Novedades bibliográficas

Alemania, país de orquestas

Juan Carlos Tellechea
viernes, 21 de mayo de 2021
Orchesterland Deutschland © 2021 by Schott Orchesterland Deutschland © 2021 by Schott
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En 1990, la antigua República Democrática Alemana (RDA) tenía el paisaje orquestal más denso del mundo en términos cuantitativos. Tras la reunificación alemana se produjeron considerables cambios estructurales en todo el panorama de las orquestas y los teatros. Fusiones, disoluciones, privatizaciones e insolvencias caracterizaron la década que entonces comenzara.

 Un nuevo libro del abogado y músico Gerald Mertens, secretario ejecutivo de la Asociacion de Orquestas de Alemania (DOV), titulado Orchesterland Deutschland (Alemania, país de orquestas)* y publicado por la prestigiosa editorial Schott Music, de Mainz, explica qué expectativas y retos marcaron aquella época y cómo ven los responsables políticos la actual situación.

 En esta monografía de casi 130 páginas, los actores políticos de la época de la reunificación, así como representantes de la política actual dan su opinión. ¿Qué expectativas y desafíos configuraron el periodo de agitación de hace 30 años? ¿Cómo ven el momento actual? ¿Cómo percibieron los miembros de las orquestas del Este y del Oeste de Alemania la reunificación y la lucha por su existencia? Y, más recientemente, ¿a qué retos especiales se enfrentan las salas de concierto y las orquestas desde marzo de 2020 como consecuencia de la pandemia de coronavirus?

Reducción

Desde los primeros años posteriores a la reunificación hasta hoy, el número de orquestas alemanas se ha reducido en casi una cuarta parte. El musicólogo Arnold Jacobshagen , autor de uno de los artículos publicados en el libro, subraya, sin embargo, que en Alemania sigue habiendo más orquestas que en ningún otro lugar del mundo, y por cierto el doble en el este que en el oeste. En cambio, mantener la densidad de orquestas mucho más alta de la antigua RDA en los años noventa no podía justificarse políticamente, afirma.

 Las orquestas afectadas por las liquidaciones, tras la caída del Muro de Berlín estaban situadas en ciudades pequeñas o en ciudades con varias orquestas profesionales, es decir, en lugares en los que, aparte de problemas de financiación especialmente evidentes, no cabía esperar una demanda a medio o largo plazo. Con este telón de fondo y en relación con los demás procesos de cambio cultural, económico y social de gran alcance de las últimas tres décadas, se puede afirmar claramente que las orquestas de Alemania Oriental han sobrevivido en general bastante bien las inevitables transformaciones históricas.

 Nuevo comienzo de la vida musical

 Con mucha cautela, los aficionados a la música miraban hacia la Semana Santa de 2020 (en medio de la primera ola de la pandemia) con la esperanza de que quizás entonces volviera a ocurrir algo en el país con mayor densidad de orquestas y teatros de ópera del mundo. Así describe ese singular momento la directora general (intendente) de la Orquesta Filarmónica de Dresde, Frauke Roth, al imaginar cómo podría ser ese nuevo comienzo de la vida musical.

 Es más probable que los teatros hayan sobrevivido en las pequeñas localidades. Sin embargo, las orquestas de concierto adicionales a esos escenarios fueron liquidadas, reconoce Jacobshagen, quien observa que en la larga lista de colectivos musicales disueltos se vieron afectadas casi exclusivamente las del este de Alemania.

 La historia de las cancelaciones comenzó en 1991 con la Brandenburgischen Konzertorchester Cottbus y en diez años le siguieron otras ocho orquestas de concierto de Alemania Oriental. Las orquestas también desaparecieron en el oeste, por ejemplo en Renania del Norte-Westfalia: dos fusiones de orquestas radiofónicas del suroeste de Alemania fueron también espectaculares; la última hace solo unos años.

 Pero la reunificación, ¿cambió para mejor también la vida orquestal? Llama la atención en el volumen de Gerald Mertens que solo un músico de orquesta de Alemania Occidental afirme haber experimentado la sensación de que la escena orquestal crece conjuntamente.

Quien así opina es Harmut Karmeier trombonista y directivo de entidades rectoras de los profesionales de la música, ex miembro de la Orquesta Filarmónica de Tréveris (Renania-Palatinado) y que en 1990 viajó a Weimar (Turingia) para retribuir visitas de músicos de esa ciudad y comenzar el proceso de integración en las entidades nacionales que los agrupan a ahora a todos.

La velada con los colegas de la junta directiva de la Staatskapelle Weimar en el restaurante del venerable Hotel Elephant sigue siendo inolvidable. El convenio colectivo de las orquestas culturales suscitó gran interés. Los habitantes de Weimar ya pensaban en esta primera etapa sobre el lugar que ocuparía su tradicional orquesta [formada por primera vez en 1482] en un posible panorama orquestal totalmente alemán.

 En el libro no siempre se tiene la impresión de que los músicos de orquesta presten mucha atención a los cambios en su entorno social y profesional, esto lo dice involuntariamente la profesora Ursula Dehler, primera violinista de la Staatskapelle Weimar, entre otras personas. Nadie en la Staatskapelle fue despedido. Tampoco sentíamos preocupación por nuestros puestos de trabajo. Todos estábamos bien formados.

Conseguir una audiencia consistente

 Esto debe sonar como una burla a los oídos de los músicos de las ciudades vecinas de Weimar en particular. ¿Acaso los músicos de Saalfeld, Gotha o Eisenach tocaban tan mal (o no tan bien como los de la Staatskapelle) que los políticos vieron motivos para cerrar o fusionar sus respectivas orquestas?

Los músicos de orquesta no deben atribuir a sus logros artísticos o a sus grandes tradiciones el hecho de que los políticos estatales y locales decidan apoyarlos sistemáticamente. Los líderes políticos, por cierto, han sido a veces mucho más capaces de reconocer lo que hace que las orquestas merezcan ser financiadas en el futuro.

La era pospandémica

 Por ejemplo, Martin Eifler, actual jefe del departamento de música de la autoridad para la cultura y los medios del gobierno federal de Alemania, (titular Monika Grütters) no ve ninguna diferencia entre las orquestas del este y del oeste, especialmente en la era posterior a la pandemia.

El principal reto, al fin y al cabo, es, en primer lugar, conseguir una audiencia consistente, sin la cual tampoco se puede conseguir relevancia social. ¿Quién es este público, qué tipo de formación tiene? ¿Cuáles son las consecuencias de la creciente diversidad de nuestra sociedad y de los cambios en el acceso a los contenidos culturales? ¿Cómo están cambiando las expectativas de la experiencia cultural?

 Falta una estrategia

 Estas cuestiones vuelven a plantearse con más fuerza para las orquestas en tiempos pandémicos, pero todavía no con la fuerza suficiente. Al igual que poco después de la bancarrota del sistema comunista, el grupo de defensa de las orquestas del que procede este libro no debería continuar: 

En aquel entonces, cuando se mantenían las orquestas a pesar de las discusiones sobre su cierre, a veces con la misma tarifa, a veces con un salario notablemente inferior, se agradecía. Pero quizás esta reacción tras la reunificación fue demasiado indiferenciada. Lo que faltaba era una estrategia para la orquesta como institución cultural del futuro

Esto es lo que supone al menos el Ministro de Cultura de Turingia, Benjamin-Immanuel Hoff.

En 2005, Kristina Volke  (conservadora de la colección de arte del parlamento federal alemán) criticó en su examen de la transformación cultural de Alemania del Este que las reorganizaciones no estaban pensadas para gestionar la crisis que se avecinaba, sino para preservar las numerosas instituciones individuales. Lo que parece demasiado comprensible por la situación de la época resulta ser, en retrospectiva, un error estratégico, evoca Hoff.

¿Anticipo de un nuevo corte?

 Por otro lado, el referido ministro de Cultura de Turingia anuncia con orgullo en este libro que al menos las diferencias salariales de hasta un treinta por ciento en las orquestas de Turingia van a llegar a su fin: 

Por lo tanto, con el presupuesto de 2021, el Teatro Rudolstadt y la Orquesta Sinfónica de Turingia van a volver por fin al convenio colectivo regional.

La sorpresa está servida: la cultura se ve presionada a justificarse como nunca antes durante la pandemia. El Ministerio de Cultura de Turingia, al ser preguntado al respecto, se ha mostrado algo más cauto: habrá mejoras, dice un portavoz sin profundizar en los detalles. Ya no se habla de un convenio colectivo para la atribulada orquesta de Rudolstadt, una de las más antiguas de Alemania.

Las comunas no quisieron seguir adelante. ¿Es esto un anticipo de los grandes recortes en las orquestas de provincia? Nadie se atreve a vaticinarlo abiertamente. Pero tal vez el actual sea el peor momento imaginable para sacar una conclusión en un libro sobre lo bien que le va al paisaje orquestal de Alemania desde el punto de vista económico y político.

Quizás la relación sea exagerada a propósito para crear mayor preocupación a nivel oficial, pero el grupo de presión (lobby) de los organizadores (privados) de espectáculos públicos y ferias de Alemania ha pedido al gobierno de la canciller Angela Merkel recientemente que decida pronto un plan de reapertura de estas actividades, porque sus pérdidas mensuales son ya insoportables y equivalen a sus beneficios anuales por tal concepto.

Notas

Gerald Mertens, ed., «Orchesterland Deutschland. Wie die deutsche Einheit die Orchesterlandschaft verändert hat», Mainz: Schott Music, 2021, 128 Seiten. ISBN 978-3-7957-8691-5

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