Opinión

El descuido por el detalle

Maruxa Baliñas
jueves, 31 de diciembre de 2020
Radio Clásica - RNE © RTVE Radio Clásica - RNE © RTVE
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Cuando comencé a escribir mi anterior artículo, Suena demasiado fuerte, pensaba en realidad referirme a un aspecto de Radio Clásica que no se tocó en nuestro editorial sobre la emisora. Pero a veces ocurre que un artículo se independiza y acaba saliendo algo distinto a lo programado y eso es lo que me ocurrió. En cuanto metí por en medio a mis alumnos, todo se desmandó.

Editorial Mi marido, ese artista incomparable Radio Clásica - RNE © RTVE Todos los aspectos de Radio Clásica están sometidos a la legislación y normativa vigentes de las Administraciones Públicas, incluyendo las referidas a las incompatibilidades y conflictos de intereses, aunque la cotidianidad para cualquier oyente de Radio Clásica sea totalmente distinta. Consejo Editorial 03/12/2020

Inicialmente pensaba referirme a cómo la cultura en internet, o más bien esa 'pseudo-cultura' que ha creado, está contagiándose a Radio Clásica, una emisora que como su propio nombre indica debe ser 'clásica'. Y no me estoy refiriendo al término 'clásica' en su sentido de 'música culta occidental' sino a esa categoría establecida por Johann Joachim Winckelmann (1717- 1768) de que todo estilo -en este caso proyecto- tiene cuatro etapas: arcaica, clásica, helénica y decadencia. 

No hace falta que me digan que estas teorías de Winkelmann están superadas porque ya lo sé, pero como elemento de trabajo -al igual que pasa con la teoría de las generaciones o el análisis schenkeriano- sigue siendo útil por la simplificación que ofrece. Radio Clásica tuvo una etapa de creación de la emisora con unos postulados en buena medida elitistas y fruto de la propia estética del franquismo, con un interés por 'la vanguardia' en su sentido más bélico y por el 'avance musical', dos conceptos que -afortunadamente- fueron superándose. También hay que considerar un hito importante, paralelo a lo que ha ocurrido en todo el mercado musical, la incorporación del teatro musical (principalmente la ópera) al repertorio común de cualquier melómano y por lo tanto de Radio 2 (como entonces se llamaba). Los que ya peinamos canas recordamos todavía que en Radio 2 la ópera apenas sonaba y a menudo se referían a ella como un género inferior a la música religiosa o sinfónica. 

Pero en la medida en que estos conceptos se convirtieron en algo del pasado, Radio 2 se convirtió en una emisora buena y con algunos locutores realmente excepcionales, tanto por sus conocimientos periodísticos como por su propia cultura musical: hablar de Pérez de Arteaga es casi hacer trampa, porque personalidades así aparecen pocas, pero sin llegar a ese nivel había buenos locutores en Radio 2 / Radio Clásica

Opinión “Suena demasiado fuerte” Ruido © 2020 by diariojuridico.com Los aficionados a la música, que nos hemos pasado años preocupándonos por la obtención de la calidad sonora, estamos renunciando a ella casi sin darnos cuenta.Y así llegará un momento en que también nosotros, los melómanos, asistiremos a un concierto y pensaremos como mis alumnos que “suena demasiado fuerte” Maruxa Baliñas 08/12/2020

Lamentablemente la 'cultura de youtube' que se está imponiendo cada vez en mayor medida está resultando ser una mala influencia para los programas de radio, y especialmente para Radio Clásica, una emisora que por su historia y destinatarios debería ofrecer unos estándares de calidad muy superiores. 

A youtube, en general, no le interesa la calidad de los intérpretes musicales o de la grabación, a menudo no se identifica correctamente a los participantes en la grabación y abundan memes y coversPero que esto mismo pase en Radio Clásica es muy grave. 

Desde hace unos cuantos años este es un virus que parece haber atacado gravemente a un amplio porcentaje de los locutores de esta cadena: aparentemente les da igual la calidad de la grabación, no les importa pronunciar bien el nombre de un compositor o intérprete, y se han convertido en expertos en ocultar qué y quién está sonando. Como ya se ha hablado anteriormente de la complicada relación entre informar de la actualidad musical y presentar discos e intérpretes con un claro sentido comercial, no me voy a meter nuevamente en ese tema, pero a veces Radio Clásica se asemeja demasiado a la sección de discos de un gran supermercado, donde todo vale y nadie sabe qué está vendiendo. 

Evidentemente esto es un apartado más del gran caos creado por internet, que ha transformado decisivamente el mercado musical e incluso el modo de escuchar música privadamente. De hecho, muchos jóvenes (ahora ya no tan jóvenes, algunos de ellos) aficionados a la música clásica no llegaron a engancharse a la escucha radiofónica, algo que me resultó bastante desconcertante en su momento, pero que hoy es un hecho al que ya no es posible oponerse.  

Lógicamente ante este nuevo mundo la radio musical tiene que cambiar y a lo largo del siglo XXI se han visto bastantes experimentos fallidos o simplemente fugaces y otros que se han afirmado y convertido en estándares, como los podcasts. Muchos oyentes ya no desean escuchar simplemente música, sino también una narración ligada a esa música, un hilo que le de coherencia. Pero también sigue habiendo un porcentaje de oyentes que disfrutaron de Radio 2 en el pasado y siguen deseando algo parecido en la actualidad, aunque mejorado. 

Y aquí es donde creo que surgen el problema básico y los problemas concretos. Radio Clásica parece dudar entre renovar y transformar, y en la práctica no está consiguiendo ninguna de las dos cosas. No hay una idea clara de lo que se quiere hacer, no parece existir un 'línea editorial', un concepto. Como pasa en tantas ocasiones, se hacen cosas pero no se reflexiona sobre ellas. Aunque ambos conceptos de radio parezcan antagónicos, en realidad no lo son, simplemente es necesario hacer un esfuerzo consciente y arriesgado para salvar a una emisora que considero muy válida para estos tiempos. Y este esfuerzo debe pasar por cuidar la calidad de los realizadores, guionistas y locutores, en vez de convertirlos en árbitros del gusto musical, y sobre todo por devolverle el protagonismo a la música, a compositores e intérpretes. 

La principal queja de los oyentes más 'clásicos' de Radio Clásica estriba en esta falta de respeto a la música, en que a menudo se presenten grabaciones sin indicar quienes son los intérpretes, no se cite claramente la pieza que está sonando por lo menos al principio y al final de la audición (y mejor si lo dicen varias veces, porque a menudo te incorporas a la emisión en medio del programa), en demasiadas ocasiones se elijan versiones francamente malas de la música que se interpreta, etc. Esto no es en absoluto incompatible con hacer una radio más ágil e informativa, donde los criterios de selección no sean los de un archivero o bibliotecario, donde el formato pueda acercarse al del podcast o a la radio 'de autor'. 

De hecho, pocos de los oyentes de Radio Clásica se quejan de la creciente incorporación de música de consumo o de otras tradiciones culturales a pesar de ser un cambio muy significativo, precisamente porque estos programas suelen estar realizados por guionistas / locutores bien preparados, que les interesa y gusta la música que ponen y que suelen localizarla muy correctamente en el tiempo y el lugar. Cuando hablan de una figura de flamenco, de jazz o de música de baile de principios del siglo XX, cuando presentan una grabación de música que no es 'música culta occidental' sabes que lo que dicen es cierto, o por lo menos que es lo que se sabe al respecto, pero cuando hablan de estándares del repertorio, de 'los grandes compositores', tienes que estar preparado para escuchar que Debussy estudió con Gershwin, que Rachmaninov es un compositor ajeno a su tiempo, o que no dicen el nombre de este compositor porque es tártaro y en esos países no hay tradición musical aparte de los muecines.  

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