Discos

No los he engendrado yo, solo los he criado a fuerza de pan y leche

Juan Carlos Tellechea
martes, 13 de abril de 2021
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Brahms; Piatti: Hungarian Dances. Guido Schiefen, violonchelo y Markus Kreul, piano. Johannes Brahms: Danzas húngaras, WoO 1 Nos. 1-21. Un SACD producido por Werner Dabringhaus y Reimund Grimm. Ingeniero de sonido, Friedrich Wilhelm Rödding. Grabado entre el 18 y el 20 de agosto de 2020 en el Konzerthaus der Abtei Marienmünster. Scene MDG 9032202.
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Tacto e ingenio, así como una ejecución deslumbrante del violonchelista Guido Schiefen y del pianista Markus Kreul, caracterizan este CD con las 21 coloridas Danzas húngaras de Johannes Brahms, en la versión menos conocida (1881) del virtuoso y compositor italiano Alfredo Piatti, autor también de un método para el aprendizaje del violonchelo.

Para Piatti, además del virtuosismo puro, era importante que sus arreglos permitieran al violonchelo el total despliegue de su potencial expresivo. De ahí que éste y el piano transmitan por igual esa vivacidad de la música húngara, así como la intimidad, calidez y melancolía del lenguaje musical de Brahms.

Con travieso humor

Las interpretaciones de las Danzas números 2 (Allegro non assai), 4 (Poco sostenuto), 7 (Allegretto), 11 (Poco andante), y 16 (Con moto) se convierten rápidamente en puntos culminantes de la grabación.

El excelente dúo entra de inmediato en calor y muestra, ni corto ni perezoso, su extraordinaria clase artística. La obra, técnicamente exigente, no escatima en glissandi y tresillos que son utilizados con gran efecto y sacados a relucir con entrega.

En la música y la danza ambos ejecutantes pueden expresar lo inefable. Las Danzas Húngaras de Brahms, que no son explícitamente música de danza, recogen la energía rítmica y el tenso pulso de la vida.

Esta inmediatez que se remonta a las melodías nacionales húngaras, nos habla a través de todas las fronteras nacionales. Son autenticos niños del territorio de la puszta y de los gitanos, escribiría Brahms con travieso humor. No los he engendrado yo, solo los he criado a fuerza de pan y leche.

Fuego, pasión y temperamento confluyen en un Brahms inspirado por el volcánico y anhelante espíritu de la música húngara. Sin duda, estas danzas se encuentran entre sus obras más conocidas y populares. Por ello, no es de extrañar que no las dejara en la versión original para piano a cuatro manos. Además de la orquestación propia de Brahms de las danzas 1, 3 y 10, existen otros arreglos para orquesta de Antonín Dvořák y de otros compositores.

El auge de lo popular

Los virtuosos instrumentistas del siglo XIX también reconocieron que las populares piezas suponían un enriquecimiento de su repertorio. Especialmente el arreglo de Joseph Joachim se hizo famoso y aún goza de gran popularidad entre los solistas de violín.

Una belleza extraordinaria

Schiefen y Kreul se propusieron dar a conocer más ampliamente la integral de estas danzas de extraordinaria belleza, algunas de las cuales son muy poco tocadas, al menos en esta formación instrumental.

En la Danza número 6, Vivace, en do mayor, el piano y el violonchelo se rodean musicalmente y se persiguen de manera burlona, para luego volverse a acercar como una pareja de amantes que bailan muy alegres y juntos.

En la Danza número 3, Allegretto, en fa mayor, violonchelo y piano sortean con elegancia algunos escollos rítmicos, apoyándose en la perfecta sincronización de ambos músicos. La Danza número 14, Un poco andante, en re menor, es algo ampulosa y sensual, pero de refinada nobleza. La número 9, Allegro non troppo, también en re menor, convence con sus repentinos cambios de tempo, interpretados con sutil brío y delicadeza.

También embajadores de los Schumann

Schiefen y Kreul son miembros del Foro Schumann y de la Red de Artistas Schumann. Como embajadores de Clara y Robert Schumann actúan en todo el mundo y en 2016 grabaron juntos el disco compacto Schumannia (del mismo sello MDG) que tuvo una gran acogida.

El entusiasmo por la música folclórica y las canciones populares uniría a muchos compositores a mediados del siglo XIX. Después de la Revolución Alemana exigirían una renovación del arte que fuera comprensible y directamente vivenciable. Entre los renovadores se encontraban Clara y Robert Schumann, quienes a su vez estaban estrechamente relacionados con Brahms, en cuyo círculo se contaban también el gran violinista Joseph Joachim y el violonchelista Alfredo Piatti.

La grabación, realizada en la sala de conciertos de la Abadía de Marienmünster (cerca de Detmold), con su acústica natural, está en perfecta sintonía con la interpretación y hace justicia a la atmósfera de estas piezas. Bien centrada, la imagen sonora, sin adulteraciones, con dinámica original y timbres naturales, reproduce de forma precisa la espacialidad de los dos instrumentos sin separarlos artificialmente.

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