España - Andalucía

Mahler introspectivo

José Amador Morales
jueves, 4 de marzo de 2021
Camerata Gala © 2020 by Gran Teatro Góngora Camerata Gala © 2020 by Gran Teatro Góngora
Córdoba, viernes, 18 de diciembre de 2020. Gran Teatro Góngora. Gustav Mahler: Sinfonía nº4 en Sol Mayor (versión para orquesta de cámara de Carlos Domínguez Nieto). Camerata Gala. Lucía Tavira, soprano. Camerata Gala. Director: Alejandro Muñoz.
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No es Gustav Mahler un compositor habitual en los conciertos de abono de la Orquesta de Córdoba. Recordamos la Sinfonía nº1 o los Ruckertlieder aún en la era Brouwer del conjunto cordobés, es decir, hace más de veinte años.

Así pues, la presente propuesta musical tenía carácter de acontecimiento. De la mano de la Camerata Gala, conjunto ligado a la Fundación Antonio Gala, radicada en Córdoba, su versatilidad ha sido una de sus señas de identidad a lo largo de en sus quince años de trayectoria. En este caso, la adaptación camerística que Carlos Domínguez Nieto, actual director titular de la Orquesta de Córdoba, ha realizado de la Sinfonía nº4 de Mahler exigía una instrumentación básica de cuerdas así como flauta, oboe, clarinete, fagot, trompa, percusión (aquí la siempre excelente Carolina Alcaraz, solista del conjunto sinfónico cordobés). Una versión ciertamente impecable que recoge la esencia del espíritu mahleriano de la obra y la lleva al terreno de la exquisitez tímbrica e introspección expresiva. Aspectos estos que la Camerata Gala supo extraer sobradamente bajo la batuta de Alejandro Muñoz, junto a una bellísima – bien que lógicamente elemental – concentración del color y una naturalidad en el fraseo, a los que la cabalidad de los tempi y el sabio planteamiento de los clímax no fueron ajenos. 

Si a la altura del cuarto movimiento ya era evidente el milagro de la complicidad entre intérpretes y público, la elegante entrada de Lucía Tavira para atacar un aquí sublime “Wir genießen die himmlischen Freuden” supuso una impresionante guinda final. La voz de la soprano cordobesa hipnotizó a los presentes con un canto lírico de extraordinaria proyección y anchura así como bellísimo timbre; cualidades con las que cinceló de manera inolvidable ese celestial y a la par casi infantil canto a la vida que supone el último movimiento de la obra. Un público puesto en pie acogió con calurosos ovaciones y vítores a los intérpretes, que debieron de salir a escena en numerosas ocasiones.

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