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Perspectivas sobre Donald Trump

Trump, el virus religioso y el dominionismo (I)

Juan Carlos Tellechea
martes, 23 de marzo de 2021
Persönlichkeitsstörungen © 2019 by hogrefe Verlag Persönlichkeitsstörungen © 2019 by hogrefe Verlag
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La primera aparición pública del ex presidente Donald Trump, tras ser desalojado de la Casa Blanca ha mostrado que sigue siendo fiel a sí mismo, que continúa mintiendo desenfrenadamente, y que insiste en mantener un férreo control sobre el partido Republicano. Pero muestra asimismo lo complicada que será la situación política en los Estados Unidos en los próximos años.

Trump, además de sufrir un trastorno de personalidad narcisista y psicopático es un histriónico con éxito, como lo define el destacado profesor Dr. Rainer Sachse, director del Instituto de Psicoterapia Psicológica de la Universidad de Bochum, en su libro referencial Persönlichkeitsstörungen. Leitfaden für die Psychologische Psychotherapie (Trastornos de la personalidad. Guía para la psicoterapia psicológica), publicado por la editorial académica hogrefe, de Göttingen.*

Los histriónicos exitosos son aquellos individuos que, a través de sus acciones, logran recibir un alto grado de atención, ser tenidos en cuenta, tomados en serio, respetados y, por lo tanto, tener sus metas compensatorias satisfechas en un alto grado (pero que, sin embargo, producen un alto grado de costos interaccionales). (…) tienen tanto estrategias manipulativas positivas como estrategias negativas. Y además (…) Pueden utilizar estas estrategias de forma flexible, en función de las circunstancias, agrega el catedrático.

Como mal perdedor que es, Trump se siente personalmente muy ofendido por la derrota y siempre trata de sabotear al otro. Ese comportamiento ocurre cuando se tiene una combinación de estilo narcisista y psicopático, que sin duda tiene Trump, subraya Rainer Sachse.

El desastre del partido Republicano

Es de esperar, por lo tanto, que Trump siga con sus descarados intentos de dominar el partido Republicano y utilizarlo para sus propios fines. Dentro de cuatro años, seguramente será nominado otra vez como único candidato presidencial de su partido. Pero, para ese entonces el país será también diferente. Tras sólo cinco semanas en el cargo, la satisfacción de los votantes con Biden ha subido a más del 50%. Si éste siguiera haciendo las cosas bien, incluso un Donald Trump puede volver a fracasar, pese a haber conseguido más de 74 millones de votos en las elecciones presidenciales de noviembre pasado.

La fregona amarilla

Sea como fuere, Trump finalmente es historia. El mundo vuelve a respirar. Trump, que había anunciado que pasarían muchas cosas antes de la toma de posesión del nuevo presidente, cumplió rápidamente con su amenaza. Continúa proclamando el mito de la elección ganada y tiene la intención de seguir luchando, lo que sea que eso signifique, frente a una cuenta de Twitter bloqueada. El papel de pobre perdedor ridiculizado no le conviene en absoluto. Estamos en el comienzo de una nueva era, estamos en el comienzo, afirma aparentemente convencido el hombre de la fregona amarilla en la cabeza.

Destripados

A todos los republicanos se les debería haber revuelto el estómago el domingo 28 de febrero durante la aparición de Donald Trump en Orlando, Florida, en la Convención anual de activistas conservadores (CPAC); a todos los republicanos tradicionales, al menos.

El claro perdedor de las elecciones presidenciales de 2020 pronunció un discurso que habría hecho honor a cualquier líder autocrático del mundo. Trump no quiere fundar un nuevo partido, o eso es lo que ha dicho. Pero, ¿por qué habría de hacerlo?

Trump ha destripado el antiguo Grand Old Party y lo ha llenado de seguidores fieles. Los republicanos de los Reagan y de los Bush ya no existen. Son los verdaderos republicanos quienes necesitan ahora encontrar un nuevo hogar político. Lo paradójico del asunto es que ellos mismos han hecho posible a Trump, y debería caérseles la cara de vergüenza ahora el tratar de derrocarlo.

La guerra civil

La era Donald Trump no ha terminado para los republicanos ni mucho menos. Es el rey del partido. Dos juicios de destitución y una derrota en la reelección no han mermado el entusiasmo de sus votantes. Si ha habido una "guerra civil" en el seno de los republicanos, la ha ganado Trump, y la ha ganado con tanta facilidad que es difícil llamarla una verdadera lucha.

Paradójicamente, Trump puede ser más fuerte dentro del partido precisamente porque sólo ha cumplido un mandato. Muchos republicanos creen que tras los años de Trump hay que completar algo; quieren una revancha. La derecha republicana, en particular, considera que aún no han sido libradas las batallas que inició Trump sobre la inmigración, la política exterior, el comercio con China y el poder de las empresas tecnológicas.

Ególatra salvador

De la grandeza a la ridiculez, a menudo no hay más que un pequeño paso, decía Napoleón Bonaparte. Si hay una prueba viviente de este dicho, ese es el golfista Trump. En Europa, los observadores se rasgan las vestiduras, tratando de juzgar a esta madre de todas las vergüenzas sin caer en superlativos históricos. ¿De dónde sacan los más de 74 millones de votantes la idea de que este ególatra patente puede ser su salvador?

Dicen que entiende a la gente, que habla su idioma. Trump gana puntos con sus partidarios con su enfoque duro hacia los migrantes; en contra de la oposición demócrata en el Congreso comenzó a construir el muro que prometió en la frontera con México. Trump defiende el derecho a portar armas, a un ejército fuerte, a la libertad religiosa, a la reducción de la burocracia y las regulaciones. Se presenta como un campeón de la ley y el orden y un luchador contra el aborto. En política exterior, sus partidarios lo celebran por su doctrina "America First", que pone a Estados Unidos prioritariamente en primer lugar.

La puesta en práctica

Lo que otros han ofrecido como programa, él lo ha puesto en práctica. Ha encarnado todo lo que hace un vulgar estadounidense medio: malos modales, racismo y nacionalismo, pésima educación e ingenuidad autóctona, avaricia, chovinismo y -como llave maestra- religiosidad, en parte como causa y consecuencia de todos los demás rasgos. Una religiosidad que está muy arraigada en el pueblo y que ha sido y es, desde la fundación de esta nación, la razón primordial y el miedo primario de esta sociedad.

Ejemplos

El papel de víctima que asume ahora Trump es solo lógico y pertenece al repertorio fijo del comportamiento religioso. Así es como surgió el párrafo sobre la blasfemia en muchos estados del mundo. Hay paralelos devastadores. Al principio, muchos fundadores de religiones desempeñaron este papel. Pablo de Tarso fue golpeado en Asia Menor y arrojado al calabozo junto con Silas, porque el Imperio Romano temía la sedición.

Durante diez años Mahoma fue ridiculizado, sólo Jadiya lo consideró un genio y lo defendió en la comunidad hasta que él mismo se convenció de creer en lo que sostenía. Después de eso, los que le rodeaban también creyeron en él. El resto se hizo a través de la crueldad y la violencia.

Joseph Smith, el fundador de la Iglesia Mormona, fue incluso linchado por sus perturbadoras, escandalosas opiniones que se convirtieron en una religión. El novelista de pacotilla Ron Hubbard (Iglesia de la Cienciología) era sospechoso de "enajenación mental". En fin, los ejemplos podrían continuar.

A medida

El trastorno de personalidad de estilo narcisista y psicopático de Trump,, como lo describe el profesor Dr. Rainer Sachse, se está deslizando al papel de una especie de fundador de una religión, porque está hecho a medida para ello. Se erigió en venerable profeta mucho antes de que lo expulsaran del cargo de presidente, afirmando que no se le podía vencer; y que si ocurriera sería de todos modos un fraude. Un caso clásico de razonamiento circular que ya es indicativo de una religión, porque en última instancia todas las religiones se nutren de uno o varios razonamientos circulares, al estilo de 

¿Cómo sabes que Dios existe?". - Ya está en la Biblia. - ¿De quién es la palabra de la Biblia? - Bueno, la palabra de Dios, por supuesto.

Las religiones

Las religiones son una especie de organización de ayuda para los "pobres de espíritu", los abandonados, los desesperados, los que viven en un mundo adaptado a sus propios deseos. Hoy se diría que para niños "no esclarecidos", formados de forma precoz; es decir maltratados mentalmente, al nivel de creer en Santa Claus o en los Reyes Magos, algo que les hace mucha ilusión.

La impronta alcanza niveles de estandarización mental que todavía están muy infravalorados, porque permanecen aún muy arraigados. Las iglesias conservadoras como la católica y la evangélica producen todo de esta manera que nuestra sociedad ahora tiene que trabajar duro y gastar mucho dinero para corregir: Machistas misóginos, ególatras y narcisistas dirigidos por otros, educadores autoritarios de sus hijos, racistas, antieducativos y votantes retrógrados en lugar de ciudadanos con pensamiento propio.

El mesías

Pero, sobre todo, las religiones son mundos paralelos en los que reina la "interpretación de la Escritura" y, con ella, el caos intelectual en el que los términos se utilizan e intercambian indistintamente, según convenga. En ciertos casos, cuando la argumentación honesta escasea, se muestra la Biblia, como hizo Trump a pocos metros de la Casa Blanca a principios de junio de 2020. 

Donald Trump posa frente a una iglesia sosteniendo la Biblia, .... Así es como lo hace un mesías que cree que va a perpetuar su historia. No importa cómo, informaba la prensa horas después.

El virus

De la misma forma que hoy se nos presenta en la vida cotidiana la evolución de los virus como fenómeno observable, aquí se pueden seguir las primeras semanas evolutivas de la fundación de una religión. Un acontecimiento emocionante, pero al mismo tiempo muy peligroso, cuando hay que observar la aglomeración de millones de personas que están atrapadas espiritualmente, algunas de las cuales son capaces de cualquier cosa, si el gurú lo desea o si le resulta beneficioso (el asalto al Capitolio el 6 de enero pasado). Hay que ver cómo las personas se convierten en las famosas ovejas de la Biblia. Cualquiera que lo haya presenciado se estremece al ver cómo el monstruo convierte a miles de seguidores en zombis manipulables cuyo cerebro -seguramente un eufemismo en este caso- ha perdido por completo el control sobre el tronco del encéfalo.

Atávico

Hay algo de arcaico y monumental en ello, un punto culminante profundamente emocional para las mentes simples, cuando la gente se experimenta a sí misma como una tribu, como en los tiempos primitivos, dejando que su escaso pedazo de personalidad se disuelva en el flujo de las masas, rugiendo su rabia desde las profundidades de sus almas.

Además hay algo atávico en el hecho de que todo el mundo pueda finalmente doblegar la realidad a su miserable voluntad. El miedo es la vara que mantiene todo unido y hace que todo movimiento hacia adelante vaya en círculos; mata todo pensamiento creativo acerca de una posible salida de la situación.

Nacimiento o muerte

¿Es el nacimiento de una religión o su rápido final? Al nacer - antes del típico camuflaje inmunizador – es posible ver la verdadera naturaleza de las religiones. Los siete signos de la religión, ese fenómeno difícil de diagnosticar, son (ejemplificados por el trumpismo): la dominación extranjera; los problemas para confrontar la realidad; la carencia de educación; la imagen verticalista de la sociedad; el pensamiento estático o retrógrado; el pensamiento tribal; la creencia de estar en posesión de la verdad absoluta.

Locuras

Nadie es tan malo que no pueda seguir sirviendo de modelo. Trump ha ejemplificado muy bien el parentesco entre la religión y la política autoritaria. Y ahí es donde llegamos al problema real: hay una inmensa e importante diferencia entre buscar justicia y buscar poder. De hecho, la búsqueda del poder puede dejar de lado o descarrilar la búsqueda de la justicia. En parte debido al estrés y la presión de la pandemia y la intensidad de la polarización política, hay ideas previamente oscuras (e incluso locas) que se han vuelto repentina y violentamente relevantes para la vida estadounidense. QAnon es un buen ejemplo de ello.

Uno de los grandes retos de la época actual es decidir cuándo merece la pena destacar y criticar ideas o conceptos aparentemente alejados de la corriente principal. Por un lado, existe el peligro de la "caza de locos", es decir, de destacar las voces marginales y describirlas erróneamente como representativas de las creencias de tus oponentes.

Dominionismo

Entre las locuras en boga, hay algo en Estados Unidos llamado el Mandato de las Siete Montañas. Aunque es un término que poca gente conoce, el concepto central influye profundamente en la forma en que millones de evangélicos abordan la cultura y la política. Es un concepto que tiene sus usos, pero también está sujeto a un profundo abuso. En resumen, a menudo confunde el poder cristiano con la justicia bíblica, y crea incentivos para que los cristianos no solo busquen el poder, sino que se sientan fracasados y en emergencia cuando no están en posiciones de control cultural o político.

El origen del Mandato de las Siete Montañas reside en una supuesta revelación divina compartida por Bill Bright, fundador de Campus Crusade for Christ; Loren Cunningham, fundador de Youth With a Mission; y el teólogo y filósofo Francis Schaeffer. Ninguno de estos hombres es marginal. Están entre los evangélicos más influyentes de la era moderna. ¿Y cuál fue esa revelación? Cunningham lo explica en un breve vídeo difundido en youtube.

Las siete montañas

En esencia, el mandato dominionista de las Siete Montañas describe sendas instituciones culturales/religiosas clave que deben ser influenciadas y transformadas por los creyentes cristianos para crear un cambio piadoso en Estados Unidos. La clave para transformar la nación reside en alcanzar la familia, la iglesia, la educación, los medios de comunicación, las artes, la economía y el gobierno con la verdad del Evangelio.

En un nivel, este análisis parece menos una revelación y más una lógica. Cada uno de estos hombres describió con precisión importantes ámbitos de la vida, y si los cristianos quieren ser realmente "sal y luz" en el mundo, deberían cultivar de forma integral los verdaderos valores bíblicos en la cultura estadounidense.

Más locuras

Además, si esas siete instituciones clave se convierten en instrumentos de injusticia, los cristianos deben responder. Por poner algunos ejemplos obvios, si la "montaña" del gobierno se vuelve contra sus ciudadanos, los cristianos tienen la obligación de ponerse al lado de los oprimidos. Si la montaña de la cultura popular transforma la belleza del arte en la perversión de la pornografía, los cristianos deben resistir. Y si la montaña de la educación enseña falsedades, los cristianos tienen la obligación de decir la verdad.

En 2013, el pastor de la comunidad religiosa Bethel, Bill Johnson, y el autor Lance Wallnau fueron coautores de un breve libro titulado Invading Babylon: El Mandato de las 7 Montañas. En ese libro, así es como Wallnau describió lo que está en juego: cada una de estas siete montañas representa una esfera de influencia individual que moldea la forma de pensar de las personas.

Con la derrota de Trump perdieron un rey

Estas montañas están coronadas por lugares elevados que los reyes de hoy en día ocupan como fortalezas ideológicas. Estas fortalezas son, en realidad, casas construidas con pensamientos. Estas estructuras de pensamiento están fortificadas con un refuerzo espiritual que moldea la cultura y establece el clima espiritual de cada nación. Sentí que el Señor me decía: El que puede tomar estos montes puede tomar la cosecha de las naciones, afirma Wallnau, coautor de un filme sobre las profecías de Trump.

Para decirlo de otra manera, cuando Trump perdió la elección presidencial, la iglesia no sólo perdió un "rey de la montaña". Los supuestos apóstoles y profetas perdieron su propio acceso a los "lugares altos". También perdieron una parte de su credibilidad espiritual.

Las impugnaciones postelectorales no fueron solo el camino para preservar la presidencia. Para algunos de los más fervientes y prominentes líderes evangélicos de Trump, fueron un medio para preservar la integridad de sus pronunciamientos divinos. La esquizofrenia, paranoia y energía delictiva de estos grupos y sectas merece más atención y profundizaremos en una próxima reseña.

Notas

Rainer Sachse, «Persönlichkeitsstörungen. Leitfaden für die Psychologische Psychotherapie», Göttingen: hogrefe Verlag, 2019, 362 Seiten.ISBN: 9783801729066

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