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La vida de Lola Montez

Juan Carlos Tellechea
miércoles, 10 de marzo de 2021
Das leben der Lola Montez © 2021 by C.H. Beck Das leben der Lola Montez © 2021 by C.H. Beck
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Los restos deMrs. Eliza Gilbert “  yacen bajo su lápida desde 1861 en el cementerio de Green-Wood, en Brooklyn. La célebre aventurera e impostora, más conocida como Lola Montez, nacida hace más de 200 años en Irlanda, pasaría inevitablemente a la historia por sus escandalosos amoríos (casi castos) con el rey Luis I de Baviera, antes de terminar bailando para buscadores de oro en  California, Nevada y Australia, y colapsar esquizofrénica, de un derrame cerebral, así como de neumonía un mes antes de su 40º cumpleaños en Nueva York.

Salvando distancias y circunstancias, uno no puede menos que pensar en la desvergüenza, estupidez e inmoralidad de algún que otro presumido monarca tristemente célebre, leyendo en detalle el nuevo y entretenido libro de la destacada historiadora Marita Krauss, profesora de historia regional europea de la Universidad de Augsburgo, Ich habe dem starken Geschlecht überall den Fehdehandschuh hingeworfen. Das Leben der Lola Montez (He arrojado el guante al sexo fuerte por todas partes. La vida de Lola Montez), publicado por la editorial C. H. Beck, de Múnich.*

Y como no podía haber sido de otra forma, también este monarca tuvo que abdicar por sus deshonrosos actos en favor de su hijo,  Maximiliano II de Baviera. ¿Pero qué fue lo que le atrajo al rey de esta impostora? La sensacionalista historia, como tantas otras similiares, hubiera llenado páginas y más páginas de las revistas del corazón, como ocurre en la actualidad.

¡Ah, los hombres!

Al mismo tiempo, la biografía también arroja luz sobre las pautas de comportamiento de Lola hacia los hombres que se enamoraban de ella. La autora se cuida de no interpretar ni juzgar, pero desde la perspectiva de nuestro tiempo, la autoproclamada española probablemente sería descrita como una narcisista emocionalmente abusiva que amenazaba con el suicidio, mentía, abofeteaba engatusaba, rogaba, exigía, acusaba a los demás de engañar y, sin embargo, se engañaba a sí misma. 

El rey, otro bobón

Sus manipulaciones funcionaban, aunque Luis I, como un tonto, se enfadaba repetidamente con ella, como revelan las anotaciones de su diario: "¡Incluso lejos de ella no tengo paz! El lector de este libro siente lo mismo, porque a pesar de todas las cabriolas y trucos o, precisamente, a causa de ellos, apenas puede apartar los ojos del camino de la vida de Lola Montez que finalmente la lleva a un pueblo buscadores de oro en Nevada y luego, dónde más si no, a Nueva York. 

Enigmática

Tal vez haya sido el enigma de su verdadera identidad. Lola Montez, la fantasiosa, le costó a Luis I el dinero, luego los nervios y finalmente la corona. Con la ayuda de nuevas fuentes, la catedrática nacida en Zúrich, Suiza, aclara muchos malentendidos en su biografía de la bailarina.

En cualquier caso, se trataba de Eliza Gilbert, una mujer británica que, tras un corto y desagradable matrimonio, se transformó en una figura artística mucho más adecuada que la de la “rosa inglesa“ del internado femenino. A los españoles se les atribuía entonces la valentía y el sentido del honor, la sed de venganza, una actitud irreconciliable, la alta estimación de su propio rango, el temperamento y al mismo tiempo la sangre fría. 

Bailarina española

¿Qué podía ser más natural para una mujer con la estructura de la personalidad de Eliza Gilbert que una vida de bailarina española? Al mismo tiempo, la idea de cambiar de identidad era tan descabellada que seguía saliendo airosa de su farsa. Ella misma era su mejor distracción: la mayoría de la gente la encontraba tan encantadora o tan escandalosa que la cuestión de su verdadera identidad pasaba a un segundo plano. 

Richard Wagner no cayó en la trampa

Richard Wagner, por ejemplo, quien la conoció brevemente cuando estaba, digamos...asociada a Franz Liszt, es citado por Marita Krauss con estas palabras tomadas de su diario: tenía ojos insolentes y era un "ser demoníaco sin corazón". En ese momento solo tenía 23 años. No era de extrañar que una biografía así pudiera haber inspirado también novelas.

Solo año y medio en Múnich y un rey embobado

Krauss dedica mucho espacio a la época de Múnich, que fue especialmente formativa para la bailarina y para Baviera. Es difícil creer que sólo haya sido un año y medio; tantas historias meticulosamente investigadas tuvieron lugar en tan corto tiempo. 

El hecho de que Lola Montez estuviera en todas las columnas de cotilleo no se debía sólo a su relación con el rey: le gustaba destrozar decretos, alimentar ambiciones ridículas y disfrutaba echando leña al fuego, presentándose ella misma en persona en las protestas populares contra su propia influencia sobre el embobado rey. 

Emocionantes años de la fantasiosa

Rápidamente señala a los jesuitas como sus mayores enemigos, y dos gabinetes ministeriales se desmoronan durante este periodo. Como catedrática de historia regional europea y de historia regional bávara y suaba en la Universidad de Augsburgo, Marita Krauss puede recurrir aquí a una gran experiencia: difícilmente puede haber una perspectiva más emocionante de aquellos años que la que se puede ver, mirando por encima del hombro de Lola Montez.

Memorias poco fiables

Recurrir a las noticias de los periódicos y a los diarios íntimos y cartas de terceros parece especialmente importante en el caso de una figura como Lola Montez, ya que ella misma, con su tendencia a exagerar e inventar, no puede ser considerada una fuente fiable. Krauss aborda abiertamente esta ambivalencia. 

De vez en cuando cita sus memorias, pero advierte que deben leerse en gran parte como un texto literario de ficción. Esto es particularmente interesante no en las pequeñas anécdotas, la mitad de las cuales pueden o no ser ciertas, sino en las grandes aventuras: ¿Estuvo realmente Lola Montez en Rusia durante un largo periodo?

En sus memorias, el relato de sus experiencias en San Petersburgo y Moscú ocupa 180 páginas, escribe Krauss, pero no profundiza en este relato, ya que nada de ello está fundamentado, ni se hace referencia a una o varias actuaciones. Esto es muy sospechoso, porque Lola Montez siempre aparecía en los periódicos dondequiera que estuviera.

Detalles sorprendentes

Krauss saca sin prejuicios a la luz pública cosas sorprendentes de la Montez, quien como amante de Luis I seguía en la penumbra y demonizada hasta el día de hoy. Tal fue el bochorno que causara en aquel entonces a la casa de los Wittelbach. Lola Montez, ennoblecida como condesa de Landsfeld, con un sueldo anual de 10.000 gulden (cinco veces más que un profesor universitario) y un palacete obsequiado por el rey en la muniquesa Barer Strasse, no quería pasar a la eternidad como una impostora. Pero, ¿quién era realmente esta mujer poco convencional? La extraordinaria historia de su vida fue la base de películas, novelas y muchos panfletos. ¿Sigue siendo necesaria una nueva biografía?

Sí. Sostiene la Dra. Krauss, porque hasta el día de hoy circulan muchas falsedades sobre Lola Montez. A ello contribuyó, en parte, ella misma al hacerse pasar por una ardiente española. En su bien fundado libro, la catedrática intenta llegar al fondo de la cuestión, documentándose sobre su muy romántica relación amorosa.

Pulía su imagen a su manera

No hay muchos personajes históricos sobre los que se pueda trazar la historia contemporánea con un valor de entretenimiento comparable: la bailarina Lola Montez no sólo viajaba mucho y estaba siempre en el centro de los acontecimientos, sino que los alimentaba con su temperamento desenfrenado. Por eso ya hay bastantes filmes y libros sobre ella. 

Sin embargo, la historiadora Marita Krauss ha logrado acceder a fuentes que otros biógrafos de Lola no tenían, a saber, los diarios íntimos del rey Luis I en la Biblioteca Estatal de Baviera. Anteriormente, sólo los biógrafos de Luis, Heinz Gollwitzer, y Hubert Glaser, para la edición de la correspondencia del rey con su arquitecto Leo von Klenze, pudieron verlas.

Coraje

La supuesta "bailarina española“ de negra cabellera que hiciera perder la cabeza y el trono al rey bávaro tuvo que  emprender vuelo de inmediato cuando la situación no daba para más. Pero Eliza Gilbert no se dejó intimidar. Tiré el guante al sexo fuerte en todas partes, escribe Montez al final de sus memorias. De ahí el título de la obra de la historiadora, quien corrige ahora la imagen de la impostora. 

Sin necesidad de seguir la visión glorificada que pretendía mostrar Lola Montez de ella misma, Krauss no pierde el tiempo. En su lugar, se plantea las cuestiones correctas: ¿Fue una de las grandes cortesanas de la historia del mundo, para ser colocada junto a mujeres como Madame de Pompadour? No. ¿Era una impúdica, vanidosa, indiscreta y ávida de poder? No. ¿Fue una víctima de la prensa o una maestra de la autopromoción? Sí y no. ¿O era una mujer independiente y emancipada? Sí.

Vista con nuestros ojos modernos

Para Krauss, Lola Montez era una mujer asombrosamente emancipada para su época, poco convencional y amante de la libertad. Con su propio esfuerzo, se construyó una carrera internacional con inteligencia, encanto, buen manejo del mercado y manipulación de la prensa después de un matrimonio desastroso. Quizás hoy sería, lo que se dice, una personalidad influyente.

Sacarla del fango

Lola Montez es vulgar y arrogante, vil y mendaz (...) excéntrica hasta la locura y (…) un caso para el psiquiatra. Al menos eso es lo que escribía en la década de 1990 el historiador Heinz Gollwitzer,  en aquel entonces profesor emérito de la Universidad de Münster. 

La Dra. Krauss, en cambio, la saca del fango en el que se encuentra. La profesora no se propone de ninguna manera glosar que Gilbert era una libertina y que desplumó a Luis I. Pero sí tiene en cuenta los contextos y las recopilaciones en las que aparece, por ejemplo, al lado de la Pompadour, como si perteneciera a la galería de las mayores amantes del mundo, cuando en realidad su figura no encaja exactamente allí.

Figura única

En su diversidad, la deslumbrante bailarina Lola Montez es simplemente un fenómeno. Disponía de un amplio abanico de habilidades y debía de tener una presencia impresionante. Inteligente como un rayo, por cierto, sabía varios idiomas, era muy leída. Y aunque no tenía formación en ballet clásico, su baile o, más bien, su actuación, debía ser deslumbrante. Incluso lo escriben sus resentidas y resentidos oponentes. Pero en cierto modo, nació en el lugar y el momento equivocados. Eso se ve, por ejemplo, en sus casi dos años en París, entre comienzos de 1850 y finales de 1851. 

Allí se quedó sin dinero, pero la sociedad estaba más mezclada, lejos de ser tan rígidamente estamental como en la ciudad residencial de Múnich. En París podía trabajar en los salones. Vivía en la rue St. Honoré y percibía una renta anual de 700 libras esterlinas de Luis I. Su salón era frecuentado, entre otros, por Adolphe de Belleyme, subacalde de Paris 1, así como por el marqués Léon de Laborde, historiador de arte, arqueólogo, político, descubridor de la antigua ciudad de Petra, en Jordania, conservador de las colecciones de arte de la Antigüedad, Edad Media y  Renacimiento del Museo del Louvre, y...dos o tres infaltables periodistas.

No aceptaba restricciones

Sin embargo, Lola hizo mucho para construir su mala imagen. Una mujer que fumaba puros (hoy fumaría porros), que viajaba con una fusta, una pistola y un gran perro, y que parecía segura de sí misma, estaba destinada a ofender a sus contemporáneos. No aceptaba las restricciones, y con el tiempo se volvería más provocativa y prepotente. Esto estropearía todo. Si se hubiera comportado con moderación, como amiga de Luis I, las cosas habrían sido mucho más fáciles.

Imposible para su personalidad

Llevar una vida cómoda, como la Pompadour, habría sido demasiado aburrido para ella. Era inquieta, perdía rápidamente el interés por algo y quería seguir adelante. Luis I, además de rey, era un hombre interesante. Pero vivir solamente con el hecho de que él venga por la tarde durante tres horas y luego regrese a su casa a tomar el té y jugar a la lotería de cartones con Teresa, su esposa, era demasiado poco para Lola Montez. Lola y Luis leían juntos poesía y las obras de Don  Miguel de Cervantes, lo que podría haber sido estimulante durante seis meses, pero luego la Gilbert volvía a necesitar de la variedad en su vida. La jaula de oro no era para ella ni era su objetivo.

La pequeña casa   de campo que les servía de nidito existe todavía, escondida entre árboles y arbustos y junto al río Isar. Está en el distrito muniqués de Harlachin, en un paraje encantado de la localidad de Menterschwaige al que solo se puede acceder a pie o en bicicleta. Su dirección: Hochleite 71.

Una relación sin futuro

Luis nunca pensó en dejar a su mujer. El matrimonio tuvo nueve hijos, lo cual era algo especial, y Luis estaba obviamente muy dedicado a Teresa. Pero el rey torturaría a su mujer con sus historias extraconyugales. Sin embargo, Teresa era el apoyo de su vida, la continuidad. Eso es lo que se observa a menudo con esos hombres arrebatados, sostiene la profesora Krauss, tras acceder a los diarios personales del monarca bávaro. Los historiadores que investigaban la vida de Luis I no querían ni saber del lado bueno de Lola.

Cómo cambian los tiempos

Hace unas décadas la visión era muy diferente y Lola Montez era la catástrofe por excelencia para los biógrafos de Luis I. El biógrafo de Lola, Bruce Seymour, ya la encontraba relativamente desprejuiciada a mediados del decenio de 1990, lo que era más bien algo excepcional. Pero ver a través de las notas de Luis cómo un hombre tan importante y educado pudo encapricharse tanto con esta mujer es bastante fascinante. Sin embargo, Luis también se había dado cuenta de todo lo que había en esta fémina.

En fin, fue un gran amor idealizado de emotividad conmovedora. Lola actuaba sobre Luis como una droga e incluso le hacía olvidar su avaricia. Todo el mundo encontraba completamente incomprensible su conducta. Por un lado, estaban las grandes carencias de Baviera, la hambruna de la población, y por otro lado, los desmedidos actos de caridad hacia Lola. Era su propio dinero, pero inadmisible que otorgara semejantes dádivas a su amante. 

En aquellos tiempos prerrevolucionarios, todo hervía en Europa, y Luis provocaba con esta insólita mujer. Le gustaba salirse de las convenciones; este deseo lo llevó, como a muchos alemanes, una y otra vez a Italia. En realidad, en lo cotidiano, vivía en la más estricta disciplina, y se sentaba ante su escritorio todas las mañanas a las cuatro. Este rey realmente se ocupaba de todo, y Lola fue el equilibrio de su vida. Al fin y al cabo, los dos no tuvieron un amor terriblemente apasionado, sino un gran amor idealizado y lleno de emotividad, constata Krauss en sus investigaciones.

Al principio no pasaban de los abrazos en el sofá

Fue un amor increíblemente casto durante mucho tiempo, y lo especial es que Lola fue capaz de atenderlo. Simplemente no era la puta baja que muchos veían en ella. En este juego que parpadeó durante meses, fingió ser prepúber, infantil. Y veía cada beso como un pecado, lo que la atormentaba también. En sus diarios se lee como Luis lucha constantemente por cumplir las exigencias de la doctrina católica y seguir satisfaciendo su mente poética, cómo él la llamaba. Entre el exquisito mobiliario de la casita de estilo suizo se encontraba un antiguo confesionario que probablemente no habrá tenido nunca gran demanda en ese lugar.

No hablaba muy bien español

Lola se hacía pasar por una mujer de la nobleza española y ambos hablaban solamente en español, un idioma que Luis I conocía mejor que ella, circunstancia que nunca lo llevó a sospechar del engaño. El rey se empeñaba en creer en esta imagen de la mujer española valiente y noble que había tenido que huir por razones políticas de su país y abrirse camino. 

Por otro lado, ella reaccionaba inmediatamente indignada cuando él dudaba de sus historias. Él era para ella su gran protector. Estaba impresionada por la personalidad del rey, pero también le agradaba la diferencia de edad. Según su propio diario, Luis cohabitó con ella dos veces, la primera en junio de 1847, lo que le hizo caer de su pedestal. Ahora él ya no era el monarca omnipotente y la figura paterna para ella, por lo que Lola comenzó a vengarse de él.

Sus escenas eran notorias

Lola siempre fue revoltosa y tozuda, tenía mucho temperamento, pero en una época en la que eso era imposible para las mujeres. Esto fue promovido por una educación muy restrictiva con confinamiento y golpes durante su infancia en Irlanda. Muy desafiante, reaccionaba a todo lo que era una convención. También habría que mirar su historia. Venía de un buen hogar, disfrutó de una muy buena educación para los estándares de la época. Sin embargo, no estaba nada ilustrada cuando dejó el internado de Bath, Inglaterra, a los 16 años. Para escapar de un matrimonio concertado con un militar 60 años mayor que ella, se fugó con el teniente Thomas James, de 30 años, que la había seducido. Así que tuvo que casarse con él, y le fue horriblemente mal.

Las únicas opciones que me quedaban eran ser sirvienta, prostituta o artista, escribía Lola Montez en su libro. Finalmente, se divorció. Con este pasado, Lola estaba entre la espada y la pared.

Mirar solo hacia adelante

Podría decirse que siempre quería avanzar, ir hacia adelante, e incluso consigue convertirse en una especie de modelo para todas estas Lolas, Lulús y Cármenes que pululan por ahí. En ella están reunidas la mujer salvaje, la belleza española, la indómita, la seductora, pero también la mujer-niña. Le gustaban las flores, los pajaritos, y también conservaba ese radiante infantilismo que la caracterizaba. Lola era pequeña, delgada y pálida. No era una Marilyn Monroe, sino más bien una Audrey Hepburn (también adicta al tabaquismo). Una persona pequeña, por así decirlo, pero muy dura al mismo tiempo. 

No tan devoradora de hombres como se piensa

Una vez le preguntaron por el número de amantes que tenía, y respondió: No tantos como se cree, pero sí unos cuantos más que una persona normal. ¿Dónde acabaría hoy una mujer como Lola? Las condiciones son completamente diferentes, pero desde luego ella encajaría perfectamente en la escena de la danza y la música de nuestros tiempos.

El destino

Desde principios del siglo XX, habría tenido acceso también a la industria cinematográfica. Puede que su voz no fuera la más cautivante; pero con la tecnología actual, eso no sería un problema. Y en Estados Unidos, Lola Montez llenaba grandes auditorios con sus recitales a partir de 1851. Allí impresionaba como una mujer muy independiente. 

Quizás sería hoy una diva del espectáculo o al menos una súper Madonna, provocando y reinventándose constantemente. La normalidad no podía existir en esta vida terrenal. Y las “chicas malas“, tanto antaño como hogaño, llegaban y llegan a todas partes. El sobrio enfoque de la profesora Marita Krauss es el más adecuado para esta historia que no necesita dramatización para asombrar una y otra vez al lector.

Notas

Marita Kraus, «Ich habe dem starken Geschlecht überall den Fehdehandschuh hingeworfen. Das Leben der Lola Montez», München: C.H. Beck, 2020, 343 Seiten., mit 42 Abbildungen. ISBN 978-3-406-75524-8

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