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Musica magnorum est solamen dulce laborum

Jorge Binaghi
viernes, 15 de enero de 2021
Jakub Józef Orlinski e Il Giardino d’Amore © 2021 by Palau de la Música Jakub Józef Orlinski e Il Giardino d’Amore © 2021 by Palau de la Música
Barcelona, lunes, 11 de enero de 2021. Palau de la Música. Recital de Jakub Józef Orlinski, contratenor, e Il Giardino d’Amore (Stefan Plewniak, director). ‘Eroe’ Arias y fragmentos orquestales de Händel y Vivaldi.
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La frase latina es uno de esos motti que aparecen por ejemplo en los clavicémbalos del 1600, los fabricados en particular por Rückers, y quiere decir (perdón si escribo lo que ya todos saben sin necesidad de traducción) ‘la música es el dulce consuelo de grandes afanes’. 

El de esta noche lo tenía y tanto por la circunstancia como por lo que se hizo y dijo me parece adecuado ponerlo como título de esta reseña porque además es cierto siempre aunque ahora nos lo machaquen con razón.

Pieza enlazada

En un concierto levemente más concurrido que el anterior de Joyce Di Donato se presentaba de nuevo el celebrado contratenor polaco a quien oía yo por primera vez en vivo. Se trata de un joven, prácticamente un muchacho con expresión y actitudes adolescentes, evidentemente simpático y con reacciones eufóricas en sus gestos, que responden a su fama de gran bailarín, y en sus palabras excitadas: Superbeautiful fue lo primero que dijo y lo repitió alguna vez más. 

Y aunque para mí esto no tiene nada que ver con la calidad del canto admito que mucho público se siente ya predispuesto favorablemente por ello (y no llega nunca a los excesos de algún ex divo reciclado, ‘espontáneo’ hasta la caricatura). El también, de ese modo, y luego más reposadamente el dirección de la formación orquestal, se refirieron a la alegría de volver a actuar en vivo y al significado de actuar frente a un público.

Antes de continuar con la reseña, y de dejar en claro que el éxito de cantante y músicos fue extraordinario, voy a hacer un pequeño inciso. Me he enterado hace pocos minutos (yo casi no consulto ‘las redes sociales’ -aunque por fuerza estoy metido en ellas- justamente por este tipo de situaciones) que al parecer han sido objeto de comentarios polémicos (siempre hay derecho a la discrepancia), pero no demasiado centrados y mezclados con comparaciones favorables a algún colega local y, sobre todo, mencionando supuestos detalles de su vida privada. Un artista puede ser el tipo de persona que sea, pero debería ser juzgado como lo primero a menos que su actuación privada se confunda con la pública o causa perjuicios o molestias no deseadas a terceros (por ejemplo, caso Domingo, pero no sólo).

Orlinski es un cantante bueno, más o menos según los gustos, no sensacional en su manejo de las agilidades que abundan en su repertorio (y más grave es su deficiente dominio del trino) y con algo que caracterizaba casi sin excepción a contratenores de generaciones anteriores a la última y penúltima (y en estas también si excluimos a algunos nombres prestigiosos entre los que no incluyo a ningún cantante de la piel de toro): una notable diferencia de color entre el grave y el agudo, y un centro más bien pobre. Como se sabe la voz de contratenor es la más artificial y construida de todas, pero ha habido quienes han sabido superar totalmente los inconvenientes que de ello se suelen derivar. El grave parece lo más natural en este caso y lo de mayor volumen aunque a veces se abre mucho a final de frase, y más aún si sucede sobre la última nota cantada de las piezas en cuestión. El agudo suena fijo y metálico muchas veces y el sonido es más pequeño. 

Con estas características es lógico que haya salido mucho mejor parado de las escenas de lamento o lirismo que de las de excitación (positiva o negativa). Y así, las dos arias del Giustino de Vivaldi, la primera durante el programa (‘Sento in seno’, que cantó sentado en el borde del escenario sin que eso diera más intimidad o cercanía a la interpretación, pero que deslumbró a muchos), y el último de los dos bises(‘Vedrò con mio diletto’) estuvieron claramente entre lo mejor que ofreció, junto con el aria de Tolomeo, re d’Egitto (‘Stille amare’, que además explicó muy bien en un inglés muy claro) y el primer bis ‘Dove sei, amato bene?’ de Rodelinda, ambas de Haendel. 

Convenció menos, justamente por el manejo de agilidades y el cambio de colores más algún momento en que la administración del fiato resultó un tanto corta, en otras del gran angloalemán (¿qué pensaría del Brexit el pobre Jorge Federico?), ‘A dispetto d’un volto ingrato’ de Tamerlano (que además fue la primera intervención y sufrió obviamente de ello), ‘Furibondo spira il vento’ de Partenope, ‘Torna sol per un momento’ también de Tolomeo, y la que cerró el programa, ‘Agitato da fiere tempeste’ de Riccardo Primo, que recuerda mucho, por texto y música, a la más famosa ‘Da tempeste il legno infranto’ de Giulio Cesare in Egitto.

Pero lo que a mí me llamó más la atención fue Il Giardino d’Amore y en especial su director y primer violín, Stefan Plewniak, que la creó en 2012 (son cuatro señoras y cuatro señores). Si empezaron bien con la ‘Sinfonia’ de L’Olimpiade de Vivaldi (todos los fragmentos instrumentales fueron del Prete Rosso) fueron en ascenso a partir de los diversos momentos de conciertos para violín, más una sonata, en el que el solista demostró su capacidad, la belleza de sonido de su instrumento, y su pasión (llegó a cantar las notas finales de un ‘allegro’ –creo que de la sonata RV 242, pero no anoté en el momento). 

Realmente hacía tiempo que no oía ejecutar la música de Vivaldi (‘con el sol de Venecia’ como dijo Plewniak en su alocución) con tanta vitalidad, y la relación entre los miembros del grupo parecía óptima por el grado de satisfacción que expresaban sus gestos, miradas, y sonrisas aprobatorias –por ejemplo el acompañamiento de manos y cabeza que el contrabajo hizo de un momento en que no debía tocar: eso, si no es todo, es mucho y no suele abundar en este tipo de formaciones (por más que también ellos fueran objetos de las iras de algún comentarista. Diré de paso –pero me parece que se debería tener en cuenta, y uso claramente el potencial- que no tuvieron tiempo material para un ensayo). 

Algo que sí oí directamente al final fue un reproche de que se tratara de una gira para promocionar el disco Eroe. Es cierto, pero me sorprendí. Hace años que es algo común (así como el de vender el disco del caso, que esta vez no tuvo lugar supongo que por medidas antivirus), y cuando algunos en su momento lo comentamos (a veces como crítica porque se trataba de un cd o dvd que daba derecho a una gira de año y medio o dos) no se podía decir sobre todo si se trataba de una de las iniciadoras de la modalidad (hará veinte o veinticinco años) que continúa en la misma tesitura (y lo que nos quedará), pero por algunos de esos misterios que encierra la sociología de la música clásica y su público resulta intocable. Pero al menos no se critique a quien simplemente sigue la línea impuesta: pocos cantantes hoy cantan sus programas sin pensar en el último o próximo cd (en el caso de que los haya).

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