Discos

Una apasionada declaración de amor por los cuartetos de Mendelssohn

Juan Carlos Tellechea
miércoles, 12 de mayo de 2021
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Minguet Quartett. Felix Mendelssohn Bartholdy, Cuartetos de cuerda opus 44, nº 1 y 2. Minguet Quartett: Ulrich Isfort, primer violín; Annette Reisinger, segundo violín; Aroa Sorin, viola: Matthias Diener, violonchelo. Grabado en la Evangelische Kirche Honrath, July 7 – 10, 2016 , June 28 – July 2, 2018. Recording Producer & Digital Editing: Robert F. Schneider Musikproduktion. Executive Producer: Burkhaard Schmilgun. Un CD DDD. LC 8492. CD – cpo 555 086 -2–
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Con el estallido de la primavera, el célebre Minguet Quartett lleva a su fulguración a los Cuartetos de cuerda op 44, 1 y 2 de Felix Mendelssohn Bartholdy. Es de tal grado la vitalidad de esta música que el oyente se ve impulsado a abrir las ventanas, dejar entrar el sol a raudales en el ambiente donde se encuentre, para respirar el aire fresco de la naturaleza mientras escucha este disco.

Mendelssohn pasaba momentos felices cuando escribía esta obra que lo liberaba cada vez más de la sombra de Ludwig van Beethoven hasta encontrar un estilo claramente personal: primero fue, por este orden, el número 2, durante su luna de miel. Se había casado en marzo de 1837 y estaba a punto de consagrarse como uno de los compositores más destacados de Europa. Así es como se trasluce en la magnífica ejecución del Minguet Quartett.

Cuando cuatro músicos de alto vuelo se unen, como es el caso aquí de los destacados violinistas Ulrich Isfort y Annette Reisinger, la violista Aroa Sorin, y el violonchelista Matthias Diener, no es tanto la confianza ciega, la sintonía total entre sí lo que hace que sus interpretaciones sean tan interesantes, sino más bien la energía de cada uno de sus integrantes, los impulsos individuales, el perfilado en la unión, el que permite que sus entregas sean tan emocionantes.

Ése es el estado de ánimo que impregna toda la obra desde un comienzo, con el impresionante Molto Allegro vivace, del cuarteto número 1 (el último de los 3 en ser compuesto) de casi 13 minutos de duración, el más prolongado de los ocho movimientos, ejecutados aquí con suma claridad y animación.

Los cuatro solistas exploran a fondo los matices de color y la expresividad en el Menuetto. Un poco Allegretto que suena suave y fluido al principio, pero contiene también pasajes inquietos, y en el Andante espressivo ma con moto.

La impecable grabación, con gran equilibrio en la disposición de los micrófonos, fue realizada en la Iglesia Evangélica de Honrath, de muy buena acústica, situada en un recoleto distrito del municipio de Lohmar (entre Bonn y Colonia, pero sobre la margen derecha del Rin), en 2016 (el número 1) y 2018 (el número 2).

En el poderoso Presto con brío final, de ágil ritmo, las cuerdas brindan toda esa energía que reclama el compositor en esta sección, combinando magistralmente el cuidado y el ojo por los detalles con el virtuosismo y el temperamento de cada uno de los músicos (que no es poco). La fuerza de los violines de Isfort y Reisinger es contagiante.

Uno escucha a cuatro personas razonables hablar entre ellas, cree sacar algo de sus discursos y conocer las peculiaridades de los instrumentos, afirmaba Johann Wolfgang von Goethe (citado en el folleto impreso que acompaña a la placa), a quien Mendelssohn visitó en varias oportunidades en Weimar (Turingia).

Con 12 años Mendelssohn recibía clases de composición de Carl Friedrich Zeller, amigo personal de Goethe, quien introdujo al superdotado jovencito en el selecto círculo de poetas y pensadores del vate alemán. Las líneas del prospecto constituyen una apasionada declaración de amor del Minguet Quartett por los cuartetos de cuerda de Mendelssohn.

Las intervenciones de la viola y del violonchelo destilan también mucha energía, cuando los violines respiran en los pasajes silenciosos o dialogan antes de encenderse íntegramente el cuarteto en el siguiente crescendo.

El conjunto de cámara lleva años de experiencia y su trabajo es fabuloso, subyugante. La interacción es notable, incluso a altas velocidades. Cada esfuerzo y cambio está ahí, nada se da vuelta ni se queda atrás. En los contrastes el segundo violín actúa rápida y brevemente, mientras el primero destila una suave calidez.

Aquí no escasean ni el vigor ni el entusiasmo. Lo indica de inmediato la forma en que el Minguet Quartet se lanza al Allegro assai appassionato del cuarteto número 2. En muchos sentidos esta pieza es el punto culminante del disco. Los cuatro músicos encuentran una sosegada intensidad romántica en este primer movimiento. Sin embargo, debajo de su serena superficie hay una rugiente turbulencia emocional, hasta que un tema inquieto de notas corridas se apodera de él por completo.

El travieso segundo movimiento, Scherzo. Allegro di molto, es igualmente inquieto con un motivo de notas repetidas zumbando con brillantez. Aireadas y llenas de luz, las articulaciones más destacadas exhalan una afinación perfecta. Cada uno de los integrantes del Minguet Quartett está consciente de que esa perfección solo se alcanza mediante la inconformidad consigo mismo.

En el Andante el primer violinista cobra protagonismo con una línea solista altísima de tono límpido, compartiendo solo con el violonchelo una parte de la acción hacia el final. Incluso en el desasosegado Presto agitato del cierre, con su romántico tumulto, los músicos se centran en la ansiedad interior más que en el volumen puro, manteniendo en reserva la mayor parte del músculo.

No caben dudas de que Mendelssohn es la historia de la poesía, la dulzura y el amor. Cada página es una joya, un escenario donde se destilan muchos estados de ánimo y sentimientos. Los dos cuartetos los aborda el Minguet Quartett por igual con un alto e inmaculado nivel técnico, aplicado con excelencia en todos sus movimientos, y dejando intactas dimensiones enteras de sus mundos emocionales.


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