Opinión

Mujeres y música, ¿una cuestión de poder?

Maruxa Baliñas
viernes, 10 de septiembre de 2021
Sofia Gubaidulina © Boosey & Hawkes Sofia Gubaidulina © Boosey & Hawkes
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Aunque en los primeros tiempos de Mundoclasico.com nos tomábamos muy en serio la celebración del 8 de marzo y nos esforzábamos en hacer algo especial ese día o incluso durante toda una semana, hace ya varios años que intentamos no celebrar demasiado esa fecha. Hubo un momento para reclamar y mostrar una realidad que se quedaba oculta, pero ahora creemos que es más importante ‘normalizar’. Pocos lectores nos lo han comentado, seguramente muchos ni se han dado cuenta, pero hace ya varios años que intentamos que las portadas de Mundoclasico.com no sean tan ‘masculinas’, o sea que las mujeres aparezcan regularmente en fotos y titulares como sujetos, no objetos, evitando eso que tan inteligentemente reivindicaban hace ya más de 35 años las Guerrilla Girls

¿Tienen las mujeres que estar desnudas para entrar en el MOMA? Menos del 5% de los artistas en las secciones de Arte Moderno son mujeres, pero un 85% de los desnudos son femeninos.

Sin embargo, aunque como directora de Mundoclasico intente hacer algunas cosas de otro modo, como profesora de instituto, con una mayoría de alumnos de 13-14 años, voy más 'por la clásica'. O sea, aunque durante todo el curso intente usar femeninos y poner ejemplos de mujeres haciendo música, también creo necesario -cuando se acerca el 8 de marzo- hablarles de las mujeres compositoras y de los problemas que encuentran en el mundo de la música todavía en la actualidad. Porque hablamos mucho de la música clásica como algo conservador, pero los problemas a los que se enfrentan las mujeres en el mundo de la música de consumo -especialmente en algunos géneros asociados a los hombres, como puede ser el rock duro y el heavy, o en la producción y gestión musical- son tanto o más graves. 

Mujeres y poder 

Aunque con motivo del 8 de marzo se oyen cosas muy variadas -y a veces muy deprimentes- la realidad es que mujeres y música siempre han estado indisolublemente unidas. Hombres y mujeres han practicado la música por igual y en muchas épocas incluso eran más las mujeres que hacían música que los hombres. En países y momentos concretos hubo restricciones a las mujeres 'haciendo música', como pasó por ejemplo con la prohibición de que las mujeres cantaran en las iglesias católicas en el Barroco, principalmente, lo que dio lugar al apogeo de los castrati, o la tan repetida prohibición de la mezcla de voces masculinas y femeninas en los grupos cantando gregoriano. Pero esa no fue la tónica general y algunos autores dudan incluso de que este ‘silencio femenino’ fuera una práctica habitual por más que las normas eclesiales lo dictaran así. 

¿Dónde está entonces el problema? Pues como casi siempre, en el poder. No hay ningún problema con las mujeres haciendo música en 'su' ámbito: o sea, el doméstico. Durante siglos, cuando se pensaba, pintaba o escribía sobre una música 'perfecta', 'celestial', o simplemente 'entrañable', las referencias frecuentemente eran las monjas escondidas que rezan a Dios, la alegre pastorcita y sus canciones tradicionales dedicadas a sus ovejitas, pero sobre todo la madre que canta al niño en la cuna, el epítome de la música doméstica.  

Las mujeres haciendo música públicamente, sobre todo ante un público eminentemente masculino, eran un problema, fueran cantantes de ópera, de flamenco o cupletistas -las solistas instrumentales sólo triunfaban cuando tenían detrás un gran talento, apoyo familiar y una gran dosis de buena suerte- y ciertamente se esperaba de ellas que fueran acompañadas de alguna figura 'de autoridad', preferentemente masculina (su agente, su esposo u otro familiar) o cuando menos una madre o criada vieja (ya no en 'edad sexual'). Hoy las cosas han cambiado, pero siguen asomando con cierta frecuencia reminiscencias de esas asociaciones de ideas, y a menudo se pueden leer críticas de conciertos con un contenido que se consideraría totalmente inadmisible o ridículo si se aplicaran a un hombre intérprete.   

Pero donde el veto era prácticamente absoluto, y para nuestra verguenza sigue siéndolo, es en lo que podríamos llamar 'posiciones de poder'. Cuando ya no llama tanto la atención una mujer empresaria, banquera o política, por más que aún sean minoría, las mujeres dirigiendo orquestas, festivales, sellos discográficos, o componiendo a gran escala son anecdóticas. Y muchas de las que triunfan lo siguen haciendo a base de mantener un 'perfil bajo', ser poco conocidas públicamente, vivir relativamente recluídas, vestir de un modo neutro, etc., es decir, siguen teniendo la necesidad -u obligación implícita- de ser conocidas por su obra, no por la totalidad de su persona. Y -como en el caso de las intérpretes- la atención a su obra por parte de la crítica musical e incluso de la musicología, tiende a estar mediatizada por su sexo o género. 

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