Discos

Un Beethoven impetuoso y arrebatador

Paco Yáñez
lunes, 28 de diciembre de 2020
Ludwig van Beethoven: Sinfonías 1 a 5. Le Concert des Nations. Jordi Savall, director. Manuel Mohino, ingeniero de sonido. Tres SACDs DDD de 170:45 minutos de duración grabados en la colegial del castillo de Cardona (España), los días 5 y 6 de junio de 2019, y del 5 al 9 de octubre de 2019. Alia Vox AVSA9937
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Alcanzamos el final de un 2020 que estaba destinado a conmemorar en las salas de conciertos de todo el mundo los 250 años que este mes de diciembre se han cumplido del nacimiento de Ludwig van Beethoven (Bonn, 1770 - Viena, 1827), una celebración que ha quedado seriamente mermada por una pandemia de la COVID-19 que no sólo ha alterado los programas de música en vivo, sino muchos de los proyectos discográficos que se habían anunciado para dar un mayor brillo y unos nuevos perfiles interpretativos a tan señalada efeméride beethoveniana (en todo caso, estamos a tan sólo siete años de que se cumplan los dos siglos de la muerte de Beethoven: ocasión que, sin duda, se aprovechará para paliar los estragos que este año hemos padecido en lo que al aniversario beethoveniano se refiere).

Discos Beethoven: Plan A Ludwig van Beethoven: Sinfonía Nº5 en do menor opus 67.musicAeterna.Teodor Currentzis, director.Giovanni Prosdocimi y Jack Ryan Smith, productores.Vangelino Currentzis, Sébastien Germain y Damien Quintard, ingenieros de sonido. Paco Yáñez 06/07/2020

Entre los proyectos discográficos centrados en el genio de Bonn más esperados (al menos, por quien firma estas líneas firma) estaban los de Teodor Currentzis —finalmente, reducido a la publicación en Sony Classical (19075884972) de una excelente versión de la Sinfonía Nº5 en do menor opus 67 (1807-08)— y los de Jordi Savall, director que ha sufrido en sus propias carnes la epidemia que este año nos azota, y que tuvo el buen ojo de haber dejado grabadas las primeras cinco sinfonías de Beethoven en junio y octubre de 2019, de forma que en el propio año de la efeméride éstas han visto la luz en una edición tan bella y cuidada como acostumbra Alia Vox, ofreciéndonos, además, una lecturas realmente inspiradoras que se conectan de forma totalmente lógica y directa con el mejor precedente discográfico que del genio de Bonn tenemos en manos del director catalán: la lectura que Jordi Savall grabara, en enero de 1994, de la Sinfonía Nº3 en mi bemol mayor "Eroica" opus 55 (1802-04), una versión personalísima y arrolladora aparecida, originalmente, en el sello Auvidis Fontalis (ES 8557) y reeditada en SACD por Alia Vox (AVSA9816).

Pues bien, un cuarto de siglo más tarde, volvieron Jordi Savall y los extraordinarios músicos de Le Concert des Nations (con numerosas y bien seleccionadas incorporaciones, que mantienen el nivel de excelencia y pujanza en la orquesta) al mismo lugar donde habían grabado aquella Eroica del año 1994, a la colegial del castillo de Cardona, para ofrecernos un comienzo de integral beethoveniana de verdadero fuste, que se coloca entre las opciones más atractivas en lo que a versiones con instrumentos de época se refiere. El primer compacto de los tres SACDs reunidos en este volumen ya nos golpea sin miramientos desde su inicio, con una versión de la Sinfonía Nº1 en do mayor opus 21 (1799-1800) realmente sobresaliente, que me ha gustado más que las últimas sinfonías mozartianas publicadas por el propio Savall en Alia Vox (AVSA9934), aquí con mayor vivacidad, más contrastes y una articulación más acerada, así como con un deje haydniano muy propio que confiere a este Beethoven un sabor clásico tan pertinente; al tiempo, muy transparente y estructural, pero sin omitir una extraordinaria pujanza en los pasajes más vigorosos. En este sentido, hemos de recalcar, ya desde esta Primera sinfonía, la enorme presencia de los timbales —aquí, el percusionista Marc Clos—, con una proyección espacial y unas dinámicas que alcanzan unos volúmenes impactantes (en algunas reseñas he leído críticas a la excesiva sonoridad de este instrumento en estas grabaciones), quizás, en el límite de lo admisible, pero que, cierto es, confieren una acentuación y unos relieves a los planteamientos rítmicos que convierten a Marc Clos en un músico crucial dentro de Le Concert des Nations para el desarrollo de esta tan enfática visión la Primera Sinfonía (lo mismo que sucederá en las restantes versiones aquí reunidas; respectivamente, con Pedro Estevan, en las sinfonías pares; y con Adrian Schmid, en las impares: muestra evidente, dada la unidad interpretativa que se confiere a los timbales en todas estas lecturas (siempre tocados con baquetas de madera), de que es éste un planteamiento muy acusadamente prescrito por el propio Jordi Savall).

Más allá de las tan analizadas y discutidas cuestiones metronómicas en las sinfonías de Beethoven (dando por sentado que Jordi Savall opta por planteamientos historicistas derivados del cotejo de los manuscritos originales, sobre los que ahonda en el libreto de esta edición), estamos ante unas lecturas mayoritariamente rápidas, aunque, como veremos en el caso de la Eroica, desarrollando esta celeridad de un modo ya distinto que el que Jordi Savall había expuesto en su Tercera sinfonía del año 1994. En el caso de la Sinfonía Nº1 en do mayor, Savall da cuenta de la misma en 9:01, 6:52, 4:01 y 5:34 minutos por cada uno de los movimientos; por tanto, muy próximo a las duraciones (y a los planteamientos) de un John Eliot Gardiner en su ciclo de comienzos de los años noventa para Archiv (439 900-2). Frente al Beethoven del director británico (algo más lírico), el de Savall es más aguerrido y virulento, así como con una impronta —como antes señalaba— más haydniana, mientras que Gardiner hace más patente la influencia de Wolfgang Amadè Mozart.

Como la Primera sinfonía, la Sinfonía Nº2 en re mayor opus 36 (1802) presenta aquí una instrumentación de diez primeros violines, ocho segundos violines, seis violas, cinco violonchelos, tres contrabajos, dos flautas traveseras, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, dos trompas, dos trompetas y los timbales de Pedro Estevan, nuevamente atronadores y con un protagonismo, en lo rítmico, total. Si la versión de la Sinfonía Nº1 me parecía sobresaliente, la de esta Segunda la situaría en el nivel de lo referencial, con una perfección y unos niveles de detalle impresionantes, no sólo en lo más impetuoso y volcánico, sino en los pasajes más líricos: escúchese el comienzo del 'Allegro molto' y los juegos de presencias y distancias, a través del fraseo, la articulación y la regulación dinámica, que Savall despliega en las cuerdas de Le Concert des Nations, de un modo que me ha recordado al propio Daniel Barenboim en su ciclo del año 1999 para el sello Teldec (3984-27838-2). Obviamente (y a pesar de que la alemana es una orquesta con cierta pátina de sonido antiguo), la presencia tímbrica de Berliner Staatskapelle y Le Concert des Nations es totalmente diferente, siendo —en mi opinión— muchísimo más disfrutable el sonido del conjunto catalán: tan bien definido y personal, con verdaderos solistas en cada atril y con una sonoridad que, hoy por hoy, me parece la más adecuada para este repertorio. Con una duración por movimiento de 12:21, 10:27, 4:36 y 6:41 minutos, estamos ante una nueva versión de marcados contrastes, capaz tanto de recrearse con mimo en los compases más serenos, dibujándolos con una elegancia haydniana, como de emplearse a conciencia en los más furibundos, de modo que la Eroica ya se respira, a través de la batuta de Jordi Savall, en una Segunda sinfonía cuyos momentos de mayor brío y empaque se sitúan ya prácticamente en el Romanticismo. Por su precisión, su personalidad y su poderío, estamos no sólo ante una de las mejores versiones de esta primera parte de la integral beethoveniana de Jordi Savall y Le Concert des Nations, sino ante una de las mejores lecturas de la Segunda jamás grabadas.

Como hemos mencionado anteriormente, la Sinfonía Nº3 en mi bemol mayor "Eroica" opus 55 constituía, junto con la impresionante grabación de la Coriolan-Ouvertüre opus 62 (1807), el único antecedente beethoveniano de Jordi Savall en disco compacto: una versión que en su día provocó una enorme polarización entre la crítica por lo extremo de sus planteamientos. Me encuentro entre los fascinados por aquella lectura, tan arrebatadora y furiosa; en mi opinión, uno de los logros interpretativos de un director tan dado a redescubrirnos la historia de la música como Jordi Savall. Por planteamientos, estamos ante una lectura muy similar, aunque quizás no tan violenta, agresiva y lanzada a tumba abierta como la del año 1994, que me parece más de una pieza, más redonda. Por tempi y duraciones de los movimientos, nos movemos en planteamientos prácticamente análogos. Así, si en 1994 Jordi Savall empleaba 15:23, 12:48, 5:25 y 10:51 minutos en cada uno de los cuatro movimientos de la Eroica, en 2019 se va a 15:31, 12:49, 5:29 y 10:08 minutos; por tanto, ligeramente más rápido en el 'Finale', pero de presupuestos, en global, prácticamente calcados. En todo caso, si queremos remitirnos a lo mejor del director catalán en este repertorio, repito: su Eroica de 1994 sigue por encima de esta grabación del 2019.

Al igual que la de la Segunda sinfonía, la versión de la Sinfonía Nº4 en si bemol mayor opus 60 (1806) aquí recogida constituye otro de los puntos álgidos de esta edición, alcanzando unos resultados realmente espectaculares que la convierten en una lectura referencial. En ella destaca su acusado sabor clásico, su clarividencia estructural y, cómo no, su poderosa energía, rehuyendo enfoques más tenebristas de la partitura —que, en todo caso, pueden dar lugar a fantásticas aproximaciones en dicha clave, como la de Leonard Bernstein al frente de la Filarmónica de Viena, en su registro del año 1978 para la Deutsche Grammophon (483 7393)—. Obviamente, la de Jordi Savall suena de un modo completamente distinto, y aunque el director catalán contemple los metrónomos establecidos por Beethoven —de forma retrospectiva para las primeras sinfonías—, su flexibilidad lo aleja de otras lecturas historicistas, como la de Jos van Immerseel —en su también muy recomendable ciclo beethoveniano para Zig Zag Territoires (ZZT080402.6)—, más aferradas a dicho metrónomo. La Cuarta sinfonía es un ejemplo revelador de cómo Savall se toma mayores libertades, lo que redunda en un fraseo más rico y personal; de nuevo, entre unos ecos clásicos que aquí vuelve a subrayar y una fuerza que no deja de acusar la tensión que a este opus 60 transmiten los dos gigantes sinfónicos que la secundan. Las duraciones de esta versión son de 11:09, 8:29, 5:34 y 6:49 minutos, respectivamente.

En el 'Adagio - Allegro vivace', Jordi Savall es capaz de mostrar audacias tímbricas poco habituales en esta Cuarta sinfonía, tendiendo un puente que va del Haydn más imaginativo al propio Berlioz, con Beethoven como nexo a través de un opus 60 aquí reinventado. Los juegos de timbales en lontananza así lo demuestran, dotando de una espacialización muy poco común a este primer movimiento, aquí repleto de originalidad y fuerza. A pesar de una introducción ligeramente tenebrista, cargada de tensión y obscuros presagios, el desarrollo se encamina hacia un 'Allegro vivace' muy fresco, de bellísima cuerda (siempre de tripa y con arcos históricos), haciendo de este primer movimiento un camino hacia la luz. Es, por ello, totalmente consecuente la dirección de Jordi Savall en un 'Adagio' aquí lírico y repleto de diálogos entre las secciones orquestales, con una calidad camerística soberbia y unas maderas estupendas cuya frescura anticipa nítidamente al Beethoven de la Pastoral (1808). El enorme virtuosismo de Le Concert des Nations confirma el crecimiento como compositor de Beethoven entre la Eroica y una Cuarta tomada, en ocasiones, como una página «de transición», pieza a la que esta grabación hace justicia aunando calidad y belleza. Los conclusivos 'Allegro molto e vivace' y 'Allegro ma non troppo' no hacen sino rubricarlo; de nuevo, impetuosos y fornidos, con un impresionante Pedro Estevan en el cuarto movimiento, arrastrando tras sus timbales a una cuerda cuyo ataque tan percusivo sobre el arco me recuerda al de musicAeterna en su Quinta con Teodor Currentzis: dos directores, el griego y el catalán, que despliegan un Beethoven de una fuerza arrolladora que se agradece, pues nunca deja de estar unido dicho vigor, en sus respectivas lecturas fonográficas, a una cantidad de detalles técnicos del más alto virtuosismo, así como a una personalidad interpretativa —más allá de instrumentaciones, metrónomos e historicismos— de la más alta excelencia artística.

Culmina esta primera parte de la integral sinfónica beethoveniana de Jordi Savall con ese monumento intemporal que es la Sinfonía Nº5 en do menor opus 67, segundo regalo de un año, el 2020, que, con ésta de Jordi Savall y con la ya mencionada Quinta de Teodor Currentzis, nos ha dejado dos de las cumbres interpretativas de esta sinfonía. Aunque pueda parecer difícil, la de Jordi Savall es, incluso, más directa y contundente que la de Teodor Currentzis, así como más de una pieza y —si me apuran— más tradicional. No contempla el director catalán los planteamientos tan particulares —de estupendos resultados— de Teodor Currentzis, moviéndose por territorios más conocidos en la historia interpretativa de la Quinta, si bien dándole unas vueltas de tuerca y una intensidad que harán que, pese a que disponíamos de grandes lecturas historicistas, como las de Franz Bruggen —en su ciclo para Philips (442 156-2)— o John Eliot Gardiner, ésta me parece, en esa línea, la más redonda y contundente, a la par que la del propio Teodor Currentzis, si bien con personalidades muy distintas: algo que se aprecia ya desde las primeras cuatro notas que abren la sinfonía, por el modo tan distinto en que uno y otro organizan el fraseo, la dinámica de acentuación de cada nota y, muy especialmente, la elongación de esa cuarta nota que, en manos de musicAeterna, se estira de forma tan curiosa, donde Savall es más enfático y rápido. A lo largo de todo el movimiento, es de imaginar que en la lectura de Le Concert des Nations el timbal de Adrian Schmid (ya presente en la Eroica) se muestra pletórico y fundamental para puntuar un fraseo articulado y acentuado de forma muy potente y expresiva, ganando la orquesta en presencia, con unos soberbios metales que aquí muestran otro grado de desarrollo en la escritura beethoveniana (con tres trombones de hermoso y rotundo sonido), como las propias maderas, de forma que, sinfonía a sinfonía, Jordi Savall nos va mostrando con nitidez los progresos en el arte compositivo del genio de Bonn, algo no tan frecuente como podría parecer a priori, y que coloca cada versión de estas sinfonías en su punto estilístico y madurativo exacto, de forma que resulta una gozada tanto su audición por separado como de forma progresiva, en conjunto.

Siendo una lectura bien planteada y muy conducida por las cuerdas de Le Concert des Nations, el 'Andante con moto' no alcanza la belleza de la versión de musicAeterna, que en este segundo movimiento marcaba el punto álgido de su versión para Sony Classical. Retoma Jordi Savall la senda de excelencia del primer movimiento en el 'Allegro', agilísimo en el fraseo y con un apoyo soberbio en el registro grave por parte de unos contrabajos estupendos en todas estas grabaciones. A pesar del ímpetu de su conducción, es curioso el cambio de ambiente que marca Savall antes de acometer la transición al último movimiento, retomando un enfoque clásico, giocoso y desenfadado, volviendo a dejar entrever la impronta de Joseph Haydn, tanto en dichos ecos clásicos como en los delicadísimos entramados de cuerda y madera que Le Concert des Nations expone. Es, por ello, que el contraste con el 'Allegro' resulta un tanto exagerado, pues éste irrumpe de forma muy abrupta, con un timbal atronador que desequilibra un tanto la estructura, aunque como ejercicio de poderío beethoveniano es de lo más abrumador y contundente que hayamos escuchado. Progresivamente, Savall va recuperando el gran equilibrio que había expuesto en el primer movimiento, de forma que, en conjunto, y a lo largo de sus 7:03, 8:25, 7:46 y 11:03 minutos de duración por movimiento, nos encontramos con una notabilísima versión de la Quinta sinfonía; como las cuatro lecturas previas, marcada por una tensión y una fuerza desbordantes, con las interpretaciones de las sinfonías Segunda y Cuarta como puntos más destacados, pero con un nivel en global excelente que nos deja con ganas de conocer, cuanto antes, las versiones que Jordi Savall y Le Concert des Nations nos ofrecerán de las restantes cuatro joyas sinfónicas beethovenianas.

Pasando a la cuestión de las tomas de sonido, éstas son algo discutibles; al menos, en cuanto a su edición. Como ya había sucedido en anteriores lanzamientos de Alia Vox (destacadamente, en los que se editan en SACD dual), se presenta un sonido un tanto inflado; incluso, en aquellas grabaciones que, originalmente, no lo eran tanto, como la propia Eroica del año 1994, que en su formato original en Auvidis no resultaba tan cargante y saturada, como se puede comprobar no sólo de oído, sino pasando ambos compactos por un programa de análisis de frecuencias (en el que se observa que la de Alia Vox está más dilatada, dando lugar a un sonido —al menos, en la capa CD— más retumbante y cargado). Es algo que se vuelve a acusar en estos registros y sus posteriores ediciones, lo que agudiza esa presencia tan poderosa (¿desmedida?) del timbal (y de los demás instrumentos de registro grave), de forma que en algunos momentos puede llegar a saturar la escena acústica y a cubrir, con sus reverberaciones, a otros instrumentos, ganándose en virulencia, pero perdiéndose en claridad (a pesar de que la excepcional calidad de estos músicos hace que cada instrumento adquiera un perfil y unos relieves propios).

Como es norma de la casa en Alia Vox, el libreto, con sus 157 páginas, es muy generoso, con notas a cargo de Jordi Savall, André Tebeuf y Josep Maria Vilar, en las que se adentran en el contexto histórico en el que estas partituras fueron compuestas, así como en la historia de cada sinfonía y en las decisiones interpretativas que conducen a las estupendas versiones que aquí podemos escuchar, remarcando cuestiones como la naturaleza de los instrumentos, los tempi indicados por el propio Beethoven, además de diversos aspectos relacionados con la articulación, el fraseo y la acentuación. Profusamente ilustrado con bellas fotografías y ejemplos de las partituras, se acompañan los datos completos de los músicos que interpretan cada sinfonía, de los registros de las mismas, e, incluso, sobre los conciertos preparatorios de los que se derivó la grabación final de esta edición; una edición, como especifica Jordi Savall en sus notas, que tendría que conocer su continuación este mismo año, con el registro de las restantes cuatro sinfonías, pero que el azote de la pandemia (que, como antes mencionamos, sufrió el propio Savall) ha dejado, por ahora, en pausa. Cuando tal serie de registros se retome, si continúa por la senda de calidad de lo hasta aquí conocido, podremos hablar de uno de los ciclos beethovenianos más logrados de cuantos se hayan registrado en disco compacto.

Estos discos han sido enviados para su recensión por Alia Vox.

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