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Perspectivas sobre Donald Trump

¿Por qué estamos polarizados?

Juan Carlos Tellechea
lunes, 14 de diciembre de 2020
Der tiefe Graben © 2020 by Hoffmann und Campe Der tiefe Graben © 2020 by Hoffmann und Campe
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El plan del próximo presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, para exhortar a todos los ciudadanos a utilizar máscaras de protección bucal y nasal durante 100 días, el tiempo que se necesita para vacunar contra el coronavirus a los grupos en mayor peligro, suena ambicioso, pero la situación sigue siendo allí extremadamente grave.

A Biden le aguarda una tarea hercúlea. Su equipo quiere restaurar el orden en el país, incluída la economía, tras el caos dejado por el saliente Donald Trump. Al igual que Hércules, en la mitología griega, Biden tendría que limpiar de estiércol el establo de Augías que nunca ha sido aseado.

Mas continúa abierta la cuestión de si logrará que los 74,1 millones de seguidores de este desdichado ilusionista y malabarista llamado Trump apoyen sus planes. Biden ya anunció que el reconocido inmunólogo y experto en coronavirus Anthony Fauci, una eminencia mundial en su especialidad, se convertiría en su principal asesor médico. Fauci, ex integrante del equipo de expertos de Trump, fue destituido por éste, en una más que vergonzosa acción de las suyas.

“Por qué estamos polarizados“ (Why We're Polarized), del analista político y periodista Ezra Klein, acaba de ser publicado en Alemania bajo el título de Der tiefe Graben. Die Geschichte der gespaltenen Staaten von América (La profunda brecha. La historia de los Estados Divididos de América)*, en una traducción del inglés estadounidense de Katrin Harlaß, por la renombrada editorial Hoffmann und Campe, de Hamburgo.

Cual falla de San Andrés, la polarización que experimenta en su sociedad esta superpotencia mundial es consecuencia lógica del desarrollo del sistema bipartidista de Estados Unidos y el problema no radica en la honda división abisal misma, sino en cómo enfrentarla. La obra de Klein va más allá aún para convertirse en una urgente advertencia dirigida hacia todos los países democráticos que se encuentran en un creciente proceso de división social.

Uno de los múltiples desafíos

El mayor desafío de Biden, junto con su vicepresidenta Kamala Harris, en los próximos cuatro años será además superar la profunda brecha entre la ciudad y el campo. Una evaluación provisional de los resultados electorales del pasado 3 de noviembre muestra que el vencedor del partido Demócrata pudo revertir el resultado de las elecciones en los grandes suburbios a su favor. Sin embargo, las regiones rurales permanecen todavía, por el contrario, firmemente en manos del perdedor del partido Republicano, Trump.

No hay que olvidar que más de 81 millones de votantes han depositado su confianza en Biden. Tal como Hércules cuando se encontraba en la encrucijada, Biden se decidió una vez más, ante caminos tan bifurcados, tomar por el sendero más difícil en lugar del más fácil. Ahora, a la edad de 78 años, Biden se enfrenta a otro desafío heroico.

Por lo tanto, uno puede apegarse al optimismo de la metáfora de Hércules, especialmente porque el mito también incluye el triunfo de éste sobre el horrible león de Nemea, que tampoco debe pasarse por alto, y sobre todo la lucha contra la Hidra de cien cabezas, el horror por excelencia, que cada cabeza cortada vuelve a crecer dos veces.

Las mentiras de Trump

Pero ¿qué mito puede ser ese que no cuente una historia de mendacidades, sino que contenga una verdad superior, apta para la realidad de los Estados Unidos, en el que las mentiras de Trump, las de conspiración y fraude electoral, se han multiplicado en millones de testas (huecas o no)? Visto de esta forma, la lucha por el establo parece una tarea más fácil que la de las cabezas de la Hidra.

Estados Unidos registró la mayor participación electoral en más de un siglo. Ambos candidatos pudieron movilizar a sus partidarios en gran medida; Trump obtuvo una cifra superior a los 18 millones de votos más que hace cuatro años. Esto es una buena señal para una democracia viva, pero las evaluaciones iniciales revelan también algo inquietante: la división urbano-rural se ha profundizado.

El análisis de los acontecimientos que han convertido a republicanos y demócratas en partidos de auténtico clientelismo político se remonta a la década de 1950 (al final de la administración del presidente Harry S. Truman y bajo el gobierno de Dwight D. Eisenhower), cuando comenzaron los grandes trastornos de nuestro tiempo. En realidad, Trump no es el origen, sino un síntoma de esta evolución que lleva a reflexionar acerca de sus efectos sobre la sociedad, los medios y la política, así como sobre si sus respectivos votantes se verán favorecidos específicamente en el futuro.

Fin de la era liberal

Cabe preguntarse además, en medio de tantos fracasos y fallos en la historia reciente de la política estadounidense, si no habrá llegado ya el fin de la sociedad liberal, y si se podrá volver a superar pacíficamente la división social algún día, sin una revolución violenta o una cruenta guerra civil.

La austeridad está en el orden del día del futuro gobierno de Biden, a cuya toma de posesión del cargo el 20 de enero de 2021 a las 12 horas (local) en Washington, acudirá menos de un millón de personas, debido a la difícil situación por la sindemia, según sus propias palabras. Al primer acto de juramentación del presidente Barack Obama en enero de 2009 acudieron 1,8 millones de personas, una cifra jamás alcanzada por ningún otro mandatario en la historia de los Estados Unidos.

Mientras, Obama se ha unido ahora a la campaña por la segunda vuelta de las elecciones en Georgia para elegir a dos senadores el próximo 5 de enero. Si ganaran Jon Ossoff y Raphael Warnock, los demócratas tendrían mayoría en la cámara alta del Congreso de los Estados Unidos, aunque algunos de sus planes más ambiciosos tendrían que negociarlos de todas formas con la oposición.

Trump, quien trata por todos los medios de poner los mayores obstáculos posibles al ya difícil camino de Biden, y quiere a toda costa deslegitimar los resultados de Georgia (como lo ha intentado fallidamente en otros estados), se ha sumado también a la campaña en favor de los republicanos David Perdue y Kelly Loeffler para esa segunda vuelta. El presidente saliente teme que el Departamento de Justicia, bajo la administración de Biden, le incoe a él y a sus familiares directos, varios procesos por corrupción y malversación de fondos.

La división

La cuestión de si el fenómeno Trump terminó con la elección del dúo Biden - Harris ciertamente puede responderse de diferentes maneras. Con la perspectiva de una presidencia más tranquila (o al menos: más civilizada) de Biden, los medios de comunicación y la política ya han bajado notablemente el nivel de alarma, al igual que la masa de ciudadanos que enfrentan los problemas cotidianos actuales, como la epidemia del COVID-19 o la situación económica directamente vinculada a ella.

En el mercado de los libros de no ficción, los análisis sobre los "Estados Divididos (o Desunidos) de América“, naturalmente, siguen siendo un tema a considerar. En primer plano la pregunta que todos se formulan, incluso en los sectores de izquierda, es cómo pudieron haber llegado las cosas hasta tal punto en ese país.

Klein, criticado por demasiado progresista en los círculos y medios más conservadores, intenta llegar a fondo exactamente en esta cuestión, describiendo los asuntos de forma concisa y comprensible. Los primeros cinco capítulos de la obra están escritos con la pretensión de proporcionar una génesis razonablemente coherente del hecho de que los mundos de los republicanos y de los demócratas se están alejando cada vez más, y de que los medios de comunicación contribuyen a ello, cada uno a su manera.

Para el autor la radicalización se sitúa principalmente en el lado del partido Republicano. Es sabido que en el intercambio político de posiciones que llevaron a cabo demócratas y republicanos durante las décadas de 1950 y 1960 se produjo el conocido fenómeno, según el cual los primeros rechazaron a su ala conservadora–racista Dixiecrat,y los segundos llenaron con éxito ese vacío.

Las ciencias sociales

Pieza enlazada

Klein intenta explicaciones basadas en estudios de campo sociológico-social-psicológicos, verbigracia del profesor Dr. Torben Lütjen, del Instituto de Ciencias Sociales y Ciencias Políticas la Universidad de Kiel (norte de Alemania), o del brillante diseño histórico general de la historiadora estadounidense Jill Lepore, profesora del Departamento de Historia de la Universidad de Harvard, y autora, entre otras obras, de Esas verdades. Historia de los Estados Unidos. Pero todo el mundo sabe que sus resultados pueden interpretarse de forma diversa y, en caso de duda, de la manera más coherente posible con las ambiciones u objetivos del intérprete.

Jill Lepore no solo proporciona la génesis de las ideas políticas, así como sus interpretaciones y efectos, sino que describe asimismo el funcionamiento muy concreto de la democracia estadounidense que con el tiempo se ha vuelto cada vez más compleja de organizar, aunque también más fácil de manipular.

Los últimos cinco capítulos del libro tratan de la situación actual. Klein, quien quiere vender también su mensaje político, la define como un punto muerto, caracterizado por un partido Republicano que está en las garras de su base radicalizada y sigue aproximadamente la estrategia de ganar terreno en lugar de votos, y un partido Demócrata que enfrenta el desafío de las posibilidades de la coalición arcoiris que plantea la gran masa de sus votantes, para desarrollarse plenamente.

La principal tendencia identificada por Klein es la de que mientras los demócratas, debido a un sistema electoral obsoleto que favorecía a los representantes, están prácticamente obligados a dirigirse también a los votantes de centro derecha, los republicanos, incluso los moderados, tienen que tener cada vez más en cuenta su base radical.

Los remedios sugeridos por Klein, al final, se pueden resumir en más separación de poderes, una reforma de los mecanismos representativos en la cabeza y las extremidades que pueden ser o no compartidos en términos de contenido. Visto desde el punto de vista de la Realpolitik,no es que los Estados Unidos hayan llegado desde la presidencia de Trump al punto de verse obligados a resolver esta polarizada situación. Cualquiera que conozca la historia de ese país sabe que los momentos como los actuales contienen un potencial considerable de violencia y pueden mantenerse en suspenso durante un tiempo relativamente largo, pero no para siempre.

La Guerra Fría Civil

Amerika im Kalten Bürgerkrieg. © 2020 by WBG.Amerika im Kalten Bürgerkrieg. © 2020 by WBG.

Trump encarna lo que el politólogo Torben Lütjen llama la última línea de retirada en su análisis titulado Estados Unidos en la Guerra Civil Fría. Dado que este enfrentamiento no terminó en la noche de las elecciones del pasado 3 de noviembre, uno podrá disentir con el libro durante mucho tiempo. El republicanismo de Trump encarna la última línea de retirada de unos Estados Unidos de mercado radical, reaccionario, racista y con carga religiosa (de este último punto precisamente nos referiremos en una próxima reseña). Como activista electoral, Trump ha confirmado que esto no solo se hizo con medios injustos, sino también con mentiras abierta y agresivamente descaradas.

Que Donald Trump Jr. incluso haya llamado a la guerra total cuando se perdieron las elecciones es tan indignante, como lógico dentro de la lógica paranoica del trumpismo. La demagogia no conoce escrúpulos; quien es demagogo ignora los escrúpulos y las dudas. La falta de escrúpulos siempre ha sido el último recurso de Trump: ¿por qué no imponerla por la fuerza, salvando la piel de un autócrata a expensas de la de los ciudadanos?

Usurpación

Trump se apropió de la política como un empresario; fue la toma hostil de un empresario que triunfó en una línea comercial particularmente explosiva, el negocio inmobiliario, también un establo de Augías. La Trump Tower por sí sola se ha convertido en un símbolo de prácticas fraudulentas que se extienden mucho más allá de la Quinta Avenida de Nueva York. No fue solo con esta propiedad que Trump y los poderes opacos, comenzando por la mafia de Nueva York, formaron una comunidad conspirativa (sic).

La voluntad de engañar así como la creencia en el poder de la conspiración son obviamente varias cosas diferentes, un modelo de negocio de éxito, un patrón político y mental de gran éxito que, aunque es un país de modernización radical, tiene una tradición en los Estados Unidos, y no desde entonces, sino desde los días de la Guerra Fría y de la era McCarthy.

Esto es bastante asombroso, considerando que se trata de los Estados Unidos. Torben Lütjen nos recuerda, cómo el país del pragmatismo, incluso en los tiempos del totalitarismo, el nacionalsocialismo y el estalinismo durante las décadas de 1930 y 1940, la población estadounidense mantuvo en gran medida su distancia ideológica; a no ser que no se cuente también una amalgama no contradictoria de valores como la igualdad, la libertad, el individualismo y la ética empresarial protestante como parte de una ideología. Los radicales lo ven de esa manera.

Estados Unidos, una ideología

Sea como fuere, nunca ha existido algo así como el fin de las ideologías; la ideología de la falta de ideología es una ideología particularmente inteligente, y "Estados Unidos en sí era una ideología", señala Lütjen. Nadie como Trump ha querido hacer tan inequívoca e ineludiblemente grande esa ideología que es Estados Unidos. El trumpismo no tendría tanto éxito con sus partidarios si él no hubiera elevado el excedente ideológico, el partidismo descarado y sin disfraz, contra el pragmatismo.

Es asombroso que el partidismo en los Estados Unidos en realidad tenga una connotación negativa, como escribe Klein en su libro. La parcialidad es mala. Ser partidista es mal considerado, molesto. Sin embargo, la molestia es una estrategia populista, porque la ira promete popularidad. Un tal William Jennings Bryan, del campo demócrata, quien se postuló para su partido en las elecciones de 1896, proporcionó un ejemplo de partidismo descarado.

Por el bien de su éxito, atacó a su propio partido político y declaró que éste era su oponente. Para ello evitó los «medios de comunicación de masas» de la época, se basó en «sus propios folletos», que a menudo se hacían los tontos sobre los hechos reales, nos recuerda el politólogo británico David Runciman en su libro Así termina la democracia.

Un Trump del siglo XIX

Así termina la democracia. © 2019 by Paidós.Así termina la democracia. © 2019 by Paidós.

Hay más paralelismos con Trump todavía: el candidato demócrata negó la competencia de los expertos económicos, los acusó de conspiración a expensas de la gente pequeña, denunció el capital extranjero, sirviendo resentimientos anti-judíos, y prometió dar prioridad a los intereses de los agricultores americanos en caso de su victoria electoral. Es decir, fomentó el proteccionismo, el racismo, el golpe contra las élites y la pericia.

Según Runciman, el agitador Bryan se basó en la confusión, incluidas las teorías conspirativas que, además de las ya mencionadas, apuntaban a la pérdida de confianza en las instituciones democráticas. Las instituciones – son un mal que hay que exterminar. ¿Tal vez un establo de Augías?

El antiestatismo

Además de la politización de la cuestión racial y de la politización de la religión, Lütjen cita una tercera causa de la crisis de la democracia estadounidense, el "movimiento contra el Estado", una ideología que Trump ha agudizado contínuamente, porque teme (como el diablo al agua bendita) el peso de la Justicia estadounidense en su contra.

Es una hostilidad abierta hacia las instituciones, una hostilidad flagrante hacia el Estado. En vista del anti-estatismo del que se sirve Trump en su propio provecho, se hace evidente la otra cara de la metáfora del establo de Augías. Algo así como el autoengaño de una metáfora cuando sirve al resentimiento. No hay prejuicio que no sea propenso a la ideología de la conspiración; ninguno que no deleite a los héroes.

Ignorancia y falta de cultura política

¿Así que nada de Hércules, limpiando los establos de Augías? Los conocedores de las causas de la crisis americana siempre llaman la atención sobre la ignorancia fundamental en los EE.UU. La susceptibilidad a las increíbles teorías de conspiración, afirma Runciman, se explica expresamente por la horrenda crisis educativa de los Estados Unidos; de una pobreza increíble. No hay ni cultura ni concienciación política a nivel del público general.

Lo que plantea la pregunta de nuevo: ¿Es Biden un Hércules? En cuanto a esto, se ganaría algo si se viera en Hércules no sólo a uno de esos vándalos de las películas de acción de Hollywood, a un Ryan Gosling o a un Arnold Schwarzenegger, sino a un gran hombre fuerte y asertivo. Pero, ¿qué sucesor de Hércules estaría a la altura de la tarea, a menos que la abordara con tenacidad, con gran fuerza, sin compromisos, con una mente horriblemente estrecha?. Así que sobre el establo de Augías mejor no mencionar nada y ni siquiera tocar en serio el mito.

Los cambios demográficos

Ezra Klein, como buen liberal de izquierda que es, apuesta también por los cambios demográficos. Claro, a la larga los Estados Unidos se volverán más diversificados e incluso más urbanos. En general, sin embargo, esta esperanza apunta a una caja negra temática que no solo es patrimonio del liberalismo de izquierda estadounidense. Es la tendencia permanente a evaluar las cuestiones de identidad y de política identitaria como inmensamente importantes y las cuestiones de división y lucha de clases, esto es, entre pobres y ricos, como subordinadas a ellas.

En tal sentido, La profunda brecha ossía Por qué estamos polarizados es un libro completamente informativo que vale la pena leer. No es que este autor tenga el monopolio de la verdad ni mucho menos, pero la obra es idónea para todos aquellos que quieran saber algo más de por qué los Estados Unidos se hallan en la escorada situación en la que se encuentran. Aunque, de ninguna manera es esta una Biblia que permita interpretar todas las cuestiones relacionadas con la polarización.

Notas

Ezra Klein, «Der tiefe Graben. Die Geschichte der gespaltenen Staaten von América», Übersetzung, Katrin Harlaß, Hamburg: Hoffman und Kampe, 2020, 384 Seiten. ISBN 978-3-455-01002-2

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