanto) de la ópera. Y se explica bien: las dos funciones previstas cayeron víctimas del nuevo cierre. Aunque en Valencia se pudo hacer completa una vez aquí, para reabrir el Liceu (de nuevo con Mozart), hubo que utilizar una sola fecha para los dos conciertos previstos. Añádase el toque de queda y las casi tres horas quedaron en la mitad, una primera vez a las 17, la segunda a las 20.30 (con respectivos tests para los artistas, más el del día anterior para realizar las pruebas). Buena voluntad, mucho deseo de debutar en el Liceu, y puesto a empuñar las tijeras cayó el único personaje ‘romano’ (Marzio) y el personaje femenino más positivo (Ismene), cosa que me sabe particularmente mal sobre todo por su última aria. Se mantuvo en mínimos a Arbate, pero con su aria (que hasta ahora se solía cortar, ‘L’odio nel cor frenate’).

Hubo cambios, cuándo no, por motivos de pandemia, pero mientras el Farnace del joven Benos-Dijan era digno y no mucho más (mejor en su gran escena final -que un muchacho entre los catorce y los quince la haya escrito no sé si causa más emoción o vergüenza- que en su primera aparición), Spyres por fin dio muestra en el Liceu de su valía y su nivel que hasta ahora, por los personajes elegidos, no había logrado entusiasmar. Me tengo que remontar a Sabbatini o Blake para encontrar algo igual, y con respecto al primero ligeramente superior. Sus tres endiabladas arias y sus (pocos, ay) recitativos -siempre son los que más sufren en los cortes, y también en esto aquel muchachito daba la talla y cómo- fueron portentosos: los saltos del grave al agudo, las messe di voce, las agilidades…. 

Y con un Minkowski que, respecto de su versión salzburguesa de hace quince años, parece haberse crecido dando una lección en cuanto a dinámica, ritmo, dosificación del volumen, siempre con ‘su’ orquesta con la que mantiene una relación tan especial (hizo saludar también al músico en la gran aria de Sifare con corno ‘obbligato’ -otro monumento de la partitura, ‘Lungi da te mio bene’), y sobre todo infundiendo a la partitura una vitalidad desde la magnífica obertura (el adolescente Mozart era tan genio como el joven -creo que nunca, por suerte para él, llegó a maduro) que hizo doblemente doloroso haber perdido la continuidad dramática.

Así como la mezzo Bignani fue a por todas en lo poco que le tocó hacer (tiene un grave espléndido y es capaz de realizar las agilidades aunque pienso que su repertorio será otro, y deberá corregir sus ‘r’, que sonaban a disparos de metralla), el imposible rol de Aspasia fue muy bien cubierto por Fuchs, una líricoligera de altos vuelos, en especial en zona aguda (el grave es más bien insuficiente, pero aquí no importa tanto, y puede mejorar alguna que otra nota filada, pero lo que es urgente es que se pueda entender su italiano … que las ‘e’ finales suenen como ‘i’ es un detalle más que revelador). Así, después de Spyres, quien me resultó más interesante fue Dreisig, una lírico plena, con excelente extensión, centro e italiano… 

Momento de la interpretación de 'Mitridate' de Mozart. Dirección musical, Mark Minkowski. Versión de concierto. © 2020 by A. Bofill /Teatro del Liceu.Momento de la interpretación de 'Mitridate' de Mozart. Dirección musical, Mark Minkowski. Versión de concierto. © 2020 by A. Bofill /Teatro del Liceu.

Hubo aplausos muy fuertes y varios ‘bravos’ que sonaron a agradecimiento, pero que resonaron como escasos en una sala con demasiados claros: es cierto que a teatros de la capacidad del Liceu permitirles un máximo de 500 espectadores es un disparate total, que hace casi inviable el desarrollo de la temporada (esperemos que rectifiquen, porque ayer se llegaba a algo menos del 22% y el espectáculo era desolador), pero lo que se entiende poco -o se puede entender, pero deja muy pensativo- es que quienes habían comprado una entrada no se presentaron en gran parte a ninguna de las dos funciones (piense el lector lo que es ejecutar esta obra, aunque sea en una ‘amplia selección’, dos veces en el mismo día).

Había un gran concierto, aunque reducido justamente en atención al público: ¿Miedo? ¿Apatía? No creo que todos hayan estado enfermos o resultado víctimas del virus. Yo pertenezco a uno de los denominados ‘grupos de riesgo’ y estoy harto de oír (que no escuchar) que mejor no salgo de casa más que para lo indispensable, etc.

No nos quejemos luego de lo que le pase a la cultura si somos los primeros en no ir al cine, al teatro, a un concierto: también hay que plantar cara al mal tiempo. No hay por qué ser negacionista (no voy a citar nombres que son indignos de figurar junto a Mozart) para saber que el ‘coraje’ (me resisto a creer que lo sea) es una primera respuesta de afirmación ante un virus que cada vez más se me antoja una metáfora de la enfermedad de nuestra sociedad. Y si al virus le das Mozart estoy dispuesto a apostar por el ganador.

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