Estudios sociales

El mundo, conmovido, adora ahora a Amanda Gorman

Juan Carlos Tellechea
lunes, 22 de febrero de 2021
Amanda Gorman © 2017 by Dominio Público / Wikipedia Amanda Gorman © 2017 by Dominio Público / Wikipedia
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Amanda Gorman, la poetisa que recitó su emotivo poema La colina que escalamos en la histórica ceremonia de investidura del 46º presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, subió al escenario con múltiples escudos protectores: mujer, joven, negra, guapa, activista. Nadie puede decir nada en contra de ella y el patetismo del momento era plenamente palpable. 

Todo es “nosotros“ en la ahora famosa composición de Gorman; y el “nosotros“ oscila entre imágenes bíblicas de luz y oscuridad, de esperanza y nuevos comienzos, de colinas e higueras. Tiene que ser así; y sin embargo, habría más, muchas más cosas concretas que decir. Y seguramente muchos otros poetas y artistas negros habrían estado también dispuestos a subir al mismo escenario y a decir verdades muy crudas.

El dulce

Siempre que impera el patetismo, se suele blanquear o edulcorar una mentira de la vida. El pathos es un derivado del discurso, en el que todas las contradicciones parecen suspendidas y se observa cómo retozan los poderes superiores. Amanda Gorman, licenciada en Harvard, ha aceptado con gratitud la invitación oficial para escribir y recitar un poema en la parte oficiosa de la toma de posesión del nuevo gobierno. Tras una intensa lectura de antiguos poemas patéticos, Gorman escribió uno que a último minuto tuvo que readaptar a las circunstancias del momento, tras el vergonzoso asalto de corte fascista al Capitolio el pasado 6 de enero. 

Elegantemente vestida, la poetisa lucía un original tocado y un opulento anillo en el dedo mayor de su mano derecha que le regalara Oprah Winfrey. En fin, una salida de lujo y genial que encantó a todo el mundo. Ni qué decir tiene el efecto de signo totalmente contrario que hubiera causado un hombre viejo y blanco que, en lugar de ella, hubiese recitado un poema en el que susurra el follaje de un viejo robledal y en el que llama a la unidad a una nación bajo el imperio de Dios, como sugiere el tono de esos versos:

(...)
But while democracy can be periodically delayed
it can never be permanently defeated
In this truth
in this faith we trust
For while we have our eyes on the future
history has its eyes on us
This is the era of just redemption
We feared at its inception
We did not feel prepared to be the heirs
of such a terrifying hour
but within it we found the power
to author a new chapter
To offer hope and laughter to ourselves
So while once we asked,
how could we possibly prevail over catastrophe?
Now we assert
How could catastrophe possibly prevail over us?
(…)
Pero, mientras que la democracia puede ser retrasada periódicamente,
nunca podría ser derrotada permanentemente.
En esta verdad, 
en esta fe confiamos, 
ya que mientras tenemos la mirada en el futuro 
la historia tiene su mirada en nosotros.

Esta es la era de la redención, 
temimos su concepción,
no nos sentíamos preparados para ser los herederos 
de un tiempo tan espantoso,
pero dentro de él encontramos el poder 
de escribir un nuevo capítulo, 
de ofrecernos esperanza y risa a nosotros mismos.

Así que si una vez nos preguntamos
¿cómo podríamos siquiera resistir la catástrofe?
Ahora afirmamos
¿cómo podría la catástrofe siquiera resistirnos?

¿Por qué no laicista?

La cuestión es por qué la toma de posesión del jefe supremo de la administración de un país tiene que ser un acto cargado de cuasi-sacralidad hasta el extremo. No sería más inspiradora de confianza la política si se hiciera sin rezos y tarareos, sin fotos de parejas presidenciales simétricamente dispuestas frente a la escenificación totalitaria del Monumento (obelisco) a George Washington

"Nación" es un poco como "Dios": sólo existe si todos creen en Ella o en Él. Hay que afirmarla, hay que construirla y hay que confirmarla una y otra vez. Pero si se quiere elevar a la existencia algo inexistente, nunca se puede prescindir del patetismo, es decir, de apelar al niño que hay en el Hombre y a su disposición a creer en los cuentos de hadas (como el de la muerte de Jesús en la cruz y su resurrección, por ejemplo). 

Mas ocurre entonces que rara vez hay un pensamiento emancipador detrás, sino que el niño que se esconde en el Hombre presta juramento a una ideología, ya sea a una religión con su propio potencial de exclusión y opresión, ya sea a una nación ídem, ya sea a una teoría conspirativa llena de odio y miedo. 

Una curación

Hasta cierto punto Amanda Gorman, la mujer que habla en la primera persona del plural, tiene razón: es necesario sanar. O, más correctamente, cada uno de nosotros debe sanar, porque el "nosotros" que crea es, al fin y al cabo, sólo una construcción. Una nube retórica. 

"Nosotros", ¿a quién se refiere? ¿A América? ¿Concebida como una sola persona? ¿Cómo cuadra esto en el conjunto? ¿Habla realmente Amanda Gorman en nombre de los trabajadores que perdieron sus puestos, de los locos que andan sueltos y armados por allí, de los retorcidos y atontados partidarios de Trump, del propio Trump? 

Por qué “nosotros“

El "nosotros" como yo lírico de la nación, es una idea romántica tardía que se sitúa por encima de todas las desavenencias, conflictos e injusticias reales, en definitiva una presunción: "nosotros", eso es lo que dicen los poderosos cuando quieren que se haga algo concreto por ellos. 

¿Sería tan difícil, entonces, como poetisa cortejada y activista confesa, hacer un poema sobre la realidad, un poema sobre el desempleo, el sistema de bienestar social, el abuso de las drogas, el racismo, el sexismo, las leyes sobre la posesión y el porte de armas, el Covid-19? ¿Sería tan difícil? Sí. Sería muy difícil. Sobre todo en estos momentos tan álgidos. Ni lo intenta. ¡Por el amor de Dios!

De ninguna forma

Nadie quiere oír cosas así. ¿Análisis y crítica? No cuando el Estado se presenta cargado de simbologías como una super-iglesia, con sacerdotes, con la mano de Joe Biden sobre la histórica Biblia familiar católica de varios kilos de peso (versión Douay-Reims; con una cruz celta estampada sobre su cubierta de cuero, para subrayar su origen irlandés), que su esposa se permite sostener para él. ¿Activismo? ¿Críticas al sistema? ¿Reclamos de justicia ante la cruda realidad y no en una nebulosa casita de reloj cucú de la lírica? De ninguna manera. No es el momento. 

Con un asombroso e ininterrumpido sentido de la misión, Amanda Gorman (22 años) se presenta ante el mundo y todo se reduce a que escriba un poema que significa todo y nada. Ha ganado. Nadie puede hacerle daño ahora. Nunca más. Poco después volvió a ser específica en su cuenta de Twitter: Su poema ha sido publicado en una edición especial, y ya está disponible para todo el mundo. Esas eran las palabras que podía utilizar. Ninguna más.

Recomponer la unidad

¿Conseguirán Biden y su vicepresidenta Kamala Harris unir a la sociedad estadounidense sin excluir a sus oponentes políticos? Biden pidió a toda la ciudadanía que se una a él para luchar juntos contra el odio, la ira, el extremismo, la anarquía y la violencia, y al hacerlo obviamente se refería a los partidarios de su predecesor. ¿Debían haber accedido los demócratas al pedido del senador republicano Mitch McConnell (caído en desgracia), para demorar el ahora frustrado juicio político a Trump?

Por supuesto, el presidente tiene razón cuando se enfrenta al extremismo político y a la supremacía blanca. Pero el hecho de que Estados Unidos sea un país dividido es, y probablemente seguirá siendo, un problema durante mucho tiempo; es una división evidente desde hace décadas. El racismo impera allí desde hace más de dos centurias. Después de todo, 81,3 millones de estadounidenses votaron por Biden y 74,2 millones lo hicieron por Trump (7,1 millones menos). Esta masa sigue a la deriva, y no va a dejar de actuar en el país así como así.


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