Opinión

Post Bosé

Nuria Delgada
martes, 13 de abril de 2021
Miguel Bosé junto a sus hijos en Disneyland © 2017 by Instagram@miguelbose Miguel Bosé junto a sus hijos en Disneyland © 2017 by Instagram@miguelbose
0,0001502

Me voy a comer un Bosé. En serio. Abro la nevera y me como un Bosé. Tengo de todos los sabores pero solo me quedan de fresa (el menos que me gusta). Aún así saco un Bosé de la nevera y me lo como. Suelo ponerle leche condensada a los Bosé en las noches cuarentenales de maría, risas demenciales, y escritura mermada. Me lo pide mucho el cuerpo. 

La nevera se convierte en un manjar de Bosés y rinde a pleno pulmón las 24 horas. Siempre hay un Bosé para todo. Podemos hacer croquetas negacionistas (aprovechando que el otro día fue el día de la croqueta) como ensaladilla de vientres de alquiler solidarias. Estas me vuelven loca. No les falta de nada, la más que me gusta es la ensaladilla precaria, es la clásica. Tanto es así que el último grito boseteístico es shushi compuesto por feto de mujer alquilada. 

Para este proyecto era necesaria la colaboración de asociaciones que me dan pereza mencionar. Pon un Bosé en tu vida, un Bosé ayuda al sistema cardiovascular, los Bosé son buenos para el corazón, toma un Bosé detrás de cada comida. Los Bosé te ayudan a bajar de peso. Bosé es la pareja perfecta. Los hijos de Bosé son los mejores. Los otros no. 

Da igual, sea como sea, Bosé representa una época pasada que pretende colarse en el futuro en forma de espectro. Nadie puede imaginar un mundo sin Bosé. Bosé representa el pasado y se cronifica en el futuro, su esqueleto forma parte de la neoestructura al mismo tiempo que niega su existencia.


Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.