España - Andalucía

En torno al amor y la muerte

José Amador Morales
martes, 23 de marzo de 2021
Javier Perianes en el Gran Teatro de Córdoba © 2021 by A. J. González / Diario Córdoba Javier Perianes en el Gran Teatro de Córdoba © 2021 by A. J. González / Diario Córdoba
Córdoba, sábado, 13 de marzo de 2021. Gran Teatro. Javier Perianes, piano. Ludwig van Beethoven: Sonata nº12 op.26 en La bemol Mayor; Fréderic Chopin: Sonata No. 2 en Si bemol menor op. 35; Enrique Granados: Los requiebros, El amor y la muerte (de “Goyescas”); Franz Liszt: Funerales (de “Harmonias poéticas y religiosas”).
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Regresó Javier Perianes a Córdoba, en cuyos escenarios ha venido recalando puntualmente a lo largo de su intensa carrera (quien esto suscribe lo escuchó por primera vez en 1998 en este mismo auditorio con el concierto de Schumann). Titulado El Amor y la Muerte como tema recurrente y transversal del repertorio selelecionado, el programa volvía a ser imponente y con suculentas posibilidades de despliegue interpretativo.

Para empezar, Perianes atacó el inicial ‘Andante con variaciones’ de la Sonata nº12 de Beethoven con un lirismo y un cálido sonido que no abandonó a lo largo de toda la velada, poniendo de manifiesto su carisma y creatividad a la hora de marcar y diferenciar hábilmente cada una de estas variaciones. La ‘Marcia funebre sulla morte d’un Eroe’ tuvo en sus manos un gran equilibrio expresivo debido a su personal articulación, dando paso al aquí brillantísimo ‘Allegro’ final.

Su abordaje de la extrema Sonata nº2 de Chopin fue intensísimo ya desde los apasionados y lastimeros primeros compases de su ‘Grave-Doppio movimento’. Con ella logró un contraste de gran tensión dramática entre el evidente virtuosismo y la profundidad expresiva de sus páginas. Mucho de ello pudimos comprobar en el trepidante ‘Scherzo’, con un delicadísimo smorzando que dio paso a una ‘Marcha fúnebre’ conmovedora. No en vano, Javier Perianes hizo cantar al piano en un trío delicioso, lírico y bello como pocas veces lo hemos escuchado antes de rematar la sonata con un furibundo ‘Presto’ final.

Tan idiomático como vehemente volvió a ser su Granados, cuyas sendas piezas de Goyescas fueron desgranadas con intensidad rítmica y un manejo del pedal que incidía en las sutiles reminiscencias impresionistas de las mismas. Un tanto elegante y desenfadado en su paráfrasis de la jota en Los requiebros y más dramático en El amor y la muerte, particularmente en esta última el pianista onubense se gustó rebuscando en su esencia trágica y punzante todo resquicio expresivo.

Al mismo tiempo, con este título “cosía” temáticamente el citado leit-motiv del concierto con los clímax dramáticos previamente logrados con las marchas fúnebres de Beethoven y Chopin, al tiempo que servía en bandeja los intensos Funerales de Liszt. Con ella Perianes culminó su programa ofreciendo una desbordante cantidad de sugerencias musicales y estéticas ofrecidas con una técnica contrastada desde las disonancias acampanadas del monumental inicio hasta la apabullante coda final que puso a todos los presentes en pie.

Javier Perianes se despidió regalando una conmovedora e íntima vuelta a Granados con la lírica Quejas, o la Maja y el Ruiseñor.

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