España - Madrid

Cantar la música

Germán García Tomás
miércoles, 28 de abril de 2021
Christian Zacharias © by Constanze Zacharias Christian Zacharias © by Constanze Zacharias
Madrid, lunes, 19 de abril de 2021. Auditorio Nacional (Sala Sinfónica). Christian Zacharias (piano y dirección), Coro y Orquesta de la Comunidad de Madrid. Mireia Barrera (maestra de coro). Sandra Cotarelo (soprano), Paz Martínez (contralto), Karim Farhan (tenor), David Rubiera (bajo). Franz Joseph Haydn: Sinfonía nº 49 en fa menor, “La Passione”. Wolfgang Amadè Mozart: Concierto para piano nº 12 en la mayor KV 414. Michael Haydn: Réquiem. Ciclo Música y Religiones. Ocupación: 65%.
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Uno sabe que cuando acude a un concierto de Christian Zacharias no quedará decepcionado. El músico alemán volvía a ponerse al frente una vez más de la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid en su doble faceta de director y pianista con un repertorio perteneciente a la segunda mitad del siglo XVIII que se ha encuadrado en el interesante ciclo “Música y religiones” propuesto esta temporada por los conjuntos madrileños.

Religión católica, por supuesto, que se ha manifestado en la liturgia de una misa de difuntos como es el poco frecuentado Réquiem de Michael Haydn, la última obra de un atractivo programa clásico con presencia de tres géneros musicales que sirvió para apuntalar los elevados estándares de excelencia, claramente expuestos en la interpretación de la Sinfonía nº 49 de su genial hermano con que dio inicio esta memorable cita. La sinfonía, apodada “La Passione” por sus vinculaciones con la Semana Santa a pesar de su carácter profano, y que aquí entroncaba perfectamente con la obra sacra de Michael, es uno de los últimos ejemplos del formato da chiesa cultivado por el músico de Rohrau. El conmovedor Adagio con que se abre tuvo el propicio clima de recogimiento y una contenida emoción cuasi religiosa, con una sección de cuerdas –frente al par de oboes y trompas y el fagot que prescribe Haydn en los vientos- que respiraban cada frase bajo las gráficas indicaciones, sumamente precisas, de la mano sin batuta de Zacharias, cuyo aspecto enjuto de ropajes holgados nos semeja la figura de un maestro de capilla del pasado. No faltó viveza pero sin rastro de apresuramiento en los movimientos rápidos, segundo y cuarto, decantándose no obstante por una acusada ralentización del tempo en el Menueto, en donde el único atisbo de luz que contrarresta las imperantes tonalidades menores lo hallamos en el pastoril Trio.

Esa capacidad para cantar cada frase musical, hacerla respirar y dejarla suspendida en el aire volvió a atravesar la lectura que Christian Zacharias brindó del delicioso Concierto para piano nº 12 de Mozart, un prodigio de inspiración cantabile en su inagotable imaginación melódica, y que el artista alemán, de digitación justa y su punto de rubato, sirvió como si de música de cámara se tratase, con un discurso fluido y aéreo entre el piano y el tutti, un equilibrio que encontró una transparente sonoridad en el Larguetto.

En la sensacional composición que es el Requiem de Michael Haydn reforzó con trompetas y trombones la plantilla orquestal para recrear el ambiente de gravedad y recogimiento que atraviesa la composición, un modelo que años más tarde tomaría Mozart para su propia misa de difuntos, y con el que encontramos múltiples paralelismos. En la obra de su maestro, Süssmayer recuperó la música del Réquiem aeternam en la fuga final y Michael Haydn vuelve a convocar la melodía del Kyrie inicial a los solistas justo antes de la conclusión coral. Asimismo, el pasaje fugado “Quam olim Abrahae promisisti” de Haydn tiene cierta familiaridad con el mismo del Requiem mozartiano. Mediante un manejo de las dinámicas que favorecía a las voces, Zacharias aunó la concertación de voces e instrumentos como un perfecto alquimista. Tras el Kyrie de sostenido tempo, toda la Secuencia del Dies irae fue un prodigio de continuidad bajo su rectoría. 

El magnífico Coro de la Comunidad de Madrid, con 32 únicos miembros y preparado por Mireia Barrera, demostró una gran hondura interpretativa, en un sobresaliente trabajo de expresión contenida y musicalidad, y cuyo rico colorido empastó admirablemente con los nutridos efectivos, que salieron airosos de este juego de fuerzas. A ellos se sumó un cuarteto de solistas vocales, integrados en el discurso, en el que sobresalieron las intervenciones de la soprano Sandra Cotarelo, de hermosísimo timbre y depurada línea de canto. De escasa proyección encontramos la oscura voz de la contralto Paz Martínez, y cumplidores ambos varones, tanto el tenor Karim Farhan como el bajo David Rubiera, quienes dotaron de intención al texto.


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