España - Galicia

Buscando el sonido

Maruxa Baliñas
jueves, 4 de febrero de 2021
Carlo Rizzi © Tessa Traeger Carlo Rizzi © Tessa Traeger
A Coruña, viernes, 22 de enero de 2021. Coliseum. Richard Strauss, Cuatro últimos lieder. Antonin Dvorák, Sinfonía nº 8, en sol mayor, op. 88. Chen Reiss, soprano. Orquesta Sinfónica de Galicia. Carlo Rizzi, director. Temporada 20-21 de la OSG. Programa 10
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Segundo y último concierto con público de la Orquesta Sinfónica de Galicia en este comienzo de 2021 en el que tantas esperanzas habíamos puesto y que cada vez más se parece a un 2020 repetido. El tercer concierto debía haber sido un muy apetecible monográfico Wagner con Matthias Goerne como solista, pero las nuevas restricciones impuestas en Galicia para intentar frenar la transmisión del COVID-19 significaron primero la renuncia al público y luego al propio concierto, que por motivos técnicos tuvo que ser sustituido por una retransmisión en diferido del Mesías de Haendel que la OSG y el Coro de la OSG grabaron en diciembre de 2020 bajo la dirección de Carlos Mena. 

Nuevamente el programa resultaba apetecible, pero la realización no tanto. Chen Reiss cantó con gran delicadeza los Cuatro últimos lieder de Strauss, y se lució especialmente en el tercer liedBeim Schlafengehen, que no suele ser el más destacado del ciclo. Lamentablemente Rizzi no controló suficientemente el sonido de la orquesta y Reiss era constantemente tapada por aquellos que debían acompañarla y ayudarla. Una pequeña decepción por tanto esta primera obra del programa. 

La Octava sinfonía de Dvorák es mucho menos popular que su Novena, la Sinfonía del Nuevo Mundo. Pero como pasa con las sinfonías de Beethoven, también son bastantes los aficionados que adoran la Octava considerándola más musical y mejor trabajada (nuestro editor la considera una de las sinfonías más perfectas de la música decimonónica). Yo soy partidaria de la Novena de Dvorák y esta interpretación de Rizzi no me ha convencido de la contrario. 

No hubo coherencia o unidad entre los cuatro movimientos, los tempi y sobre todo las dinámicas parecían decisiones caprichosas sin una causa justificada, y el último movimiento, especialmente, fue un desperdicio de bellas melodías sin una línea narrativa coherente: creó un clímax al comienzo del movimiento más impresionante que el clímax final, no se respetaba el fraseo de las melodías, y aunque objetivamente los tempi eran bastante regulares daba la impresión de que el movimiento iba a saltos y tirones. 

Así expresado, parecería que Rizzi se equivocó totalmente, pero no es tampoco la sensación que me quedó. Controló bien a la orquesta y esta parecía tocar a gusto, pero Rizzi parecía tener una idea personal de la Octava sinfonía que no consiguió trasmitir y sonó caprichoso lo que seguramente pretendía ser una narración lógica. A esto se sumó, a lo largo de todo el concierto, un escaso control de la sonoridad de la sala, como si Rizzi ignorara lo que estaba oyendo el público y se fiara sólo de sus impresiones. 

Asistió bastante público y aplaudió con entusiasmo, y la gente parecía salir contenta. Poco a poco parece que ya nos estábamos acostumbrando a la sala y las nuevas rutinas. Por eso el nuevo cierre ha resultado tan decepcionante. ¡Vuelta otra vez a la música en el ordenador!

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