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Colonialismos euroasiático-americanos y el incierto futuro de la humanidad

Juan Carlos Tellechea
jueves, 10 de diciembre de 2020
Warum Cortés wirklich siegte © 2020 by Matthes & Seitz Berlin Warum Cortés wirklich siegte © 2020 by Matthes & Seitz Berlin
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Filólogo, teórico de la evolución cultural, docente de sociología en universidades de Estados Unidos, Alemania, Suiza y Austria, Klaus Theweleit se ha atrevido a poner el dedo en la llaga en un tema que no ha perdido absolutamente ni un ápice de actualidad, cuando uno mira el definitivo fin de la era Donald Trump en la Casa Blanca (le dé éste las vueltas judiciales que quiera), la demagogia, el engaño a la ciudadanía, el populismo, y lo compara con lo que vivieron los alemanes hace casi un siglo con el nazismo, incluso antes de que Adolf Hitler llegara al poder.

Uno de los pasajes más contundentes de su singular tetralogía sobre los colonialismos euroasiáticos-americanos, inspirada en la obra Armas, gérmenes y acero: breve historia de la humanidad en los últimos trece mil años, del historiador, antropólogo y biólogo evolucionista estadounidense Jared Diamond, se puede leer en el tercer tomo de su ambiciosa obra, titulado Warum Cortés wirklich siegte (Por qué Cortés venció realmente)*, publicado por la editorial Matthes & Seitz, de Berlín.

En uno de sus párrafos, Theweleit describe cómo siendo él adolescente, su familia le hizo sentir en carne propia los efectos de la educación de violencia fascista que comenzó mucho antes de Hitler. Quien ama a sus hijos los castiga, afirmaban sus padres, quienes apoyaron hasta el final al régimen nazi, como seguidores sin funciones de partido, y esperaban siempre disciplina, respeto, obediencia a las autoridades, limpieza, diligencia y honestidad de sus vástagos.

Nunca fue tan engañada una generación por sus progenitores como la mía, afirma Theweleit. Ni una sola palabra de lo que nos contaban sobre la guerra y las razones de la guerra era verdad: las supuestas cochinadas de los rusos, de los tommies(ingleses) y de los gabachos (franceses), la cobardía y falta de palabra de los italianos, la perfidia de los polacos, el engaño de los demás eslavos y toda la manada de los Balcanes.La conducta moralista de nuestros padres terminó tan pronto como se enfrentaron a los crímenes de los nazis. Se derrumbaron entonces psíquicamente, hablaban de cosas confusas y alocadas, defendían todas las mierdas perpetradas por el Führer como muy necesarias y gloriosas para Alemania. Hitler, según ellos, no sabía nada sobre los campos de concentración, los judíos mismos eran los culpables del antisemitismo, estas eran las argumentaciones de nuestros padres excusando todo lo ocurrido, subraya.

Cualquier coincidencia con lo que 70 millones de estadounidenses devotos de Trump y alelados por sus mentiras viven en estos precisos momentos no es pura casualidad y cuando despierten de su anestesia total también conocerán, si es que no lo saben ya, lo que son las consecuencias psíquicas que dejará este fatídico y vergonzoso período, con casi 250.000 muertos (al momento de escribir esta reseña; las cifras van en aumento), por la negligencia de un ególatra malicioso a tomar medidas contra el coronavirus.

Theweleit, quien probablemente entiende sus libros como collages o compilaciones y se ve a sí mismo más como un autor colectivo que siempre da a sus fuentes una voz más amplia, hace suyos los dos conceptos centrales de la argumentación de Diamond, basados en las técnicas de domesticación de animales y en la agricultura: la segmentación y la secuenciación. Para conseguir animales que sirvan a la civilización humana a partir de animales salvajes, hay que probar qué especies pueden ser domesticadas: hay que elegir y separar, así como continuar con lo logrado. Estos es, segmentar y secuenciar, subraya Theweleit.

Para los pueblos originales de México y de América del Norte, el enfrentamiento con las culturas de domesticación de los animales significó, sobre todo, la infección por virus transmitidos de éstos a los seres humanos que nuevamente es muy actual en estos días. Si bien los europeos estaban acostumbrados a estos virus y habían formado anticuerpos, golpearon a los aztecas y a otros pueblos aborígenes con fuerza letal: la población de México fue diezmada de 16.8 a 1.8 millones en pocos años por los gérmenes patógenos traídos por los conquistadores.

Así que no fueron sólo los sistemas de armas superiores los que hicieron que la victoria fuera tan fácil para los españoles. Lo mismo ocurre con el asentamiento de América del Norte. Los virus se llevaron un 95 por ciento, algo casi inimaginable, de la población indígena nativa: el salvaje oeste deshabitado no es más que un mito, señala. Si no hubiera sido Hernán Cortés el que sometió al Estado Mexica en aquel momento lo habría hecho, con o sin él, cualquier otro navegante o conquistador poco tiempo después.

En las 450 páginas restantes de su obra, Theweleit se ocupa de la construcción de esa persona euroasiática que llevó a la violencia y la aniquilación de otros pueblos del mundo, hasta el genocidio de los judíos europeos, justificado en su propia familia. Tampoco pasa por alto el papel femenino en toda esta historia, con la Malinche y Cortés en México, así como Pocahontas y John Smith en Virigina. Incluso, el autor rinde homenaje a ésta última, designando sucesivamente a sus cuatro volúmenes con cada una de las sílabas de su nombre: (Po, para el primer tomo; ca, para el segundo; hon, para el tercero; y tas, para el cuarto.

Según él, fueron técnicas culturales como la invención del alfabeto vocal en la antigua Grecia y la invención de la perspectiva central en el Renacimiento italiano las que contribuyeron a ese brutal derramamiento de sangre de la colonización en el Nuevo Mundo.

Si miras el mundo desde un punto de fuga, obtienes el control absoluto, en lugar de Dios, señala. Las religiones son hechas por el hombre, la palabra de Dios es siempre la palabra del Hombre. Los inicios de nuestra cultura, especialmente en la mitología griega, fueron moldeados por una cultura de violación. Cuando Zeus y otros dioses en forma de cisnes, mujeres o fantasmas atacan a las hijas del rey dormidas, no es más que la glorificación de una violación. Ya aquí se da el ataque y se legitima el asalto de los hombres a las mujeres; solo que los griegos eran tan hábiles que describían estos asaltos como actos divinos.

Para Theweleit no existe un inconsciente colectivo como propone Carl Gustav Jung en tal contexto. Esta es una construcción intelectual que, como todas las construcciones, es limitada y muchas veces tiene poco que ver con las realidades. 

En mi opinión se trata de otra cosa: las agresiones masculinas existen en nuestra sociedad y en muchos casos quedan impunes porque no se las considera un acto agresivo, sino una naturalidad. Todo esto sucede no solo de manera inconsciente, sino también consciente, porque todos lo llevamos más o menos en nuestro cuerpo.

Tampoco es la biología la culpable de estos extremos. 

En absoluto, surgió en la sociedad. En nuestra cultura, los hombres llevan en sus cuerpos una historia de 12.000 años de violencia y guerra, lo que les otorga un dominio que se cultiva y promueve en nuestras sociedades.

En hon, el referido tercer tomo de su ciclo Pocahontas, Theweleit hace un rápido viaje a través de la historia de la cultura dominante y sus técnicas y medios. Estos últimos abarcan la totalidad de los medios tecnológicos con los que las personas llevan a cabo su autoeducación: desde la cría de ganado primigenio hasta la invención de la perspectiva que divide el espacio, la alineación lineal de las letras mediante la tipografía o el reloj.

El principio es el reloj, la segmentación. El principio de sincronización ya se absorbe con la leche materna, el reloj dominador crece en el cuerpo a medida que los padres trabajan. Todo tipo de adminículos mecánicos y electrónicos se inhalan con el aire de la cocina, los sonidos de la gama de los electrodomésticos culinarios. Radios, televisores, enchufes, pulsar un botón y monitores estructuran la relación entre los dos y los tres años de edad de un niño. Con los equipos electrónicos más nuevos y más modernos, no solo son tecnológicamente superiores a sus propios abuelos, sino también a todos los niños de todas las culturas del mundo.

Incluso los más pequeños crecen en una cultura de dispositivos que los determina como portadores de un poder tecnológico que siempre incluye la fuerza armada, porque gracias a esta tecnología, los blancos han podido ascender a una “cultura superior" sobre los pueblos tecnológicamente más débiles, puntualiza.Nosotros, escribe Theweleit en su lenguaje creativo habitual, somos caballeros sinvergüenzas muy naturales, miembros de la Master Race, una raza tecnológica; incluso aquellos de nosotros que no somos "fascistas" nominales o "neonazis". Toda nuestra cultura es fundamentalmente racista, tecnorracista .Somos la cultura tecnológicamente superior. Entonces, si estamos todos juntos en el mismo barco de la cultura tecnológica, un camino conduce desde la segmentación del mundo en culturas primigenias agrícolas y ganaderas hasta la selección de la "vida indigna" en la rampa del campo de concentración en el fascismo. Según esta lógica, no hay lugar para un salto de sistema, que signifique romper con una cultura que se practica desde hace miles de años.

Esto se manifiesta actualmente en las cámaras de vigilancia utilizadas por gobiernos o autoridades que tienen su contraparte en los actos burocráticos inventados por los españoles en el siglo XVII. El deseo insaciable de los estados por conocer las sensibilidades de sus ciudadanos en la mayor cantidad de asuntos posibles (...) parece ser el emblema del estado moderno (...), resume Theweleit. Cualquiera que sea crítico con la forma en que los organismos oficiales lidian con la pandemia del coronavirus difícilmente puede evitar referir este deseo a la atención médica de nuestros días con sus aplicaciones de rastreo.

Siete mil millones de pervertidos en homeostasis alimentados electrónicamente por microbioquímica, pronostica Theweleit para el futuro de la humanidad. Pero, de acuerdo con esto hay otro hallazgo que también llama su atención. Los genocidios europeos de los tiempos modernos no pueden describirse como una ruptura de la civilización en la cultura humanista de Occidente. Por el contrario, los europeos se convierten en asesinos precisamente porque son civilizados. Su visión civilizada frente al tercer mundo y al cuarto mundo es la siguiente: Nosotros somos humanos; tú no lo eres. Eres un bárbaro. El siglo XX creció tanto en los cuerpos del segmento de europeos que deambulaban por los mares que los seres vivos que no tenían este cuerpo de alta tecnología tenían pocas (o ninguna) posibilidad de ser percibidos como lo mismo; y en casos extremos no eran en tanto personas (verbigracia, los indios y los esclavos negros, traídos de África).

Klaus Theweleit, Buch der Königstöchter. © 2020 by Matthes & Seitz Berlin.Klaus Theweleit, Buch der Königstöchter. © 2020 by Matthes & Seitz Berlin.

Qué hacer si continúan avanzando así el desarrollo tecnológico, como lo hecho desde el taylorismo hasta la mecánica cuántica, la matematización, la mecanización y la algoritmia del trabajo, la vida y la ciencia, el mapeo del micro y del macrocosmos. Si este salto a las racionalidades omnicomprensivas corresponde a un sujeto postmoderno, al que el popular filósofo Richard David Precht descompone en la fórmula ¿Quién soy yo y, si es así, cuántos?, un virtuoso del cambio postfreudiano, practicado en la ¿autosegmentación? El veredicto sería entonces devastador: Toda nuestra cultura es fundamentalmente racista, tecno-racista. Lo que llevaría a un pronóstico profundamente pesimista para el futuro.

Theweleit lleva más de 20 años trabajando en este complejo proyecto. Se dice pronto. Entretanto se produjo una bancarrota de la editorial berlinesa que le publicaba sus libros, ahora retomados por Matthes & Seitz. Sus conferencias y cursos en las universidades le demandaron asimismo mucho tiempo.

Klaus Theweleit, Pocahontas in Wonderland. © 2020 by Matthes & Seitz Berlin.Klaus Theweleit, Pocahontas in Wonderland. © 2020 by Matthes & Seitz Berlin.

Quien entra en este cosmos no tiene que leer los libros en ningún orden dado. Hay temas y motivos superpuestos en lugar de una estructura fija que mantiene todo unido. El primer volumen, Pocahontas in Wonderland (1999), trabajó sobre el conocimiento histórico del mito de Pocahontas y trató sobre los nativos americanos en los Estados Unidos de hoy. Otro foco fue La tempestad, de William Shakespeare, entendido desde la década de 1980 como un drama sobre la discusión acerca de la colonia británica establecida en Virginia y cómo tratar con sus habitantes allí.

El volumen tres, traza sorprendentes paralelismos entre los mitos fundacionales griegos y romanos y la práctica colonial de los europeos en el Nuevo Mundo: la apropiación de territorios, por lo tanto, atravesaría los cuerpos de las hijas reales que se aliaron con los conquistadores. Pocahontas pertenecía, pues, a la Medea del mito griego y a la Malinche azteca, quien, como intérprete de Hernán Cortés, jugó un papel clave en la conquista del México de hoy por parte de los españoles.

Klaus Theweleit, »You give me fever«. Arno Schmidt. Seelandschaft mit Pocahontas. © 2020 by Matthes & Seitz Berlin.Klaus Theweleit, »You give me fever«. Arno Schmidt. Seelandschaft mit Pocahontas. © 2020 by Matthes & Seitz Berlin.

Tu me das fiebre (1999), el cuarto volumen y de mucho menos páginas, es casi una posdata, una exégesis detallada del paisaje marino de Arno Schmidt con Pocahontas(1953). En síntesis, Schmidt cuenta la historia de una aventura de verano en el Dümmer, un lago entre Osnabrück y Bremen, en el transcurso del cual el narrador en primera persona Joachim Bomann estilizó a Selma Wientge, a quien amaba, como la Pocahontas roja.

Theweleit lee la historia de Schmidt como una celebración de la sexualidad en la mohosa Alemania Occidental de la era del canciller Konrad Adenauer. Esto tiene mucho más sentido si se considera que Schmidt fue demandado por pornografía y blasfemia en nombre del paisaje marino. Recientemente se supo que la ultraconservadora Arquidiócesis de Colonia (pro Opus Dei) estaba detrás de los cargos formulados por dos abogados aparentemente indignados.

En fin, Theweleit se refiere a toda la riqueza de la investigación en estudios culturales de las últimas décadas, sin ser un experto probado en un área en particular. La calidad y el origen de sus fuentes varían mucho: a veces se refiere a monografías relevantes, a veces solo a un artículo periodístico. Esto último puede verse con escepticismo desde una perspectiva científica.

Klaus Theweleit. © 2020 by Matthes & Seitz Berlin.Klaus Theweleit. © 2020 by Matthes & Seitz Berlin.

La suma total es la razón por la que Cortés realmente venció. De todas formas, es un libro fascinante, una anatomía antropológica del Hombre occidental, especialmente del ser humano. Como siempre, Theweleit escribe rítmica y asociativamente, y su síntesis de las más diversas áreas del conocimiento y el arte es una gran fortaleza. Sin embargo, argumenta aquí de manera más estricta y disciplinada que en otras partes de su trabajo. Esto definitivamente beneficia la legibilidad.

Mas el libro tiene sus puntos débiles. Cualquiera que esté familiarizado con la ortografía de Theweleit sabe que regularmente enfatiza los efectos físicos, la internalización literal de los fenómenos culturales. Aquí argumenta con las interconexiones (sinapsis) en el cerebro humano, que no solo deberían estar determinadas culturalmente, sino que también deberían ser heredables. Hay verdaderos saltos cerebrales.

Implícitamente, sin embargo, esto puede entenderse como la superioridad fisiológicamente sólida y real de los europeos sobre los pueblos sometidos. De hecho, también aborda el lado negativo de las divisiones del yo y las flexibilizaciones permanentes que se demandan del individuo en la modernidad occidental, más extremas en el caso del Holocausto, en el que incluso personas que lo sabían y querían ayudar a los judíos lo hicieron. Se trata de escindir el conocimiento y aislarlo, por así decirlo, para no perecer.

Esto señala el camino hacia otro punto de crítica: por encima de la riqueza de detalles en la narrativa de Theweleit y su estupendo conocimiento, la razón de la escritura, el colonialismo, se pierde de vista en algunas partes. Aquí apenas se analizan fuentes primarias, la perspectiva de los subyugados prácticamente no aparece, la conquista real de México solamente de forma episódica. A este respecto, ciertamente no se realizan aquí estudios poscoloniales. Si bien los primeros volúmenes de Pocahontas seguían siendo un trabajo pionero para el área de habla alemana, los estudios culturales y literarios locales son a menudo más críticos hoy.

Otra cuestión es hasta qué punto el modelo diseñado puede aplicarse también a otras partes colonizadas del mundo. Pueden estos enfoques de Theweleit explicar el sometimiento de África o de culturas elevadas, como las de la India y la de China, que ciertamente no tuvieron la perspectiva lineal, pero que sin embargo ejercieron un gran poder durante siglos e incluso milenios. También allí se domesticaron animales. Estas culturas compartían elementos esenciales de las culturas euroasiáticas que Theweleit pone en el centro de su libro. ¿No tenían estas culturas prácticas de secuenciación y segmentación adecuadas o defectuosas?

Por otro lado, el por qué Cortés realmente triunfó, especialmente a través de sus inspiradoras referencias cruzadas a la teoría del totalitarismo de Hannah Arendt, la política de asilo actual de la Unión Europea e incluso las medidas contra el coronavirus, surgido en la primavera de 2020; Theweleit ancla su libro en el aquí y ahora a través de estas asociaciones.

Este autor no sería quien es si no contrarrestara sus diagnósticos, a veces sombríos, con ideas de esperanza. Esta vez, también, provienen de la música, lo que no es de extrañar para un autor que es él mismo músico, oyente entusiasta y autor de una biografía de Jimi Hendrix. Esta vez el Art Ensemble of Chicago y el afro-futurista Sun Ra Arkestra sirven como los ejemplos más importantes.

Theweleit también puede ver aspectos positivos desde la fusión de la naturaleza y la tecnología (digital) hasta los cambios físicos en las personas, sin ocultar lo negativo. Con todo, es por eso que Cortés realmente venció. La obra es recomendable, no como la última palabra sobre los temas de que trata, sino como un gran ensayo que proporciona nuevos elementos para la reflexión, una incitación, como habría escrito Novalis, e invitación a leer y releer los cuatro volúmenes del ciclo de Pocahontas.

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