Discos

De turcos y tártaros

Raúl González Arévalo
martes, 8 de diciembre de 2020
Antonio Vivaldi: Il Tamerlano, tragedia para música en tres actos con libreto de Agostino Piovene (1735). Edición crítica de Bernardo Ticci (2019). Variaciones de Ottavio Dantone. Bruno Taddia (Bajazet), Filippo Mineccia (Tamerlano), Delphine Galou (Asteria), Sophie Rennert (Irene), Marina De Liso (Andronico), Arianna Venditelli (Idaspe). Accademia Bizantina. Ottavio Dantone, director. Tres CD (DDD) de XXX minutos de duración. Grabado en la Sala Oriani Antico Convento San Francesco de Bagnacavallo (Rávena, Italia), del 7 al 16 de febrero de 2020. Vivaldi Edition vol. 65. NAÏVE OP 7080
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Aunque el pastiche como género está bastante denostado a día de hoy por la supuesta falta de originalidad y el aprovechamiento de músicas ajenas, lo cierto es que durante el Barroco fue una práctica aceptada y difusa. No hay genios que no pergeñaran pastiches. Handel, sin ir más lejos, preparó catorce, de los que el más conocido fue Giove in Argo. A su vez, su Rinaldo fue profusamente modificado por Leonardo Leo para una versión napolitana recientemente sacada a la luz en Martina Franca (DVD Dynamic). 

Vivaldi no se quedó atrás. Algunas de las obras que han alcanzado popularidad en los últimos años pertenecen a este género: Tito Manlio y Dorilla in Tempe han sido grabadas por Naïve. Pero sin duda la veda la abrieron Fabio Biondi y su Europa Galante con Bajazet, lanzada con un reparto estelar para Virgin Classics en 2005, y objeto de una gira triunfante con un resultado más terrenal. Sobre la misma senda Biondi y L’Europa Galante recuperaron además L’Oracolo in Messenia (Virgin Classics) y publican ahora Argippo con Naïve, en edición crítica que ha procurado también Bernardo Ticci.

Antes de ese Argippola colección Vivaldi edition ha publicado este Il Tamerlano, que no es otro que el mismo Bajazet de Biondi pero con el título del libreto, pues el palermitano optó por emplear el que figuraba en la partitura autógrafa, avalado además por el hecho de que el turco es el auténtico protagonista de la obra. Era también el caso de la ópera de Gasparini estrenada en 1711, cuyo libreto reutilizaron Vivaldi y Handel. Además, hace quince años Biondi presentó su propia edición. 

Para esta grabación se ha recurrido a la edición crítica de Bernardo Ticci, que se distingue fundamentalmente en que Biondi reconstruyó tres de las cinco arias que faltaban en la partitura autógrafa, mientras que Ticci ha proporcionado música para los cinco números ausentes. Y, sobre todo, la diferencia radica en que Biondi procuró recurrir a obras del mismo período y estilo, (Atenaide, Rosmira fedele y Semiramide) y Ticci, por el contrario, se ha mostrado más ecléctico en sus elecciones, de modo que además de Atenaide, comparecen Candace, Orlando furioso y Arsilda e incluso recurre a la Nitocri, regina d’Egitto de Giacomelli, perfectamente adecuada en el espíritu de un pastiche. Las fuentes ya fueron identificadas por el gran musicólogo Reinhard Strohm, firmante de los tres artículos de las notas, dedicados a la edición vivaldiana, la estancia en Verona y la relación con los cantantes más significativos.

Para quien no conozca la obra, incluye música de Vivaldi (procedente de L’Olimpiade, Il Giustino, Semiramide, Teuzzone, Motezuma, Farnace y un Tamerlano de 1727), Giacomelli (Alessandro Severo, Adriano in Siria, Merope), Broschi (Idaspe) y Hasse (Siroe, re di Persia). Eso sí, Bayaceto y Asteria, los príncipes turcos, tienen música solo del Prete Rosso, mientras que los demás (turcos y griegos) de los compositores de la escuela napolitana. En consecuencia, la lucha entre turcos y tártaros es una lucha alegórica entre la escuela veneciana y la napolitana.

Las comparaciones entre las dos grabaciones son inevitables, aunque hay que tener presente un punto de partida fundamental a mi juicio: si el reparto de Biondi estaba cuajado de estrellas, el capitaneado por Ottavio Dantone parece ajustarse mejor a criterios estilísticos, y aunque con Virgin todo estaba en su sitio, hay que reconocer la mayor adecuación con Naïve.

Bruno Taddia, aria Del destin non dee lagnarsi

Ildebrando D’Arcangelo tiene una voz impresionante y es un intérprete intenso, pero para su gira Biondi contó con Christian Senn, una voz más pequeña y clara. El instrumento de Bruno Taddia se sitúa a medio camino entre ambos, aunque la interpretación resulta más plana y menos matizada que la de sus colegas, con una visión más furiosa que alternativamente atormentada y derrotada de un sultán turco que al final encarna la vulnerabilidad más que ningún otro personaje del reparto.

Delphine Galou, aria La cervetta timidetta

Como su hija Asteria Delphine Galou está en las antípodas de Marijana Mijanovic, con una emisión más natural frente a los sonidos más guturales y artificiales de la serbia. La francesa, como ya comenté en ocasión del reciente Rinaldo handeliano que ha publicado con Dantone, suena más clara y natural que en sus inicios, tirando más a mezzo que a contralto, presenta mayor homogeneidad entre registros, más dulzura en el canto patético (“Amare un’alma ingrata”, “Stringi le mie catene”, “La cervetta timidetta”) y la misma fuerza y dominio de la coloratura (“Qual furore, qual affanno” –ausente con Biondi– y “Svena, uccidi, abbatti, atterra”).

La mejor aportación de la nueva grabación reside en la elección de Filippo Mineccia como emperador tártaro. Frente a la dulzura y exquisitez de un David Daniels siempre elegante pero falto de pujanza de un personaje temperamental, el italiano regala acentos de indudable fuerza gracias también a una dicción inmaculada. Pero, sobre todo, entusiasman el vigor del canto y la vitalidad de la interpretación. Para muestra, “Barbaro traditor”, pero también “Cruda sorte, avverso fato”. Como ya reveló con el Ottone de la Agrippina handeliana, la variedad de recursos canoros y interpretativos le convierten en uno de los cantantes de su cuerda más interesantes del panorama actual.

Filippo Mineccia, aria Barbaro traditor

El Andrónico de Marina De Liso no tiene nada que temer frente al de Elina Garanča. Conoce y domina mejor el repertorio barroco que la letona. Y aunque con Biondi cantaba Asteria, el paso de la turca al griego no le plantea ningún problema. La italiana es una intérprete concienzuda y sensible, que culmina su prestación con una “Spesso tra vaghe rose” ganador se mire por donde se mire.

Sophie Rennert, aria Qual guerriero in campo armato

Posiblemente la que lo tenía más complicado era Sophie Rennert: Irene es destinataria de dos arias míticas. La primera, “Qual guerriero in campo armato” era caballo de batalla del gran Farinelli, escrita por su hermano, Riccardo Broschi. Vivica Genaux dio la campanada con su álbum dedicado al castrado a las órdenes de Jacobs (Harmonia Mundi) y la presencia del aria casi hacía imperativa su presencia en la grabación de Biondi. Sin embargo, como quedó claro en el DVD con el making off de las sesiones para la integral de Virgin y además aprecié en persona, en directo no era capaz de mantener el mismo nivel. Por el contrario, y a falta de una Ann Hallenberg, Sophie Rennert es una estupenda sorpresa. Frente al timbre hueco, de graves inflados y agilidades cacareadas de la de Alaska, la austriaca presenta un instrumento más pleno, homogéneo, seductor y aterciopelado. Pero, sobre todo, ha crecido mucho desde su protagónico Lotario de Handel. Los desafíos técnicos del aria en materia de extensión, fiato y agilidades son bien conocidos, y Rennert los aborda con un aplomo y una facilidad aparentes que no dejan de sorprender. Además, liga las notas de las largas frases vocalizadas que da gusto escucharla. Tanto, que se echa en falta una mayor fantasía en las variaciones –todas de la mano de Dantone– más allá de su adecuación estilística. De la misma manera, también ha crecido de forma notable la intérprete, con una “Sposa son disprezzata” cuya desnudez no está exenta de una emoción íntima.

Por último, la Idaspe de Arianna Venditelli bate por goleada el instrumento avaro de Patrizia Ciofi. La intérprete se muestra brillante en el dominio de sus recursos, dosificando la intensidad del sonido y regalando notas picadas de calidad en “Nasce la rosa lusinghiera”. “Anch’il mar par che sommerga” estará siempre asociada al Vivaldi Album (Decca) con el que Cecilia Bartoli impulsó mediáticamente la recuperación de las óperas vivaldianas. En esta ocasión no encontramos la exhibición sobreactuada de la romana, y tal vez por ello el impacto sea menor, porque la memoria y el oído tiene gustos inevitablemente moldeados al margen de la filología. En todo caso, completa un reparto equilibrado, con una visión que busca menos fuegos artificiales en los da capo y una mayor adecuación al teatro vivaldiano, en el que la vocalización tenía un papel central, pero no omnipresente como en la escuela napolitana.

La batuta de Ottavio Dantone se mueve como pez en el agua en el universo vivaldiano y este Tamerlano no es menos. Su Accademia Bizantina se adhiere a la perfección a su visión más sobria frente al sonido más opulento de Biondi y L’Europa Galante, pero el virtuosismo de sus músicos es indudable. Al final, preferir una u otra puede ser cuestión de gustos, pero una vez aclarados los criterios que presiden ambas grabaciones y los puntos fuertes de cada una, considero que la de Naïve, aunque sea menos espectacular en los recursos desplegados, es más cercana a lo que los estudiosos nos indican que representaba Vivaldi y la escuela veneciana frente a Nápoles.

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