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El Concurso Viñas en tiempos de Covid: Mucho trabajo por realizar

Jorge Binaghi
lunes, 25 de enero de 2021
Fachada del Liceu de Barcelona © Liceu de Barcelona Fachada del Liceu de Barcelona © Liceu de Barcelona
Barcelona, viernes, 22 de enero de 2021. Gran Teatre del Liceu. Concurso Viñas, 58ª edición: del 16 al 22 de enero de 2021. Inauguración y finalistas
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Jurados sustituidos, concursantes que no han podido viajar, pruebas llevadas a tambor batiente … y dentro de unos minutos los resultados definitivos.

Entretanto, por primera vez se hizo una inauguración virtual con poca gente presente y en streaming (lo seguí cómo me fue posible, porque entre las cosas que me indisponen contra el formato, que admito es muy útil, es la falta de concentración porque el lugar físico es importante y porque no puedo impedir que la gente llame por un teléfono y cuando no contesto lo haga por el otro o mande mensajes). También fue muy corto, con un pregón de Sergio Vila-Sanjuán y recuerdos liceístas de antes del incendio, más un concierto a tres voces correcto por Iván Ayón (tenor), Carles Pachón (barítono), y Serena Sáenz, ganadores de anteriores concursos, acompañados al piano por Josep Buforn, muy correcto.

La lista de admitidos ha sido la más corta en bastante tiempo. No se habrá debido sólo a las limitaciones horarias, creo. Siempre estoy en algún (o varios) aspecto(s) en desacuerdo con las decisiones del jurado, pero hay que reconocer que esta vez, dependiendo del criterio que se adoptase, la lista podría haber sido aún más (muy) corta o igual (o más) larga que otras veces. Material interesante, mucho (asistí a las semifinales, no a las eliminatorias); realidades pocas. 

Es cierto que si en vez de un nutrido grupo de voces masculinas graves surcoreanas se hubiera suprimido alguna de estas y dejado lugar para algún otro elemento que me pareció relevante (en concreto el número 217, barítono británico Benjamin Lewis, a mi juicio mucho más interesante que otros, no sólo colegas de cuerda, que han sido agraciados) tal vez habríamos tenido más variedad y calidad.

Cierto es también que cada vez más se observa que varios cantantes parecen no tener idea del repertorio y, peor, de las posibilidades de sus respectivas cuerdas. No sé si los maestros tienen algo que ver, pero encontrarse con un barítono que elige el aria de Fiesco del Simon Boccanegra verdiano bastaría para descalificarlo. O que algún bajobarítono (o lo que hoy se entiende por tal que no es lo que se entendía por tal cuando lo eran muy pocos, por ejemplo Hans Hotter o George London) cante un aria de Mefistofele donde lo más interesante es el silbido para luego seguir con un fragmento de Falstaff (no recuerdo yo muchos cantantes que hayan realizado esas proezas con éxito, pero a lo mejor es que ahora o son más preparados o más inconscientes). 

Para no dejar de lado a las señoras tampoco se entiende mucho que se junten Trovatore y Onegin, o I due Foscari con un aria de zarzuela: vamos, ni la más assoluta de las assolute lo habría intentado sin dejar un poco de tiempo (Tebaldi no era una ‘assoluta’, pero el año en que cantaba Traviata no cantaba Aida: hoy se oye decir a agentes que un cantante bien preparado lo puede hacer todo. Tal vez; yo soy escéptico y lo que oigo no me da motivos de optimismo). Que no hayamos llegado a una sola soprano spinto o dramática en la final, ni a su correspondiente masculino, ni a una contralto o bajo profundo, y ni siquiera a una ligera pura es algo que habla por sí solo. Más raro es que no haya quedado ningún contratenor ni ningún candidato para las categorías de 'oratorio' y 'lied'.

Como no pienso analizar detalladamente la prueba final, me referiré a los que me han parecido más competentes o dignos de un reconocimiento. Bravo por la labor agotadora de los tres pianistas acompañantes: Anna Crexells, Stanislav Angelov y Rodrigo de Vera. 

El mejor me ha parecido el bajo Andrea Pellegrini que tiene verdadero color, buena extensión, idea del fraseo y dominio de diferentes estilos y lenguas (me parecieron especialmente brillantes sus versiones de las arias de Aleko de Rachmaninov y la del antihéroe de Der Freischütz, así como una chispeante 'Madamina').

La mezzosoprano de Ucrania, Olga Syniakova, que es una consumada intérprete de zarzuela realizó una muy buena labor en ópera francesa, ligeramente mejor en la semifinal -aria de las cartas del Werther- que en la final (el aria -o dúo, pero sin tenor- de Dalila en el segundo acto es un hueso duro de roer y por la forma de emisión los graves en finales de frase -‘ivresse’, etc- resultaron débiles).

El ruso Vasiliy Sokolov, quien hizo un Papageno sensacional en la semifinal, estuvo bien el aria del Conde de Las bodas de Fígaro (con, oh sorpresa, un buen trino), y el aria de Eletsky de La dama de picas.

La rusa Inna Demenkova hizo mejor figura que en la semifinal con sendas buenas versiones del aria del veneno de Romeo y Julieta de Gounod, y una excelente escena de Iolanta (mal elegida como pieza para una final y última interpretación de la misma). Es una soprano lírica con notables posibilidades si logra corregir su tendencia a abrir los agudos innecesariamente.

El argentino Germán Enrique Alcántara es probablemente la voz más voluminosa y bella, sanísima, de todas, pero para mí tiene el defecto de un histrionismo desbordante que arruinó el final de ‘Io morrò’ del Don Carlo y casi convierte en una parodia la escena de Silvio de I Pagliacci (deberían prohibir que se ejecute sin una soprano porque dramáticamente no tiene pies ni cabeza y se presta a que una personalidad de este tipo exagere). Está claro que en estos concursos la ‘teatralidad’ ficticia puede pagar, pero a veces quiebra la línea de canto, y si queremos grandes actores vamos al teatro (donde seguramente no serían juzgados tales). 

Podría agregar que el tenor chino Chan Wang canta bien el belcanto (Sonnambula y Guillaume Tell) con un timbre para nada interesante ni bello.

La soprano alemana Carolina López Moreno tiene bonito timbre y bellos filados, pero tiende a gritar los agudos y a hacer frente a partes demasiado onerosas para ella. En conjunto lo mejor fue su ‘Depuis le jour’ de Louise y debería centrarse en este tipo de papeles. 

A los demás los encontré, con suerte, bien en una de las dos arias, sin nada de particularmente relevante y con mucho trabajo por realizar. Los surcoreanos tienen un perfil tan igual en todos los casos que a estas alturas en cuanto levantan un brazo o una mano ya se intuye cómo van a seguir. Por lo menos el argentino pretende ser ‘sincero’; estos está claro que repiten una lección bien aprendida y el ejemplo empieza a cundir entre algunos occidentales (pegar un salto y agitar las manos en la entrada de Dandini no me parece una genialidad. Lamentablemente el gran Bruscantini está muerto y no hay quien lo reemplace por edad y experiencia; quien haga bien sus partes sí, desde otra personalidad y vocalidad. Pero sí están en activo Chausson y, sobre todo, Corbelli, que podrían servir de consejeros… y ya que estamos, también para las agilidades, que no son iguales que las de una coloratura)

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