España - Valencia

¿No estás harto?

Rafael Díaz Gómez
viernes, 11 de diciembre de 2020
Fin de partie © 2020 by Miguel Lorenzo y Mikel Ponte Fin de partie © 2020 by Miguel Lorenzo y Mikel Ponte
Valencia, miércoles, 4 de noviembre de 2020. Palau de les Arts. Sala Principal. Fin de partie. Scènes et monologues, ópera en un acto, música de György Kurtág con libreto del compositor basado en el drama homónimo de Samuel Beckett. Estreno: Milán, Teatro alla Scala, 15 de noviembre de 2018. Producción: Teatro alla Scala, Dutch National Opera. Dirección de escena: Pierre Audi. Escenografía y vestuario: Christsof Hetzer. Iluminación: Urs Schönebaum. Dramaturgia: Klaus Bertisch. Frode Olsen (Hamm), Leigh Melrose (Clov), Holary Summers (Nell), Leonardo Cortellazzi (Nagg). Orquestra de la Comunitat Valenciana. Markus Stenz, dirección musical.
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Siete (2010-17) son los años que ha empleado Kurtág en escribir su única ópera. Es la segunda que se basa en un texto de Beckett. La anterior, Neither (1977), de Morton Feldman, cuenta con un libreto de 16 versos del escritor irlandés. También Fin de partie en su versión operística presenta un poema de Beckett. Se trata de Roundelay. Kurtág lo ha colocado a modo de prólogo. Con toda la intención. Es un poema de sonido y silencio. Y circular. Comienza como acaba. Igual que el drama que le sigue.

Neither tiene un único personaje. No hay diálogo, pues. Fin de partie contiene muchos diálogos en su forma original. Pero Kurtág elimina la mayoría. Se centra en los monólogos y conserva los diálogos imprescindibles. ¿Altera este descarte el significado de la obra? Respondamos con una serie de preguntas. ¿Qué significado? ¿Qué función tiene la palabra en la obra de Beckett? ¿Cuánta voluntad de comunicación posee? ¿Su discurso atiende a alguna lógica común? ¿Y qué nivel de compromiso (mímesis) con la realidad adquiere? ¿Pretende acaso adquirir alguno?

Beckett desnuda el lenguaje. Lo lleva a lo esencial. Y queda despejado de una causalidad inmediata. De un significado evidente. O al menos de un único significado. Insisto, si es que lo tuviera. Y aspira al silencio. Tantas como 226 pausas hay en su drama. Toda una provocación para Kurtág, tan caro a la condensación. El sueño de Clov es “un mundo donde todo estuviera silencioso e inmóvil y cada cosa en su último lugar, bajo el polvo último.” Kurtág no pone música a esta frase en boca de este personaje. Pero sí lo hace en el caso de Hamm en su penúltimo monólogo: “si pudiera callarme, y quedarme tranquilo, acabaría con el sonido, y con el movimiento.”

György Kurtág, Fin de partie. Producción de Pierre Audi. © 2020 by Miguel Lorenzo y Mikel Ponte.György Kurtág, Fin de partie. Producción de Pierre Audi. © 2020 by Miguel Lorenzo y Mikel Ponte.

Si no reina el significado, reina al menos la palabra. Y el silencio. La prosodia. Y el teatro, que los amplifica y dota, quizás, de nuevas posibilidades. Pero siempre encerrados en sí mismos. Como los cuatro personajes. Su existencia está regida precisamente por su condición de personajes, que ellos explicitan. No pueden escapar de la obra, de un juego condenado a repetirse. Los cuatro podrían ser una única mente esquizofrénica. Son contrarios, únicos, interdependientes, totales. Su existencia está en las tablas. Más allá no encuentran nada. Todo está muerto para ellos fuera.

¿Y cuál es la función de la música de Kurtág en Fin de partie? ¿Qué añade o le quita a la existencia de los personajes? ¿Si el drama no fuera representación mimética de la realidad, lo sería la música respecto al drama? Kurtág ha tenido que ser como nadie esa “inteligencia que hubiera regresado a la tierra” y que se hubiera sentido tentado “de formarse ideas a fuerza de observarnos” de la que habla Hamm a Clov en uno de los momentos que no aparecen en la ópera. Sus ideas se han transformado en sonidos. Y en silencios. Una música de un colorido tremendo. O, si se quiere, de infinitos matices del gris. Y una música servida para la prosodia. Si Beckett se empapa en Shakespeare y lo vierte en su texto, Kurtág hace lo propio con Monteverdi. Así, las palabras del escritor no parecen sufrir lastre alguno. Más bien se impulsan. Es probable que no siempre en la misma dirección. Pero el caso es que el hecho teatral se multiplica. Ahora bien, los significados de esa música quedan para los exégetas. 

György Kurtág, Fin de partie. Producción de Pierre Audi. © 2020 by Miguel Lorenzo y Mikel Ponte.György Kurtág, Fin de partie. Producción de Pierre Audi. © 2020 by Miguel Lorenzo y Mikel Ponte.

Sólo me atrevo a especular burdamente en la posibilidad de la equiparación de los ancianos Nagg y Nell con la pareja formada por György y Márta Kurtág. Nell, acaso Márta, la esposa del compositor y también compañera de profesión (pianista), es tratada con una gran ternura. Y su muerte en el escenario produce un dolor que no se halla tan explícito en Beckett. Dolor premonitorio, si se acepta la comparación, pues ella falleció casi un año después del estreno de la obra en Milán.

Los cuatro cantantes de la representación están fantásticos. Son los mismos que interpretaron la obra en La Scala y en Ámsterdam. Antes estuvieron trabajando sus papeles a lo largo de un par de años con el compositor. Ensayos al parecer exigentes. Me gustaría tener algo que indicarles. No me siento capaz. Lo mismo ocurre con la precisa dirección de Markus Stenz y la respuesta de la orquesta titular de Les Arts. Nada más que enhorabuenas.

La puesta en escena de Pierre Audi es, desde la sencillez, de una gran efectividad. Como el texto, como la música, también acaso tenga sus posibles capas de significado. Audi saca la acción del drama del interior que marca Beckett a un exterior. Pero este espacio bien pudiera ser ¿el último? interior en una serie de estructuras en abismo (secciones de casas encajadas unas en las otras). 

De hecho, cuando Clov se asoma por las ventanas lo hace en apariencia desde fuera, pero para mirar precisamente lo que hay fuera. No creo, de todas formas, que el texto necesite esta opresión espacial. Salvo que remita a una opresión temporal. La de la iteración perpetua. Que esta repetición sea la de la miserable condición humana o la de la simple (y grandiosa) actividad teatral, por ejemplo, ya lo dejo a la elección de ustedes.

Y puestos a elegir el lugar en el que se localiza la que se daba por inevitable catástrofe, si fuera o dentro del escenario, a buena parte del público, muy escaso ya de inicio, no le cupo ninguna duda: la catástrofe estaba dentro. (¿No estás harto?, pregunta Hamm en un momento del drama. Desde siempre, responde Clov). Así que no dudó en huir de la sala en un flujo constante. Unas decenas de convencidos (o no) quedaron para aplaudir con fuerza a los artistas. Fue la última función del estreno en España de una obra que se instalará en el repertorio. Para siempre.

György Kurtág, Fin de partie. Producción de Pierre Audi. Vista de la sala del Palau de les Arts. © 2020 by Rafael Díaz.György Kurtág, Fin de partie. Producción de Pierre Audi. Vista de la sala del Palau de les Arts. © 2020 by Rafael Díaz.


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