Convocatorias

Gustavo Dudamel dirige el 'Otello' de Verdi en el Liceu de Barcelona

Redacción
sábado, 27 de marzo de 2021
Gustavo Dudamel © Orquesta Filarmónica de Los Ángeles Gustavo Dudamel © Orquesta Filarmónica de Los Ángeles
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Gustavo Dudamel coge el timón del foso del Gran Teatre del Liceu para llevar la batuta de Otello de Verdi, que estará en cartel del 27 al 31 de marzo y del 6 al 14 de abril. Con un total de once funciones, el director venezolano dirigirá su primer título escénico en España y el Teatre, tras ofrecer en octubre dos funciones de Il Trovatore en versión de concierto.

La producción de la obra tiene el sello de la Bayerische Staatsoper, con la dirección de escena de Amélie Niermeyer que busca el equilibrio entre la belleza musical, la fuerza dramática y la profundidad de los personajes con una estética elegante. La producción de Otello se vio obligada a cambiar debido a las limitaciones actuales en los transportes europeos, que imposibilitaron la llegada del montaje previsto con la Royal Opera House desde Londres. A pesar de las dificultades generadas por la pandemia, el Teatre refuerza su compromiso para ofrecer una programación de calidad presentando una propuesta que cuenta con un equipo artístico único y excepcional en el panorama actual internacional. En un momento en que la mayoría de teatros a nivel mundial se han visto obligados a cerrar, el Liceu vuelve a poner de manifiesto que la cultura es segura, aplicando medidas que garantizan la correcta ejecución de las restricciones decretadas por las autoridades, así como el protocolo desarrollado por el propio Teatre validado por Procicat.

Otello requiere un alto nivel vocal para interpretar una partitura exigente, que tomará vida con un elenco de lujo que encabezan los tenores Gregory Kunde y Jorge de León, dos Otellos de largo recorrido, equipados con una voz firme y segura; ambos conocen los secretos del personaje y saben extraer el máximo partido. El doble reparto para el papel crucial de Jago recae en el barítono malagueño Carlos Álvarez, que volverá a interpretar uno de sus roles predilectos, así como el veterano Željko Lucic, especialista en malignas verdianos. Desdemona será representada por dos sopranos de registro diferente, l’spinto búlgara Krassimira Stoyanova -una experta de larga trayectoria con una gran fortaleza- y la lírica dramática Eleonora Buratto, cantante de un timbre delicado que brillará en los pasajes más líricos.

Las celebradas frases de introducción del heroico Otello, en una de las entradas más grandes de la historia de la ópera, seguidas de un plan perfecto lleno de mentiras y estrategias, conducen a la desintegración de un personaje obsesivo y celoso, así como un final trágico para Desdemona. Jago, en su estrategia, intuye esta debilidad en Otello y urde un plan perverso. Cuando Verdi se sumergió en la escritura de la ópera, el compositor italiano se llegó a plantear que el título de la ópera fuera Jago porque es en este malvado en quien recae la mayor parte del peso dramático de la ópera. 

Pero la producción original de la Bayerische Staatsoper, que ahora presenta en el Liceu, plantea un enfoque diferente en cuanto al protagonismo de cada uno de los personajes principales del triángulo formado por Otello, Desdemona y Jago. Pocas veces se presta atención a la víctima, Desdemona, que es en quien pone el foco la directora escénica, Amélie Niermeyer. De hecho, los cuatro actos de la ópera transcurren al entorno cerrado y opresivo de su cámara, incluso en la famosa llegada de Otello -¡Esultate! El principio del primer cuadro no ocurre ante el pueblo de Venecia, en salvarse de la tormenta en la que casi naufraga su nave, sino abriendo las puertas de par en par ante la amada, justo en el mismo palacio donde se ha manifestado su amor. 

Desdemona va vestida de blanco y siempre le rodea la luz -con un efecto casi divino, balsámico; es una metáfora del bien; sólo lleva piezas oscuras cuando se cruza con Jago-, pero cuando desaparece de escena, la sala y el dormitorio se muestran siempre entre sombras. Esta oscuridad revela el conflicto central, expresado entre la certeza y la duda, entre la convicción de Desdemona que su relación amorosa tiene futuro y el tormento de los celos que reseca Otello. Y a pesar de que la producción aprovecha unos interesantes efectos especiales y un velo onírico -a veces la acción se separa en dos planos, uno de iluminado y otro de oscuro-, esencialmente todo queda reducido a un drama psicológico intenso.

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