España - Madrid

Apuntando maneras

Germán García Tomás
jueves, 28 de enero de 2021
María Dueñas © ORTVE María Dueñas © ORTVE
Madrid, sábado, 23 de enero de 2021. Auditorio Nacional de Música (Sala Sinfónica). María Dueñas (violín), Orquesta Nacional de España. Jaime Martín (director). Jesús Torres: “El triunfo de Baco” de Tres pinturas velazqueñas; Max Bruch: Concierto para violín y orquesta nº 1 en sol menor op. 26; Jean Sibelius: Sinfonía nº 5 mi bemol mayor, op. 82. Ocupación: 70%
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El presente concierto nos ha permitido descubrir el talento de una jovencísima promesa del violín: un diamante en bruto de nombre María Dueñas, que con tan sólo 18 años ha asombrado al público madrileño en su debut con la Orquesta Nacional de España. Reciente ganadora del neoyorquino Getting to Carnegie Hall, estudió en la Universidad de Música de Dresden tras haber ganado la convocatoria de Juventudes Musicales de Madrid. La joven granadina ya ha paseado sus dotes musicales por diferentes plazas europeas, como Viena, Moscú y Berlín, y venía a sustituir aquí a la inicialmente prevista Nicola Benedetti, que por las restricciones anticovid no pudo viajar a la capital.

En su interpretación del popular Concierto nº 1 de Max Bruch, María Dueñas ha exhibido su madurez interpretativa y un buen número de virtudes. Lo primero que asombra es la belleza del sonido que extrae de su instrumento, ya desde la inicial nota tenida del violín, de emisión templada sobre una cuarta cuerda de riquísimos graves que durante toda la ejecución no pierden ni un ápice de brillantez. Su desenvoltura natural y su seguridad, más propia de una artista consagrada y no de un talento en ciernes, la lleva a moverse con suma facilidad por los entresijos virtuosísticos de la partitura, con un manejo apabullante de la técnica, que con el tiempo cincelará aún más, en un fraseo ya de por sí aseado y una articulación conseguidísima.

Donde quizás se puso más de manifiesto su refinamiento expresivo fue en la equilibrada y arrebatadora traducción del Adagio, la joya de la corona de todo este rapsódico y encantador concierto del músico alemán. Dueñas tuvo el sostén de una expresiva orquesta gobernada por Jaime Martín, un director de vena vigorosa que aprovechó los momentos a solo con fuerte volumen, y que la violinista gozaba mientras esperaba su parte. Tras el colorido rítmico que regalaron solista y director en el Finale escrito a la manera de rondó, la joven obsequió al respetable con el Capricho nº 5 de Paganini, de dificultosas escalas y arpegios solventados con una sorprendente facilidad, en lo que sirvió para suscribir y atestiguar la honda personalidad de una intérprete que apunta maneras para convertirse en un astro del violín si sigue por este camino.

Vino luego una lectura interesante de la Quinta de Sibelius, una sinfonía en tres movimientos concluida tras tres revisiones y mil y un cambios efectuados por el compositor finlandés. Jaime Martín resaltó las progresiones y los clímax de un primer movimiento siempre ambiguo al que le podría venir bien el apelativo de digresión (fue resultado de la fusión de dos), y que llevó con pujanza hacia su conclusión, sostenida en un muy bien llevado ritmo. Aun así, faltó ahondar algo más en la textura típicamente sibeliana entre la amalgama de motivos musicales y la riqueza de su variedad tímbrica, que todos los atriles defendieron por igual. Esa falta de clarividencia y de cierto idiomatismo afectó también al famoso y majestuoso tema de los cisnes del último movimiento, elevado por el tutti orquestal en una traducción sonora de gran intensidad que se sostenía sobre una salva de metales vigorosos en todo momento. 

El trabajo virtuoso de toda la plantilla orquestal lo pudimos observar grandemente en el breve fragmento de apertura, “El triunfo de Baco”, perteneciente a Tres pinturas velazqueñas con que Jesús Torres, entre trazos obsesivos en ostinato a lo Asturias de Albéniz, destellos disonantes y pinceladas de color de corte impresionista, retrata el tributo al dios del vino inmortalizado por la paleta de Velázquez. Puro nervio encendido por la vibrante batuta de Martín.


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