Entrevistas

José Miguel Esandi: "Cuando con veinte años de edad pasan las ideas, con cincuenta pasan los cañones"

Juan Carlos Tellechea
viernes, 26 de febrero de 2021
José Miguel Esandi © jose-esandi.net José Miguel Esandi © jose-esandi.net
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Con mucha suerte, el laureado director José Miguel Esandi, primer Kapellmeister de la Ópera de Halle (Sajonia-Anhalt) desde la temporada 2019/2020, podría tal vez dirigir este mismo año La Traviata, de Giuseppe Verdi, y estrenar una nueva producción de Candide, de Leonard Bernstein, con régie de Henriette Hörnigk como está programado allí y como desean fervientemente todos sus artistas.

Pero con el estricto confinamiento que rige en Alemania desde comienzos de enero (prolongado ahora hasta marzo, tras arduas discusiones internas, en las que, por la dureza y lo prolongadas, pareciera que el propio coronavirus y sus mutaciones hubieran estado sentados también ante la mesa de negociaciones), nadie sabe a ciencia cierta cuándo podrán ser reabiertas las óperas, los teatros y las salas de concierto cerradas a cal y canto en todo el país por la pandemia. Esandi, quien se formó en su Argentina natal, en Estados Unidos y en Austria, y ejerció la docencia en el Conservatorio Real de La Haya, en los Países Bajos, donde reside actualmente, es optimista y confía en que en julio próximo podría dirigir a la Staatskapelle de Halle en un concierto al aire libre, si para ese entonces hubiera pasado lo peor del peligroso COVI D-19.

Hemos tenido la gran fortuna de localizar a Esandi en su residencia, en Amsterdam, pera realizar una entrevista. Estas son sus declaraciones exclusivas para mundoclasico.com

Juan Carlos Tellechea: ¿Qué reflexiones le inspira este parón de actividades culturales en general y musicales en particular por el coronavirus?

José Miguel Esandi: Uno no aprecia suficientemente la satisfacción de hacer o escuchar música en vivo hasta que se prohiben las actividades. Entonces duelen la ausencia y el silencio.

¿Qué balance (positivo y negativo) extrae de la situación?

José Miguel Esandi. © by Sorek Artists Management.José Miguel Esandi. © by Sorek Artists Management.

El balance positivo de la situación es pensar en el proverbio español: no hay mal que por bien no venga. Esto se aplica a la realidad de estar mucho en casa, y no tener otra cosa que concentrarse en lo esencial de la vida: cuidar la salud, cuidar de nuestros seres queridos, poner orden, leer libros olvidados, escuchar grabaciones pendientes, ver películas, dedicarse a la cocina, recordar viejas amistades y tomarse el tiempo para reanudar el contacto. El balance negativo es acordarse de todos los pobres colegas que se encuentran no sólo sin trabajo, sino también sin ingresos económicos… Esta es más una conmiseración que un balance negativo, porque yo tengo el privilegio de cobrar mi sueldo mensualmente, cuarentena o no.

¿Qué proyectos tenía en marcha y cómo ha tenido que modificarlos, y cuáles puede emprender todavía?

Luego de la primer cuarentena (Marzo-Junio) pudimos volver al trabajo, y a pesar de todo lo que se canceló, hubo oportunidad de realizar programas de concierto, e incluso pude realizar una nueva producción de La Traviata, todo en Halle, Alemania, en donde trabajo como primer Kapellmeister.

Las condiciones de trabajo eran punitivas, porque había que guardar la distancia, lo que implicaba una reducción en el número de músicos participantes, lo que complica la compaginación al tocar juntos. Uno se oye y ve con menos eficiencia al estar más separados, lo cual complica el desempeño musical. No era imposible, y supimos adaptarnos, pero costaba un esfuerzo mayor del normal.

Por otro lado, la producción escénica guardando distancias es realmente para volverse loco: los pobres cantantes andaban a tientas para demostrar una situación dramática mínimamente legible, aún sin poder acercarse. Ni hablemos de la coordinación para cantar bien juntos, aunque tengan que estar a tres metros de distancia… ¡Es una complicación! Imagine el momento de cantar una cadenza en estilo Bel Canto, a tal distancia y sin poder mirarse (porque la distancia hacia el frente del cantante debía ser de... ¡seis metros…!).

No tuve otra que marcarles las cadencias, algo que normalmente detesto, porque me parece burdo marcarles el tempo a dos cantantes que mucho mejor lo pueden hacer si se miran y respiran juntos, mientras que marcárselos como director es una pedantería (en mi opinión algo insufrible) pero que tuve que hacer para ayudar a los pobres colegas sobre el escenario.

Ahora nos encontramos en la segunda cuarentena, cuyo fin no se atisba todavía. Deseo fervientemente junto a mis colegas en Alemania y en otras partes volver al trabajo, aún bajo las restricciones, reduciendo el número de músicos participantes, cambiando los programas (para que se adapten a la formación reducida y respetando la duración de los programas, también reducidos); para todo uno se da maña, con tal de poder hacer esto que amamos: ¡música!

Con la dirección en Halle planeamos el estreno de otra nueva producción de ópera, en este caso será Candide, de Bernstein. Así como planeamos una serie de conciertos al aire libre en el mes de julio, siempre confiando en para estas fechas ya habremos pasado lo peor y podamos tocar para un público en vivo, y al aire libre, lo cual pueda garantizar una ocasión satisfactoria a pesar de las circunstancias.

¿Se siente Usted realizado, dirigiendo ópera y ballet o prefiere dirigir conciertos?

La profesión del director de orquesta es un arte nacido en el teatro: la necesidad de coordinación entre el escenario y el foso de la orquesta es el factor imperativo por el que se desarrolló la dirección musical con gestos. Por esto tengo la convicción de que un director de orquesta se forma fundamentalmente en la actividad teatral: dirigiendo ópera se vuelve uno director de orquesta. Esta es mi opinión personal.

La dirección de música de concierto es más fácil de realizar, porque al contrario del teatro en donde hay otros factores técnicos y escénicos, todos los participantes de un concierto se concentran en el director, por lo cual este goza de un privilegio aún mayor. En la ópera, sin embargo, es el director quien tiene que respetar las necesidades teatrales, mientras realiza su tarea musical.

Esto hace la dirección de ópera un arte más deportivo. Se produce una sucesión de momentos en los que uno acierta con mayor o menor medida a coordinar todos los elementos. Esto causa un vértigo muy agradable, al mantener contacto con tanta gente arriba y debajo del escenario.

¿Cómo se siente Usted dirigiendo obras de compositores italianos, españoles, alemanes, rusos, estadounidenses...?

Mi mayor experiencia y conocimiento pasa por los repertorios italianos y alemanes. Es mi opinión y sensación particular que cuando dirijo música italiana siento una fuerte afinidad: el marcado elemento de espontaneidad en la cultura latina se ve traducido en términos musicales en una mayor melodiosidad (si lo puedo decir de este modo), por lo que la música italiana es eminentemente lírica.

A esto se suma el carácter temperamental, con grandes cambios de emocionalidad: se pasa de la ternura a la impetuosidad, y de la melancolía a la desesperación con relativa facilidad. En el repertorio alemän se aprecia una mayor atención a la forma, un control más metódico del discurso musical, lo cual resulta a menudo en mayor complejidad: entre el contrapunto ordenado de Bach, y la textura orgánica de Brahms se encuentra siempre esta tendencia hacia el orden de los compositores alemanes.

Ahora bien, luego de haber generalizado mis opiniones, y me mantengo firme en estas apreciaciones (!), vale resaltar la presencia de impetuosidad en el mundo alemän, y el orden en el mundo italiano: basta mencionar el clasicismo de Gioachino Rossini, y la gran sensualidad de Richard Wagner. Ninguna de estas generalizaciones son exclusivas de alguna nacionalidad.

¿Se siente (o se ha sentido) Usted bien en la docencia (en el Conservatorio Real de La Haya)?

Mi experiencia en la docencia fue muy valiosa, porque lo hice temprano en mi carrera (luego de haber terminado mis estudios oficiales en la universidad de Viena) y fue una manera de clarificar para mí mismo todo lo que sabía. En otras palabras, al enseñar logré una mayor claridad de ideas para mí mismo. Luego recalco que al entrar en contacto con estudiantes y formar parte de su formación, se vuelve la docencia una actividad intensa que requiere dedicación y un fuerte deseo moral. Este costo de energía tiende a absorber la vida en torno de la docencia, por lo que finalmente opté por alejarme de la misma.

¿Quisiera Usted volver a la docencia en algún momento?

José Miguel Esandi. © by Sorek Artists Management.José Miguel Esandi. © by Sorek Artists Management.

Sigo sintiendo el deseo de compartir lo que sé: lo hago en cada ensayo a diario, y lo compartiría con gusto con un asistente en formación. No creo que vuelva a la docencia en un instituto, en donde hay que tener habilidad política, además de ganas de enseñar. Pasé ya suficientes años de mi vida, primero estudiando y luego enseñando en conservatorios y universidades. Ahora más que nada me interesa realizar la actividad musical. Como oí una vez decir: cuando con veinte años de edad pasan las ideas, con cincuenta pasan los cañones.

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