España - Galicia

En busca del paraíso

Alfredo López-Vivié Palencia
martes, 19 de enero de 2021
Sofía Oriana Infante © RFG Sofía Oriana Infante © RFG
Santiago de Compostela, jueves, 14 de enero de 2021. Auditorio de Galicia. Carlos Méndez, contrabajo. Real Filharmonía de Galicia. Paul Daniel, director. Missy Mazzoli: Dark, with excessive bright; Sofía Oriana Infante: Gratulantes; Antonín Dvořák: Sinfonía nº 8 en Sol mayor, op. 88
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La vida miserable y arrastrada que llevamos desde hace casi un año -por culpa de un virus que vino de China, y por culpa de la necedad de quienes no vinieron de ninguna parte porque ya estaban aquí- ha hecho que añorásemos la vida que llevábamos antes. 

Que era igualmente miserable y arrastrada, pero algo menos: había conciertos y funciones de ópera a los que se podía acudir sin complemento textil buconasal, y se podía guardar la distancia social con quien uno quería. Comparado con lo que hay ahora, aquello me parece un paraíso que está perdido desde entonces y con cuyo reencuentro sueño.

También la autora norteamericana Missy Mazzoli (Pensilvania, 1980) lo pretende, pues el título de su pieza Dark, with excessive bright (estreno en España) proviene de El Paraíso perdido de John Milton. Ignoro si en el paraíso existe algo “oscuro, con brillo excesivo”, pero me da que con esta obra no lo va a encontrar. Son quince minutos de lenguaje incómodo y muy áspero, en los que el solista de contrabajo –esta noche Carlos Méndez, pilar de la Real Filharmonía- se las ha de ver con todas las dificultades posibles mientras una reducida orquesta de cuerda provee un acompañamiento monótono y machacón. Esta pieza no se retransmitió por streaming debido al desorbitado importe reclamado por ello; pero puedo asegurar que quien hubiese querido verla se ahorró un mal rato. Lo único felizmente reseñable es que la parroquia compostelana adora a su contrabajo principal.

Más modesto en lo económico, aunque más esperanzador en lo artístico, fue el estreno absoluto de Gratulantes de la compositora gallega Sofía Oriana Infante (Santiago de Compostela,1989). Aquí la fuente se encuentra en el cancionero del Códice Calixtino (“Gratulantes celebremus festum”), y a juzgar por lo escuchado Infante ha captado el espíritu del texto: apenas diez minutos de música optimista y a tiempo ligero –por una vez una primicia que no es un adagio-, empleando un lenguaje más comprensible para la orquesta en su plantilla completa. Se conoce que el Apóstol ha querido compensar los escasos abrazos que va a recibir en este Año Jacobeo (visto lo visto, habrá que fiarlo todo a la prórroga pontificia), con una adecuada inspiración musical.

Tengo la Octava Sinfonía de Dvořák por uno de los diez mejores ejemplos de toda la historia del género. Es una obra brillante y colorista, proporcionada como un templo griego en sus cuatro movimientos, amable en el más hermoso de sus sentidos, reflexiva pero sin una sola frase aburrida, y arrebatadora cuando ha de serlo. Paul Daniel debe pensar lo mismo, y supo traducirlo en sonidos a través de una Real Filharmonía en estado de gracia. Me gustó mucho su visión a gran escala en lo que a tiempos se refiere: por ejemplo, una introducción muy lenta del movimiento inicial, luego compensada con un desarrollo vertiginoso; y su juego de texturas y dinámicas: el crecimiento del final del clímax en el mismo movimiento, hecho desde dentro y con gran tensión. Me gustó su pulso delicado en el tiempo lento, o el no complicarse la vida en un scherzo que baila por sí solo, y también que consiguiera llevar la orquesta al límite en el finale sin emborronar el sonido.

Más aún me habría gustado que para tocar esto la Real Filharmonía contase con veinte cuerdas adicionales y de la misma calidad, y que Daniel no se viera obligado a contener las fanfarrias. Eso sí sería un auténtico paraíso. Pero como sé muy bien que se me negará el acceso -por más instancias que eche en la ventanilla de San Pedro-, pues me conformo con este paraíso finisterrenal. Y aplaudo una y mil veces.

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