Novedades bibliográficas

Estados Unidos y el fin de la Guerra Fría Civil

Juan Carlos Tellechea
jueves, 7 de enero de 2021
Amerika im Kalten Bürgerkrieg © 2020 by wbg Theiss Amerika im Kalten Bürgerkrieg © 2020 by wbg Theiss
0,0030556

El maligno Donald Trump ha atravesado ya una peligrosa línea roja, poniendo en entredicho el sistema democrático de los Estados Unidos e incitando indirectamente a sus seguidores a la insurrección y al golpe de estado. El asalto al Capitolio y el ataque a la democracia con la perturbación de la ceremonia de confirmación del triunfo de Joe Biden en las elecciones presidenciales del pasado 3 de noviembre, marca el comienzo del fin de la hasta ahora Guerra Fría Civil en ese país.

La grave situación, sin precedentes, ha puesto al sistema incluso ante la disyuntiva de cómo poner fin lo antes posible el mandato de un presidente tan destructivo por abuso de poder e incumplimiento de sus deberes. Pero la ciudadanía norteamericana se asombrará aún más todavía de las iniquidades de que es capaz Trump en los últimos días de su mandato y en los próximos cuatro años de la administración Biden.

Tras confirmar la votación de los copromisarios en el Colegio Electoral norteamericano, Biden es enviado ahora por el Congreso a la Casa Blanca, tras una agotadora elección marcada por profundas desavenencias y una devastadora pandemia. Biden ha trabajado duro para completar su gabinete ministerial y prepararse para asumir el cargo el 20 de enero de 2021 a las 12 horas (de Washington DC), pase lo que pase.

Ahora que esa instancia electoral ha procedido, tampoco quedaban excusas para los republicanos del Congreso que se venían negando a reconocer a Biden como presidente electo desde hacía semanas. Lo más preocupante es que pocos miembros del sistema republicano estaban dispuestos a desafiar esta postura antidemocrática de Trump.

Con esto el partido ha sentado un precedente particularmente preocupante. Es probable que sus mandamases comiencen gradualmente a reconocerlo distanciándose de su infeliz jefe de Estado y derrotado candidato. No hacerlo sería sumamente peligroso, como ha quedado en evidencia en estos cruciales momentos.

No hay indicios de que Trump vaya a cambiar de postura, porque este embaucador nunca se ha preocupado por el respeto al proceso electoral democrático. Para Trump solo cuenta él, su poder e influencia; trató de anular el resultado de unas elecciones libres y justas, pero perdió su reelección. No sólo no admite esta derrota, sino que ha tratado de mantenerse en el cargo utilizando todo tipo de artilugios legales, pero ilegítimos. Y lo que es peor todavía, muchos republicanos lo ayudan.

Con Trump la cultura democrática de los Estados Unidos se ha hecho pedazos. Así que tal vez el escenario futuro más aterrador es que Trump no es para nada el final, sino el comienzo de algo,

afirma el politólogo Torben Lütjen (Bremen, 1974), profesor de Ciencias Políticas Comparadas de la en su libro de reciente aparición Amerika im kalten Bürgerkrieg. Wie ein Land seine Mitte verliert (Estados Unidos de América en la Guerra Fría Civil. Como un país ha perdido su centro), publicado por la prestigiosa editorial wbg Theiss, de Darmstadt*.


Los buitres del Grand Old Party

La clase dirigente del partido Republicano apoya a Trump, porque es oportunista hasta la médula. Sabe exactamente lo que está pasando y que Biden ganó las elecciones. Ted Cruz y Lindsey Graham, quienes actualmente claman en favor de Trump, creen que tienen posibilidades de alcanzar la presidencia del país en 2024. No quieren molestar a los seguidores de Trump o iniciar una revuelta, y esperan, simplemente, que Trump pronto sea historia

afirma Lütjen, quien se ha formado en las universidades de Göttingen, Caen y Berkeley, y dicta clases de Estudios Europeos y Ciencias Políticas en la Universidad Vanderbilt, de Nashville/Tennessee.

No creo, como cree la mayoría de la gente, que dentro de cuatro años Trump seguirá teniendo el mismo significado dentro del partido que ahora. Fue simplemente espectacular como candidato y presidente. Con sus tuites hizo que los medios se ocuparan de él todos los días. Este papel no será sostenible, pero seguirá siendo un factor a tener en cuenta, por supuesto, añade.

La puñalada por la espalda

La única y máxima concesión que hizo Trump a su derrota es permitirle la transición al próximo presidente, pero durante mucho tiempo estuvo preparando su puñalada por la espalda a Biden, bajo el lema de: invicto en las elecciones. Ese fue el objetivo de sus ataques a la legitimidad de sus resultados desde el principio. Continuó su lucha legal sin restricciones por un tiempo para indicar a sus seguidores que nunca aceptará la derrota y seguirá siendo un luchador. Luego se mudará de la Casa Blanca para permanecer como presidente en los corazones de la base de su partido y recaudar dinero en su propio beneficio y eventualmente para una futura campaña electoral a partir de 2024.

En fin, de buena gana Trump hubiera permanecido en el cargo por otros cuatro años; y con ese objetivo agotó todas las posibilidades jurídicas para ello. Para mantenerse en el poder tendría que recurrir a un golpe de Estado, como algunos han señalado hasta no hace mucho, pero es obvio que no tiene ni los medios ni el apoyo para ello.

Trump no sabe cómo perpetrar un golpe de Estado

En los días posteriores a las elecciones Trump destituyó a altos funcionarios del Departamento de Defensa, pero más bien fue una venganza personal, por no haber sido éstos suficientemente leales con él. Sin embargo, reemplazar a tres personas no es suficiente para hacer posible un golpe de Estado en los Estados Unidos de América. No es tan fácil socavar un Estado moderno y funcional.

De todas formas, esto no significa que Estados Unidos sea un país demasiado estable como para que la democracia no sea destruida.

No. No es imposible, señala Lütjen. Lo que ha salvado a Estados Unidos de algo como esto hasta ahora es que Trump ni siquiera sabe cómo hacerlo. Para eso habría tenido que equipar a todo el aparato estatal con su gente, pero no tiene gente propia suficiente ni competente. Despidió a mucha gente y cuando trató de hacer nuevos nombramientos, no tuvo más remedio que recurrir a las listas del partido Republicano. Hay allí sí suficientes conservadores acérrimos que han apoyado su política, pero muy pocos dispuestos a desmantelar la democracia por él.

Sus escenarios a futuro

Trump no acepta la derrota, porque hay que ser conscientes de que los políticos piensan y actúan de manera similar a todos los demás y que sopesan o persiguen más de un escenario. Al principio, pudo haber creído que en realidad se encontraría alguna solución para permanecer en el cargo. Pero desde el principio también trató de proteger su propia marca y no perder contacto con su base. Para ellos, básicamente, ha estado tejiendo con mucho esmero la leyenda del héroe popular engañado desde 2016.

Si lograra eludir a la justicia o no resultara sentenciado en los más de 30 procesos que le aguardan, entre ellos uno por violación y otro por evasión fiscal, tal vez consiga no perder adeptos y volver a correr en 2024. En cualquier caso, quiere seguir dirigiendo el ciclo informativo y consolidar su papel con los republicanos.

En realidad, Trump no ha cambiado mucho al partido Republicano, el presidente saliente es solo la última encarnación de lo que les ha sucedido a sus miembros. Ese populismo excesivo comenzó a más tardar con el movimiento Tea Party que también apoyó a Trump. El peor escenario imaginable sería el de que los republicanos muy leales a Trump tengan fantasías antidemocráticas. En estos últimos cuatro años el Grand Old Party (GOP) ha cambiado para siempre. Casi parece que Trump los tuviera inmovilizados con una llave de estrangulamiento.

Donald Trump solo ha radicalizado todo lo que ya se había afianzado, junto con el populismo y, sobre todo, una política de identidad blanca. No queda mucho de la agenda America First de Trump. Migración más estricta, un pedazo de muro, salida del Acuerdo de París, pero la mayor parte de lo que hizo fue política republicana normal: bajar los impuestos, desregular y nombrar jueces conservadores de muy buen comportamiento.

La situación actual

El politólogo Torben Lütjen tituló su libro Estados Unidos de América en la Guerra Fría Civil con un sentido más bien metafórico. Si bien, a más tardar, desde que Trump asumiera el cargo en 2017 ha habido serios debates sobre si podría estallar de nuevo una Guerra Civil en ese país, el catedrático cree que ese posible escenario es relativamente lejano, aunque no imposible para el futuro.

Los dos campos, el partido Demócrata y el Republicano, operaban con supuestos de realidad muy diferentes, movieron el puente levadizo hacia el lado opuesto y permanecieron en sus trincheras retóricas, por lo que el oponente político ahora es visto como un enemigo.

Trump es más un síntoma, no la causa de esta división, dice Lütjen. El desarrollo de esta polarización se ha extendido durante un largo lapso.

Hay una especie de época de polarización que viene evolucionando probablemente desde los decenios de 1960 y 1970, cuando surgieron diferentes líneas de conflicto.

El politólogo menciona los conflictos étnicos, la cuestión de la religión y la brecha entre la ciudad y el campo.

La polarización política se ha vuelto tan abrumadora que se ha tragado incluso la religión y la ha convertido en un apéndice de la identidad personal. Uno es primero un republicano conservador, y sólo después un cristiano, señala Lütjen.

La palabra político ha tenido el potencial de convertirse en una mala palabra en los Estados Unidos durante los últimos diez o 15 años. Esta clara diferenciación ideológica de los dos partidos en el Congreso hace que sea difícil encontrar compromisos políticos en el sistema. Algunos expertos hablan incluso de un bloqueo de todo el proceso de toma de decisiones.

Problema sistémico

Novedades bibliográficas ¿Por qué estamos polarizados? Der tiefe Graben © 2020 by Hoffmann und Campe Nunca ha existido algo así como el fin de las ideologías;la ideología de la falta de ideología es una ideología particularmente inteligente, y "Estados Unidos en sí era una ideología", señala Lütjen.Nadie como Trump ha querido hacer tan inequívoca e ineludiblemente grande esa ideología que es Estados Unidos. Juan Carlos Tellechea 14/12/2020

El avance de la polarización política en Estados Unidos se extiende a todos los ámbitos; afecta también la vida social y se percibe cada vez más como un problema sistémico. La reciente campaña electoral presidencial volvió a poner de manifiesto este problema, pero es más un síntoma que una causa, como se puede probar empíricamente, sin que haya consenso sobre muchas teorías al respecto. 

Del mismo modo, no hay fórmulas factibles para introducir contramedidas. No es de esperar una reversión de la tendencia en un futuro próximo. Los efectos sobre las acciones políticas en curso siguen siendo negativos y dificultan evaluaciones futuras.

La polarización ha aumentado en los últimos años. Los parlamentarios en Washington son cada vez menos amistosos y se acercan cada vez más a dos bloques homogéneos que prefieren paralizar a toda la administración federal antes que buscar o alcanzar un compromiso con sus oponentes. Y no solo los políticos, también sus votantes son cada vez más antagónicos.
Perspectivas sombrías

Ahora, la polarización política como tal no sería un problema en una democracia. Como regla, la mayoría victoriosa forma un gobierno o una minoría fuerte encuentra una mayoría en el parlamento para las leyes decisivas, como el presupuesto federal. Esa mayoría representaría a la mayor parte de los ciudadanos estadounidenses.

Sin embargo, para el futuro, el politólogo aboga por pronósticos bastante sombríos: No tengo muchas esperanzas, agrega. Independientemente de quién gane las elecciones presidenciales, el país seguirá en la modalidad de esta división extrema de la sociedad. 

Lütjen no ve en tal sentido ningún político que pueda unir al país. Quizás en 20 o 30 años algunas líneas de conflicto pudieran desaparecer. Podría ser que las políticas de Trump ya no puedan obtener la mayoría y los republicanos se vean obligados a acercarse a otros votantes y moderarse. Pero eso me parece que, en general, será a muy largo plazo en el futuro.

Quizás Karl Marx se haya equivocado

Los Estados Unidos., con su larga tradición democrática, no son ni Hungría ni Polonia ni Turquía; por lo que el país también hubiera podido soportar quizás otros cuatro años más de Trump. Pero no habría quedado finalmente en buen estado. Tal vez después de él y de Biden venga alguien con la misma crueldad y brutalidad, los mismos instintos populistas -pero mucho más disciplinado, mucho más ideológico y mucho más estratégico, de modo que en el día D logre inundar el Estado norteamericano y el aparato oficial con esbirros. Alguien cuyo antipluralismo no viene sólo de las entrañas, sino que cree genuinamente que la Constitución del país obstaculiza la ejecución de la supuesta "voluntad del pueblo", y por lo tanto busca derrocar el orden político existente. 

Quizás Marx se equivocó: tal vez la farsa es lo primero, y sólo después la tragedia, concluye el profesor Torben Lütjen.

Nota:

Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa. Karl Marx (El decimoctavo Brumario de Louis Bonaparte (1852). Citado de: MEW Vol. 8, p. 115).
Notas

«Amerika im kalten Bürgerkrieg. Wie ein Land seine Mitte verliert», Darmstadt: wbg Theiss, 2020, 224 Seiten. ISBN 978-3-8062-4076-4

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.