España - Madrid

Dante redivivo

Germán García Tomás
martes, 6 de abril de 2021
Retrato de Dante © 1495 by Sandro Botticelli. Dominio público Retrato de Dante © 1495 by Sandro Botticelli. Dominio público
Madrid, jueves, 25 de marzo de 2021. Auditorio Nacional (Sala de Cámara). Nicola Piovani, La Vita Nuova. Cantata para narrador, soprano y pequeña orquesta. Valentina Varriale (soprano), Matteo Gatta (narrador), Marina Cesari (saxofón y clarinete), Marco Loddo (bajo eléctrico), Ivan Gambini (batería y percusiones). Instrumentistas de la Orquesta de la Comunidad de Madrid. Nicola Piovani, director. Producción: Compagnia della Luna. Ocupación: 65%.
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El arte de Dante Alighieri ha inspirado una y otra vez a los creadores musicales, principalmente durante la época romántica. Con motivo del Dantedì, que se celebra el 25 de marzo, el Instituto Italiano de Cultura y la Embajada de Italia en Madrid han ofrecido este concierto en honor al creador de la Divina Comedia cuando en el presente año se cumplen precisamente 7 siglos del fallecimiento en Rávena del ilustre poeta medieval (1321).

El artista invitado ha sido Nicola Piovani, cuya archiconocida banda sonora de la película de Roberto Benigni La vida es bella le valió el Óscar en 1998. Piovani ha visitado el Auditorio Nacional para revivir la primera obra conocida del joven Dante, La Vita Nuova, una de las grandes cimas de la poesía amorosa dedicada a su amada Beatriz, a partir de la que el músico romano ha elaborado su Cantata para narrador, soprano y pequeña orquesta, que vio su estreno hace cinco años en aquella ciudad.

Nadie mejor que el propio Piovani para describir su composición:

La Vita Nuova es una obra musical inspirada en la asombrosa obra poética de Dante: estupenda tanto en los contenidos narrados como en la forma sorprendente, un prosimetrum sobre el cual los expertos dantistas aún se interrogan con asombro. Un músico como yo, en cambio, se interroga sobre la fuerte conmoción que esta obra todavía suscita a un lector del tercer milenio, y esa conmoción he tratado de devolverla en términos musicales. Escribí esta canción con la ambición de poner en los pentagramas de una partitura algún fragmento de la luz que la lectura de La Vita Nuova enciende en mi alma, imaginando a un Dante joven, tan lejano en el tiempo, y tan nuestro contemporáneo gracias a la fuerza de su poesía. La orquesta se deja guiar por una voz recitante que hace resonar los versos dantescos, y por una voz de soprano que vocaliza los inasequibles suspiros sugeridos por ‘un spirito soave pien d’amore’.

Atravesada de principio a fin por la identificable vena cinematográfica de su autor, la hasta la fecha más contemporánea de las partituras inspiradas en Dante es más una música incidental que acompaña la recitación de los versos íntimos y desgarrados del poeta que una obra programática.

Sin renunciar a los ritmos más pop, la música contiene elementos operísticos que, en pertinente adecuación al texto, se traducen en un melodismo de innegable inspiración pucciniana en forma de canciones o arias cerradas destinadas a la soprano solista. Una fórmula la elegida por Nicola Piovani cultivada con habitualidad durante todo el siglo XX (pensamos en Le Roi David de Arthur Honegger, por citar tan sólo un ejemplo) que es una especie de música evocativa, un híbrido entre banda sonora y cantata propiamente dicha, salpicada de temas recurrentes y carácter cíclico, con momentos de reposo para el narrador -el hilo conductor de la obra- en forma de notas tenidas en pianissimo.

Henry Holiday, «Dante y Beatriz», 1883. © Dominio público.Henry Holiday, «Dante y Beatriz», 1883. © Dominio público.

En este continuum musical a la mediterránea, Piovani demuestra el buen oficio que posee aprovechando al máximo todos los recursos de la bien engrasada orquesta de cámara que emplea, de la que a pesar de sus reducidas proporciones extrae volumen y un notable colorido tímbrico por medio de la percusión -batería, timbales, y muy especialmente celesta, xilófono y glockenspiel-, un combo quizá un tanto reiterativo, eso sí; y un uso solista del saxo que se convierte en la sonoridad característica, la seña de identidad de toda la pieza que destaca por entre toda la textura armónica, además de ciertos solos del chelo de gran lirismo.

Además del excelente trabajo de los integrantes de la Orquesta de la Comunidad de Madrid, el maestro italiano se apoyó en colaboradores instrumentales que exhibieron una extraordinaria solvencia a la hora de traducir esta música, inédita para el público madrileño.

La seductora voz de la soprano Valentina Varriale recreó con esmerado trazo las vocalizaciones y melismas que se le exigieron y confirió a sus partes solistas todo el vuelo lírico y el aspecto cantabile que Piovani ha querido subrayar en algunos versos, en los cuales Matteo Gatta nos adentró con elocuencia y retórica en su declamación. Especial belleza reserva la música en la estrofa que comienza así: “Dille: Madonna, lo suo core è stato con sí fermata fede, che ‘n voi servir l’ha ‘mpronto onne pensero”, presentada previamente por el narrador antes de que la soprano aborde la parte cantada con el mismo texto.

Un italiano como lengua preponderante, que únicamente cede el testigo al latín en otro breve momento no menos hermoso encomendado a la cantante: “Ecce Deus fortior me qui veniens dominabitur michi. O vos omnes qui transitis per viam Attendile et videte si est dolor sicut dolor meus”. Esa presencia de la lengua litúrgica volverá en forma de cita característica para el instante dramático de la muerte de la amada, “la señora” –desgarradoramente enfatizado por Gatta: “Morte villana, di pietà nemica, di dolor madre antica”-, cuando en varias ocasiones se escucha armonizado en la orquesta el tema en gregoriano del Dies irae con el sonido del órgano, recurso recurrente que hace pensar automáticamente en todos aquellos compositores que lo han empleado con el fin evocador de la muerte, siendo Serguéi Rachmaninov el que lo hizo con especial profusión. 

El final de la composición denota imaginación por parte de Piovani, cuando tras un explosivo clímax de la orquesta y de la soprano, ésta entona plañideras notas simulando suspiros y gemidos imbuidos de una profunda pesadumbre. Un amor sufriente que Nicola Piovani nos ha evocado en sus pentagramas a través de la lírica inmortal de Dante Alighieri.

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