España - Valencia

Tutor, corona y seguidilla

Rafael Díaz Gómez
jueves, 10 de diciembre de 2020
Il tutore burlato © 2020 by Miguel Lorenzo Il tutore burlato © 2020 by Miguel Lorenzo
Valencia, domingo, 22 de noviembre de 2020. Palau de les Arts. Sala Martin i Soler. Il tutore burlato, ópera bufa en tres actos. Ópera de Vicente Martín y Soler, sobre libreto de Filippo Livigni, basado en La finta semplice ossia Il tutore burlato, de Pasquale Mililotti. Estreno: 1775, Real Sitio de San Ildefonso, Segovia. Nueva producción del Palau de les Arts Reina Sofía. Dirección de escena y escenografía: Jaume Policarpo. Vestuario: José María Adame. Iluminación: Antonio Castro. Reparto: David Ferri Durà (Il cavaliere Don Lelio), Aida Gimeno (Violante), Oleh Lebedyev (Il tutore Don Fabrizio), Omar Lara (Pippo), Ezgi Alhuda (Dona Menica), Gonzalo Manglano (Anselmo). Orquestra de la Comunitat Valenciana. Director: Cristóbal Soler.
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Con las entradas agotadas en taquilla se representó en Les Arts la última de las funciones de Il tutore burlato, la primera ópera de Vicente Martín y Soler de la que se conserva partitura y que en su versión como zarzuela y con el título de La madrileña ya se había interpretado (Capella de Ministrers) en 2004 en el Palau de la Música. 

La producción, nueva, venía rodada, nunca mejor dicho, puesto que a lo largo del verano, merced al programa Les Arts Volant, se había dado a conocer al aire libre en diferentes localidades y barrios valencianos. Un camión se adaptaba para, una vez instalado en el lugar donde se ofrecería el espectáculo, abrirse como escenario. 

La idea inicial era hacer la presentación de la versión durante la primavera pasada en Les Arts y más tarde viajar por los municipios de la Comunidad. Pero el coronavirus dispuso el orden contrario.

Esta circunstancia ha propiciado que el espectáculo haya llegado al interior del teatro, al espacio que honra con su nombre la memoria del más importante de los compositores de ópera valencianos, ya muy bien engrasado.Jaume Policarpo, responsable tanto de la dirección escénica como de la escenografía, ha sido capaz de dotar a ambas de ligereza y frescura. 

Vicente Martín y Soler, "Il tutore burlato", producción de Jaume Policarpo. © 2020 by Miguel Lorenzo.Vicente Martín y Soler, "Il tutore burlato", producción de Jaume Policarpo. © 2020 by Miguel Lorenzo.

Los paneles de un alto biombo decorado a la dieciochesca manera, bañados por una luz siempre pertinente, sirven con su movilidad para sugerir los diferentes ambientes que demanda el libreto. Y si bien es cierto que la sugerencia en ocasiones se queda sólo en eso, hasta el punto de que el significado no llega a explicitarse claramente, también lo es que el libreto no siempre lo pone fácil. 

El caso es que el reparto se mueve entre estos paneles con preciso dinamismo. Hay detalles quizás en exceso histriónicos, especialmente los que atañen al personaje de Pippo y al que, fuera de guion, se le hace encarnar al continuista, Carlos Sanchis (quien, de todas formas, y pese a llevar el exceso hasta las citas musicales extemporáneas, cumple estupendamente con su doble cometido). Pero en general todo encaja con desenfadada vivacidad. 

Vicente Martín y Soler, "Il tutore burlato", producción de Jaume Policarpo. © 2020 by Miguel Lorenzo.Vicente Martín y Soler, "Il tutore burlato", producción de Jaume Policarpo. © 2020 by Miguel Lorenzo.

Llama la atención el uso por los propios cantantes de marionetas de tamaño natural que, a su imagen y semejanza, alternan su desempeño actoral con las figuras reales. Se potencia así la sensación de juego: se aceptan las normas, la convención, pero se le da cierto margen, a través del fingimiento, a la sorpresa, a lo azaroso. El colorido resulta muy atrayente y la nota discordante del vestuario y la peluquería moderniza sin agredir.

Como el elenco era prácticamente el mismo que giró con la obra en los meses de verano, el desempeño escénico estaba asegurado. En él, el valenciano David Ferri Durà es el único profesional. Compuso un Don Lelio de emisión tirando a nasal y que solventó con algún lastre las agilidades de su primer aria. Ganó mucho, sin embargo, en el resto de sus intervenciones, mostrando un fraseo de terso lirismo. El resto del reparto procedía del Centre de Perfeccionament del Palau de les Arts (lo de “Reina Sofía”, dada la experiencia previa con el famoso tenor del Real Madrid, y máxime después de las últimas noticias que nos llegan sobre la dinastía borbónica, lo mismo aquí no lo añaden por si acaso). 

Omar Lara y Aida Gimeno. © 2020 by Miguel Lorenzo.Omar Lara y Aida Gimeno. © 2020 by Miguel Lorenzo.

Muy destacable la pareja protagonista formada por el mexicano Omar Lara (Pippo) y la segoviana Aida Gimeno (Violante). El barítono posee un timbre de una homogénea espesura. Soltura no le falta y la proyección y la musicalidad son más que correctas. La soprano templó bien un instrumento que si lo deja suelto parece que tiende a abrirse. No obstante, los esfuerzos que acaso pudiera haber hecho en ese sentido no afearon ni su línea ni su color ni su desparpajo escénico.

 Me gustó también Gonzalo Manglano en su corto papel de Anselmo (a buen seguro rendirá en roles de más fuste). Por su parte, Oleh Lebedyev fue un Fabrizio al que le faltaba la robustez vocal y las artes canoras de perro viejo que ha de tener un tutor que se precie, pero posee un buen material para irlo puliendo poco a poco (y una indudable entrega escénica). El tiempo le traerá lo demás. 

Y ya para acabar, la Menica de la soprano turca Ezgi Alhuda estuvo algo desorientada en el tempo en su primera intervención solista. Como tampoco anda escasa de condiciones y tiene años por delante seguro que afinará los resultados de su canto naturalmente generoso.

Cristóbal Soler llevó la reducida orquesta con similar resolución y sutileza que Policarpo la dirección de escena. Algún empaste de las cuerdas no muy bien logrado en la obertura me hizo temer lo que afortunadamente luego no ocurrió. La orquesta se amoldó servicial al canto pero sin renunciar a la chispa y la energía en los tres finales tuvo un cumplimiento notable. A resultas de todo se alcanzó un atractivo equilibrio entre lo ingenuo y lo culto, entre lo pastoril y lo urbano, entre lo cosmopolita y lo local. Por cierto, hay que ver cómo una seguidilla en mitad de una ópera italiana enaltece aún el orgullo del público patrio. ¡Y lo que nos queda por ver! (Por volver a ver).

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