España - Castilla y León

Cuando el respeto crea

Samuel González Casado
lunes, 10 de mayo de 2021
Phillips Xavier © OSCyL Phillips Xavier © OSCyL
Valladolid, viernes, 7 de mayo de 2021. Centro Cultural Miguel Delibes. Sala Sinfónica Jesús López Cobos. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Xavier Phillips, violonchelo. Case Scaglione, director. Schumann: Concierto para violonchelo, op. 129; Sinfonía n.º 2 en do mayor, op. 61. Ocupación: 90 %.
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La temporada de primavera de la OSCyL, con la plantilla al completo, está deparando sorpresas muy agradables. El programa n.º 15, un monográfico de Schumann, estaba formado por el Concierto para violonchelo y la Sinfonía n.º 2. Fueron interpretaciones en general excelentes, personales y a la vez rigurosas.

En el Concierto para violonchelo se apreció cierta incomodidad al inicio, lo que se trasladó a pequeñas inexactitudes respecto a las entradas y al entendimiento con Xavier Phillips, aunque realmente esto se quedó en mera anécdota dada la inatacable solidez del solista, absolutamente centrado en su labor, excepto alguna mínima desconcentración al principio del tercer movimiento. Aunque su volumen no es excepcional, Phillips se benefició de una buena calibración orquestal, pese a que en el primer movimiento, como se ha apuntado, hubo que esperar a que todos se adaptaran, también en este aspecto.

Pieza enlazada

El estilo de este chelista no hace ningún gesto a la galería, y su interpretación está repleta de pequeñas regulaciones en instantes perfectamente elegidos; matices que tiñen las frases con pequeñas gotas de ansiedad, paz, desasosiego, etc. El final de las frases suele ser el momento perfecto para esta especie de fraseos cortos, nunca bruscos, y contribuyen a un legato ejemplar. De esta forma, la obra aparece redondeada en ese afán de continuidad de Schumann y por otra parte se contribuye a la concentración del público, algo en lo que suelo hacer hincapié y que afortunadamente se ha logrado maravillosamente con los solistas de los programas 14 y 15.

El trabajo orquestal en el Concierto para chelo ya apuntaba el estilo muy clásico, caracterizado por un control sonoro evidente, del director, Case Scaglione. En el primer movimiento se dieron algunos puntos que no terminaron de funcionar, como por ejemplo la excesiva retención en los momentos completamente orquestales, algo que no se hizo en el tercer movimiento. 


Sin embargo, en la Sinfonía n.º 2 esto funcionó mucho mejor, porque el director tiende a acumular tensión con estratos de volumen y, aunque el asunto a veces no terminaba de descargar por esa visión clásica que Scaglione tiene de Schumann, el efecto era de trabajo más que estimulante, repleto de ideas muy sopesadas en su voluntad de abrir arcos dinámicos amplios, repletos de información y buenas ideas. Fantástico y paradigmático en este sentido el Allegro final, de tempi muy rápidos y clarísima organización, pese a que la cuerda no siempre se mostrara todo lo afinada que sería deseable.

Hubo algún marcado rítmico ligeramente brusco que buscaba poner de manifiesto algunos rasgos obsesivos de la música, por ejemplo en el Scherzo. Esto contrastó con la infinita delicadeza con que se abordó el Adagio, que fue lo mejor de la noche: una experiencia musicalmente completa; otro mundo. Las maderas estuvieron perfectas y todos los profesores participaron en una comunión sin fisuras con el director y la obra en lo que considero unos minutos simplemente mágicos. 

El público premió largamente toda esta labor, y desde luego las sensaciones a la conclusión hacen desear una larga colaboración tanto con Case Scaglione como con Xavier Phillips, dos artistas que son capaces de dejar hablar a la música de una manera tan ordenada, respetuosa y a la vez creativa.

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