Austria

Contra el curso del mundo. Martin Schläpfer y Gustav Mahler

Juan Carlos Tellechea
viernes, 1 de enero de 2021
Martin Schläpfer, «4» © 2020 by Ashley Taylor Martin Schläpfer, «4» © 2020 by Ashley Taylor
Viena, martes, 24 de noviembre de 2020. Gran sala de la Staatsoper Wien. Velada de ballet Mahler Live, con coreografías de Hans van Manen y Martin Schläpfer. Estreno mundial del ballet “4“, de Martin Schläpfer, con música de la Sinfonía número 4 en sol mayor de Gustav Mahler. Coreografía Martin Schläpfer. Escenografía Florian Etti. Vestuario Keso Dekker, Catherine Voeffray. Iluminación Bert Dalhuysen, Thomas Diek. Solistas y Corps de ballet del Wiener Staatsballett. Soprano Slávka Zámečníková. Orquesta la Wiener Staatsoper. Director Axel Kober. Fünf kleine Klavierstücke S. 192, »Bagatelle sans tonalité« S.261a, »Wiegenlied« S.198 und »Abschied« S.251 de Franz Liszt. Coreografía de Hans van Manen. Bailarinas y bailarines: Olga Esina-Marcos Menha. Cámara Henk van Dijk. Piano Shino Takizawa.
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La Ópera Estatal y el público de la capital austríaca ganaron la lotería con el nuevo director y coreógrafo principal de su compañía de ballet, el suizo Martin Schläpfer. Schläpfer estrenó con enorme éxito su nueva coreografía, titulada “4“, con música de la Sinfonía número 4 en sol mayor de Gustav Mahler, debutando al frente del Wiener Staatsballett , en una magnífica velada transmitida en livestreaming por el canal cultural europeo ARTE. La preciosa producción, de 103 minutos de duración, permanece en la mediateca de ARTE disponible al público de todo el mundo desde el 5 de diciembre pasado hasta el 4 de marzo de 2021.

Fue una velada consagrada íntegramente a rendir homenaje a grandes compositores austríacos. Comenzó con la bella coreografía del laureado Hans van Manen, con las Cinco piezas para piano S. 192, las Bagatelas sin tonalidad S. 261a, Canción de cuna S. 198 y Despedida S. 251, de Franz Liszt, bailadas con maravilloso e irresistible encanto por Olga Esina y Marcos Menha, y culminó con la antes mencionada pieza del celebrado Martin Schläpfer, interpretada por el elenco de la compañía.

Martin Schläpfer, «4». © 2020 by Ashley Taylor.Martin Schläpfer, «4». © 2020 by Ashley Taylor.

Después del estudio purista de van Manen sobre la soledad, la sala se vuelve a poblar, al menos en el foso. Desde el Festival de Salzburgo, la Filarmónica de Viena ha estado trabajando con ensayos rápidos diarios, por lo que la orquesta principal está ahora instalada allí con una alineación completa como requiere Mahler, bajo la batuta del director principal de la Deutsche Oper am RheinAxel Kober en el podio.

El colectivo musical ha ensayado a diario para cumplir con las regulaciones sobre la distancia que deben mantener los músicos entre sí. El escenógrafo Florian Etti creó un amplio espacio negro en el que un cuidadoso diseño de iluminación (Bert Dalhuysen, Thomas Diek) proporciona estructura, así como un triángulo luminoso que blasona la parte trasera del escenario con un signo arcaico.

Wiener Staatsballett. © 2020 by Ashley Taylor.Wiener Staatsballett. © 2020 by Ashley Taylor.

4 

La coreografía de Schläpfer es como un viaje de ida y vuelta al cielo. Un centenar de bailarines se despegan del fondo del gran escenario de la Wiener Staatsoper. Paso a paso se deslizan acompañados por la música de los últimos compases de la Cuarta de Mahler que se va diluyendo lentamente. Desplazan sus cuerpos hacia la rampa hasta que solo llevan sus manos a la frente, al plexo solar, una mano arriba, otra abajo. Finalmente los círculos horizontales de los brazos forman un 8, el nudo signo de la eternidad.

Son imágenes fantástica con las que Schläpfer se despide quedamente con el ballet “4“, convertido, entretanto, en una pieza clave y referente de su extraordinario y amplio repertorio. Kober establece tiempos moderadamente flexibles en el foso; Schläpfer se acomoda notablemente a la interrupción episódica de la Cuarta de Mahler. El coreógrafo helvético escenifica los cambios abruptos de humor en imágenes virtuosamente entrelazadas que cambian rápidamente.

Olga Esina. © 2020 by Ashley Taylor.Olga Esina. © 2020 by Ashley Taylor.

Las escenas de mayor intimidad, con las luchas sobre temas existenciales en las relaciones entre dos personas, son seguidas por grandes formaciones de grupo. Éstas superan gestualmente los pasajes folclóricos y ásperos de Mahler y condensan el desastre venidero. Mahler lo presagia en arrebatos dramáticos y a veces brutales. Schläpfer hace visible la fragilidad de los idilios del compositor y muestra la brecha insalvable entre el individuo y la masa como un eterno ciclo de fracasos.

No hay aplausos audibles, por supuesto, pero si hubiera tenido público en la gran sala de la histórica Ópera de Viena éste seguramente hubiera prorrumpido en ovaciones y altisonantes exclamaciones de aprobación.

Las bailarinas y los bailarines, el coreógrafo, la soprano Slávka Zámečníková, el director musical Axel Kober y la orquesta hicieron una reverencia en silencio ante las cinco cámaras que tomaron su interpretación y las pantallas de todo el mundo; un momento de esplendor que toca hondamente. Fue éste un sensacional debut de Schläpfer, acompañado por un gran veterano del ballet moderno, Hans van Manen, quien a sus más de 88 años sigue tan activo como siempre.

La maravillosa ilustración dancística de la célebre sinfonía de Mahler que ideó Schläpfer es una creación crucial y fatídica que refleja la fragilidad de la existencia que nos viene acompañando tan de cerca desde el estallido de la pandemia. Muestra además al también laureado coreógrafo suizo en el cénit de su elocuencia coreográfica. Lo dicho, los vieneses se han sacado el Gordo de Navidad con este inagotable creador nacido en San Galo y criado en las montañas del cantón de Appenzell Aussenrrohden (de población predominantemente protestante).

Los cuatro movimientos sinfónicos fueron traducidos de forma tan concluyente y cautivadora que crean interminables cadenas asociativas, tocando todos los ámbitos de la danza neoclásica y moderna. El elegante vestuario de Catherine Voeffray es de un refinamiento sin par.

Martin Schläpfer, «4». © 2020 by Ashley Taylor.Martin Schläpfer, «4». © 2020 by Ashley Taylor.

Schläpfer fusiona el pasado y el presente, de manera más conspicua en la forma de sus bailarinas principales: trajo consigo a la carismática Yuko Kato desde el Ballett am Rhein, y puso además a Rebecca Horner, integrante del elenco de solistas del Wiener Staatsballett desde 2017. Ambas subyugan con sus hermosos movimientos, saltos y piruetas a través de una coreografía que refleja ni más ni menos que la propia existencia humana, en armoniosas y no tan armoniosas tonalidades corporales o en constelaciones llenas de dolor y placer.

Hay aquí también una transformación y una purificación con la fuerza de un drama de la Antigua Grecia. Schläpfer entona el tercer movimiento, Ruhevoll, poco adagio (Tranquilo, poco adagio) -lleno de paz, según el propio Mahler- con una imagen de Sísifo, hombres arrastrando a otros hombres con la espalda doblada, mitad amantes, mitad moribundos que se abrazan y luego se expulsan del paraíso sin más.

Olga Esina en «Live» de Hans van Manen. © 2020 by Ashley Taylor.Olga Esina en «Live» de Hans van Manen. © 2020 by Ashley Taylor.

No menos desgarradas están otras cuatro parejas cuyo erotismo manipulador por sí solo expone el ego solitario. Incluso la embriaguez del vals sirve como gran atractivo, puro placer visual. Hasta que se aproxima el final, ya en la transición hacia el cierre, un sexteto angelical trae la redención, solo con un toque suave pero certero.

Mucho se ha hablado sobre la dolorosa pérdida de experiencia en vivo en estos tiempos sindémicos. Ha habido suficientes quejas, y con razón, sobre la esterilidad de las actuaciones en streaming sin audiencia. Estamos de acuerdo. Sin embargo, es posible sacar provecho artístico de esta experiencia perdidosa, de esta separación de la vida. Es decir, cuando la declaración artística incluso parece verse reforzada por el triste vacío.

Olga Esina. © 2020 by Ashley Taylor.Olga Esina. © 2020 by Ashley Taylor.

Esto es exactamente lo que Martin Schläpfer ha logrado alcanzar con una interpretación modélica de su ballet “4“, en combinación además con el visionario estudio del medio, del clima, del entorno atmosférico de van Manen. La conjugación de estas dos obras de máximo contraste es muy fuerte, porque la música de Mahler, tan dolorosamente actual, aboga contra el curso del mundo, como escribiera una vez el filósofo Theodor W. Adorno.

El Ballet Estatal de Viena en tiempos del COVID

Martin Schläpfer asumió la dirección y el cargo de coreógrafo principal del Ballet Estatal de Viena a partir de septiembre pasado. Reinaba escepticismo sobre las posibilidades de que en estas condiciones pandémicas tan duras pudiera llevar a escena el estreno de una nueva obra. Su decisión de irse a la capital austríaca y dejar el Ballett am Rhein causó no poca sorpresa entre el público, la crítica y los entendidos en la materia. Sobre todo, porque el Wiener Staatsballett había tenido hasta ahora una orientación muy clásica. Pero Schläpfer, con su estilo abstracto, ha desempolvado el repertorio de esta compañía que reúne excelentes bailarinas y bailarines. Y quien se ha formado para bailar piezas clásicas, puede brillar perfectamente danzando coreografías modernas.

Olga Esina y Marcos Menha en «Live» de Hans van Manen. © 2020 by Ashley Taylor.Olga Esina y Marcos Menha en «Live» de Hans van Manen. © 2020 by Ashley Taylor.

Schläpfer dirige ahora una gigantesca maquinaria organizada de acuerdo con principios completamente diferentes a los del Ballett am Rhein que no está organizado jerárquicamente, sino formada solo por solistas. En Viena, las jerarquías siguen todavía vigentes en el conjunto; hay primeros solistas, solistas, semisolistas y el cuerpo de ballet; y además dos instituciones se agrupan bajo el mismo techo del “Wiener Staatsballett”: la mayor de ellas es la de la Ópera Estatal, y la menor, la de la Volksoper, que también atiende las divisiones de ópera, opereta y comedias musicales.

Para colmo, durante los ensayos de "4" se produjeron 17 casos positivos de COVID-19 en el Staatsballett; los períodos de cuarentena costaron diez preciosos días de trabajo a la compañía. Schläpfer tuvo que cambiar la coreografía que había diseñado originalmente, debido al enfoque de las cámaras y la pérdida de días de ensayo. Al final permitió solo una escena en la que están juntos los 103 miembros del elenco de ambas compañías sobre el escenario, en lugar de las tres que había planeado en un principio.

Con este exquisito material humano Schläpfer pone en escena talentos individuales, en lugar de grupos uniformes, y los hace danzar con nuevas tonalidades. Esto encaja perfectamente con la vibrante atmósfera de la actual vanguardia de Viena y con conjuntos como el Klangforum Wien con el que el coreógrafo suizo también sopesa trabajar en el futuro; algo que parecía dificil en la venerable y conservadora Ópera de Viena. Es seguramente todo un desafío que, sin duda, le hará mucho bien a la casa del Opernring al número 2, en pleno centro de la capital de Austria. ¡Enhorabuena!


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