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Perspectivas sobre Donald Trump

Trump, el virus religioso y el dominionismo (II)

Juan Carlos Tellechea
miércoles, 24 de marzo de 2021
Am Scheideweg © 2020 by Herder Verlag Am Scheideweg © 2020 by Herder Verlag
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Uno de los tabúes inquebrantados hasta ahora en Estados Unidos es el de la separación del Estado y la religión. ¡Dios nos libre de tamaña idea diabólica!, afirman los más conservadores en sus farisaicas posturas sobre esta cuestión. Y sin embargo es algo que debiera ser lo más natural del mundo desde la Revolución Francesa (1789), porque cabe preguntarse: ¿es cristiana la democracia? ¿Es democrático el cristianismo?

Los pensadores democráticos siempre han tenido una relación algo ambivalente con la religión cristiana. Algunos, como Niccolò Machiavelli, por ejemplo, declaraban que el republicanismo y el cristianismo eran simplemente incompatibles. Al igual que Jean-Jacques Rousseau, consideraba -con toda razón- que el cristianismo era una fuente de división y de alteridad que socavaba la unidad y la virtud requeridas por una república.

Otros han considerado que la democracia y el cristianismo se refuerzan mutuamente, sobre todo en los Estados Unidos. Alexis de Tocqueville es el más conocido de ellos. Veía a las iglesias de Estados Unidos como escuelas de democracia y a sus pastores y sacerdotes como guardianes de la ley y la moral. ¿Tan seguro estaba de lo que afirmaba? ¿Qué han dicho los pensadores cristianos sobre la democracia? ¿Estaban a favor o en contra? Por supuesto, como buenos fariseos sostenían ambas alternativas.

Los peligros del dominionismo

Potencialmente 35 millones de personas en los Estados Unidos se suscriben a algún modelo de dominionismo cristiano, afirma la ensayista Katherine Yurica. La académica Marcia Pally ha observado en los decenios de 1980 y 1990 que los líderes evangélicos de medio pelo seguían tanto la dirección demócrata general como la dirección dominionista en su pensamiento político.

América Latina

En Brasil, los partidarios de una teocracia de influencia evangélica han conseguido una amplio peso en la política, a pesar de que el país es mayoritariamente católico. En el parlamento existen varios partidos que representan posiciones religiosas y fundamentalistas de derechas, como el Partido Social Liberal, el Partido Social Cristão, la Democracia Cristã, el Partido Republicano Brasileiro y el Patriota.

El elevado número de partidos se debe menos a las diferencias ideológicas que a las diferencias personales y las intrigas entre los representantes de los partidos. Patriotas e influyentes representantes del Partido Republicano Brasileiro han pedido explícitamente el establecimiento de una teocracia. El televangelista y fundador de la organización Igreja Universal do Reino de Deus y eminencia gris detrás del Partido Republicano Brasileiro, Edir Macedo, declaró que "quiere establecer un estado teocrático".

Bolsonaro, el del resfriadinho

Desde la elección del ultraderechista Jair Bolsonaro como presidente en 2018, han aumentado los temores de que pretenda transformar Brasil en una teocracia autoritaria. Aunque nominalmente es católico, es políticamente cercano a los dominionistas. En 2017, por ejemplo, Bolsonaro, el ignorante que calificó los síntomas del coronavirus de simple resfriadinho, comentó sobre un estado cristiano, diciendo: 

Dios por encima de todo. El Estado laico no existe. El Estado es cristiano y cualquier minoría que esté en contra debe cambiarlo mientras pueda.
Durante las elecciones presidenciales, corrigió su actitud: Vamos a hacer un gobierno para todos, independientemente de la religión, incluso para los ateos. Tenemos un 5% de ateos en Brasil y tienen las mismas necesidades que los demás.

Ivanir dos Santos, presidente del Consejo contra la Intolerancia Religiosa, resumió en 2009 que las iglesias pentecostales, no sólo en Brasil sino en toda América Latina, buscaban el poder político.

Europa

En los Países Bajos, el Staatkundig Gereformeerde Partij, de derecha y fundamentalista calvinista, tiene tres miembros en el parlamento legislativo. En el llamado cinturón bíblico holandés, este partido llega a superar el 30% de los votos electorales. El partido basa sus posiciones exclusivamente en la Biblia y aboga abiertamente por la implantación de una teocracia, rechazando la libertad religiosa pero defendiendo la libertad de conciencia. Rechaza la igualdad de derechos para las mujeres y, en su lugar, el padre o el marido debe asumir su tutela (huismanskiesrecht). Hasta 2006, las mujeres también estaban excluidas de la afiliación al partido. Citando el pasaje bíblico Génesis 9:6, pide la introducción de la pena de muerte para los delitos capitales.

Crítica

Hay muchas voces críticas tanto en la literatura secular como en la eclesiástica. Algunos cristianos califican el dominionismo de anticristiano.

El énfasis en la guerra espiritual en el movimiento carismático es interpretado por los críticos tradicionalmente anti-carismáticos como una incitación a la violencia militante, ya que los autores individuales mezclaron visiones espirituales con intenciones políticas. Esto también clasificaría a los movimientos como dominionistas en el sentido del neoconstantinismo, que no tienen nada que ver, sino que se limitan a objetivos puramente espirituales.

El dominionismo fuera del cristianismo

En el judaísmo existe la corriente teológicamente liberal del reconstruccionismo, propagada en Estados Unidos por la Federación Judía Reconstruccionista.

Reinterpretación del término

El teólogo Thomas Schirrmacher critica una reinterpretación semántica del término dominionismo por parte de algunos representantes del fundamentalismo cristiano. Martin Erdmann califica de dominionistas a la gran mayoría de los cristianos que defienden los valores cristianos y la justicia social. El compromiso social -por ejemplo, la lucha contra la pobreza mundial- se rechaza porque empaña el anuncio del Evangelio.

Schirrmacher escribe que el término dominionismo, así reinterpretado, se utiliza erróneamente para desacreditar a los cristianos comprometidos socialmente. Aunque el término dominionismo existe en inglés, designa allí "sólo una pequeña variante carismática del prácticamente extinto movimiento 'Reconstrucción Cristiana'“. El teólogo evangélico Tobias Faix también se opone a los intentos de poner el compromiso social de los cristianos bajo sospecha de dominionismo. Refiriéndose a Dietrich Bonhoeffer, pide no sólo que se curen las heridas, sino que se trabaje por la reconciliación estructural y la justicia.

No debería sorprender

Cada época ha producido versiones democráticas y autoritarias de la teología política cristiana. Así que no debería sorprendernos que los impulsos autoritarios resurjan en las iglesias cristianas de la modernidad tardía, como ocurre en estos momentos en Estados Unidos y otros países que -equivocadamente- miran a esta gran potencia mundial -en incontenible decadencia- como un ejemplo a seguir.

Una perspectiva de profundidad histórica ayuda a rastrear las fuentes subyacentes de estas versiones, afirma Philip S. Gorski, profesor de sociología de la Universidad de Yale en su nuevo libro Am Scheideweg. Amerikas Christen und die Demokratie vor und nach Trump (En la encrucijada. Cristianos en Estados Unidos y la democracia antes y después de Trump), publicado por la editorial Herder, de Friburgo.*

A primera vista, los valores cristianos pueden conciliarse bien con los valores democráticos. La libertad personal, la igualdad entre los seres humanos, la solidaridad social y la hospitalidad universal son ciertamente "valores evangélicos", es decir, valores centrales del mensaje cristiano tal y como se recoge en los evangelios sinópticos, agrega.

Otra lectura

Pero el mensaje cristiano también puede leerse de forma diferente echando una segunda mirada. Si el cristianismo es liberador, ¿por qué no obligar a la gente a ser libre? Los cristianos pueden ser iguales ante Dios; ¿lo son también los no cristianos? ¿Qué es más importante: la justicia de este mundo o la salvación del otro?, puntualiza.
Sin duda, los cristianos deben mostrar misericordia con los necesitados. Pero, ¿qué pasa con los que no lo merecen, los vagos o los inmorales, por ejemplo? Para resumir: ¿Son realmente compatibles los valores cristianos con la política liberal o socialdemócrata? ¿O se realizan mejor a través de una política jerárquica y autoritaria? Estas cuestiones han sido debatidas desde un principio por los teólogos políticos cristianos, subraya Gorski.

Con Trump se han separado los caminos

La relación entre el cristianismo y la democracia ha sido complementaria durante la mayor parte de la historia estadounidense. Pero la elección de Donald Trump y el papel que jugaron los evangélicos en ella sugiere que los dos caminos se están separando ahora.

El protestantismo estadounidense se ha ido desviando cada vez más en una dirección autoritaria. El factor decisivo para ello es la convicción de que se han perdido las luchas culturales de las últimas décadas. Los evangélicos se consideran el grupo más perseguido en los Estados Unidos y están en busca de un protector fuerte que los saque del exilio en Babilonia y les devuelva su tierra.

Este sentido de pérdida y derecho está arraigado en la narrativa de Estados Unidos como nación cristiana blanca. Trump se apoderó de los corazones de los evangélicos aquí jugando con sus miedos más profundos. El cristianismo y la democracia de Estados Unidos se encuentran en una encrucijada de la que no se sabe si saldrán y si será posible volverlos a unir.

Figura relevante arroja la toalla

Nada menos que una de las personalidades más relevantes de la Convención Bautista del Sur, la predicadora Beth Moore, anunció recientemente que abandona su comunidad por desacuerdo con el nacionalismo cristiano trumpista y el racismo de la supremacía blanca. 

Tengo 63 años y medio y nunca he visto nada en estos Estados Unidos de América que me parezca más asombrosamente seductor y peligroso para los justos a los ojos de Dios que el trumpismo. Este nacionalismo cristiano no es de Dios. ¡Apartaos de él!", afirmaría en diciembre pasado, antes de renunciar en marzo de 2021.

Las críticas de Moore al comportamiento abusivo del 45º presidente hacia las mujeres y su defensa de las víctimas de abusos sexuales, la convirtieron de icono en paria para la comunidad cristiana que amó toda su vida.

Demasiado sensible y hereje

Debido a su oposición a Trump y a su franqueza a la hora de enfrentarse al sexismo y al nacionalismo en el mundo evangélico, Moore ha sido tachada de "liberal" y demasiado "sensible ante las injusticias" e incluso de hereje por atreverse a dar un mensaje en tal sentido durante un servicio religioso los domingos por la mañana.

“Sigo siendo bautista, pero ya no puedo identificarme con los bautistas del sur. Amo a tanta gente bautista del sur, a tantas iglesias bautistas del sur, pero no me identifico con algunas de las cosas de nuestra herencia que no han permanecido en el pasado“, agregaría en su dimisión.

Trumpismo, una nueva religión

¡Tomen nota!, los eruditos religiosos. En Estados Unidos, puede haber una oportunidad de observar un nuevo culto en ciernes: la religión de Trump. Los seguidores más acérrimos del presidente electo se encuentran en una situación que se ha dado una y otra vez en la historia de los cultos y las religiones, el punto crucial de su desarrollo en el que surgen las preguntas existenciales: ¿Sobrevivirá el culto a la ruptura de todas las esperanzas, al aparente fracaso de todas las profecías? ¿Puede la expectativa mesiánica ser retocada de alguna manera para que la construcción de la fe se adapte a los años o milenios venideros? ¿Por qué no?

El humor de los hermanos Coen

Ría amigo lector, porque lo que ocurre en los Estados Unidos es tan monstruoso y grotesco a la vez que da para reír a sonoras carcajadas para no llorar, como si se tratara de un filme de los hermanos Coen. La corta historia del trumpismo hasta este momento es bastante típica: a sus seguidores se les prometió la inminente llegada de la redención, de un gran ajuste de cuentas.

Mucho se proyectó sobre el propio gran maestro, alimentado, por un lado, por el pensamiento cristiano y, por otro, por los mitos conspirativos. En cada caso, Trump fue el gran redentor. Decenas de supuestos profetas expresaron esta opinión antes de las elecciones: Trump ganaría, probablemente por goleada. (Así que el hecho de que Dios imponga su voluntad guiando las manos de decenas de millones de votantes en las cabinas de votación no es más que una curiosidad secundaria).

Mostrar la mejor cara

Luego, con las elecciones de noviembre, se produjo un shock: En primer lugar, no se creía en la posibilidad de la derrota. Entonces no se creía en el hecho de la derrota. Luego no creyeron en una investidura del sucesor de Trump. Ahora, a pesar de la inauguración, la gente cree en el regreso de Trump al Despacho Oval, como sea, cuando sea, mientras presumiblemente juega una ronda de golf tras otra en Florida.

Para el historiador especializado en religión esta situación no es extraña: un anuncio ha sido defraudado, dirían incluso las malas lenguas: ha resultado ser un anuncio falso. ¿Qué hacer? Los Testigos de Jehová, por ejemplo, son conocidos por posponer el fin del mundo cada pocos años: Sin un fin del mundo, las organizaciones religiosas tienen más dificultades para abrir los corazones y las billeteras de sus seguidores.

Apocalipsis

Nada hace que la gente esté más dispuesta a creer en un más allá invisible que la certeza de un apocalipsis cercano. Un culto predecesor de inspiración cristiana, el de los milleritas, se desmoronó después de que el regreso del Hijo de Dios no se materializara el 22 de octubre de 1844, para su total asombro.

Según un testigo de la época, "nuestras esperanzas y expectativas se vieron truncadas y nos invadió un espíritu de lamentación como nunca antes había yo experimentado". Parecía que la pérdida de todos los amigos del mundo no era comparable a él. Lloramos y lloramos hasta el amanecer".

Hoy son los trumpistas

Se trata de una situación similar a la que se encuentran actualmente muchos trumpistas, que no deja de recordar la desesperación de los discípulos de Jesús tras la muerte de su Señor: Él había prometido a todos un nuevo reino glorioso durante su vida. Y no pasó nada. Pero nada en absoluto. Sin embargo, los primeros cristianos, que habían renunciado a todo para proclamar el reino con su Señor, estaban hundidos en la miseria.

Probablemente hoy estarían olvidados, si el carismático Pablo no se hubiera sentado a su cabeza y hubiera remodelado gradualmente la proclamación de su ídolo, hasta que el propio Jesús se convirtió de repente en un dios - y todos sus mensajes fueron complementados y reinterpretados, para que pudieran ser utilizados a voluntad. Y que el actual valle de lágrimas podía ser salvado: ¡Jesús había proclamado un reino en el cielo! No estaba muy claro cuándo esperarlo.

Creer aunque sea mentira

Las personas que han formado una iglesia suelen estar más que dispuestas a aceptar cualquier remodelación de su mensaje de salvación, por burda que sea, siempre que mantenga viva su esperanza. Entonces, ¿qué será ahora de los trumpistas?

Alguien tiene que darles una nueva narrativa. Que Trump se refería a algo totalmente diferente con "reelección" y "segundo mandato", ¡shhh!...silencio... Que su helicóptero voló directamente al cielo. Que los buenos se reunirán de nuevo algún día en un Mar-a-Lago de otro mundo, con gorras de béisbol rojas en la cabeza, sin más preocupaciones, en un lugar donde las banderas se agitan todo el día y se baila mal, y donde la existencia es un campo de golf.

Una filosofía

No resisto la tentación de concluir esta reseña con los versos de un tango argentino. Los tangos contienen filosofía pura en sus letras. Éste, de 1930, se titula A cara limpia (L: Nolo López, M: Anselmo Alfredo Aieta)

No te demores que se hace tarde
ponete pronto ese disfraz.
Quiero que vengas conmigo al corso,
pero no lleves el antifaz.
Quiero que vengas a cara limpia
no tengas miedo si él ya no está.
Vestite pronto, ponete linda,
reite mucho, que es Carnaval.
Vamos al corso
para que veas
todas las caras
qué alegres están,
pero la tuya
aunque se ría,
lleva marcada
la falsedad.
Mostrá tu risa frente a la vida,
serví de algo, disimulá,
mirá las caras pintarrajeadas
como sepultan la falsedad.
No te preocupes por lo que digan
hacé de cuenta que no es verdad,
si en este mundo todo es mentira
como la farsa de Carnaval.
Vamos al corso
para que veas,
la Colombina
con su Pierrot.
¡Cómo se quieren!
¡Cómo se adoran!
Pero la ingrata
lo traicionó.


Notas

Philip Gorski, «Am Scheideweg. Amerikas Christen und die Demokratie vor und nach Trump», Friburg: Herder Verlag, 2020, 224 Seiten. ISBN: 978-3-451-38890-3

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