Novedades bibliográficas

Después de todo, este no es el fin de la democracia. Pero así termina la democracia

Juan Carlos Tellechea
jueves, 21 de enero de 2021
How Democracy Ends © 2018 by Basic Books How Democracy Ends © 2018 by Basic Books
0,0015575

La democracia, un asunto que lleva casi 2.500 años de antigüedad, se encuentra en una fase de desorientación y de debilitamiento. La crisis es real, pero aún en medio de ella la democracia sigue siendo todavía la mejor forma de gobierno que vale la pena defender y promover. Incluso los profetas bíblicos sabían que todo tiene su tiempo en esta vida y que éste llega en algún momento a su final.

Ahora, sin mencionar a estos personajes expresamente, el politólogo británico David Runciman se orienta por esta misma sabiduría en su nuevo libro How Democracy Ends, de la editorial Profile Books, de Londres, traducido al alemán por Ulrike Bischoff como So endet die Demokratie, publicado por la editorial Campus, de Fráncfort del Meno y Nueva York, y traducido al español por Albino Santos Mosquera como Así termina la democracia*, publicado por la editorial Planeta, de Barcelona.

Los desarrollos autoritarios en gran parte del mundo, la elección de un personaje de dudosa integridad moral como Donald Trump en 2016 en Estados Unidos, así como el creciente populismo de derechas en Inglaterra, constituyen la última evolución frente a una catástrofe global como la pandemia del coronavirus, en cuya lucha se anulan forzosamente muchos derechos democráticos y procesos de toma de decisiones sin que haya ninguna resistencia notable, constata el profesor Runciman, jefe del Departamento de Ciencias Políticas y Estudios Internacionales, de la Universidad de Cambridge, y miembro del Trinity Hall.

David Runciman, «Así termina la Democracia». © 2028 by Paidós.David Runciman, «Así termina la Democracia». © 2028 by Paidós.

Alguien como Trump es la motocicleta en esta analogía. Si las cosas van mal, sus golpes terminan en una bola de fuego, como ocurre en estos momentos. Pero lo más probable es que después de un tiempo el mundo mire hacia atrás y vea esta fase de la motocicleta como una aberración vergonzosa, o como escribe Runciman: "La crisis es real, pero en cierto modo también es un chiste".

La crisis como una broma

¿Que significa considerar la crisis como una broma? Para Runciman, significa en primer lugar que las comparaciones con la década de 1930 que son actualmente populares están fuera de discusión. Trump es un ilusionista un malabarista y un payaso, pero no es un nuevo Adolf Hitler. Las democracias occidentales son demasiado viejas y están demasiado consolidadas como para ser eliminadas por un derrocamiento autoritario. Runciman respalda esta tesis con un examen detallado de los golpes de estado en la historia de la posguerra europea que nunca lograron un éxito a largo plazo.

Para comprender los peligros reales que amenazan a la democracia hoy en día, el académico de Cambridge cree que es necesario fijarse más bien en el cambio tecnológico, en la creciente importancia de las redes sociales en el proceso de formación de opinión, y en su tendencia a promover teorías de conspiración y paranoia (conspiranoicas).

David Runciman, «So endet die Demokratie». © 2019 by Campus Verlag.David Runciman, «So endet die Demokratie». © 2019 by Campus Verlag.

Mucho más peligroso que Trump es Mark Zuckerberg. Pero para Runciman, él tampoco es un nuevo Hitler, sino alguien que - tal vez - incluso tiene buenas intenciones democráticas. Es sólo que la transformación de la esfera pública alimentada digitalmente que la aleja de las instituciones democráticas tradicionales, ha estado desde hace mucho tiempo fuera de su control y del de todos.

El escepticismo hacia un gobierno de expertos

Runciman no sabe realmente qué hacer a gran escala contra este tipo de descomposición de la democracia. Al menos se atreve a pensar en algunos ejemplos en los que el proceso de toma de decisiones transmitido digitalmente a nivel local condujo a buenos resultados.

"El control sobre el mundo de las máquinas todavía es posible", cree el politólogo. Por lo demás, hay alguna evidencia de que la democracia seguirá existiendo, porque es superior a todas las demás formas de gobierno, debido a su capacidad para corregir sus propios errores y también para hacer frente a eventos inesperados, como la pandemia a la que nos enfrentamos actualmente.

Si a la vista de esos problemas alguien quisiera elegir a un virólogo como canciller o primer ministro o presidente, o proclamar una “epistemocracia“, un gobierno de la ciencia y el conocimiento sobre la sociedad, Runciman le demuestra a través de un resumen histórico por qué los partidarios de esa idea -desde Platón hasta los economistas del presente- nunca pudieron ofrecer mejores conceptos de gobierno que la democracia.

Nada de alarmismos

Pero el lector se equivoca si cree que el catedrático británico clama de miedo ante la situación. Todo lo contrario. La democracia vive una especie de crisis de la mediana edad, sostiene Runciman, quien ya debe de haber pasado la suya hace algún tiempo atrás, y pese a toda su melancolía trata de mantener la compostura, oponiéndose a todo alarmismo.

Es cierto que figuras como Trump o el presidente ruso Vladimir Putin o el primer ministro de Hungría Victor Orban o el poderoso político polaco Jarosław Kaczyński o el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan o el jefe de Estado golpista egipcio Abdelfatah El-Sisi o el presidente de Brasil Jair Bolsonaro lo estimulan a considerar si la actual forma política liberal que conocemos y valoramos como democracia no se está acercando realmente a su fin histórico.

En esto lo ayuda la coincidencia histórica de que la primera aparición de esta forma de gobierno se produjo en la antigüedad occidental de Grecia y su primer final en el "Occidente" político también allí precisamente. Su largo ensayo, escrito de forma muy ágil y comprensible para un público medio, abarca desde el siglo IV aC, hasta el golpe militar de 1967 y las turbulencias de 2015 en Atenas, vistos a través de los ojos del entonces ministro griego de Finanzas Yannis Varoufakis.

La democracia no ha llegado a su fin: esta es la tesis de Runciman, a pesar del estridente título. Más bien, se encuentra en una fase de desorientación y relajación. La mejor manera de compararla es con un hombre en la crisis de la mediana edad que de repente compra una motocicleta o hace alguna otra tontería para encubrir una insuficiencia en su propia existencia, afirma.

Runciman ha estado investigando los acontecimientos de la crisis de forma puntual. No sólo desde el final de la Guerra Fría, sino desde el temor a la muerte nuclear hasta la percepción de la desigualdad social y los nuevos procesos de globalización, digitalización y la crisis climática. El politólogo traza todos los factores que podrían hacer tambalear la estabilidad de las democracias parlamentarias; y está convencido de que las amenazas (internas) a la existencia sacan a la luz los peores lados de esta forma política.

Es cierto que, a pesar de su ejemplo griego, no se preocupa de advertir de un futuro fascismo en el espíritu de las décadas de 1920/1930. Después de todo, es precisamente el éxito relativo de esta forma de gobierno lo que la hace tan vulnerable: 

Cuanto más evidente sea la democracia para el pueblo, mayores serán las posibilidades de socavarla sin tener que derrocarla.

Por consiguiente, los nuevos peligros también tienen una dimensión temporal. Mientras que los golpes de Estado son acontecimientos de "todo o nada" que se deciden en pocos días, otras tomas de posesión de los poderes ejecutivos tienen lugar a lo largo de un período de años; basta pensar en el ejemplo de Polonia. Además, las tomas de poder autoritarias se han caracterizado durante décadas por una notable disminución de la violencia, hasta el punto de que sólo resulta paradójico a primera vista que una condición para el auge del populismo que amenaza a la democracia sea la ausencia de guerra.

El problema de la violencia y de la desigualdad social es una gran variante del problema de la democracia y de los golpes de estado. Un derrocamiento violento crea las condiciones para defender la democracia: Aclara la situación. Sin esta perspectiva, la democracia simplemente sigue existiendo y la creciente frustración de la población se canaliza en formas de desconfianza mutua. Nuestras democracias no son las primeras en la historia en quedarse atascadas en los trillados caminos de las teorías conspirativas y de las noticias falsas.
Sin embargo, son las primeras que no tienen una salida obvia. Las reformas son posibles, pero pueden no ser suficientes. La violencia es imposible, pero puede ser lo único que funcione. Las democracias se las han arreglado bien para resolver un problema - la violencia - que solía ser una condición previa para resolver el otro problema: la desigualdad. No sabemos qué pasará después. Una posibilidad es que las cosas continúen como hasta ahora. La democracia no degenerará en violencia. Simplemente continuará a la deriva en un estado de extraña obsolescencia.

El libro apareció en 2018 en su versión original, por lo que el autor no dice ni una sola palabra aquí sobre dos fenómenos demasiado recientes como el Friday for Future y el #Me Too. Tampoco opina sobre los brillantes estudios de su colega británico Colin Crouch sobre la "postdemocracia", un autor que desde hace mucho tiempo ha reflexionado sobre el tema de forma sociológica.

Como buen británico, Runciman trabaja una y otra vez teniendo en mente a Winston Churchill, quien, como es sabido, siempre decía que la democracia no es una buena forma de gobierno, pero es la menos mala. 

Hoy en día la democracia representativa es flácida, vengativa, paranoica, autoengañosa, engorrosa y a menudo ineficaz. La mayoría se nutre de las glorias del pasado 

Al preguntarse por qué "nosotros" no la reemplazamos por algo mejor, apunta a los modelos políticos que se están discutiendo actualmente -también en vista del ascenso de China- en Occidente: el "pragmatismo autoritario" en este caso y -aún poco aplicado- el modelo de una "epistemocracia", es decir, un gobierno de expertos, que es cada vez más probable en vista de los problemas muy complejos y confusos que enfrentamos. Runciman se cuestiona con preocupación, ¿están los votantes de hoy realmente en condiciones de hacer un análisis bien fundado de la complejidad de la situación?

Al final de su provocativo estudio, Runciman elabora las directrices para el siglo XXI: La madura democracia occidental está en declive y tiene sus mejores momentos detrás de ella, pero: 

La fuerza de la democracia sigue residiendo en su capacidad para resolver los problemas de manera que se vuelvan manejables. Esto también significa que la democracia también debería ser capaz de diseccionar su propia muerte para que pueda ser retrasada poco a poco.

En sus conclusiones el catedrático señala que “nosotros" no somos la democracia, por lo que "La muerte de la democracia no es nuestra muerte“ y , en consecuencia, las democracias occidentales sobrevivirán a su crisis de la mediana edad, lo que las purificará algo, pero sin revivirlas realmente, porque - y con estas palabras Runciman cierra su libro: 

Después de todo, este no es el fin de la democracia. Pero así termina la democracia


Notas

David Runciman, «How Democracy Ends», London: Basic Books, 2018, 249 pages. ISBN: 9781781259757

David Runciman, «So endet die Demokratie», Frankfurt: Campus Verlag, 2020, 232 Seiten. ISBN 9783593511610

David Runciman, «Así termina la democracia», Barcelona: Editorial Planeta, 2018, 304 páginas. ISBN 978-8449335471

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.