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Dmitri Shostakovich, la conciencia musical de la Revolución Rusa (IV)

Juan Carlos Tellechea
lunes, 26 de abril de 2021
Schostakowitsch: Sein Leben, sein Werk, seine Zeit © 2020 by Schott Verlag Schostakowitsch: Sein Leben, sein Werk, seine Zeit © 2020 by Schott Verlag
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Durante años el compositor y pianista Krzysztof Meyer intentó convencer a Dmitri Shostakovich de que escribiera un quinteto para clarinete, afirma en las últimas páginas de la nueva versión revisada de su célebre biografía Schostakowitsch. Sein Leben, sein Werk, seine Zeit (Shostakovich. Su vida, su obra y su tiempo), publicada por la prestigiosa editorial Schott Music, de Mainz.

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Shostakovich le respondía siempre a Meyer: Quién sabe... nunca se me ocurrió... pero es una idea interesante. Durante el postrer encuentro, el compositor ruso se mostraba, sin embargo, no demasiado convencido. El Quinteto para clarinete de Brahms no le gustaba mucho. Prefería el Trío de trompa que había escuchado una vez en una presentación de Dmitri Zyganow .

De Brahms solo las sinfonías

En tal sentido prefería el Quinteto para clarinete de Wolfgang Amadé Mozart que es sobresaliente, afirmaba. ¿Pero Brahms?...Brahms es más bien un sinfónico...Me gusta mucho más la Sinfonía número 4, naturalmente, es la mejor. Después la Segunda, luego la Primera; y la que menos me gusta es la Tercera, subrayaba Shostakovich.

Esta vez Shostakovich quería mostrarle a Meyer sus nuevas obras: las Seis romanzas inspiradas en versos de Marina Tsvetayeva y el Cuarteto para cuerda número 14. Y así cambiaron sus papeles: ahora se sentaba el compositor polaco ante el escritorio, escuchaba la música de Shostakovich y leía la partitura todavía inédita, mientras Dmitri ocupaba la silla más próxima que normalmente utilizaba Meyer. A éste no le convencía para nada el ciclo de romanzas, por lo que guardaba silencio por largo tiempo mientras miraba las notas. Algo similar ocurría también con Shostakovich cuando no le gustaba alguna obra de Meyer.

La amistad ante todo

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Años atrás Shostakovich le había escrito a Meyer en una carta que siempre entre ambos debían mantener las mejores relaciones y decirse francamente la verdad cuando fuera necesario, por lo que el pianista polaco y autor de esta biografía decidió manifestarle sus dudas sobre la composición. Shostakovich le respondió con tristeza y como disculpándose en ese momento que hay que buscar permanentemente y uno no se puede repetir.

Pero Meyer lo felicitaba muy satisfecho por el nuevo Cuarteto, y sobre todo por el primer movimiento que, realmente, lo fascinaba. Shostakovich le confiaba que para él un cuarteto era más fácil de componer que un trío. Escribir un trío de cuerda es verdaderamente tarea difícil. Así al menos me lo explicó una vez Edison Denisov, agregaba Shostakovich con una tímida sonrisa.

Vivía de los recuerdos

Durante ese último encuentro la conversación giraba principalmente sobre el pasado. Shostakovich le tocaba a Meyer el tema que le había puesto Alexandr Glazunov en su examen de contrapunto. En sus pensamientos se retrotraía a los tiempos de Vissarion Shebalin y sus antiguos alumnos; hablaba con gran simpatía de Arseni Kotliarevski. Era evidente que vivía principalmente de sus recuerdos. Sobre su escritorio había varios objetos del pasado que yo nunca había visto antes, describe Meyer. Su foto con los miembros del Cuarteto Beethoven, un retrato de Igor Stravinski, así como un diploma de la Académie Charles Cros por la grabación de Katerina Ismailova.

Cuando me despedí, me dijo que no podía acordar ninguna cita para el futuro próximo, evoca Meyer. Sabe usted, soy una persona terriblemente maniática. Pero seguramente nos veremos, agregaba Shostakovich.

Últimos contactos

No nos vimos nunca más. Mantuvimos todavía una conversación telefónica y recibí algunas cartas; un día alguien me trajo la partitura de su Sinfonía número 13 con una amistosa dedicatoria. El 10 de agosto de 1975 recibí un telegrama con la noticia de su muerte. Viajé al entierro que tenía un carácter eminentemente oficial y pomposo. Algunos días después de mi regreso a Polonia me llegaba su última carta que había escrito con la mano casi paralizada a finales de julio durante su estancia en la clínica, relata Meyer.
Estimado Krzysztof. Gracias por recordarme, gracias por la carta (…). Estoy de nuevo en el hospital por complicaciones cardio-pulmonares. Puedo escribir con la mano derecha con grandes dificultades. Por favor no tome a mal esta escritura tan garabateada (…). Con un cordial saludo D. Shostakovich. PS: A pesar de que me cuesta mucho, he escrito una Sonata para viola y piano. D.Sch.

Poder mágico

Si tuviera que añadir algo a estos recuerdos tan incompletos de Shostakovich como persona, concluye Meyer, solo podría referirme a una de las cartas de Thomas Mann, en la que dice que cuando conoció a Gustav Mahler en persona, tuvo la sensación por primera vez en su vida de estar ante un hombre verdaderamente grande. También Shostakovich irradiaba una rara grandeza y bondad, así como una especie de poder mágico del que uno no se podía escapar.

Escándalo

Testimony. The memoirs of Shostakovich. © 1979 by Hamish Hamilton.Testimony. The memoirs of Shostakovich. © 1979 by Hamish Hamilton.

En 1979 se publicaba en Estados Unidos el libro Testimonio, escrito por Solomon Volkov, que se anunció como las memorias de Shostakovich dictadas a uno de sus antiguos alumnos, y fue denunciado como una falsificación por los expertos en Shostakovich, especialmente en Estados Unidos, decididos a desprestigiar al compositor como apologista del estalinismo. Hubo una furiosa controversia sobre la autenticidad del libro y sobre "lo que realmente quería decir Shostakovich". 

Laurel E. Fay, «Shostakovich: A Life». © 2000 by Oxford University Press.Laurel E. Fay, «Shostakovich: A Life». © 2000 by Oxford University Press.

Shostakovich contra Volkov: ¿testimonio de quién?, se preguntaba la musicóloga británica Laurel Fay. La esposa de Shostakovich, Irina, y su hijo Maxim, que no podían leer el libro en inglés, se apresuraron a avisar al New York Times: "Volkov se reunió con Dmitri tres o cuatro veces, nunca fue un amigo de la familia".

Reacciones violentas en Moscú

Sin embargo, las reacciones fueron más violentas en Moscú. La élite de funcionarios soviéticos, décadas antes repetidamente inescrupulosos al tratar con el compositor, veían la imagen de Shostakovich desmoronarse póstumamente. Los secuaces culturales de Brezhnev lanzaban comentarios con el objetivo de desacreditar a Volkov y exponer las memorias como falsificaciones, "como una mezcla de mentiras de manos de empresarios y otros villanos". Supuestamente era un intento de "destruir el noble rostro del gran compositor y apasionado patriota, de arrastrar su vida y su obra por el fango".

Una lectura entre varias

Elizabeth Wilson, «Shostakovich: A Life Remembered». © 2006 by Faber and Faber.Elizabeth Wilson, «Shostakovich: A Life Remembered». © 2006 by Faber and Faber.

¿Quién tiene la razón? Décadas después, nadie se referiría seriamente al maestro de los dobles mensajes musicales subversivos como a un patriota leal a la línea o como a un estruendoso opositor. El libro de Volkov sigue asombrando por su tono, pero ha proporcionado una aproximación a Shostakovich que es una lectura entre varias. La verdad, es de suponer, está en el medio, como tantas veces. Como escribió el  incisivo Richard TaruskinTestimonio puede ser auténtico y veraz, o inauténtico y falso, o auténtico pero falso, o bien inauténtico pero veraz. 

En 1994 se publicó Shostakovich: A Life Remembered de Elizabeth Wilson, una meticulosa reconstrucción de los procesos creativos de Shostakovich, de cómo sus contemporáneos percibían su persona y su obra, así como del creciente contraste entre su vida privada y su imagen pública a medida que aumentaba su fama. Además de dinamitar la credibilidad de Testimonio, desde su publicación Shostakovich: A Life Remembered se ha convertido en la fuente principal y más fiable de los estudios académicos sobre Shostakovich, prestigio que se ha ratificado en 2006 con la nueva edición revisada y ampliada que se publicó con ocasión del centenario del nacimiento de Shostakovich.* 

Posturas controvertidas

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Ambos bandos de la controversia tenían una postura reaccionaria, antisoviética y procapitalista. Por un lado, se argumentaba que Shostakovich era realmente un disidente clandestino como Sajarov o Solzhenisyn, que se oponía al régimen soviético desde un punto de vista burgués (en el caso de Solzhenisyn desde un punto de vista reaccionario aún más fanático). Por otro lado, representado por los fanáticos acérrimos de la Guerra Fría, se insistía en que Shostakovich fue realmente un agente del KGB desde el principio.

En el New York Times (9 de marzo de 2000), el crítico de ópera Nernard Holland acusaba al compositor de cobardía, calificándolo de "ser humano mediocre" que "adulaba y se sometía ante sus jefes soviéticos". Entrevistada por Tamara Bernstein (National Post, 15 de marzo de 2000), Laurel Fay describía a Shostakovich como un "pelele". Este es el nivel de lenguaje que se utiliza en la atmósfera enrarecida del debate académico en los Estados Unidos: como habría dicho Karl Marx, cada palabra es un urinario, y no uno vacío.

Los motivos

¿Cuál es la razón de tanta bilis, maldad y puro odio? No tiene nada que ver con la música. Está motivado por el odio de clase y el anticomunismo feroz. En sus acogedores apartamentos de Nueva York, los críticos musicales de clase media y acomodada siguen luchando contra la Guerra Fría, sin siquiera quitarse los loafers. ¿Quién dijo que el arte y la música no tienen nada que ver con la política?

En Rusia no hay debate sobre el libro Testimonio, porque sencicllamente nunca se ha publicado. Solo el archiburócrata Tikhon Khrennikov rechazó la opinión de Shostakovich sobre Testimonio. Esto no es sorprendente, ya que se puede afirmar con absoluta certeza que el plumífero estalinista Khrennikov es ciertamente un "ser humano mediocre" que "aduló y se sometió ante sus dirigentes soviéticos".

Más voces

Richard Taruskin, describió sorprendentemente a Lady Macbeth de Mzensk como una apología del genocidio de Stalin en Ucrania. Por lo tanto, Stalin debió ser realmente ingrato al censurar y perseguir a su autor. Al leer semejante disparate uno empieza a preguntarse, si estos son los eruditos respetables, ¿cómo deben ser los reprensibles?

El 15 de febrero de 1998, Christopher Norris declaraba a la BBC que es inmoral (sic) sugerir que Shostakovich no era un comunista acérrimo y que es simplemente "una moda" mantener esa opinión. Sí. Shostakovich era efectivamente comunista. Pero lo que gente como Norris no entiende es que ser comunista no significa ser estalinista, y que ambas cosas son mutuamente incompatibles.

La conveniencia de confundir

A los reaccionarios les conviene confundir el comunismo con el estalinismo y vilipendiar el socialismo identificándolo con la caricatura totalitaria-burocrática que hubo en la URSS bajo Stalin, Jruschov y Brézhnev, pero no admitir que eso no tiene nada que ver con las ideas de Lenin, Trotsky y la Revolución de Octubre, a las que se adhirieron e intentaron defender comunistas honestos como Shostakovich.

Defensa del capitalismo a ultranza

El problema de estas dos posiciones es que afirman que sólo era posible oponerse al régimen estalinista desde un punto de vista capitalista. Lo que es absolutamente falso. Que Shostakovich se oponía al régimen de Stalin y a la burocracia es evidente hasta para un ciego. Pero, ¿existe la más mínima prueba de que estuviera a favor del capitalismo o simpatizara con Occidente? No. No existe tal evidencia. Todas las pruebas disponibles demuestran lo contrario.

Krzysztof Meyer se acerca a la verdad cuando escribe : 

(Shostakovich) nunca fue como los comunistas. Pero, ciertamente, debo recordar que su familia procede de generaciones con un fuerte trasfondo socialista; ciertamente, el comunismo y el socialismo son fenómenos totalmente diferentes. El comunismo soviético era sinónimo de tiranía.

En realidad es torcer la realidad eso de identificar el comunismo o el socialismo con el régimen burocrático y totalitario del estalinismo. Pero, aunque sea confuso, al menos Meyer dice que la inopinada oposición de Shostakovich al régimen no significaba en absoluto una oposición al socialismo, consciente de que hay diversas formas socialmente justas de gobierno, compatibles además con una economía de mercado.

Las sinfonías Octava, Décima y Decimotercera, La ejecución de Stepan Rasin y las canciones hebreas expresan claramente la oposición al régimen estalinista. Pero Shostakovich nunca fue un disidente pro-capitalista antisoviético como Sajarov, ni un agente del KGB o un chupatintas estalinista como Khrennikov. Fue un hombre honesto y progresista que escribió una música magnífica y trató, a través de ella, expresar las agonías y las intoxicaciones del pueblo soviético en la época turbulenta en la que vivió.

Música con mensaje

Tras su muerte, las obras de Shostakovich han sido objeto de críticas feroces y calumniosas. Gerard McBurney describe sus obras sinfónicas como derivadas, de mala calidad, vacías y de segunda mano. Pierre Boulez dice: Pienso en Shostakovich como el segundo o incluso el tercer apretón de Mahler. Y ahora, desde la caída de la URSS, se ha puesto de moda que los críticos rusos se lancen al ruedo de sus detractores. Así, Filip Gershkovich le llamó un chupatintas en trance. Y así sucesivamente.

¿Un derivado? Sí, pero ¿qué música no es derivada de un modo u otro? Shostakovich nunca ocultó su deuda con Mahler y con muchos otros compositores: Bach, Stravinski, Berg, el jazz y la música popular, judía y rusa. Pero, ¿acaso la propia música de Beethoven no tenía sus raíces en la música de Mozart y Haydn? Por supuesto que sí. ¿Y es cierto o no que evolucionó hacia algo completamente diferente, algo inconfundiblemente beethoveniano? Por supuesto que sí. ¿Y quién puede negar que las sinfonías de Shostakovich, aunque toman su referencia inicial de Mahler, desarrollan una musicalidad completamente diferente e inconfundible, propia de Shostakovich y de nadie más?

Shostakovich no era en absoluto un chupatintas. Esta etiqueta encaja mucho mejor con la nueva generación de prostitutas intelectuales que en Rusia ayer se arrastraban frente a la burocracia estalinista y hoy han cambiado de amos y se arrastran frente al capitalismo y los EEUU. Para estas nuevas generaciones de reptiles, Shostakovich representa un objetivo tentador en el campo de la música, así como Lenin y Trotsky en el campo de la historia. El único objetivo de esto es, a su vez, persuadir a las generaciones futuras, tanto en Rusia como en Occidente, de que es mucho mejor adherirse al capitalismo.

En cuanto a Pierre Boulez, cabe preguntarse si sus duras opiniones sobre Shostakovich no están un poco influidas por ese sentimiento tan humano que es la envidia. Porque, sinceramente, hoy en día no se escucha mucho más a los llamados compositores de vanguardia, como Arnold Schoenberg, Anton Webern o el propio Pierre Boulez, que resultaron encontrarse en un callejón sin salida en su momento.

Este tipo de música se escucha ahora con un poco más de frecuencia en las salas de concierto, pero no demasiado. El mejor lugar para escucharlas es en el cine, donde proporciona maravillosas bandas sonoras a las películas de terror. La celebración del centenario en 2006 del nacimiento de Shostakovich ha demostrado que las sinfonías de este gran compositor son cada vez más divulgadas, no porque sean "vulgares", "cursis" y, desde luego, para nada "vacías", sino porque es una música que transmite un mensaje sobre algunos de los acontecimientos más importantes de nuestro tiempo.

Pese a las burlas de los críticos malintencionados, su música gana un público cada vez más amplio. Hace algunos años atrás, el Cuarteto Borodin tocó todos los cuartetos de Shostakovich en la Bantry House de West Cork (Irlanda). El anuncio del Festival decía:

Los cuartetos... cuentan la violenta historia de la lucha de un hombre contra la tiranía, la voz de un artista, que apoya y habla por su pueblo. La primera, escrita en 1938, tras su aterrador interrogatorio por el Nkvd, no es un experimento de juventud. Y el extraordinario decimoquinto cuarteto, con sus seis adagios, fue escrito en 1974, sólo un año antes de su muerte. En esos 36 años escribió una serie de cuartetos llenos de fuerza interior, música hecha no sólo del sufrimiento sino de la capacidad de afrontar ese sufrimiento, música de purificación, destilación de la vida de un hombre y del terrible siglo en su conjunto.

La música de Shostakovich vivirá mientras los hombres y las mujeres amen la música, porque, como su ídolo Ludwig van Beethoven, era un hombre que también tenía algo importante que decir.

Notas

Elizabeth Wilson, «Shostakovich: A Life Remembered», London: Faber and Faber, 2006, 560 pages. ISBN 978-0571220502

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