Discos

Supersónico Rossini

Raúl González Arévalo
jueves, 17 de diciembre de 2020
Rossini: Amici e rivali. Dúos y tríos de Il barbiere di Siviglia (“All’idea di quel metallo”), Ricciardo e Zoraide (“S’ella mi è ognor fedele… Qual sarà mai la gioia” “Donala a questo core… teco or sarà”), La donna del lago (“Nume! Se a’ miei sospiri… Qual pena in me già desta”), Elisabetta, regina d’Inghilterra (“Deh! Scusa i trasporti”), Otello (“Non m’inganno, al mio rivale”, “Ah! Vieni, nel tuo sangue vendicherò le offese… Che fiero punto è questo”), Le siège de Corinthe (“Grand Dieu, faut-il qu’un peuple”, “Cher Cléomène… Céleste providence”), Armida (“In quale aspetto imbelle”). Michael Spyres, Lawrence Brownlee, Xabier Anduaga (tenores), Tara Erraught (mezzo soprano). I Virtuosi Italiani. Corrado Rovaris, director. Un CD (DDD) de 79 minutos de duración. Grabado en el Teatro Ristori de Verona (Italia) del 30 de julio al 3 de agosto de 2019. WARNER CLASSICS 9896341. Distribuidor en España: Warner Music Spain.
0,0005842

No todos los compositores permiten armar un recital monográfico, y sobre una única voz, en este caso la de tenor. Entre los nombres del Romanticismo italiano se repiten sistemáticamente dos: Rossini y Verdi. El Cisne de Pesaro, además, frente al de Busseto, escribió numerosas óperas en las que había más de un tenor protagonista. O incluso tres, que se repartían seis papeles, como ocurre en su Armida. Tanto es así, que hay donde elegir entre recitales rossinianos: Rockwell Blake (Arabesque), Raúl Giménez (Nimbus Records), William Matteuzzi (Arts Music), Juan Diego Flórez (Decca), Lawrence Brownlee (Delos) o Gregory Kunde (VAI Audio).

Pero si Rossini dejó una huella particular sin duda se debe a los dúos que concibió para dos tenores, aprovechando que tenía a su disposición dos intérpretes formidables en Nápoles, el baritenor Adrea Nozzari y el contraltino Giovanni David. Ambos coincidieron en cinco títulos: Otello, Ricciardo e Zoraide, Ermione, La donna del lago y Zelmira. Las dos primeras contienen sendos dúos entre ambos, mientras que La donna del lago contiene un breve pero espectacular trío con la protagonista. El culmen del festival de voces agudas lo constituye Armida –donde participó Nozzari pero no David– incluyendo un terceto estratosférico. Una música supersónica, que requiere intérpretes extraordinarios, y que ya constituyó en buena medida la base para Rossini: Three Tenors, grabado por Opera Rara con Bruce Ford, William Matteuzzi y Paul Austin Kelly en compañía de Nelly Miriciou.

El mítico dúo Nozzari-David ha sido emulado en varias ocasiones desde la Rossini Renaissance, empezando por Chris Merritt y Rockwell Blake y siguiendo por Bruce Ford y William Matteuzzi. Más recientemente, Gregory Kunde y Juan Diego Flórez también han echado más de un mano a mano. La pareja Michael Spyres y Lawrence Brownlee no tiene nada que envidiarles, es más, en algunos aspectos incluso supera a algunos de los anteriores. Así, impresiona ver cómo ha ensanchado el centro y el grave de Spyres: para muestra, el fragmento del Barbero como barítono, más denso que algunos intérpretes de voz más clara como Thomas Hampson, sin ir más lejos. De hecho, en este aspecto se muestra más rotundo que Ford y Kunde, de manera que se sitúa directamente en la senda de Merritt, con un volumen menor, un sobreagudo más extenso, sin problemas en la afinación y con una capacidad para la coloratura y modular la voz a la altura del virtuosismo de Rockwell Blake. La fantasía de las variaciones es temeraria en su osadía, capaz de transformarla en adrenalina para el oyente. Cuando grabó Otello en 2008 (Naxos) ya tenía todas las cartas en regla para cualquier parte de Nozzari, pero hoy día debería dejar testimonio íntegro, al menos, de Rodrigo di Dhu y Pirro, con sus grandes escenas.

En el caso de Brownlee, supera en belleza vocal a Blake –no en dominio técnico– y ofrece un instrumento más pleno que el evanescente de Matteuzzi, del que se destaca también por una coloratura absolutamente ligada frente a las notas semiaspiradas del italiano. La velocidad de las agilidades no tienen nada que envidiar ni a Blake ni a Flórez. En definitiva, y salvando el hecho de que no proceden de integrales ni en vivo, para estos números son, probablemente, la pareja más equilibrada de las que los han abordado. Y el mano a mano con el que compiten y rivalizan en despliegue de agilidades y agudos, uno de los mejores ejemplos de lo que debe ser este canto de toda la discografía rossiniana.

Spyres y Brownlee se salen del mano a mano tenoril en el inesperado dúo de Fígaro y Almaviva que ya he comentado más arriba, y en el único Rossini francés que comparece, Le siège de Corinthe, donde se reparten los papeles de Louis (Cléomène) y Adolphe Nourrit (Néoclès). Spyres había cantado el segundo en Bad Wildbad en 2010 (hay grabación completa en Naxos), pero en esta ocasión, conforme a su estado vocal, aborda el primero. Grandes estilistas como son los dos, la lengua y el estilo galos no representan ningún problema.

A su lado dos jóvenes flamantes vencedores de Operalia que van confirmando su afinidad con Rossini. Xabier Anduaga es un excelente Ernesto, como ya se pudo comprobar en la integral de Ricciardo e Zoraide desde Pésaro (C Major). Además, no pierde golpe como Iago frente a Spyres, donde presenta una voz con cuerpo y un timbre más oscuro que otros. Pero donde termina de confirmar su excelente estado de forma es en el temible trío de Armida como Carlo, en un equilibrio realmente conseguido, a medio camino entre la voz más pesada y broncínea de Spyres y la más brillante y argentina de Brownlee, con una capacidad sobresaliente para la coloratura y unos agudos seguros y resonantes.

Tara Erraught tiene a buen seguro un timbre más oscuro que el de otras mezzos que han abordado partes Colbran (von Stade, DiDonato), más cercano quizás a los resultados de una Ganassi. Y ciertamente no es una voz para las partes de Laure Cinti-Damoreau (Anaï, Adèle, Mathilde). Pamyra no es menos, pero el trío del tercer acto no pasará de ser una curiosidad en su carrera. En todo caso, la brillantez con la que sobresale en los agudos y la velocidad supersónica que es capaz de imprimir a las agilidades la hacen el contrapunto perfecto para el terceto de Otello y el dúo y trío subsiguiente de La donna del lago.

La excelencia vocal es tanta que uno corre el riesgo de olvidarse de la orquesta y el director. I Virtuosi Italiani están excelentes, en la línea del planteamiento de I Solisti Veneti con Claudio Scimone, solo que Corrado Rovaris tiene mayor nervio teatral y se deja llevar por el frenesí que los solistas imprimen a los números. Un disco fundamental para los amantes de Rossini.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.